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Fecha: 19990716

Titulo: La religion de Baal y la religion de Yahve

Original en audio: 30 min. 27 seg.


Queridos Amigos:

Esta es una fiesta muy conocida, muy popular, pero a veces hay contradicciones entre estas dos palabras, a veces lo conocido no es popular y a veces lo popular no es conocido, no estoy jugando con los términos.

A veces las cosas populares no son conocidas, porque precisamente las recubre como un manto que hace que creamos que las conocemos, y yo creo que ejemplo más claro en la Iglesia Católica de esta fiesta, difícilmente tendremos.

He aquí un escapulario de nuestra Señora del Carmen, ¿quién de nosotros podría explicar cuál es el origen y cuál es el sentido del escapulario? Pienso que tal vez no muchos. ¿Y por qué este color? ¿Y por qué esta devoción? ¿Y por qué tantas Vírgenes?

Como preguntaba un protestante: "¿Por qué nos presentan ustedes tantas Vírgenes:la de la Macarena, la de Chiquinquirá, la del Rosario, la del Carmen"?

Precisamente por ser tan popular puede resultar tan desconocida, por eso digo, lo popular no siempre es lo más conocido.

Hoy quiero compartir con ustedes unas palabras sobre el origen de esta bellísima devoción, y espero que esas palabras puedan ser útiles para ustedes.

Si algunos ya las han escuchado y ya las conocen, pues que puedan servirles como de repaso y de solaz; para los demás puede ser ocasión no sólo de alegría, sino también de conversión.

Detrás de un signo tan sencillo como este escapulario puede haber realidades muy hermosas, que aunque son desconocidas, no tienen que permanecer desconocidas. Nosotros sabemos que hay un color que es el color carmelito, pero el color carmelito tiene su origen en el Monte Carmelo, un monte del norte de Palestina.

La Sagrada Escritura nos da la clave para entender la grandeza y la belleza de este Monte. Los orígenes de su importancia están en el libro de los Reyes, donde se nos habla del profeta Elías.

Sucede que en la historia de Israel, como ya lo hemos comentado varias veces, se produjo un cisma, una división interna, y resultó un Reino al Sur, que fue Judá, y otro Reino al Norte, que siguió llamándose Israel.

La capital, que era Jerusalén, quedó en el Reino del Sur, es decir, en Judá y ahí quedó también el templo, por esta razón el Reino del Sur, Judá, se conservó mucho más fiel; el Reino del Norte, en cambio, y desde el principio, se vio tentado por la idolatría, porque había un problema entre religioso y político, algo muy perezoso.

Resulta que toda la gente quería ir a peregrinar a Jerusalén, entonces el rey del norte que se llamaba Jeroboam dijo: “Donde esta gente siga peregrinando a Jerusalén, pues siguen como con un cordón umbilical unidos al Reino del Sur y se nos va a acabar nuestra independencia y nuestro estilo político”.

Y por esa razón, el rey de Israel determinó que era necesario hacer otros altares y otros cultos y otros sacerdocios, había que organizar el sacerdocio de otra manera, para que la gente no siguiera peregrinando a Jerusalén, esto hizo que la fe en Yahvé se corrompiera en el Reino del Norte, hasta unos extremos inauditos. ¿Qué es corromperse la fe? Es revolverla.

La fe se corrompe cuando se revuelve. Es que esa tierra, donde estaba el pueblo de Dios, era una tierra que había tenido toda clase de religiones, pero todas esas religiones tenían algo en común, la búsqueda de la prosperidad y la búsqueda de la fecundidad, fecundidad y prosperidad, como quien dice, vida abundante y placentera.

Los dioses que llenaban toda esa tierra santa antes de la llegada de los israelitas, esos dioses eran conocidos en conjunto como Baales, esa raíz ba significa Dios, y estos eran los Baales y eso estaba lleno de baales, de gente que tenía el culto a la fecundidad y a la prosperidad.

Muchos de esos cultos eran verdaderamente repugnantes, había una cantidad, por ejemplo, de sacerdotisas, que practicaban la prostitución sagrada, de manera que era servicio todo en uno, porque la gente iba a practicar su religión, su culto, y de paso se unía a la sacerdotisa, y de paso dejaba la ofrenda, y de paso conseguía suerte y prosperidad, era todo en uno, un paquete muy completo.

Cuando llegaron los israelitas a esa tierra, los israelitas no pudieron exterminar completamente ese culto, que estuvo siempre ahí latente, no sólo estuvo, sino está siempre latente.

La religión de la prosperidad, la religión de que yo no tenga problemas y de creer que, al fin y al cabo, mientras haya alguna religión, mientras haya una espiritualidad, mientras se pueda invocar a alguna cosa, y mientras uno le ponga mucha fe a lo que hace, las cosas funcionan, esa es la religión de Baal.

La religión de Baal es como si usted le pusiera mucha fe a un colmillo de tortuga, suponiendo que haya colmillos de tortuga, o de un ojo de sapo disecado, eso le va a dar la prosperidad, esa es la religión de Baal.

La religión de Baal es la religión de la magia, de la superstición, es el creer que la fuerza está en lo que uno se concentre, ¿o sea que la religión de Baal ha acompañado a la humanidad? Claro, hermano, la religión de Baal ha acompañado a la humanidad en todas sus formas.

Cuando uno cree que una pirámide, o cuando uno cree en una pata de conejo, o cuando uno cree, porque eso también puede pasar, que un escapulario por sí mismo, cuando uno cree que todo está en la fe que uno le ponga a las cosas, uno lo que está diciendo es que la fuerza está en uno.

En cambio, los israelitas llegaron a Palestina con una cosa bien clara, que la fuerza está en Dios, porque los israelitas venían de una tierra todavía peor en términos de religión, la tierra de Egipto, que es la mata de la magia y de la brujería; esos conjuros y esos maleficios y esas brujerías de Egipto son la cosa más espantosa, todavía hasta el día de hoy.

Entre paréntesis, les pido, en el nombre de Jesucristo, jamás se acerquen a cosas que tengan que ver con brujería egipcia, por favor, jamás se vaya a acercar a esas cosas; esos brujos de Egipto eran la cosa más demoníaca y satánica que ustedes se pueden imaginar, pero los israelitas acababan de comprobar que aún de esa tierra de brujería y de satanismo, Dios los podía y los pudo, y los sacó de ahí, y los llevó por el desierto, y los lleva a Palestina.

Por eso los israelitas no tenían la religión de la prosperidad sino la religión de la fidelidad, ellos sabían que Dios no nos da siempre lo que nosotros queremos pero sí nos da siempre lo que realmente necesitamos. Esta es la religión de Yahvé.

Y por favor, que eso nos quede muy claro, básicamente en el mundo hay dos religiones, la religión de Baal y la religión de Yahvé; la religión de Baal es que se haga lo que yo quiera, que yo sea fecundo y próspero, que yo no tenga problema alguno; y número dos, dijimos y redijimos que tiene la religión de Baal todo tipo de cultos y religiones, siempre con ese mismo esquema.

La religión de Yahvé es la religión de la fidelidad, Dios no siempre me va a dar lo que yo quiera, pero sí me va a dar siempre lo que yo necesite. Algunas veces tendré que "pasar por parajes oscuros" Salmo 23,4, como dice el salmo del buen pastor; algunas veces pasaré por unos trechos oscuros y difíciles.

Y no faltará quien se burle y el que diga a usted: "¡Qué, hermano, los médicos también se mueren!"; no faltará el que me critique, no faltará el que me caiga encima, no faltará el que le eche vinagre y sal a la herida, pero aún por los trechos oscuros el Señor es mi Dios, esa es la religión de la fidelidad.

Con esta aclaración entre las dos religiones, que es tan importante porque eso sigue vivo hoy y todavía hay mucha gente que cree que se puede revolver cualquier cosa con cualquier cosa, y hacer oración es más o menos lo mismo que hacer meditación.

"¡Paja! Si la meditación es la meditación de la Palabra de Dios"; sí, estamos de acuerdo, es muy semejante a la oración, es como escuchar a Dios, pero si la meditación es como una especie de reconcentración de mis fuerzas para yo decir: "Este ojo es el que me va a salvar a mí, este colmillo de tortuga es el que me va a salvar a mí".

Si la religión va a consistir en que yo me concentre, reúna energías y con esas energías venza todos los obstáculos para tener mis metas, entonces usted es un practicante furibundo de la religión de Baal, usted no es de la religión de Yahvé.

La religión de Baal es la religión de las fuerzas humanas, es la religión del esfuerzo que yo hago, es la religión de mi mente, es la religión de mis filosofías.

La religión de Yahvé es la religión del Salvador, la religión de aquel que sabe qué hice yo y quiénes son los demás; y es capaz de perdón y de misericordia, y porque Él es fiel, yo también quiero ser fiel. La religión de Baal conduce indefectiblemente a la magia; la religión de Yahvé conduce a la fe y a la gracia.

Eso era lo que estaba así como tapete, eso era el piso que había en Palestina cuando llegaron los israelitas, mientras ellos estuvieron unificados, la cosa más o menos estuvo firme, pero se dividieron, los del sur quedaron con Jerusalén y con el templo, esos fueron los de Judá, los del reino judío.

Los del norte quedaron sin templo y por esa jugada política empezaron a multiplicar altares, ¿y que pasó en esos altares? Que lo que estaba ahí latente, esa religión de magia, esa religión de Baal que estaba ahí latente, porque está latente en el corazón humano, por eso estaba latente en esa tierra la religión de la prosperidad y de la concentración mental, y de lograr todo lo que yo me proponga, esa religión empezó a crecer en el Reino del Norte.

La cosa hizo crisis, porque obviamente, resulta que Satanás y los demás espíritus del infierno, están muy interesados en que no tengamos la religión de Yahvé, obviamente, y por eso estos espíritus satánicos pueden producir adivinación y pueden producir ciertos aciertos, no son verdaderas profecías, son adivinaciones, y empezaron a multiplicarse los profetas de Baal, es decir, los adivinos, los brujos.

Satanás es un ser supremamente inteligente, sabe más que todos los psiquiátras del mundo juntos, tiene más experiencia que todos los psicólogos del mundo juntos; Satanás no puede entrarse al fondo de la conciencia del ser humano y hacerle cambiar las decisiones, eso no lo puede hacer el diablo.

Pero el diablo sí puede estudiar a una persona, puede estudiarla hasta en sus más mínimos detalles, este modo de hablar es un poco metafórico, pero tiene su realidad, y por eso el demonio puede hacer conjeturas supremamente razonables sobre las personas, y por eso puede acertar.

Los aciertos del demonio no provienen de su conocimiento del corazón humano, sino de suposiciones, de hipótesis supremamente razonables, y por esto el demonio puede acertar en una cantidad de cosas, y los aciertos del demonio se llaman adivinaciones.

Las adivinaciones que producen los espíritus infernales están en boca de los brujos y por eso los brujos aciertan; un brujo puede acertar en muchísimas cosas, lo digo por ese género de espíritus, y desde luego, cuantos mayores son sus aciertos, pues mayor es también la credibilidad que adquieren, eso es algo tenebroso.

Santo Tomás de Aquino sin embargo, nos enseña que los aciertos de estos Ángeles caídos, que son los demonios, tampoco son indefinidos, por más inteligencia, por más sagacidad, por más penetración que tenga el espíritu angélico, es decir, el espíritu de estos Ángeles caídos, hay verdades que no logran entender, esas verdades son fundamentales para nosotros, porque son las verdades que nos permiten discernir entre la religión de Baal y la religión de Yahvé

Uno de los fracasos estrepitosos de Satanás fue con el hecho de Jesús, a ningún personaje de la historia le ha estudiado tanto el demonio como a Jesús de Nazaret.

Jesús de Nazaret fue un rompecabezas que apareció en esta tierra y toda la inteligencia del infierno, toda la astucia tenebrosa de Satanás se dirigió a tratar de ver cómo era esa persona, por eso las tentaciones que aparecen en la Biblia son las tentaciones para el Mesías; por eso escogió Satanás esas tentaciones y no otras, porque tenía estudiado a este personaje.

Pero el demonio intentó todo, hasta lo último, hasta ofrecer que iba a creer en Dios, por eso la humillación que le propinó Jesucristo a Satanás fue la más terrible; por eso Satanás huye de la Cruz de Cristo, porque en la Cruz Jesucristo le propinó la mayor humillación y la peor derrota al demonio.

El demonio se humilló hasta contradecirse diciendo que iba a creer, pero le pedía a Cristo una cosa, que no lo salvara, que se salvara a sí mismo, ¡qué cosa! ¡Qué mundo ese! Jesucristo no cedía a esa tentación.

Por boca de esos esbirros suyos que estaban ahí cercanos a la Cruz, era Satanás el que le gritaba a Cristo: ¡Bájate y creo! San Lucas 23,37. Cristo no cedió, Cristo murió sin odiar, Cristo murió orando y perdonando.

Cuando Cristo fue resucitado del sepulcro por la gloria del Padre, vino a aparecer ante todas las criaturas del cielo y de la tierra una verdad que para nosotros es maravillosa y que para los demonios es espantosa.

Resulta que el que estaba en la Cruz es el Hijo Eterno de Dios, eso no lo pudo descubrir el demonio con toda su inteligencia, esa es una verdad que la inteligencia del demonio no pudo descubrir; que Jesús es el Hijo de Dios, eso no lo pudo descubrir, ni tampoco lo puede entender.

O sea que la inteligencia del demonio es un poco limitada, no hay que tenerle miedo al demonio, hay que tenerle miedo a separarse de Dios y caer en la religión de Baal, a eso hay que tenerle miedo, pero al demonio no hay que tenerle ningún miedo.

El demonio con toda su sagacidad, -es que nosotros no tenemos idea de lo que es la inteligencia del demonio-, pues con toda su inteligencia no pudo saber que era el Hijo de Dios. Y hay otra serie de obras que el demonio no puede penetrar, esas son importantísimas porque son las verdades que nosotros aceptamos por la fe y son nuestra victoria sobre Satanás.

Por ejemplo, que el amor de Dios puede perdonarnos, reconstruirnos, rehacernos con la potencia de su amor, eso jamás había sucedido y esto es algo incomprensible para los espíritus malignos.

Que Dios haga de nuevo una criatura, y al rehacerla la haga mejor, más bella, más sana y más fuerte, es decir, lo que está incluido en la palabra gracia, eso no lo entiende, no lo puede entender y no lo puede penetrar, y por eso no lo puede vencer el demonio.

Tú eres el Dios de la gracia, tú eres el Dios de la misericordia, esas invocaciones el demonio no las puede repetir y no las puede escuchar.

Hay maneras de recordar esta verdad, por ejemplo, la Sangre de Jesucristo, cuando nosotros invocamos la Sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, lo que estamos diciendo es: “Me amó hasta dar su vida por mí”; eso no lo puede entender, y no lo puede penetrar, y no lo puede vencer el demonio.

Bueno, estábamos hablando de la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, usted se estará preguntando qué tiene que ver esto con Nuestra Señora del Carmen. Pues tiene que ver muchísimo, porque la vida de María es otra cosa que el demonio tampoco pudo entender nunca.

¿Cómo fue que Dios se salió con la suya? ¿Cuándo la entró a este mundo Inmaculada? ¿Y la pasó por este mundo impecable y se la llevó de este mundo asunta? ¿Cómo fue eso? Esa fue una victoria completa de Dios, por eso Satanás odia tanto a la Virgen, es que es impresionante.

Nosotros no le tenemos miedo a Satanás, tengámosle miedo a separarnos de Dios, a confiar en nuestra inteligencia, a confiar en nuestros méritos, a creer demasiado en nuestra mente y en nuestras fuerzas; esa sí es estupidez, y me perdonan la palabra, porque la inteligencia suya no tiene nada que hacer frente al más chiquito de los diablos.

La distancia que hay entre el ser humano y los Ángeles es tan grande, que es ridículo que el genio más genio de esta tierra pretenda compararse con un Ángel.

Uno no puede pensar que en esto hay victoria, a través de la inteligencia, de la astucia; los astutos, los astutos son los que se envuelven a sí mismos, los astutos son los que se enredan.

Es la simplicidad del acto de la fe, es la confianza absoluta en: "Sólo tú eres mi Salvador, sólo tú eres mi Señor, yo pongo toda mi confianza en ti", ¡eso es lo que vence!

En el Reino de Norte se produjo una desbandada pavorosa, la gente se dedicó a la religión de la prosperidad, se dedicó al poder mental, se dedicó a la filosofía, se dedicó creer en su inteligencia, y hagan fiesta los demonios con esa gente y multiplíquense los brujos, llegaron a ser cuatrocientos los brujos de Baal en esa tierra.

Pero había un profeta, que era profeta de Dios, y ese profeta de Dios era Elías, frente a todas las adivinaciones, frente a toda la sabiduría infernal de estos profetas de Baal, Elías se mantuvo firme y fiel a Dios, Elías fue el hombre de la religión de Yahvé, Elías fue un valiente, hasta un grado que nos espanta.

Elías era perseguido por un rey que se llamaba Ajab que no reinaba, porque la que reinaba era la esposa de él, bruja, arpía entre las arpías, se llamaba Jezabel; si ha habido una mujer mala en la Sagrada Escritura era Jezabel, qué mujer perversa, qué capacidad de maldad.

Cuando ustedes quieran conocer historias sobre el bien y sobre el mal lean la Sagrada Escritura, léanla con amor y con fe, ahí está el corazón humano en todo lo que puede de bueno y de malo. Jezabel era espantosa, Jezabel que era la que gobernaba, porque tenía, en primer lugar, embrujado en el peor de los sentidos, a su esposo Ajab; Jezabel mandó matar muchas veces a Elías.

El Espíritu Santo obraba en Elías, cosa que sólo hemos vuelto a ver en la historia de la Iglesia, milagros como estos, de las bilocaciones y las desapariciones y este tipo de cosas, el Espíritu Santo se los concedió a Elías.

El Espíritu Santo obraba con tanto poder en Elías, que hizo milagros que luego se cuentan también en el Nuevo Testamento, milagros como este de transportar a las personas, lo mismo que le pasó a Felipe, el diácono en los Hechos de los Apóstoles, era gente tomada completamente por el Espíritu Santo.

Jezabel organizaba redadas para acabar, torturar y destruir a Elías, Elías era arrebatado por el Espíritu de Dios, pero no sólo eso, una vez Elías llamó a la gente y les dijo: ¡Basta ya! Y los convocó al Monte Carmelo y ahí les dijo: "¡Basta ya! Si Yahvé es Dios, seguid a Yahvé; si Baal es Dios seguid a Baal"; y por eso esta devoción al Monte Carmelo.

Y entonces les dijo Elías, vamos a hacer una cosa, vamos a preparar dos sacrificios, pero no encenderemos fuego (recuerden que todos los sacrificios eran quemados), vamos a preparar dos sacrificios, pero no encenderemos fuego, que los de Baal invoquen a su dios a que baje el fuego del cielo y yo, que estoy solo, voy a invocar a mi Dios para que baje fuego del cielo 1 Reyes 18,23.

Es impresionante pensar que Elías se animaría a hacer eso delante de la gente, y entonces los de Baal empezaron a invocar a su dios, sabemos que toda invocación en el atrio se hace invocación satánica, empezaron a invocar a su dios, evidentemente, los demonios hubieran podido hacer salir fuego, pero es que había uno ahí, Elías, y la fe de Elías no dejó que se produjera el falso prodigio.

Esto quiere decir que los que tienen fe verdadera, pueden frenar el poder de la brujería o el poder del satanismo, una oración de una persona llena de fe, pero ninguno de nosotros presuma de hacer eso, por favor, un oración así puede frenar la brujería y se puede confundir a los brujos,

Elías hizo eso varias veces, frenar a los brujos hasta confundirlos, pues Elías estaba aquí y frenó la acción del demonio y no cayó ningún fuego, y luego, a la hora de la tarde, Elías oró a Yahvé y le dijo: "Que se vea que tu eres Dios" 1 Reyes 18,36.

Esto sucedió en el Monte Carmelo; "que se vea que tú eres el único Dios, que se vea que no hay otro Dios, que se vea que la mente humana no es la que puede, que se vea que el que confía en ti tiene respuesta, y Dios Le respondió.

Elías hizo bajar todo el cielo y Dios hizo bajar lluvia del cielo, Elías cerró el cielo y Elías abrió el cielo; Elías, con sus palabras, cerró el cielo para que dejara de llover durante el tiempo que él dijo; y luego oró y abrió el cielo para que volviera llover 1 Reyes 18,41-45. Elías es uno de los profetas más grandes que tiene la Sagrada Escritura.

Los profetas como Elías y como su sucesor, que se llamó Eliseo, son tan grandes y tan carismáticos que yo quiero decir, que si por el tamaño de los milagros se miden las religiones, nosotros tendríamos que ser judíos y no cristianos.

Porque los milagros de Elías y de Eliseo fueron realmente fantásticos, pero es que nosotros no estamos solamente detrás de los milagros, estamos detrás de la revelación y la plena revelación está en la Cruz de Cristo, no en el espectáculo de los milagros.

Por esta razón, cuando los protestantes hacen tanto énfasis en los milagros, yo sé que Dios hace milagros y los he visto, cuando hacen tanto énfasis en los milagros, yo siento que se están devolviendo al judaísmo; más milagros hizo Elías y Eliseo, milagros inmensos y descomunales como estos que hemos compartido.

Así pues, mis hermanos, ¿qué es el Monte Carmelo? Es el Monte de la fidelidad, es el Monte del juicio, es el momento en el que Dios te llama y te pregunta: "¿A dónde vas? ¿De qué lado estás? ¿Le crees a la prosperidad? ¿Le crees a tu corazón? ¿Le crees a tus propósitos de yo me propongo y lo hago? ¿Mi mente todo lo logra? ¿Basta con que yo lo quiera? ¿Eres de Baal o eres de Yahvé?" Es la pregunta de hoy.

Muchos siglo después, un grupo de hombres piadosos ya cristianos, se fueron a ese Monte donde Elías hizo el milagro, al Monte Carmelo, y empezaron a hacer oración ahí como ermitaños llevando una vida de durísima penitencia, orando día y noche, creciendo en la santidad junto a esa preciosa montaña testigo de la fe de Yahvé.

Y de esos ermitaños surgió el amor a la Virgen del Carmen, porque ellos entendieron que no había victoria más grande de Dios sobre esta tierra, incluso mayor que la del Monte Carmelo, ninguna victoria mayor que la que Dios logró en la vida de la Santísima Virgen María.