Nde5008a

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Fecha: 20030110

Título: “Senor Jesus, enamorame de ti, y vencere el mundo”

Original en audio: 12 min. 12 seg.


Hemos escuchado, en la primera lectura de hoy, dos afirmaciones que nos dan mucha fuerza, mucho ánimo, mucha energía. Nos ha dicho el Apóstol San Juan: “El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo” 1 Juan 5,4.

Y nos ha dicho el Apóstol San Juan: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” 1 Juan 5,12. El que cree en Jesús, tiene victoria; y el que tiene a Jesús, tiene vida" 1 Juan 5,12. Son dos cosas muy deseables: la victoria y la vida.

Y San Juan nos enseña que ambas están relacionadas con el Hijo de Dios, porque Él es el que ha vencido al mundo. Él es nuestra victoria y porque Él es la vida; como Él mismo lo dijo en esa frase que todos recordamos, “Yo soy el camino, la verdad y la vida” San juan 14,6.

Esto dicho así en palabras, no es difícil de entender; pero, ¿qué quiere decir tener la victoria? ¿Qué quiere decir vencer al mundo? ¡Es algo tan profundo y a la vez algo tan hermoso, que realmente necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo para comprenderlo!

¿Qué quiere decir aquí San Juan por "mundo?" Con esa palabra San Juan ha dicho una cantidad de cosas importantes en esta Primera Carta que hemos venido escuchando durante el tiempo de Navidad.

Nos ha dicho, por ejemplo: “Sabemos que el mundo entero está bajo el poder del maligno” 1 Juan 5,19. La victoria sobre el mundo es la victoria sobre las estrategias del maligno, entre otras cosas.

En otra parte nos ha dicho: “Sabemos que lo que hay en el mundo es concupiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne y soberbia de la vida” 1 Juan 2,16.

Vencer al mundo es vencer a la concupiscencia de los ojos, que algunos identifican con ese deseo de vanidad, de apariencia, poseer, llenarse de cosas, codiciar; vence también a la concupiscencia de la carne; y San Agustín dijo que en ese campo de la concupiscencia de la carne, es muy frecuente la batalla, y es muy rara la victoria.

Pero, San Juan nos dice que, “sí hay victoria, y que esa victoria viene para aquel que cree en el Hijo de Dios”1 Juan 5,12. Y en el mundo hay también la soberbia de la vida, tantos ídolos, tantas mentiras, y tantas personas idolatradas; nada de eso conmueve nuestro corazón, nosotros, cristianos, vencemos al mundo.

Bueno, y ya nos hacemos una idea un poco más clara de qué quiere decir vencer al mundo, pero necesitamos, seguramente, ejemplos aún más cercano de ese vencer al mundo. Pensemos en el caso de un San Francisco de Asís.

El mundo había desplegado delante de San Francisco un banquete de placeres. Francisco tenía todo para ser lo que nosotros llamaríamos un hijo de papi, un niñito rico, caprichoso, travieso, de esos que andan de rumba en rumba, de novia en novia, de borrachera en borrachera.

La vida se le había presentado a San Francisco como un delicioso banquete para que él siguiera esos caminos, los caminos de la parranda, de la superficialidad, la vanidad el egoísmo, el cultivo del placer y de los propios caprichos.

El mundo llegó a tener muchísimo poder en la vida de San Francisco, pero Dios, con una compasión muy grande, se las arregló para enamorar el corazón de San Francisco.

De manera que Francisco, aunque tenía la presencia física, la capacidad económica, la salud, la edad, y las amistades para volverse un niño mimado, un hijo de papi, de parranda en parranda, quedó tan enamorado de Cristo, quedó tan fascinado por Cristo Crucificado, que esas cosas del mundo ya no tenían poder en él.

Y él, que pasaba noches enteras en la juerga, en el licor, en la parranda, empezó a sentir la delicia de pasar una noche con Jesús, con el poder del amor de Jesús. ¡Ganó Jesús! ¡Jesús venció al mundo! El mundo le ofrecía muchas cosas a Francisco, pero ¡ganó Jesús! ¡Qué lindo!

Hay otro ejemplo de otra época, y de otro país, ya no Italia, esta vez Inglaterra. Había un hombre inteligente, bien preparado, de buena posición social, con estudios en Derecho; un abogado, amigo del rey de Inglaterra, su nombre, Tomás Moro.

El rey de Inglaterra se había cansado con la esposa que tenía, y creyó que era un asunto muy sencillo hablar con Roma, hablar con el Papa, y decirle: -“Mira, di que el matrimonio ese que yo tuve, fue un matrimonio nulo".

Ustedes saben que la Iglesia Católica no ha admitido nunca el divorcio, porque la Iglesia Católica es fiel a la palabra de Jesús “Lo que Dios ha unido, no le separe el hombre” San Marcos 1,10.

Otras Iglesias, que se dicen cristianas, desobedecen a Jesús; la Iglesia Católica ha sido fiel en este punto, esto no significa que como católicos no tengamos que convertirnos de muchas cosas.

Pero, sigamos con nuestra historia: Tomás Moro era católico, y resulta que el rey que hasta ese momento era católico, quería que su matrimonio se lo deshiciera, porque como él era el rey de Inglaterra, tenían que deshacerle su matrimonio, y el Papa le dijo: "Pues no".

Y, entonces, el rey decidió organizar su propia religión, rompiendo relaciones con Roma y con el Papa; y quería que todo el mundo en la corte le aprobara lo que él estaba haciendo, porque como él era el rey, que tenía tanto poder, y ser amigo del rey es una cosa tan importante.

Pero, Tomás Moro era más amigo del Rey de reyes, que del rey de Inglaterra, y no le aprobó esa trampa, y el rey se dio cuenta de que uno de sus súbditos, llamado tomas Moro, le estaba desobedeciendo y no le aprobaba su capricho.

Y ustedes saben que cuanto más poderosa es una persona, menos tolerante suele ser; porque no soporta que nadie le contradiga: “Soy el rey”. "-Pues, usted podrá ser el rey, pero está obrando mal".

Y el asunto llegó a tal tamaño que Tomás Moro fue encarcelado, y Tomás Moro fue condenado a muerte, y murió por la fe, por hacerle caso a Dios, por no arrodillarse delante de un poder de esta tierra. Ese es otro ejemplo donde se ve cómo ganó Jesús. Jesús, uno, ¡Rey de Inglaterra, cero. ¡Ganó Jesús! ¡Jesús gana!

Jesús vence donde hay corazones generosos, donde hay corazones que le creen a Jesús. Jesús vence sobre la soberbia de la vida, sobre la concupiscencia de la carne, sobre la concupiscencia de los ojos, Jesús vence sobre las estrategias del demonio.

El ejemplo de Tomás Moro es muy simpático. Ustedes saben que los ingleses tienen un buen humor, el humor británico es muy especial. Si ustedes, por ejemplo, miran la película de James Bond, se darán cuenta de algunas muestras de humor británico.

Resulta que cuando llevaban a decapitar a Tomás Moro, le iban a cortar la cabeza, era un día muy frío, y cuando lo sacaron de la prisión para llevarlo a decapitar, él pidió con toda serenidad que le dejaran ponerse su bufanda. Ahí está pintado un inglés. Inglés, católico y santo.

-“Permiso, llevo mi bufanda”, Entonces alguien le dijo: “-Pero qué bufanda, si en cinco minutos te van a decapitar”, y dice: “-Si el rey quiere matarme, es responsabilidad suya, pero yo no haré daño a mi cuerpo, ni con un resfriado. Permiso, mi bufanda".

Ese es Tomás Moro, y con esa serenidad, y con ese buen humor, y con esa paz de conciencia, se burló de todos los aspavientos, y de toda la presunción, y de toda la prepotencia del rey, porque él tenía un Rey más grande, un Rey más santo.

Hermanos, no es sino que abramos las vidas de los santos, yo he mostrado un par de paginitas, y descubriremos ejemplos así, diez, o más, veinte, descubriremos ejemplos a montones de cómo hay gente que ha vencido al mundo.

Los mártires vencieron al mundo, las vírgenes vencieron al mundo, los misioneros vencen al mundo. ¿Quién se iba a imaginar, después de ver a Francisco Javier, con todos esos títulos académicos en París, que ese hombre iba a aguantar calor y picadura de mosquitos por allá en Ceilán, buscándole almas a Cristo?

Pero Cristo, como Tomás Moro, tiene una sonrisa hermosa, tiene una paz muy grande, y es capaz de cambiar el corazón con una sola de sus miradas.