O062001a

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Fecha: 19980217

Título: "No nos dejes caer en la tentacion"

Original en audio: 4 min. 30 seg.


La lectura de Santiago nos ayuda a descubrir que en la tentación hay como dos aspectos. Cuando nosotros decimos en el Padre Nuestro: "No nos dejes caer en la tentación", estamos diciendo que la tentación es como algo que está afuera de nosotros, que nos llama, que nos atrae, en lo que podríamos caer y que Dios nos puede salvar.

La tradición en latín decía o dice: "Ne nos inducas in tentationem", y en griego dice: "Kai me eisenénkes jemáis eis peirasmón", "no nos sometas a tentación", "no nos lleves a tentación.

La Carta de Santiago dice que Dios no tienta a nadie, que Dios no puede tener tentaciones; Dios no conoce la tentación al mal y Él no tienta a nadie.

Pero por otra parte Jesús fue tentado. Entonces ¿cómo es la fin la tentación? Y San Agustín dice que la tentación tiene un aspecto positivo, porque nadie puede ser coronado si no ha tenido lucha, y nadie puede tener lucha si no tiene tentación.

Entonces debemos concluir que hay dos maneras de entender la tentación. Hay un aspecto como subjetivo de la tentación que es la atracción que uno mismo tiene, lo que aquí llama el Apóstol Santiago su concupiscencia hacia el mal, eso no viene de Dios. El atractivo que lo malo tiene para nosotros, ése no viene de Dios.

¿Entonces Cristo tuvo tentación o o la tuvo? Pues Cristo sí tuvo tentación, en ese sentido de la prueba exterior que sirvió para mostrar que su Corazón estaba sólo para servir al Padre y buscar su voluntad. Pero Cristo no tuvo tentación en el sentido del deseo interno de lo malo.

Como nosotros le decimos al Señor que no nos deje caer en tentación, es porque reconocemos que ese tipo de deseos malos a veces existen en nosotros y queremos ser como liberados de nosotros mismos. En cambio, cuando dice la tradición en latín: "Ne nos inducas in tentationem", lo que está diciendo es: "No nos pongas esa prueba exterior". O sea que hay una diferencia entre una traducción y otra.

¿Qué debemos concluir nosotros? Que cada uno de nosotros, por nuestra debilidad, por las secuelas del pecado original, por nuestras propias mañas, malas costumbres, pecados pasados, hay un aspecto interno de la tentación, y ese aspecto interno, esa concupiscencia que hay en nosotros tiene que ser rechazada por nosotros mismos, y de ella sólo podemos ser libres por la gracia de la Sangre de la Cruz de Cristo.

Y hay un aspecto externo de la tentación que es aquel de la prueba que purifica nuestra fe y nos da lo que Santiago llama aguante, resistencia. Esta tentación no hay que pedirla, pero tampoco hay que rechazarla.

Es decir, no hay que rebelarse contra Dios cuando aparezca esa tentación, y que es prueba exterior no querida por nosotros, sino saber que cuando esa prueba exterior llegue, que Dios el Señor sacará buen fruto de paciencia, de amor, de una fe renovada, de una generosidad más plena en nosotros.

Que Dios entonces nos libere de nuestras malas inclinaciones y que con su Providencia gobierne las pruebas por las que pasamos en esta tierra.