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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo quinto de San Mateo, vamos leyendo poco a poco junto con toda la Iglesia, el llamado Sermón del Monte o Sermón de la Montaña. En el caso de hoy, encontramos un texto que es un poco difícil, porque Cristo dice: “No piensen que vine para abolir la Ley” (Mt 5,17); y esto puede dejarnos un poco perplejos y nos preguntaríamos: “si Cristo no ha abolido la ley de Moisés, ¿quiere decir que tendríamos que seguir practicando la ley de Moisés?” Pero por otro lado sí en Cristo se renuevan todas las cosas y si la Ley de Moisés no traía verdaderamente la plenitud de la salvación, entonces ¿no había que abolir esa ley?. Por lo anterior digo que este texto es difícil, porque si uno afirma que no había que abolir la ley, pues quiere decir que esa ley sigue siendo válida, pero por otro lado si esa ley sigue siendo válida y no da la salvación, pues al contrario parece que sí habría que abolirla.

Cristo utiliza esta expresión: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17); para tratar de entender el mensaje de Nuestro Señor preguntémonos: ¿qué pasaría si la ley de Moisés tuviera que ser abolida? Eso significaría una de tres cosas: o que no era verdad, o que no era un bien, o que no venía de Dios; porque evidentemente lo que es falso, lo que no es cierto y lo que no es bueno no debe permanecer; en ese sentido es explicable que si la ley o no es verdadera, o no es buena o no viene de Dios pues tendría que ser suprimida, y tal vez por ahí viene la explicación, porque al decir Cristo que no ha venido a abolir la ley, lo que está afirmando es que la ley si viene de Dios, que en la ley si hay una verdad fundamental para el corazón humano y que en la ley si hay un bien, un bien real que experimentó en primer lugar el pueblo elegido, ¡si la ley viene de Dios, trae una verdad y nos acerca a un bien! pero Cristo dice: “quiero llevarla a plenitud” (cf. Mt 5,17), entonces ahora ya entendemos mejor, porque eso quiere decir, que aunque la ley viene de Dios, Él tenía todavía más para darnos y eso es lo que nos da exactamente en Nuestro Señor Jesucristo.

Es verdad que en la ley había verdad y la verdad fundamental de la ley es que despierta nuestra conciencia sobre lo que es bueno y lo que es malo, en ese sentido había una verdad en la ley; pero por otro lado esa verdad de la ley todavía no era plena, por eso nos dice el evangelista San Juan: “ porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17); porque la plenitud de la verdad, que es como decir, la manifestación del rostro pleno de Dios sólo aparece en Jesús; es decir que la ley si nos daba una verdad, pero faltaba todavía lo más importante y eso es lo que recibimos en Jesús.

En la ley había una bondad ciertamente, porque el solo hecho de evitar el pecado, de señalar en pecado, pues ya es un bien muy grande; pero no era un bien pleno porque todavía no nos daba la fuerza necesaria para evitar ese mal y para buscar ese bien; y esa fuerza fue la que recibimos con el don del Espíritu Santo que Cristo mereció para nosotros con su sacrificio en la cruz.

En conclusión, la ley si viene de Dios, si es verdadera y si es buena; pero no es todo lo que Dios quiere darnos, no tiene todavía bondad la verdad y no está completo el bien ahí y esa bondad, esa donación de Dios es lo que se ha completado en la persona de Nuestro Señor Jesucristo.