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Fecha: 20000614

Título: Debemos saber que confrontaciones nos esperan a cada momento para no caer en la tentacion, con la ayuda de Dios

Original en audio: 5 min. 6 seg.


Elías confronta a la gente y le pide una decisión. Es un momento crucial en la historia del reino de Israel."Si el Señor es Dios, entonces seguid al Señor; si Baal es Dios, seguid a Baal" 1 Reyes 18,21.

Ese momento de la confrontación llega también a nuestras vidas, como nos lo cuenta el evangelio, por ejemplo en esa célebre escena en la que Jesús les dice a los Apóstoles que si también ellos quieren irse, allá en el capítulo sexto de San Juan, el capítulo del pan de vida.

"¿También vosotros queréis marcharos?" San Juan 6,67, y dice Pedro: "Tú tienes palabras de vida eterna" San Juan 6,68.

Es muy útil para la fidelidad en Dios tratar de recordar cuáles han sido esos momentos dentro de nuestra propia vida, cuándo nos hemos sentido claramente confrontados. Al principio uno no se acuerda de mucha cosa. "¿Cuándo me ha sucedido a mí eso que Dios me diga: "O me escoges a mí, o a los ídolos?""

Sin embargo, si lo pensamos mejor, la escena tampoco es tan extraña. Dice San Agustín que cada pecado es una elección en contra de Dios. Un pecado no es un error, un pecado es una elección pequeña o grande, más o menos deliberada, pero siempre con una componente de la voluntad que se aparta de Dios y que se vuelve hacia las criaturas.

Todo pecado es una elección de Baal, es una preferencia del ídolo en contra, en oposición, en competencia del Dios verdadero.

De manera que no tendríamos de qué acusarnos y seríamos inocentes, inmaculados y perfectos si siempre hubiéramos escogido a Dios. Cada vez que al acercarnos al sacramento de la Confesión la conciencia nos declara de qué arrepentirnos, ahí hubo una confrontación como esta, sólo que en ese caso nosotros elegimos a Baal y despreciamos a Yahvé.

Pero hay otra manera de enfocar este mismo tema y es pensar en las confrontaciones que vienen hacia el futuro, los momentos de decisión que todavía nos esperan, quizá en este mismo día. La caridad negada, la alegría reprimida, el amor que no damos, la paciencia que nunca llega, el perdón que se aplaza, todos esos son pecados que nos están aguardando, como dice San Pedro: "Como león rugiente rondando y buscando a quién devorar" 1 Pedro 5,8.

Esos pecados nos aguardan a las puertas de nuestro corazón; están ahí pendientes para dar su mordida, para morder en nosotros, quizá en este mismo día.

El día apenas está empezando, ¿qué ocasiones nos esperan? En algún momento, una noticia inesperada, una palabra que no aguardábamos o de quien no la aguardábamos puede desestabilizarnos y puede convertirse en una tentación, qué sé yo, para la mentira, para la hipocresía, para destruir al hermano, para dividir la comunidad.

Y esos pecados están ahí agazapados esperando la hora precisa, como se dice de Jesucristo en el evangelio de Lucas: "El demonio lo dejó después de las tentaciones" San Lucas 4,13, pero el Evangelista anota: "Lo dejó esperando su momento, esperando su hora" San Lucas 4,13.

Nunca se aparta de nosotros completamente el pecado. Catalina de Siena dice: "La raíz del pecado nunca muere, sólo duerme". Está ahí como dormida, está ahí como agazapada.

Y conviene que nosotros sepamos que esas confrontaciones nos esperan para este día, para esta semana, y que, desde luego, unidos por la fe, unidos por la confianza, pues nosotros saldremos victoriosos. Porque evidentemente, nos enseña San Agustín, no puede haber victoria si no hay contienda, y no puede haber contienda si no hay tentación.

De manera que para la victoria final tenemos que aguardar y pasar por muchas cosas antes de entrar al Reino de Dios, como decía el Apóstol San Pablo.

Venga Dios con la gracia de su Espíritu, envíe luz desde el cielo, envíe esa gracia celestial para que nosotros seamos fieles, con la fidelidad de Elías, y le ofrezcamos un sacrificio que le agrade.