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De Wiki de FrayNelson
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Una de las características de la Primera Carta de San Juan que es la primera lectura de estos días de Navidad es que nos hace un paralelo que aparece muy claro hoy. El texto de hoy fue tomado del capítulo tercero, el paralelo es este: por una parte Cristo es la Palabra eterna de Dios, Cristo es la Vida misma, en Él está la vida y Él mismo es la Vida, recuerda esa frase del Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6); Él es la Vida, entonces por una parte Cristo es la Vida, pero luego esa vida se ha manifestado a través de una existencia histórica concreta que implica el hecho de que se encarnó, la carne de Nuestro Señor Jesucristo es la manifestación de la vida.

Entonces tenemos la Vida que está junto al Padre, la Vida que proviene del Dios vivo y vivificante, esa Vida se ha manifestado en la carne de Cristo, ese es el primer elemento de esta comparación. Y ahora pasemos al caso del cristiano, quien ha recibido un mensaje, ha recibido una palabra, una predicación; entonces Cristo es la Palabra y se ha encarnado y nosotros hemos recibido una palabra y ésta también tiene que volverse realidad y carne en nosotros; ese es el paralelo. Cristo es la Vida y es la Palabra y se ha manifestado lo que Él es en su existencia concreta, específica, en su carne santísima, llena de caridad y pureza, llena de generosidad y sacrificio, llena de verdad y santidad. Cristo verdadera Vida, Cristo verdadera Palabra se ha hecho carne; nosotros hemos recibido una palabra que nos habla de la Palabra y nosotros hemos creído en esa palabra y ser cristiano es creer en esa palabra que hemos recibido sobre Aquel que es la Palabra; y ser cristiano es acoger ese mensaje.

¡Pero cuidado! para que el paralelo sea completo, no puede ser que digamos que hemos aceptado esa palabra y que luego nuestra existencia concreta contradiga esa fe. Entonces el paralelo completo es: Cristo es la Vida y la Palabra, y se ha manifestado esa Vida en una existencia concreta por el Misterio de la Encarnación, la existencia histórica de Cristo en esta tierra expresa, manifiesta lo que hay en esa Palabra. Y luego nosotros hemos recibido una palabra, la del Evangelio, la de la evangelización, la de la catequesis; nosotros hemos recibido una palabra y esa palabra tiene que plasmarse en nuestra vida; la palabra de Cristo se reflejó en su vida, la palabra del Evangelio tiene que reflejarse en nuestra vida; porque en tiempos en que fue escrita la Primera Carta de San Juan había algunos que empezaban a retorcer el mensaje como diciendo: “yo tengo gran conocimiento (gnosis en griego), yo tengo una gnosis muy grande, yo tengo gran conocimiento, yo soy muy espiritual”, pero luego eso no se traducía en la existencia concreta, por eso dice el texto de hoy: “El que ha nacido de Dios no peca” (1 Jn 3,9), Mientras esté apareciendo incoherencia, injusticia, engaño, impureza; mientras estén apareciendo todas esas llagas en nuestra vida y mientras todo ese hedor esté saliendo de nuestra existencia no podemos decir que estamos realmente en Cristo. Lo que eres por dentro tiene que manifestarse por fuera, así como Cristo siendo la Palabra eterna del Padre se manifestó en una existencia concreta a través de la Encarnación.

¡Que mensaje tan específico!, que mensaje tan directo para nuestro corazón y que manera de atraernos a una verdadera santidad.