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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20040625

Título: En nuestro camino de fe necesitamos advertencias y senales.

Original en audio: 6 min. 40 seg.


Hermanos Míos:

La primera lectura del día de hoy nos presenta uno de los cuadros más tristes de toda la Biblia, y sin duda, uno de los más tristes del Antiguo Testamento.

Es el momento en el que el pueblo de Dios siente que todas sus seguridades se derrumban. ¿Cómo así que la ciudad de David, cómo así que la Ciudad Santa puede ser pisoteada por los paganos? ¿Cómo así que el Templo del Señor tiene que ser pasto de las llamas? ¿Cómo así que manos impías y voces blasfemas pueden aplastar de tal manera toda la piedad, todas la súplicas, todas las esperanzas del pueblo elegido?

Y sin embargo sucedió. Sucedió hacia el año quinientos ochenta y siete antes de Cristo, y es el momento en el que los judíos parten para el destierro, parten para el exilio babilonio. La tristeza embarga de tal manera, que incluso llega como a oscurecer la vista, pero a nosotros nos corresponde, como verdaderos creyentes y oidores de la Palabra del Señor, buscar el sentido de esta Palabra.

Si esta palabra la escuchamos hoy, no es solamente para que nos invada la tristeza, no es para que nos embriague la tristeza, sino también para que aprendamos, y hay mucho que aprender en los acontecimientos de ese destierro.

Sobre todo, quiero atraer la atención de ustedes sobre un punto que encontramos en esa primera lectura, y ese punto es la falsa seguridad. Los judíos llegaron a ese destierro, entre otras cosas, porque no creían que fueran a llegar. Creían que siendo el pueblo de Dios, que siendo el pueblo elegido, y que siendo el Templo la Casa de Dios, entonces estaban seguros.

Creían que bastaba una alianza celebrada hacía muchos años, y creían que bastaban unos sacrificios celebrados de una manera sólo exterior, sólo ritual, y creían que bastaban unos muros, llamados de la Casa del Señor, y ya con eso, si esta es la Ciudad de Dios, si este es el Templo del Señor, y si aquí se celebran los sacrificios prescritos, estamos a salvo.

Esa es una mirada fetichista, esa es una mirada idolátrica. Y esa idolatría, así se trate de cosas religiosas, esa idolatría nos es del agrado de Dios.

Cuando miramos las construcciones, las costumbres o los ritos como nuestra fortaleza, mientras el corazón está lejos del Señor, nos estamos engañando a nosotros mismos. Y el pueblo judío fue engañado, fue engañado por esa falsa certeza, pero sobre todo fue engañado por la voz de esos falsos profetas.

Miren lo que dice le libro de las Lamentaciones: "Tus profetas me engañaron con sus visiones falsas e insensatas. No te hicieron ver tus pecados" Lamentaciones 2,14. Es culpable Jerusalén por no haber querido oír a los profetas verdaderos; y son culpables los falsos profetas de haber endulzado el oído de los habitantes de Jerusalén.

Y fíjate lo que dice: "No te hicieron ver tus pecados, para evitarte así el cautiverio" Lamentaciones 2,14. Es grande la culpa del que calla y evita una advertencia que sería saludable.

¿Qué pensaríamos nosotros, hermanos, de una carretera que tuviera que surcar por las montañas y tuviera que pasar por el borde de peligrosos abismos y que no tuviera una señal de tránsito?

¿Qué tal que tuviéramos que ir por esa carretera de noche y nos encontráramos con la desagradable noticia que no hay un solo aviso, no hay una sola señal, no sabemos en qué momento está una curva que puede ser de muerte, o en donde estamos cerca de un abismo que puede tragarse nuestras vidas? Yo me imagino cuántas quejas tendríamos en contra de esa carretera, en contra de ese camino.

Por eso la Iglesia es el camino que todos nosotros vamos recorriendo. Y todos nosotros vamos caminando en nuestra fe, y necesitamos advertencias y necesitamos señales.

De parte nuestra se pide algo: que estemos dispuestos a ser corregidos, y de parte de los pastores y de parte de los profetas se pide algo: que no ofrezcan visiones engañosas, que no presenten las cosas solamente como la gente quiere oírlas, sino que si tienen que denunciar el pecado, lo denuncien; y si tienen que perder popularidad, la pierdan; y si tienen que ser rechazados, odiados por eso, pues preferible es que pasen por ese trance y no que engañen al pueblo.

Aprendamos de esta tristeza, aprendamos de este cuadro triste del destierro, aprendamos cuánto valora Dios la fidelidad, y aprendamos cómo es necesario muchas veces estar dispuestos a ser corregidos, estar dispuestos a ser educados, para poder verdaderamente alcanzar nuestra meta.

De otra manera, las visiones amables y las palabras dulces, nos llevarán distraídos, nos llevarán con los ojos vendados y de pronto, cuando despertemos, ya sea demasiado tarde.

Agradezcamos entonces, más bien, a aquellos que se esfuerzan en mantenernos despiertos y atentos. Y de nuestra parte, si a alguien tenemos también que dar una advertencia, el el Nombre del Señor y con amor, lo haremos, para vida de todos y para salvación de todos.