O016001a

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Fecha: 19960113

Título: La victoria de Dios se manifiesta en los que son debiles

Original en audio: [6 min. 58 seg.]


Queridos Hermanos,

Las lecturas de este día nos presentan dos modos del obrar divino, y nos presentan también dos modos de traer la salvación al pueblo de Dios.

El primer modo está representado por Saúl. De acuerdo con la traducción del Leccionario Español, se trata de un mozo bien plantado, se trata de un hombre que se destaca por su fuerza.

Es alto, es de buena familia, tiene un linaje a su favor, podríamos decir que es una especie de líder natural. Y él, ungido por el profeta Samuel, según el mandato divino, será el rey de Israel.

Sin embargo, este modo de liderazgo, este capitán de las gestas de Dios, no dará al final buen resultado. Lo sabemos bien, y si no lo recordamos, nos lo recordarán las lecturas de los próximos días en la Santa Misa. Y lo sabemos bien, este Saúl terminará imponiendo su propia voluntad, su propio parecer, por encima a la obediencia a los preceptos divinos.

El segundo modo del obrar de Dios, y el segundo modo de hacerle bien al pueblo de Dios, está hoy representado en Nuestro Señor Jesucristo; y no sólo en Él, sino en aquellos a los que Él ama. Hoy hemos visto a Dios llamando a Saúl; hoy hemos visto a Jesús llamando a Mateo, llamando a Leví.

En el caso de Saúl todo parecía indicar una victoria: se trata de un hombre que tiene las capacidades, diríamos con nuestra terminología, es el hombre que tiene el perfil preciso para ser el rey, para ser el líder.

Mateo en cambio, también llamado Leví, es el antiperfil. Es un hombre que tiene todas las características este Mateo. Tiene todas las características para fracasar.

Indudablemente, no va a tener buena acogida en el pueblo; indudablemente, tiene pésimas costumbres; indudablemente, sólo él ha estado rodeado de pésimos amigos. Todo en él parece indicar un fracaso, así como en el caso de Saúl todo parecía indicar una victoria.

Pero aquí se cumple lo que luego nos dirá el mismo Samuel: "La mirada de Dios no es como la mirada de los hombres" 1 Samuel 16,7.

Dios elige a Saúl, pero luego lo desecha, porque Saúl, fiado por sus propias capacidades, fiado de lo que la gente podría pensar sobre su liderazgo natural, no logrará entrar en la obediencia, no logrará entrar en la lógica de Dios.

Muy distinto es e caso de Mateo, y muy distinto es el caso del mismo Jesús.

Jesús, ante los ojos de este mundo, será siempre un fracasado, sera esa especie de anti líder, será esa especie de derrotado que aparece en la cruz, para escarnio, para burla; parece estar ahí solamente para recibir insultos. Pero a través de esa derrota, no por esa derrota, sino a través de esa derrota, precisamente en la medida en que esa derrota revela la debilidad de aquel que ama, que ama a fondo, precisamente en esa derrota se manifestará la verdadera victoria de Dios.

De ahí el lenguaje paradójico de Nuestro Salvador: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" San Marcos 2,17; "no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos" San Marcos 2,17.

A veces nosotros quisiéramos que la Iglesia estuviera llena de gente como Saúl; a veces quisiéramos a nuestros pastores, a nuestros obispos, a nuestros superiores religiosos, a veces quisiéramos como ese Saúl, es decir, como gente fuerte, bien plantada, con el perfil perfecto, con todas las características para vencer.

Hoy, como ayer, sin embargo, Jesús sigue obrando paradójicamente y sigue llamando a personas que nosotros tal vez descartaríamos.

Lo importante es que nos reconozcamos a nosotros mismos como llamados por pura gracia, como enfermos que han recibido salud de este Médico, como pecadores que han recibido justificación y amor de este Nuestro Salvador.

Sólo así, la Iglesia, que entonces será Iglesia de redimidos, sólo así la Iglesia podrá ser señal de contradicción, pero al mismo tiempo sacramento de salvación para el mundo.

Hermanos, que la humillación, que la escandalosa humillación de Cristo en la Eucaristía, que su anonadamiento, su desaparecer, casi, ante nuestros ojos, en nuestra boca, nos revele el misterio y la paradoja del amor que donándose salva.

Así lo realice Dios por su bondad. A Él alabanza por los siglos.