O044002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20020207

Título: ¿Cual es el mejor testamento que les puedes dejar a tus hijos?

Original en audio: 10 min. 48 seg.


Mis Hermanos:

No cabe duda de que en las últimas, en las palabras de la despedida es donde más se condensan los afectos, porque precisamente, la certeza de la separación, obliga a la mente, exprime de algún modo al corazón para que suelte su esencia, lo más importante.

Y por eso, hoy podemos prestar atención y debemos prestar atención a las palabras que sirven de testamento a ese gran rey que nos ha acopañado durante esta semana, del tiempo Ordinario, el rey David, el rey poeta, el rey débil también, frágil, que cometió pecado y que consciente de su debilidad, supo arrepentirse, supo humillarse ante Dios y supo buscar con renovado empeño el querer del Señor.

Estamos presenciando la despedida de ese rey del que se hace este hermosísimo elogio: "Él puso paz en las fronteras" [[:Categoría: ]]. À mí cómo me gustan esas palabras, tal vez porque nuestro tiempo, este tiempo atormentado en el que vivimos, lo que más busca es paz, encontrar paz en las fronteras.

Y las fronteran nuestras hoy, pues no son seguramente los filisteos, las fronteras nuestras están en la relación con las otras personas, o está en la frontera entre lo que nos gusta y es bueno, y lo que nos gusta y es malo; entre lo que queremos y podemos, y entre lo que queremos y no podemos; entre lo que sabemos y utilizamos bien, y entre lo que sabemos y nos sentimos tentados de utilizar mal.

Se pueden hacer muchas reflexiones sobre este tema de las fronteras, lo comento aquí solamente para decir que para mí es un inmenso elogio aquel que se hace del rey David: "Ël puso paz en las fronteras" [[:Categoría: ]].

Pues bien, este hombre grande, este gran rey que será el modelo de los reyes, sólo superado por Nuestro Señor Jesucristo, el Rey de los reyes, este gran hombre se despide, y a su hijo, que también va a ser el rey de ese reino, le dedica estas palabras que hemos escuchado en la primera lectura.

Me gusta mucho el estilo, el tema de esas palabras. David había tenido muchas empresas, empresas en el amor, empresas en el dinero, empresas en la guerra, empresas políticas.

Si hemos repasado con alguna profundidad los libros de Samuel y de los Reyes, este primer libtro de los Reyes, pues nos hemos encontrado con un hombre supremamente hábil para las cosas de este mundo, un hombre tan político que incluso tuvo una esposa que fue filistea, y durante algún tiempo estuvo trabajando con los propios enemigos.

Un hombre interesantísimo, un hombre que sabe manejar las circunstancias, un hombre que sabe hacer dinero, que sabe enamorar a la mujer, es un hombre muy completo, un hombre muy de este mundo, podríamos decir, y a la vez muy abierto al paso de Dios y muy respetuoso de Dios; es un hombre apasionante el rey David.

Pero a la hora de la muerte, a la hora del testimonio, el testamento que él le da a su hijo, el testamento que él le da a Salomón, no es el testamento de "a ver cómo vas a acrecentar las victorias en la batalla", ni es tampoco "a ver cómo vas a revivir y a hacer acopio de tesoros más grandes, ni es tampoco la mujer.

El tema, la esencia, eso que se apodera del corazón de David cuando tiene que darle a su hijo las enseñanzas fundamentales, eso, es una mirada hacia Dios y le dice: "Guarda las consignas del Señor tu Dios, camina por sus sendas, guarda sus preceptos, para que tengas éxito en todas tus empresas" 1 Reyes 2,2.

David va a lo esencial, el testamento de él es: "Únente a Dios, de ahí viene todo lo demás", pareciera, no más pareciera, que David hubiera escuchado lo que un día diría el descendiente suyo, Nuestro Señor Jesucristo: "Buscad primero el Reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura" San Mateo 6,33.

Prácticamente, eso es lo que le dice David a su hijo Salomón: "Busa primero el querer de Dios, busca primero la voluntad del Señor, cumple primero el madato del Señor" 1 Reyes 2,2.

Porque no creamos, hermanos, que porque un rey está sentado en el trono, o porque un presidente está al frente de una república, él es el que manda; muchas veces los reyes y los presidentes son más cumplidores de órdenes que dadores de órdenenes.

Porque son tantas las presiones económicas, gremiales, políticas, familiares que rodean a los que están en el poder, que a veces uno dice si verdaderamente los que están en el poder pueden o no pueden, porque a veces el que está en el poder es el que menos puede, y si no, pregúntenlo en mi país.

Por eso, mis amigos, David, consciente de las realidades de este mundo, del bien y del mal de los hombres, de los manejos de la política, de las armas, de las intrigas, cosciente de los caminos del corazón del hombre y de la mujer, David exprime su corazón, y como con letras de sangre, le dice a Salomón: "Mira, lo primero, Dios; lo primero, pégate al Señor; lo primero, únete a Él y cumple sus mandamientos; eso es lo primero, que por ahí viene todo lo demás".

Una gran lección, una inmensa lección. Y yo me atevo a preguntar: ¿cuántos papás le dan esa lección a sus hijos? ¿Cuántos papás tiene esa conciencia clara en su corazón, y les dan a sus hijos ese testamento?

Parece que el testamento que muchos muchachos reciben más bien es: "Hijo mío, yo amontoné centenares de miles, yo a montoné miles, tú amontona millones; aumenta el dinero, aumenta el poder, aumenta la codicia".

¿Cuántos hijos reciben este consejo de sus propios padres?: "Mira, que lo perimero sea Dios, lo primero Dios". Y ahí queda ese interrogante para nosotros.

Estas palabras las reciben padres de familia, usted que es padre de familia, mire qué le está inculcando a su hijo. David que conoció tantas cosas, David que probó tantos sabores y que bebió de tantas copas, cuando llega el momento decisivo, cuando ve que se acerca la muerte, se concentra en lo esencial y le dice a Salomon: "Mira, pégate a Dios, pégate el señor, únete a Él, no te separes de Él".

Padres de Familia, ¿están haciendo eso? ¿Es esa la lección que reciben sus hijos? ¿esa, la lección del amor a Dios por encima de todo, y la conciencia de que fracasar en eso es fracasar en todo, y vencer en eso es vencer en todo? Creo que es una buena pregunta para que quede en cada uno de nosotros.

Porque no son sólo los papás. Los evangelizadores, los catequistas, los misioneros, los predicadores, los maestros, tienen que preguntarse si verdaderamente, todos tenemos que preguntarnos si verdaderamente estamos dejando como lección fundamental de la vida "únete a Dios; primero el Señor".

No es otra cosa sino el primer mandamiento de la Ley de Dios, transmitido, traducido en clave de educación, en clave de formación.

Que Dios nos bendiga, que Dios, especialmente en la celebración del Santo Sacrificio, nos recuerde dónde está lo primero.

Si el hijo de tus entrañas tine todo, pero o tiene a Cristo en su boca, en su corazón, ¡qué poco tiene tu hijo! Si tu hijo puede entrar a muchos lugares y muchas puertas se le abren, pero la puerta de la Iglesia está cerrada, no porque la Iglesia se la cierre, sino porque él no traspasa ese umbral; si tu hijo tiene muchas puertas, pero no tien esa puerta, está mal, está muy mal.

Si tu hijo conoce muchos libros, pero no conoce el libro de la Vida, no conoce el Evangelio, está muy mal; si tu hijo tien muchos amores, pero no conoce el palpitar del amor de Cristo, especialmente en la Eucaristía, ¡qué poco amor tien tu hijo!

Vamos a traer multitudes, vamos a traerle multitudes a Jesucristo, vamos a traerle multitudes al Señor, que puedan postrarse ante Él y que puedan decir: "Primero Dios, primero Él, lo demás, por añadidura".