Nde5004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990108

Título: Para encontrarse con Jesucristo es necesario encontrarse con el dolor

Original en audio: 6 min. 21 seg.


Esta lectura y esta escena que hemos escuchado es familiar para nosotros.

No es raro encontrarnos con Jesús sanando, ni es raro encontrarnos con Jesús predicando. Estas eran sus capacidades, esta era su vida, esta es su vida.

Podemos decir que Jesús gastó su vida dando vida. Y por eso son muy apropiadas las lecturas para este momento y para este lugar. Porque las personas que gastan su vida se parecen a Jesucristo. Un médico que da vida, se parece a Jesús; una enfermera que da vida, se parece a Jesús; una mamá, un papá, y también los misioneros, también los sacerdotes nos parecemos a Jesús, porque la predicación que hacemos, los sacramentos que administramos, son para que haya vida y para que haya vida abundante.

Jesús Nuestro Señor, gastó su vida dando vida. Esta es como una primera enseñanza para todos nosotros, es una buena noticia. Quien se esfuerza por la salud, de pronto le sirve recordar esta anécdota de la Madre Teresa de Calcuta: unos reporteros, unos periodistas estaban preparando un documental sobre la obra de la Madre Teresa.

Y querían como parte del documental, pues presentarla a ella en esas curaciones, en esas labores médicas que ella hacía, porque ella fue enfermera en servicio activo prácticamente hasta el puro final de su vida. Y entonces, bueno, la Madre pues aceptó.

Fueron a llevar las cámaras, cámaras pequeñas y modernas como las que utilizan actualmente los periodistas; los micrófonos, e iban a entrar al lugar donde ella iba a hacer una curación. Se trataba a algo parecido a lo que nos ha dicho el evangelio de hoy: se trataba de un género de lepra, probablemente con algo de gangrena o cosa parecida, que despedía muchísimos gases. Un olor absolutamente insoportable.

Los reporteros intentaron quedarse para filmar y para mostrar cómo la Madre Teresa de Calcuta hacía la curación, pero se sintieron humanamente incapaces de soportar ese olor, y dijeron: "Hasta aquí llegamos en esta filmación, presentaremos alguna otra cosa."

Cuando ella terminó, la entrevistaron sobre lo que acababa de hacer. Y uno de los reporteros, muy sincero, dijo: Yo, por un millón de dólares, yo no haría eso, no me siento capaz". La Madre Teresa, que tenía respuestas muy sabias, Teresa de Calcuta le dijo: "Yo por un millón de dólares tampoco lo haría; si yo lo fuera a hacer por dinero, yo tampoco lo haría; yo lo hago por Jesucristo, y lo hago por amor de Dios."

Cuando una persona encuentra el amor, cuando una persona se encuentra con este valor de vida, que es Jesucristo, en Él encuentra la razón de su ser, y esas cosas que le parecían imposibles, las hace con alegría; porque en realidad Jesús es el que está obrando en esa persona.

Hay otra palabrita que podemos comentar sobre este evangelio. Nos parece muy hermoso decir que Jesucristo gastó su vida dando vida; o sea, realmente la gastó. Muchas veces lo que nosotros hemos hecho es desperdiciarla; Él la gastó porque la entregó.

Eso suena bonito, pero eso también significa algo: el que quiera encontrarse con Jesucristo, ya sabe de quiénes lo va a encontrar acompañado; el que quiera encontrarse con Jesucristo tiene que saber que cerca de él estarán siempre, como vecinos, como amigos, como parientes, el dolor, el sufrimiento, la soledad, la limitación humana.

Y esto a algunas personas no les gusta. Les molesta que para encontrarse con Dios haya que encontrarse con el dolor. Entonces se buscan una religión que consista sólo en producir estados mentales, que consista sólo en producir como paz, una paz que elimina el dolor del hermano. Ese no es el Dios que da la vida, esa no es la religión que salva.

Nosotros por nuestra parte, miremos en ese rasgo de Jesús una buena noticia, porque todos, en algún momento, pasaremos por el dolor, por la limitación. Hoy pueden ser algunos hermanos nuestros, mañana seremos nosotros; todos viviremos la limitación, la soledad, la vejez, la enfermedad; este es el patrimonio de la humanidad.

¡Y qué maravilloso que ese patrimonio esté tan cerca de Jesucristo!