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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970709

Título: La belleza de la Virgen sigue llamando con suavidad y con firmeza a las personas

Original en audio: 5 min. 39 seg.


Queridos Amigos:

Estamos celebrando hoy una manifestación de la Virgen María en nuestra patria, en Colombia. El 26 de diciembre de 1886, ante los ojos asombrados de María Ramos, una humilde mujer española, y de otras personas que se encontraban allí cerca, una imagen que se había pintado, una imagen que se había borrado ya, por la mala calidad de las pinturas, de los tintes y de la tela, de pronto apareció hermosamente renovada con vistosos, con bellos colores, ante los ojos llorosos, agradecidos, felices de quienes pudieron presenciar eser milagro.

Y Esta belleza de la Virgen María sigue atrayendo, sigue llamando con suavidad, pero con qué firmeza a tantas personas, para que reconstruyan verdaderamente lo que significa el amor, lo que significa la belleza, porque la belleza tiene mucho poder en el corazón humano, mucho.

Fíjese usted que, quienes nos intentan llamar al pecado, siempre nos ponen por delante una carnadita bonita, bella.

Si nos quieren, por ejemplo, meter en la vorágine del consumismo, entonces nos presentan las bellezas de una vida lujosa, de una vida a la que nada le falta. Y si nos quieren inducir a la sensualidad, ¿qué hacen? Buscan hermosas modelos que, con la belleza de sus cuerpos, de sus sonrisas, nos induzcan a la sensualidad.

Y si nos quieren meter en el corazón un mensaje subliminal, ¿qué hacen? Le ponen una música bonita, y a través de la belleza de la música, las palabras se escurren hasta el fondo del corazón. Sí, la belleza tiene un poder inmenso en el corazón humano.

Y por eso, es de mucho consuelo y de mucha alegría para nosotros en este día saber que así como hay bellezas que pervierten, hay bellezas que engañan y que seducen para el mal, hay también una belleza que viene de Dios, una belleza que encanta, que fascina al corazón, una belleza que atrae, que levanta al alma, una belleza total, que hace que uno pueda reconocer la propia fealdad del corazón.

Yo lo he visto, por bondad de Dios, muchas veces en nuestro Santuario allá en Chiquinquirá, donde se conserva la imagen milagrosamente renovada de la Virgen.

Por bondad de Dios, pertenezco a la Orden de Predicadores, soy sacerdote dominico, y a nuestra Comunidad ha sido encomendada la custodia de esa imagen allá en Chiquinquirá. Pues bien, yo he podido ver muchas veces cómo en la contemplación de la belleza de la Virgen, de pronto el corazón de un pecador, como usted o como yo, siente arrepentimiento.

Porque la belleza de María es como luminosa y hace que uno pueda ver su propio mugre, pero no para desesperarse, no para entrar en desilusión, en frustración, sino todo lo contrario, para sentir la esperanza de que Dios me puede limpiar, de que Dios me puede embellecer.

Y por eso, el milagro más bonito y más frecuente que realiza la Virgen María en Chiquinquirá y en tantas otras partes, además de las sanaciones físicas que se siguen dando, el milagro más hermoso es la llamada a la conversión del corazón. Un corazón muchas veces paralítico, muchas veces ciego, sordo, incluso muerto a la gracia, con una mirada a la Virgen, descubre su verdadera vocación, y deja entonces los oropeles y los engaños deslumbrantes de las bellezas que nos llevan a pecar.

Yo estoy convencido de que si nos enamoramos de la belleza de la Virgen, las otras bellezas que intentan seducirnos hacia el pecado, ya no tendrán poder en nosotros.

Aquí pasa lo mismo que sucede, por ejemplo, en una familia. Si una persona está mal en su hogar, pues estará también más tentada a buscar falsos consuelos y falsos amoríos fuera del matrimonio. Pero si una persona está feliz, está plena en su hogar, en su casa, pues no tiene que andar buscando por fuera.

Algo semejante es lo que hace la Virgen María en nosotros. Si nuestro corazón está lleno, radiante de la belleza de Dios, feliz de pertenecer a Dios, no andaremos por ahí mendigando alegrías, que son en el fondo basuras y tristezas. Un corazón lleno de la belleza y del perfume de la Virgen María es un corazón libre, es un corazón que no se vende por cualquier plato de lentejas, es un corazón que no se deja engañar.

Quiera la Santísima Virgen multiplicar esos corazones en medio de nosotros, para que nuestra patria, renovada en su fe, pueda ser verdaderamente gloria de Dios.

Amén.