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De Wiki de FrayNelson
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El papa Francisco ha puesto a la Iglesia Católica entera en una dinámica muy especial, que se resume en la expresión: “Año de la Misericordia”. Para mí, eso quiere decir, una oportunidad preciosa para que cada uno de nosotros descubra más y más del amor de Dios, pero también una exigencia, un llamado, una responsabilidad: ser testigos de ese mismo amor que nosotros hemos recibido. En este sentido, el pasaje de hoy, tomado del capítulo segundo de San Marcos, es muy elocuente, es muy importante; este texto de San Marcos nos presenta la conversión de un gran pecador, de un terrible pecador, este hombre se llamaba Mateo, y nosotros lo conocemos precisamente por su Evangelio (cf. Mc 2, 13-17). Y creo que el pasaje de hoy nos habla muy bien de lo que es la Misericordia; lo que llamamos los verbos fundamentales de la misericordia. Hay tres verbos que son los que abren la puerta, y luego hay cuatro verbos que son los que hacen la obra.

Los tres verbos que abren la puerta, son: el “Ver”, el “Aceptar” y el “Acoger”. Ver, como vio Cristo a este cobrador de impuestos; recordemos que los cobradores de impuestos trabajaban para el Imperio Romano, es decir, eran vistos por todos como traidores, francamente eso, traidores, vendidos al enemigo, ver. Aceptar, significa que no voy a negar la realidad en la que se encuentra esa persona: el que está herido, está herido; el que se encuentra mal, pues, ya sé cómo se encuentra; al que está deprimido, no basta con darle una palmadita en la espalda y decirle, “todo saldrá mejor”, hay que dimensionar la realidad, el tamaño de la realidad que la otra persona está viviendo, eso entra en el Aceptar. Y luego viene el Acoger, se muestra muy bien en el pasaje de hoy, porque Cristo acoge, precisamente, en el acto de dejarse invitar, de dejarse acoger por algunos que eran amigos de Mateo; por supuesto, como Mateo era un publicano vendido al sistema, la gente no lo quería mucho, y como no lo querían mucho, pues, ¿quiénes eran las amistades de Mateo? Otros de mala calaña, gente de mala fama. El acoger, es tal vez, el verbo que más escandaliza a la gente que rodea a Cristo: (“mira, está comiendo en casa de un pecador”), por eso, el Señor, también tiene que reconvenir a esas personas: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”, dice Cristo (Mc 2,17).

Entonces, estos son los tres verbos que abren la puerta de la misericordia: Ver, Aceptar y Acoger. Pero, ¡cuidado!, porque hay algunos que se quedan en esos tres primeros verbos, y aunque esos verbos son tan importantes, no son toda la historia; de hecho, si nos quedamos solamente hasta ahí, hemos ofrecido un flaco servicio, hemos dejado incompleta la obra, y lo nuestro no podría llamarse “Misericordia”, sino, si acaso “Falsa Misericordia”. Ese es el nombre que habría que darle, porque la falsa misericordia es la que se queda hasta ahí, hasta acoger, simplemente recibimos a la persona: si me llegó un adúltero, pues que se quede con su adulterio; si me llegó un drogadicto, pues que se quede con su drogadicción; y si el otro practica la homosexualidad, o la pederastia o lo que sea, que se quede con su costumbre; ¡no!, ahí no nos podemos quedar, es necesario pasar a las obras. La misericordia abre las puertas, pero la misericordia también obra; ¿Cómo obra? Ilumina la realidad de la persona, la acompaña en su camino, porque la idea es que salga de ahí como Mateo salió: al final Mateo no siguió cobrando impuestos, al final Mateo no siguió siendo un vendido al sistema, al final la vida de Mateo cambió, y cambió completamente. Entonces, por eso los otros cuatro verbos, que son: Iluminar, Acompañar, Orar, por supuesto, como muchas veces lo hizo el Señor por sus discípulos, para llegar al último verbo, Transformar. Entonces, en el Año de la Misericordia, ¡atención a esos siete verbos!: los tres primeros son los que abren la puerta: Ver, Aceptar, Acoger; y los otros cuatro: Iluminar, Acompañar, Orar y Transformar, que si no los tienes, en realidad lo tuyo se llama falsa misericordia. Que este año sea año de transformación para nosotros y para tantos a quienes amamos. Amén.