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Fecha: 19980211

Título: Maria es un modelo de armonia en sus virtudes

Original en audio: 6 min. 24 seg.


Queridos Hermanos:

Vemos nuestra iglesia embellecida con muchas rosas, estas rosas son tributo de nuestro cariño, de nuestro amor, de nuestra alegría por tantas visitas de la Santísima Virgen María.

Hoy la Iglesia reconoce agradecida una de esas visitas realizadas a través de una humilde campesinita: Bernardita Suovirou; a través de esta humilde mujer, la Santísima Virgen María ha convocado, ha llamado a muchísimas personas a la oración, a la conversión, a la confesión de sus pecados, a recibir salud de alma y cuerpo.

María se ha mostrado muy generosa, cumpliendo aquello que nosotros le pedimos en la salve: "que nos muestre el Fruto bendito de su vientre"; eso es lo que hace la Santísima Virgen María: llevarnos hacia Jesucristo, mostrarnos a Jesucristo, hacer un camino en nuestros corazones para que Cristo, el Señor, pueda venir y reinar.

Y por eso, nosotros nos alegramos, y con estos signos sencillos, como los de las flores, le manifestamos a la Santísima Virgen María que la queremos mucho, que Ella es como la Flor más hermosa de la creación; Ella es la Rosa perfecta que Dios goza mirando.

Y también, con este reconocimiento, nosotros nos miramos a nosotros mismos como llamados a una vida bella; nosotros estamos llamados a tener una vida hermosa ante Dios, una vida limpia; todo lo que nosotros le pedimos a la belleza, todo lo que nosotros le pedimos a las cosas bellas, eso también lo quiere Dios de nosotros.

Por ejemplo, una persona a la que le guste verse bien, ¿qué es lo primero que va a pedir? Que su blusa, o que su camisa esté limpia, esté inmaculada, esté irreprochable. A veces hay caballeros que incluso son duros con sus esposas: A esta camisa le falta un botón, fíjese, mija," dicen, o dicen: "Esto está arrugado, esto no quedó bien lavado".

Pues, hermano mío, si tú le pides esa belleza a tu ropa, eso es lo que Dios te pide a ti, eso es lo que Dios quiere de ti, que tú tengas una vida hermosa, que tú tengas una vida limpia.

¿Qué más le pedimos nosotros a las personas cuando las queremos bellas? Por ejemplo, en los reinados de belleza. Parecen un concurso de matemáticas; hay una cantidad de números sobre las proporciones de las candidatas, ¿qué quieren decir esos números? Que nosotros queremos que la belleza sea armoniosa; no basta con tener una cualidad, sino que es el equilibrio, la armonía de las cualidades, lo que constituye la verdadera belleza.

Eso es lo que encontramos en la Santísima Virgen María, no sólo es bella, brillante en cada virtud, sino que es la armonía maravillosa de sus virtudes la que cautiva nuestro corazón, la que nos mueve a amarla cada vez más.

Pues bien, si nosotros queremos encontrar esa belleza y esa armonía en las otras personas, también sabemos que esa belleza es la que Dios quiere de nosotros; Dios nos quiere armoniosos, no nos quiere exagerados.

Hay personas, por ejemplo, que son exageradas en la manera de culpabilizarse a sí mismas: "Ay, mis pecados, mis pecados, mis pecados", fingen arrepentimiento, están en el dolor de los pecados, pero únelo con otra cualidad: la confianza en la misericordia de Dios, para que tengas armonía y belleza en tu vida.

Hay personas que son muy mansas, pero son tan mansas, tan mansas, remansas, que ya parecen inactivas y mensas; entonces no se puede ser tan manso así, hay que buscar un equilibrio, una armonía; hay que unirle a la mansedumbre, ardor, celo por la causa del Evangelio.

Hay personas que cultivan, por ejemplo, la pureza: "Voy a guardar la pureza en los sentidos, en los pensamientos, en las palabras, bellísima virtud, pero junto a la pureza, cultiva también la caridad y la generosidad, porque hay personas que se vuelven tan castas, tan castas, tan remilgadas, tan recatadas, tan puritanas, que a todo tiene miedo y que se vuelven como idólatras de su propia perfección espiritual.

En María nosotros tenemos un modelo de armonía, un modelo de belleza. Pidámosle hoy que Ella nos haga armoniosos y bellos en la presencia de Dios.

Porque Dios no sólo nos quiere buenos, no sólo nos quiere verdaderos; quiere que seamos bellos, hermosos en su presencia, para que Él también se goce en nosotros como se gozó en su divino Hijo, el amado Jesucristo, del cual pudo decir: "Este es mi amado Hijo, y en Él tengo mis complacencias" San Mateo 3,17.

Eso es lo que Dios quiere decir de cada uno de nosotros: "Este es mi niño, esta es mi niña muy amada, y me complace mirarla, y me complace contemplarla porque es esa imagen hermosa que yo he creado". Así nos ha creado Dios, para eso nos ha redimido Dios; en ese camino de santificación nos tiene Dios.

Que con la gracia de la Santísima Virgen María se realice esa voluntad y plan de Dios en nosotros, para que seamos verdaderos y buenos y bellos en su presencia.

Amén.