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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20100116

Título: ¿Como encontrarse con Dios? ¿Como encontrarse con Jesucristo?

Original en audio: 14 min. 36 seg.


La enseñanza más inmediata que nos deja el evangelio de hoy es una respuesta a la pregunta: ¿Cómo encontrarse con Jesús? Una pregunta que es muy importante porque a veces uno no encuentra la presencia de Dios en la propia vida; sobre todo cuando las cosas van mal, uno tiende a pensar: "Dios se olvidó de mi", "Dios está lejos", "no merezco que Dios se ocupe de mí", o incluso hay personas que que sienten: "Tal vez Dios no existe".

Cómo encontrarse con Dios? Respuesta: en la persona de Jesucristo. ¿Cómo encontrarse con Jesucristo? Esaa es la pregunta, y la respuesta la tenemos en el Evangelio de hoy: “No necesitan médico los sanos sino los enfermos” San Marcos 2,17, y dice Él mismo: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" San Marcos 2,17.

Esto quiere decir que nos encontramos con Jesús en la parte enferma de nuestra vida, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de nuestra familia, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de la comunidad, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de la sociedad.

Jesús estará siempre cerca de la parte enferma. La parte enferma de la sociedad de su tiempo eran los publicanos, es decir, los cobradores de impuestos y también todo tipo de pecadores.

Los cobradores de impuestos eran pecadores públicos porque ellos trabajaban para el enemigo, trabajaban para el Imperio Romano. Bueno, eso quiere decir que ellos eran la parte enferma de la sociedad, ellos eran aquella parte que era despreciada, aquella parte que era maltratada, podríamos decir, por el resto de la sociedad. Ahí cerca está Jesús.

¿Cómo encontrarse con Dios? En la persona de Jesucristo. ¿Cómo encontrarse con Jesucristo? En la parte enferma. Cada uno tiene que buscar entonces cuál es la parte enferma de su propia vida. Y la pregunta se puede seguir haciendo; ¿Cuál es la parte enferma de mi cuerpo? ¿Cuál es la parte de mi cuerpo que yo rechazo? ¿Cuál es la parte de mi historia que yo no acepto? ¿Cuál es la parte de mi pasado de la que me avergüenzo? Cuál es la parte de mi barrio, de mi ciudad que yo no tolero, que yo no aguanto, que yo no soporto? Jesús no está lejos de esa parte.

El Apóstol San Pablo vivió en una época, una especie de aguijón, esa es la palabra que él utiliza. Él cuenta de eso en la Segunda Carta a los Corintios. Un aguijón en su carne, no sabemos exactamente de qué se trataba, pero era algo que a él le fastidiaba, era algo que a él le incomodaba, era algo de lo que él quería deshacerse. Y cuenta que tres veces le pidió al Señor que lo liberara de ese aguijón, y lo llama aguijón de Satanás.

¿Qué era? No sabemos: ¿Una tentación? ¿Una enfermedad? ¿dificultades con sus hermanos de raza? ¿Una falla, podríamos decir, de su temperamento? No sabemos exactamente de qué se trataba, pero en todo caso, lo que si sabemos, es que San Pablo miraba a ese aspecto de su vida, o de su personalidad, o de su historia, lo miraba como la parte enferma y quería deshacerse de eso, quería que eso desapareciera.

Le pidió al Señor: "Libérame, quítame eso! Dios no se lo quitó. La respuesta que le dio es extraña: "Te basta mi gracia, en la debilidad se muestra perfecta mi fortaleza" 2 Corintios 12,9. Es que hay que saber que San Pablo tenía muchas fortalezas, había muchos aspectos de su vida en los que Él podía sentirse fuerte, sano, justo.

¿Qué dice el evangelio de hoy? “No necesitan médico los sanos; no he venido a llamar a los justos" San Marcos 2,17. San Pablo tenía muchas áreas en su vida en las que estaba muy sano y muy fuerte, por ejemplo, sin lugar a dudas, era una persona inteligente.

Por lo pronto, hablaba dos idiomas, si no tres: sabemos que hablaba arameo, que era la lengua de Jesús, la que se hablaba en Palestina; sabemos que hablaba griego, griego koiné, que era la lengua común en el Mediterráneo, probablemente sabía también latín, que era el idioma del Imperio Romano porque el mismo San Pablo era ciudadano romano.

Así que era un hombre inteligente, con dos o tres idiomas; una preparación intelectual sobresaliente, partamos de la base de que era un hombre que sabía leer y escribir en una época en que eso debía ser considerado un privilegio; un hombre fuerte, más bien de buena salud, aunque tuvo sus quebrantos; un hombre inteligente que sabía abrirse paso, que sabía trabajar con sus propias manos y que se movía en la cuenca del Mediterráneo como en el patio de la casa.

Pero todas esas fortalezas tenían que convivir con esa otra debilidad, ese aguijón extraño que él tenía. Y la tendencia de San Pablo era despreciar ese aspecto de su vida, quería deshacerse de eso: "¡Quítame eso! Quítamelo, Señor!" Dios no le hizo caso, como diciendo: "Necesito que tú aprendas a reconocer tu debilidad, necesito que no te me sientas fuerte por todas partes, necesito que no te me creas demasiado, necesito que haya algo en tu vida que también te humille para que también tu, lo mismo que los demás, puedas suplicar con la sinceridad del corazón: "¿Ayúdame, Señor, sin ti nada puedo!"

Porque es que aquellos aspectos de nuestra vida en los que estamos más necesitados, en lo que nos sentimos más débiles, en los que nos sentimos más enfermos, en esos aspectos de la vida es donde la oración se vuelve un hilo de oro, un hilo de súplica dorada; es ahí, ahí donde nos sentimos más débiles, ahí donde nos sentimos más enfermos, es ahí donde aprendemos a orar con el corazón, no a orar simplemente por decir unas palabras, por quedar bien, por cumplir con una norma.

Eso he visto yo, por ejemplo, también en la vida religiosa. Yo he tenido que hacer, por supuesto, muchas oraciones, no sólo las oraciones del Misal, sino las oraciones que muchas personas le piden a uno. Pero resulta que, por ejemplo, en mi familia sucedió que un sobrino que yo tengo, nació con una deficiencia, vamos a llamarlo una deficiencia, yo no sé cuál es el nombre técnico de eso, es autista.

Y uno hace muchas oraciones, como religioso, como sacerdote, uno hace muchas oraciones. Aquí estas monjitas viven haciendo oraciones por todo el mundo, pero el día que le tocan la vida, la salud a esa monjita, la familia a esa monjita, ah, esas oraciones quizás salen con otro tono, porque en ese momento uno siente algo diferente. Y eso me pasó a mí cuando mi familia tuvo que enfrentar esa situación.

Poco a poco, en mi familia hemos ido aprendiendo que Dios estaba bendiciendo, estaba bendiciendo nuestro hogar con ese niño, pero eso toma tiempo para entenderlo, eso no es de un día para otro, y mientras tanto uno tiene que aprender a orar de otra manera.

Y por supuesto que nuestra primera súplica cuando apareció ese diagnóstico era: "¡Señor, quítanos, quítanos eso! Que desaparezca esa enfermedad, que no tengamos ese problema, que eso se vaya". Uno obra de ese modo, pero a través de ese camino Dios ha hecho toda una transformación de corazones en mi hogar, en mi familia.

Jesús nos dice: "No necesitan médicos los sanos, sino los enfermos" San Marcos 2,17. ¿Cómo encontrarse con Dios? En la persona de Jesucristo. ¿Y cómo encontrarse con Jesucristo? En la realidad de nuestras deficiencias, de nuestras enfermedades, ahí donde nos sentimos débiles.

Una vez le preguntaron a San Francisco de Asís: "¿Y a ti por qué Dios te da tanto? Y la respuesta de San Francisco fue: "Porque no encontró otro peor"; él mismo se consideraba expresión viva de la misericordia divina, él mismo consideraba que él era parte de esos que la sociedad llamaría: los enfermos, los que no cuentan, por muchas razones: a veces por pobres, a veces por pecadores, a veces por incoherentes; él mismo se sentía más del lado de los réprobos, y por eso, quizás, tenía tanta sensibilidad al milagro de la gracia.

Sigamos nuestra Eucaristía. Y vamos a pedirle a Dios una sola cosa, una: que dejemos de renegar de las cosas que nos humillan, nos fastidian, o nos hacen sentir débiles. Que dejemos de renegar de ese defecto físico.

El otro día me encontré con una muchacha acomplejada porque siente que tiene la nariz muy torcida, muy no sé qué, y ella sufre porque eso es una tragedia y nadie la va a querer; y ella va a perder toda su existencia y no va a tener amigos porque su nariz está un poquito torcida. A mí por lo menos me parece que ella es suficientemente bonita, más bonita que mucha gente que yo conozco, pero ella rechaza su nariz y su nariz es un problema.

Hay personas que rechazan su pasado: "Ese papá que yo tuve, rechazo a mi papá, no quiero a mi papá, póngale una "X" roja a mi papá: no papá, no papá". Hay gente que rechaza su raza, su pueblo, su pasado. Hay que dejar de rechazar y hay que empezar a preguntarse: "¿No será que a través de esa puerta Jesús mismo ha querido visitar mi vida?"