Nde6002a

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Fecha: 19980110

Título: Lo mas grande del misterio de la Encarnacion es que Dios ha venido para llevarnos a El

Original en audio: 7 min. 11 seg.


Fue San Agustín el que alguna vez hizo esa maravillosa predicación sobre la voz y la Palabra, que encontramos en algunos textos recogidos en el Oficio de Lectura: "Pasa la voz y queda la Palabra", así también, nos dice Juan el Bautista: "Yo tengo que menguar y Cristo tiene que crecer" San Juan 3,30.

Porque él estaba anunciando a Jesucristo, no podía infinitamente quedarse anunciando al que ya estaba presente; una vez que se hace presente Jesús, aquellos que le anunciaban han de menguar.

Y así como Juan Bautista hubo de menguar, así también todo aquello que se acerca a la misión de Juan, sigue el mismo camino. Es también anuncio de Jesucristo, por ejemplo, la vida sacramental que tenemos en esta tierra. Pero los sacramentos, una vez que termine nuestro camino, ya no tendrán más lugar, allí donde sea plenamente manifiesto lo que aquí apenas entrevemos.

Y la Palabra del Señor, la Sagrada Escritura, tiene una función semejante: también la Palabra anuncia al Verbo, presenta al Verbo de Dios, pero no tiene como la plenitud de su manifestación; cuando aparezca completamente esa Palabra en la gloria del cielo, tampoco necesitaremos de estas palabras escritas.

La Iglesia misma, con sus jerarquías, con su organización y con sus misiones, pasará en su mayor parte. Es verdad que aquello que se haya realizado en la verdad del amor permenece para siempre, pero la institución como tal, de alguna manera desaparece cuando ya Cristo y solo Cristo sea todo en todos.

Así pues, estas plabras de juan son la despedida del tiempo de Navidad, -mañana, Dios mediante, celebraremos el Bautismo del Señor-, y con esta fiesta terminará el tiempo de Navidad, y son también como una manera de mostrar el sentido último de la Encarnación.

Porque pertenece a la economía de la Encarnación que haya una Palabra escrita que se predique, y desde luego, si esto decimos de esta Palabra, mucho más decimos de la palabra de los predicadores. Pertenece a la economía de la Encarnación que se celebren unos sacramentos, en los cuales, como decía San León Magno "se prolonga lo que era visible en Jesucristo".

Pertenece a la economía de la Encarnación que haya una Iglesia a la que llamamos Cuerpo de Cristo, esta Iglesia, también ella, pertenece a esa economía, la Iglesia peregrina, la Iglesia visible.

Por eso podemos decir que esta lectura del capítulo tercero de San Juan, con la cuales se cierra prácticamente el ciclo de Navidad, nos está mostrando hasta dónde llega la economía de la Encarnación, y sobre todo nos está mostrando que lo más grande no es que Dios haya venido, sino que haya venido para llevarnos con Él.

Así tendremos que decir también que lo más grande de la Eucaristía no es que Cristo esté presente en la Eucaristía, en el sentido de que Él viene a nosotros, sino que, juntamente con Él, nos hace presentes como ofrenda al Padre. Lo más grande de Jesús no es que haya participado de nuestra historia, sino que nos haga participar de su vida.

Lo más grande de Jesucristo no es que haya recorrido nuestros caminos, sino que se haya convertido en Camino para que nosotros seamos coherederos de su misma gloria.

Es muy grande, es admirable ver a Dios hecho Hombre, pero si Juan tiene que menguar, si la economía de la Encarnación tiene un fin, lo más grande no es que Dios se haya hecho Hombre, sino que el hombre sea deificado, sea divinizado por la acción del Espíritu.

Si Juan tiene que menguar, lo más grande del misterio de la Encarnación no está en la Encarnación, sino que está más adelante, en el misterio de la Pascua. De esta manera, ese menguar, ese declinar de Juan se convierte, por decirlo de algún modo, en una discreta pero verdadera anunciación del misterio de la Pascua de Jesucristo.

En la Ecarnación Él se acerca a nosotros y nos asume, en su Pascua nosotros nos acercamos a Él y participamos de su misma herencia, porque en la Encarnación Él tomó lo nuestro, mientras que en la Pascua nosotros tomaremos lo de Él.

En la Encarnación mostró todo el poder de su misericordia, mostró hasta dónde llega su misericordia; en la Pascua muestra de qué amor, de qué gloria, de qué riquezas proviene esa misericordia..