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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030716

Título: Stella Maris

Original en audio: 9 min. 8 seg.


No hay duda, mis queridos amigos, que esta advocación de la Virgen del Carmen es de las más conocidas y es de las más populares a lo largo y ancho del mundo.

Pero tal vez muchos de nosotros no conocemos la historia de esta manera de mirar a la Virgen María porque, desde luego, es una misma persona María la Madre de Jesús, la que recordamos y honramos cuando hablamos de la Virgen de Lourdes o del Rosario o la Virgen del Carmen, es la misma persona.

Decía una vez una predicadora: es como la misma persona con distinto vestido.

¿De dónde viene esta celebración? Que es el Monte Carmelo, porque la Virgen se llama del Carmen por ese Monte Carmelo. En realidad, no es exactamente un monte sino una pequeña cadena montañosa que queda en la tierra de Jesús, en Palestina.

Esa montaña o esa pequeña sierra. Allá en Palestina es muy conocida por varias cosas, por ejemplo, en el Antiguo Testamento se cuenta que hubo un tiempo muy complicado en el que muchísima gente perdió la fe y se apartó de Yahvéh. Así le llamaban en esa época.

Pero hubo un profeta muy grande, muy vigoroso y de una fe increíble. Ese profeta se llamaba Elías. Y ese profeta llamó a toda la gente del pueblo de Israel al Monte Carmelo y allá los confrontó y les dijo: "Bueno, ¿ustedes creen en Dios o creen en Baal? Porque Baal era como el ídolo que tenía como más difusión en ese momento en esa tierra.

Y Elías hizo un milagro espectacular realmente, en el Monte Carmelo y fue el milagro que llevó a la gente a decir: "verdaderamente nuestro Dios, verdaderamente Yahvéh es el único Dios".

Por eso el Monte Carmelo es el monte de la fe, es el monte donde el pueblo de Dios se dio cuenta que se había apartado de Dios, pero que en realidad necesitaba y quería seguir creyendo en Él.

Pasó el tiempo, y ya después de Jesucristo, personas muy piadosas y muy de oración, se fueron a esa montaña y empezaron a llevar una vida entregada a Dios.

Vida de ermitaños, vida de orantes. Se dedicaban allá a orar y muchos de ellos, que eran fervorosos cristianos, tenían un amor muy grande por la Santísima Virgen, cosa que es lo más natural del mundo, porque por ejemplo, en la lectura que escuchamos ahorita, nos damos cuenta que María en ningún momento suplanta a Jesucristo, sino más bien facilita las cosas para que nos encontremos con Cristo y para que Cristo se encuentre con nosotros.

Ella nunca reemplaza a Jesús, sino lo que hace es facilitar para que nos encontremos con Jesús.

Y de esa manera fue naciendo la devoción a María, relacionada con esa montaña, con ese monte y luego porque lo del transporte, ¿qué tiene que ver el transporte con María? Lo que sucede es que en aquella época navegar no era aun ejercicio fácil y la gente que venía por el mar Mediterráneo y que iba, por ejemplo, peregrinando hacia el Santo sepulcro, allá en Jerusalén, al acercarse a Palestina, necesitaba tener como referencias de dónde tenía que dejar el bote.

La tierra, pues, no estaba tan poblada ni había muchos faros o muchas referencias, pero desde lejos el Monte Carmelo se alcanza a ver estando en el mar.

Entonces, esa montaña, viniendo en el mar, sirve como una referencia para llevar el barco a donde hay que llevarlo.

Como ahí se veneraba ya a la Santísima Virgen María, entonces, los marineros, cuando veían esa montaña, ya sentían que estaban bien orientados y que ya tenían a dónde dejar el Barco.

Y empezaron a llamar a María con una expresión muy bonita, la llamaban Estrella del Mar, el latín eso se dice Stella Maris, la Estrella del Mar.

Y se encariñaron mucho los marineros con María y sintieron que Ella era los que los guiaba para llegar allá a Palestina, pero el amor que le tomaron a la Virgen no se acababa cunando se iban de allá.

Y por eso consideraron que la Virgen del monte Carmelo era como su compañía y su protección en los viajes, porque los viajes en el mar siempre han estado llenos de muchos peligros.

Así, la Virgen del Carmen, se volvió como una compañía amorosa de todos los que hacen viajes peligrosos. Pero muy pronto, esa manera de mirara a la Virgen, como que se fue difundiendo, ya nos sólo por los viajes en mar sino por muchos otros viajes.

Si fueron especialmente los padres que se llaman Carmelitas, por esa advocación de la Virgen, los que difundieron la hermosa idea de que María quiere acompañarnos y puede acompañarnos en nuestros caminos, y por eso la Santísima Virgen la encontramos en esta imagen del carro, la encontramos en aeropuertos, la encontramos en puertos marítimos, la encontramos en terminales de transporte y en estaciones de transmilenio.

María se ha convertido a través de esta advocación, en alguien que nos acompaña y en alguien que nos está indicando cuál es el puerto seguro y cuál es la montaña de salvación.

Terminemos diciendo cuál es el verdadero sentido entonces de esta devoción y de este amor a la Virgen.

Llevar un escapulario no es una cosa mágica. Un escapulario no es como una pata de conejo, no es como un amuleto para que me vaya bien o para que no me hagan daño.

El escapulario es un pedacito de tela que recuerda el vestido de todos esos hombres santos que vivían allá en el monte Carmelo.

Ellos utilizaban unos hábitos muy pobres que eran de color tierra. Viviendo entre tanta tierra pues la ropa tenía que ser también de ese color.

Ese pedacito de tela que es el escapulario, lo que está recordando es el vestido de todos esas hombres y mujeres llenos de amor a Dios y llenos de amor a la Virgen, de manera que esto no es magia.

Es una manera de recordar que la Virgen María quiere acompañar nuestro camino, repito, nunca para reemplazar a Jesús, siempre para llevarnos a Jesús.

Eso significa que la verdadera devoción a la Virgen María, a la Virgen del Carmen, pues, significa cambiar nuestra vida, significa lo que dijo el evangelio: María les habló a estos sirvientes de la casa donde se celebraba la boda y les dijo: "Hagan lo que Él les diga" San juan 2,5.

Y eso es lo que nos sigue repitiendo la Virgen, que le hagamos caso a Jesucristo, que realmente lo tomemos en el centro de nuestro corazón y que encontremos en Él puerto seguro.