Nde5006a

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Fecha: 20000107

Título: Jesus es revelacion y es misterio; es manifestacion y es ocultamiento.

Original en audio: 20 min. 5 seg.


Queridos Hermanos:

Esta lectura del Evangelio es un poco extraña. Jesús, hace un gran milagro, pero le pide a la persona curada que no le diga a nadie, y nosotros sabemos por experiencia que esta recomendación la hacia Jesucristo con alguna frecuencia.

Casi parece que era su recomendación más frecuente: “No se lo digas a nadie” San Lucas 5,14. Y algo parecido queda sugerido en el final del texto.

Se hablaba de Él cada vez más y acudía mucha gente a oírle, pero Él solía retirarse a despoblado para orar. Son dos actitudes de Jesús que nos parecen extrañas. Hacer milagros innegables y decirle a la gente: “No le digas”. Y luego atraer a mucha gente y esconderse. Uno como que no entiende.

Tal vez, uno pensaría: "Si sanó a un enfermo, qué mejor que el enfermo vaya y grite, para que mucha gente sepa que Dios sana", pero lo extraño está en que Jesús no sigue esa línea.

Y luego, si Él ha venido para ser sanación de tantas personas, ¿por qué se esconde? En esto, mis hermanos, podemos decir que hay como una dinámica, hay un movimiento, que va entre la revelación y el ocultamiento.

Hay una palabra griega para decir revelación, una palabra que sonó en nuestros oídos el pasado domingo, Epifanía. Jesús es Epifanía, pero Jesús también es ocultamiento, diremos, no; hay otra palabra griega que nos ayuda, misterio.

Jesús es Epifanía y misterio, manifestación y ocultamiento. No es pura manifestación, porque entonces, Jesús, ha debido organizar unos grandes festivales, unos grandes espectáculos, ¿quién mejor que Él?

Hay una llanura en Palestina, en Tierra Santa, es una llanura inmensa y bella, tiene muy buen clima y mucho verde. Jesús hubiera podido convocar, mandar a sus Apóstoles, mandar a los discípulos, y llamar a toda la gente a esta llanura. Y luego allí, hacer una gran manifestación para que se viera que Él era Mesías. Tal vez eso hubiera impactado mucho.

Con motivo del cambio de año -que no es de siglo, ni de milenio-, con motivo del cambio del año, hubo muchos espectáculos, muchos, muchos de ellos fastuosos. Las cámaras de la televisión nos mostraron cómo se recibió el año 2000 en Pekín, en Paris, en Londres, en Rio de Janeiro, fastuosos espectáculos.

Jesús hace cosas espectaculares, pero no hizo espectáculos. Porque Él, mejor que nadie, hubiera podido hacerlo: “-Tráiganme cuanto ciego consigan, tráiganlo”, y luego con una palabra: “-Cúrense", todo el mundo recobra la vista. “-¡Oh, lo hizo!”

Hubiera sido fantástico, pero Jesús no obró así, hizo cosas espectaculares, pero no hizo espectáculos. Ahora bien, Jesús tampoco fue puro ocultamiento, Jesús no se quedó escondido.

¿Cómo es Jesús? Eso es lo que quiere la Iglesia que nosotros meditemos en este día, y por eso nos ha puesto ese texto. Porque este día pertenece a la semana de las Epifanías, es decir, de las manifestaciones, revelaciones sobre quién es y qué hace Jesucristo.

Hemos aprendido por ahora algo, Jesús, es al mismo tiempo revelación y misterio, manifestación y ocultamiento.

¿Eso a qué se parece? Eso se parece al amor, al amor humano se parece, al amor humano. Por ejemplo, cuando se trata de conquistar a una persona, la gente hace lo mismo, manifestación y ocultamiento.

Basta con preguntárselo a las mujeres, que son las que realmente saben al dedillo aquellas artes. Hay que preguntárselo a la mujer, la mujer sabe que es así.

Ejemplo, si una mujer está interesada en un hombre, ¿qué hace? No puede ser puro ocultamiento, porque si se esconde y se esconde y se esconde, y el otro renuncia, y dice: “Nunca apareció”, se fue, no logró nada la mujer.

Pero si ella se vuelve pura manifestación, pura epifanía, y le sale por todas partes: “Aquí estoy, y aquí también, y aquí”, tampoco; “él no puede saber que yo estoy tan interesada en él” ,dice la mujer, “no puede saberlo, porque como seguramente es un aprovechado como todos los hombres, en el momento en el que sepa que estoy demasiado interesada en él, hace sancocho conmigo, hace lo que quiera”.

El lenguaje del amor es el lenguaje de la epifanía y del ocultamiento. Eso lo saben muy bien los enamorados, muy bien. Sobre todo las enamoradas, porque la mujer tiene una percepción mucho más profunda sobre los caminos del amor.

No se pueden tener todos los detalles, pero tampoco se puede carecer de detalles, hay que tener algunos detalles. No se pueden hacer todas las llamadas, tampoco se puede dejar de llamar, hay que hacer alguna llamada.

Ese es el lenguaje, epifanía, aparecer; ocultamiento,castigarlo con el látigo de la indiferencia. Epifanía y ocultamiento, ese es el lenguaje del amor.

Hemos aprendido dos cosas, primera, que en Jesús se dan epifanía y ocultamiento. Y segunda, que la epifanía y el ocultamiento, son el lenguaje del amor.

Vamos para el tercer paso. ¿Cuál es el amor que aparece en la obra de Jesucristo? ¿Qué tipo de amor es el que aparece? Aunque se ha hablado de Jesucristo como novio y como esposo de la Iglesia, es evidente que el amor que Cristo manifiesta, no es, en primer lugar, un amor de pareja.

¿Cuál es el amor que Él manifiesta? ¿Qué es lo que Él hace en las vidas? Pensemos, por ejemplo, en el leproso del Evangelio de hoy.

Dice: “Estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra, al ver a Jesús, cayó rostro a tierra y le suplicó: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Jesús extendió la mano, lo tocó diciendo: "Quiero, queda limpio”" San Lucas 5,12-13.

¿Qué es lo que Jesús ha mostrado ahí? Misericordia, misericordia. Ahora pensemos en qué es lo que Jesús ha ocultado. En los tiempos de Jesús la gente estaba esperando un rey poderoso y victorioso, pero resulta que Jesús se va a orar, a orar.

En vez de estar haciendo reuniones de gabinete, convocando ministros, hablando con sus asesores de imagen, no, a orar. Si alguien hubiera venido a buscarlo: “-El de los milagros, ¿dónde anda?” “-por allá detrás de esa peña orando”. La oración no es popular. “-¿Este qué está haciendo?” “-Está orando”.

¿Y Dónde cabe eso? ¿Qué es lo que Jesús ha querido ocultar? La manifestación de Cristo muestra su misericordia; el ocultamiento de Cristo, purifica el corazón de la gente.

No es que Dios esté jugando con nosotros, no. Aunque Catalina de Siena llama a esto “juego de amor”, a esta Epifanía y ocultamiento.

No es que Dios esté jugando con nosotros, sino más bien, que cuando Dios se muestra, está respondiendo a nuestras miserias y a la humildad del corazón, con su misericordia.

Y el que quiera ver siempre el rostro de Cristo, que viva, como estuvo ese leproso, consciente de su lepra, postrado en tierra, reconociendo a Jesús como Señor y suplicándole gracia. Un rostro así, una vida así, nunca deja de ver a Cristo. Jesús se muestra a esas almas, a esos corazones.

Y ¿De quiénes se oculta? De aquellos que tienen la pretensión de utilizar a Jesucristo para engrandecer su propio poder, político, religioso, económico, afectivo o lo que sea.

Cuando Jesús, esta es la tercera parte de la enseñanza, ¿cuándo se muestra Jesús? Cuando quiere manifestar su misericordia. ¿A quiénes manifiesta su misericordia Jesús? A aquellos que están dispuestos a reconocer su propia miseria, y que creen que Jesús es capaz de transformarlos.

¿Por qué se oculta Jesús? Porque Jesús quiere purificar las intensiones de nuestro corazón, ¿y por qué más se oculta Jesús? Porque Jesús no quiere que nosotros utilicemos los dones de Él, la gracia de Él, los regalos de Él, según nuestras conveniencias, según nuestros intereses, según nuestros negocios.

¿Y hasta cuándo se oculta Jesús? Hasta que nosotros reencontramos nuestra miseria, reencontramos, volvemos a encontrar nuestra lepra, cuando volvemos a encontrar eso que somos, vuelve a manifestarse Jesús.

¿Hay alguna manera de estar siempre viendo a Jesús? Si, el leproso estaba tendido en la tierra, ahí, en el barro que nosotros somos, ahí, en la necesidad que tenemos, ahí, en la humillación y en la humildad, ahí siempre es posible ver a Jesús.

Y los que no quieren ver a Jesús así, ¿en dónde lo ven? Sí lo pueden ver, pero lo ven orando, vuelto hacia el Padre, mirando hacia Dios.

Encontrarse con Jesús, entonces, sucede de dos maneras; o te encuentras con el rostro de Jesús, cuando te está dando su misericordia; o te encuentras con la espalda de Jesús, porque está rogando por ti.

Cuando tú reconoces lo que tú eres, tu necesidad, tu lepra, ves el rostro de Cristo. Cuando le das la espalda a tu realidad, Cristo te da la espalda a ti, y le da la cara a Dios y ruega a Dios por ti.

¡Esto es tan profundo! Cuando tú le das la cara a tu miseria, Cristo te da su cara; cuando tú le das la espalda a tu miseria, Cristo te da la espalda a ti, pero le da la cara a Dios para rogar por ti.

Te lo repito la última vez, para que no se te olvide a ti y para que no se me olvide a mí. Cuando tu le das la cara a tu realidad dura de pecado, de miseria, de lepra, Cristo te da su cara. Cuando tu le das la espalda a tu miseria, Cristo te da la espalda a ti, pero le da la cara a Dios para rogar por ti.

Y uno se encuentra con Cristo en esos dos momentos, a veces encuentra el rostro de Cristo cuando uno ha visto lo que uno es, otras veces uno dice: “¿Y yo por qué nunca me encuentro con Cristo?” Perdón, señor, ¿se ha encontrado usted con su verdadera miseria, con su verdadera lepra? ¿Tiene usted la actitud de este hombre?

“Al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: "Señor, si quieres, puedes limpiarme”" San Lucas 5,13. ¿Tiene usted esa actitud? Mire cuántas cosas hay ahí, conciencia de lo que él era, conciencia de lo que es Jesús.

No fuerza la voluntad de Jesús, la acoge, ¿tienes esa actitud? Si tienes esa actitud, el rostro de Cristo es para ti, si no la tienes, vas a ver la espalda de Cristo, esa que no es mala, Cristo está orando por ti, Cristo está orando por mí.

Y a través de ese camino de oración, está mostrándonos la verdadera realidad de su persona y de su personalidad. No es alguien para que tú lo instrumentalices, para que tú lo manejes, para que tú lo utilices; Él es el Señor, Él es el Rey.

Jesús, queremos ver tu rostro y por eso mismo, queremos aceptar lo que nosotros somos.