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Fecha: 19990211

Título: Alli donde esta Maria, se apresura la hora del Senor

Original en audio: 7 min. 45 seg.


Una pregunta que no podemos dejar de hacernos como creyentes y como teólogos es por qué esta presencia tan señalada de la Santísima Virgen María en la historia reciente de la Iglesia. Podemos ver cómo estos dos últimos siglos, de distintos modos, se nos está repitiendo el mismo mensaje.

La Virgen, que se manifiesta a personas sencillas como Catalina Labouré, como Bernardita Souvirou, como los pastores de Fátima.

Frente a estas manifestaciones, la misma Iglesia ha sido muy prudente y nosotros debemos serlo también. Y la prudencia de la Iglesia ha consistido en dos cosas: primera, en centrarse en los contenidos, es decir, en las palabras, en los mensajes más que en lo espectacular de los signos o señales.

Y propiamente lo que la Iglesia ha hecho cuando se habla de que se aprueba una aparición es decir que los mensajes, que lo que está dicho ahí no contradice la enseñanza que la Iglesia ha comprendido de la revelación pública, es decir, de la Sagrada Escritura entendida en el curso de la tradición de la misma Iglesia.

La prudencia, pues, en primer lugar significa centrarse en el mensaje; y la prudencia en segundo lugar significa examinar los frutos de conversión que se han dado. Es innegable ese camino o estos frutos de conversión en muchos de estos casos.

¿Qué quiere decir Dios a su pueblo a través de esta presencia singular de la Santísima Virgen? Creo que nosotros a veces evitamos esa pregunta, la evitamos cuando convertimos solamente en tema de burla todo lo que tiene que ver con las apariciones de la Virgen.

Nos ha hecho daño hablar como de una manera despectiva o sarcástica de que "a todos los bobos se le aparece la Virgen"; creo que eso nos ha hecho daño, porque si bien es cierto que la mayor parte de estos supuestos fenómenos no merecen propiamente credibilidad, por uno solo donde fuera verdadero, como parece ser el caso precisamente de Lourdes, creo que no deberíamos hablar así.

De manera que la incredulidad no es la mejor manera de abordar esta situación; tampoco creo que una autopista de credulidad sea lo mejor, porque efectivamente, el conocimiento de la naturaleza humana, de la psicología humana, de las necesidades de las personas, pues nos indica ser prudentes; cuántas veces son necesidades afectivas de reconocimiento, o cosas como de otro orden, que no parecen tener su fuente en Dios, las que están detrás de estos supuestos mensajes.

Pero suponiendo, como podemos suponer razonablemente, por la predicación de los Papas, por el ejemplo de muchos cristianos; suponiendo como tenemos que suponer, que sí es cierto que estas cosas suceden, algunas veces por lo menos, es indudable que suceden más en estos últimos siglos.

Ahí hay cosas que parecen más seguras en la enseñanza de la Iglesia, en las peregrinaciones de los Papas, etc. Y por eso vuelvo a mi pregunta: ¿por qué sucede así? ¿Qué está pasando en la historia del mundo? ¿Qué está pasando en la historia de la Iglesia? ¿Por qué esa visita de la Virgen en los casos de los que parece que podemos hablar así?

La única explicación, a la luz de la Escritura que encuentro, pues, a la luz de la misma revelación bíblica, es un "Nuevo Adviento", ¿cuánto durará ese Adviento? No lo sabemos, porque es evidente que María no está en medio del pueblo de Dios para ser simplemente honrada y alabada; Ella está indudablemente para conducirnos hacia Jesucristo.

De manera que creo que debemos interpretar esta presencia, esta visita de Nuestra Señora con todas las prudencias del caso, como un tiempo en el que el pueblo de Dios necesita un encuentro renovado con Jesucristo, un tiempo en el que debemos aguardar y debemos apresurar un encuentro más gozoso, más intenso, más generoso de la humanidad entera con la persona de nuestro Salvador. Esta expresión "Nuevo Adviento" no es mía, sino del Papa Juan Pablo.

Ahora bien, ¿significa eso que el retorno de Nuestro Señor Jesucristo esté a las puertas, sea inminente? No podemos sacar esa conclusión. Si se va a hablar de que estos son los últimos tiempos, pues ya de los últimos tiempos nos habla la Carta de San Juan, y ya de los últimos tiempos nos habla la Carta a los Hebreos; o sea que estamos en los últimos tiempos ya desde el siglo primero.

Tanto así como asegurar la venida de Jesucristo, el retorno glorioso de Jesucristo, y el fin de la historia, no podemos hacerlo, pero creo que sí deberíamos sensibilizarnos de esta presencia de María para reconocer nuestro tiempo como un inmenso Adviento y como una oportunidad preciosa de abrirle caminos a la Palabra de Jesucristo y al encuentro con Él.

Allí donde está María, se apresura la hora del Señor, como nos lo muestra el relato de las bodas de Caná, le dice Jesús: "No ha llegado mi hora" San Juan 2,4, y sin embargo cede a la discreta súplica de su Santísima Madre.

Allí donde María se hace más presente, se apresura la hora de Jesucristo; pues entonces que se pasee Ella por nuestra comunidad, que haga su obra en nuestros corazones y que venga pronto la hora de Jesús entre nosotros y para el pueblo al que servimos.