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Fecha: 20030104

Título: Pedirle a Jesus que nos permita encontralo alli donde El vive

Original en audio: 26 min. 35 seg.


Ese corto dialogo que se da entre Jesús y estos discípulos, está lleno de significado para nosotros, la pregunta de Jesús y la respuesta de ellos que es otra pregunta.

¡Cuántas cosas profundas y hermosas se pueden decir sobre ese diálogo! Es que esa pregunta de Jesús es como para hacerla muchas veces en la vida: “Jesús, al ver que lo seguían, les pregunta: ¿Qué buscáis?” San Juan 1,38.

Esa es una gran pregunta, es una tremenda pregunta, y con esa sola pregunta se pueden hacer muchas meditaciones, tal vez retiros enteros.

Vas detrás de Jesús, ¿qué buscas? ¿Qué buscas que no te hayan dado? ¿Qué buscas que no te puedan dar? ¿Qué buscas que no hayas encontrado? O también, ¿por qué lo buscas en Jesús? La pregunta se vuelve más aguda a medida que vamos mirando el desenlace del Cordero de Dios.

Aquí Jesús aparece como un profeta, es el Cordero de Dios, pero el desenlace de este profeta es trágico, té ves cómo tiene que padecer soledad, necesidad, traición, dolor, abandono, muerte. ¿Eso lo buscabas? ¿Estaba entre de tus expectativas eso? ¿Qué buscas?

O de pronto te puede pasar lo que le sucedió a tantos discípulos que tuvo Jesús, y qué triste es utilizar ahí el verbo en pasado, discípulos que tuvo, cuando vieron que la cosa se complicaba, dejaron de buscar.

No estaba entre de sus expectativas, no estaba entre de sus deseos. Qué buscas significa qué quieres, qué deseas, qué necesitas, qué no has encontrado. Es una pregunta tremendamente profunda: ¿Qué buscas?

Estos discípulos eran primero discípulos de Juan, la frase que los envía hacia Jesús es la frase que ya habíamos escuchado en el evangelio de ayer: “Este es el Cordero de Dios” San Juan 1,29.

Ayer, escuchábamos esa frase en una versión más completa: “Este es el Cordero que quita el pecados del mundo” San Juan 1,29. Hoy Juan les repite: “Este es el Cordero de Dios” San Juan 1,36, y ellos se van detrás, es el Cordero que quita el pecado.

O sea que hay una respuesta implícita, si ese es el Cordero que quita el pecado y van detrás de Él, quieren que les quite el pecado, eso no lo podía dar Juan, eso sólo lo podía dar Jesús.

Entonces tenemos una primera respuesta: "-¿Qué buscas?" "-Busco que me quites el pecado, tú eres el que quita el pecado, es tu especialidad, es tu oficio, sabes hacerlo, quieres hacerlo y puedes hacerlo, hazlo conmigo", hubieran podido responder eso, "-¿qué buscas?" "-Que me quites el pecado".

La respuesta de ellos, sin embargo, fue otra pregunta, y con esa otra pregunta se puede organizar otro retiro: “Maestro, ¿dónde vives?” San Juan 1,38, buscaban a dónde vivía Jesús.

Mucha gente se imagina que, cuando Jesús salió de la casa allá de Nazaret, empezó a andar como un itinerante, eso no es cierto, Jesús tuvo por lo menos dos casas antes de convertirse, ya en el ocaso de su vida, en un itinerante.

Probablemente aquí estamos ante la primera casa, "esto sucedía en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando" San Juan 1,28, nos dijo el Evangelista Juan. Entonces parece que, al otro lado del Jordán cerca de Betania, donde Juan estaba bautizando, ahí Jesús tuvo un lugar.

¿Cómo sería eso, cómo viviría, con quién viviría? Eso no sabemos; pero ahí tuvo un lugar de residencia, y después se estableció en Cafarnaúm, es decir, que Jesús tuvo algunos lugares de vivienda.

Cuando la predicación de Cafarnaúm no dio los resultados que Jesús esperaba, entonces Él dejó esa, que había sido como su base de operaciones, porque Él se asentó ahí, pero iba a los poblados de Galilea, cuando ya eso no dio el fruto que El quería entonces el leyó los signos de los tiempos y se fue a Jerusalén, y en Jerusalén predicó, padeció y murió. Ese fue el ministerio de Jesús.

Bueno, pero esos son los hechos, ahora volvamos a la pregunta y a su carga existencial: “¿Dónde vives?” San Juan 1,38, ¡de cuántas maneras nos podría responder hoy Jesús esta pregunta!

Por ejemplo, podría decir: “Vivo en el Sagrario, ahí estoy”. ¿Qué tal que nosotros tuviéramos esa fuerza, esa intencón, esa búsqueda que manifiestan estos discípulos?: “-¿Dónde vives? San Juan 1,38, "-Vivo en el Sagrario”, "-pues entonces me voy a donde tú vives".

Otra respuesta: "¿Dónde vives?" San Juan 1,38, "-a la derecha del Padre"Hechos de los Apóstoles 2,33, vivo en el cielo", "-entonces me voy al cielo".

Otra respuesta: -¿Dónde vives?" San Juan 1,38, “-cada vez que lo hicisteis a uno de mis humildes hermanos a mí me lo hicisteis” San Mateo 25,40, "-ah, entonces vive en los humildes hermanos, entonces me voy allá".

Otra respuesta: "¿Dónde vives?" San Juan 1,38, Jesús, disputando con los judíos, dice: “Vosotros escrutáis las Escrituras, ellas hablan de mi” San Juan 5,39, “-¿dónde vives? San Juan 1,38, “-ahí en la Palabra”, "-entonces me voy a la Palabra".

Otra respuesta: "-¿Dónde vives?" San Juan 1,38, “he aquí que estoy a la puerta y llamo, si alguno me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo”, "-entonces vive en mi corazón". Entonces irme a donde Jesús es mudarme a una vida interior, una vida profunda, una vida con Él.

Y fíjate que cada una de esas respuestas se convierte como en un manantial de vida espiritual. “-¿A dónde vives?” San Juan 1,38, "-yo vivo en la predicación de la Iglesia", porque les dijo a los Apóstoles: “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” San Lucas 10,16.

Y le dijo a los Apóstoles: “A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados” San Juan 20,22, "entonces me voy a eso, a vivir en comunión con la Iglesia, a escuchar siempre la palabra de mis pastores".

Mire cuántas cosas salen de ahí: "Vivo en el cielo, vivo en la Hostia consagrada, vivo en la Palabra, vivo en los pobres, vivo en tu corazón, vivo en la palabra y en la enseñanza de mis apóstoles y de mis pastores".

Los discípulos le preguntan “-¿Dónde vives?” San Juan 1,38, el diálogo sigue y Jesús dice esa frase que también es tan significativa: “-Venid y lo veréis” San Juan 1,39.

Jesús no los envió a un lugar, los acompañó a una experiencia, no les dijo: "En la calle tal, con carrera tal, ni detrás de esa mata, ni pasando ese arrollo".

¿Dónde vive Jesús? No es algo que nosotros sepamos por señas, sino por señales, por signos de su presencia; no los envió a un sitio, los condujo a una experiencia. Saber dónde vive Jesús es compartir la vida con Jesús.

Fueron, vieron dónde vivía, y se quedaron con Él aquel día" San Juan 1,39, nos dice el evangelio. Ahí siente uno como una alegría, ¿qué sería compartir ese día? Jesús todavía no era una superestrella, lo conocían poquitos, no estaba sepultado debajo de multitudes, estaba cerca, y establece con ellos un dialogo, un coloquio.

¿Qué hicieron ese día? Conversaron, rezaron, cenaron, también es un motivo de reflexión para nosotros, conversar con Jesús, orar con Jesús, cenar con Jesús, ese fue el día que ellos vivieron, y después de eso, a traerle más gente a Jesús.

Andrés va donde su hermano Simón y le dice: “Encontramos al Mesías” San Juan 1,41, eso tenía que sonar como una explosión de gozo, eso es lo que estaban esperando desde siempre, siglos y siglos.

¿Cómo sería la alegría de Andrés? ¿Cómo sería la fuerza, el gozo, la energía que irradiaban sus palabras? “Hemos encontrado al Mesías" San Juan 1,41, "sabemos dónde vive, hemos pasado un día con Él”.

Y le llevó a Jesús para que muchos más puedan compartir días con Jesús, esa es la dinámica del apostolado: estar con Jesús y traerle más gente a Jesús, para que muchos más puedan estar con Él, hablar con Él, orar con Él y cenar con Él.

Este es el lema del evangelizador, este es el Evangelio resumido, esto es lo que nosotros decimos en últimas en todas nuestras predicaciones, esto es lo que dicen todos nuestros actos, todas la obras de misericordia están cantando esto.

“-Mi hermanita, ¿usted por qué atiende a esos ancianitos, enfermitos, cansones como ellos solos, mañosos?” “-Porque he encontrado al Mesías”. "-¿Y usted por qué se entra a ese monasterio? "-Porque encontré al Mesías".

"-¿Y usted por qué hace ese voto?" "-Porque encontré al Mesías". "-¿Y usted por qué pasa toda una vida escribiendo teología?" "-Porque encontré al Mesías". "-¿Y usted por qué se deja matar tan cruelmente?" "-Porque encontré al Mesías".

Toda la Iglesia, con todo lo que hace, es solamente esta frase: “Hemos encontrado al Mesías” San Juan 1,41, por eso rezamos, por eso cantamos, por eso nos arrepentimos y predicamos arrepentimiento, por eso alabamos y enseñamos a alabar, por eso atendemos a los pequeños, a los pobres, por eso soportamos dificultades.

Por eso resistimos al demonio, por eso buscamos a los que no nos quieren y tenemos paciencia con los que no nos aman, la única explicación, el único amor de la Iglesia es: “Hemos encontrado al Mesías” San Juan 1,41, “hemos vivido con Él”.

Cuánto sentirían estos Apóstoles, cuánto sentiría ese Andrés, de poder ver colmada su esperanza, ¡lo que estaba aguardando, lo que quería por fin lo ve! Si nosotros queremos tener una alegría semejante tenemos que tener un deseo semejante, sólo si tenemos un hambre semejante, el Pan del cielo nos va a saber a cielo.

Para que el Pan del cielo, sepa a cielo, hay que tener hambre de cielo, y eso era lo que tenían estos, porque eran discípulos del Bautista, y el Bautista, con esa predicación de fuego había cauterizado, había quemado esos corazones, los había purificado, los había templado, los había abierto a un mensaje mayor, a una esperanza más grande.

Ya estaban listos, tenían un hambre increíble, tenían una sed increíble, anhelaban con todas sus fuerzas al Señor, y un día, el que les había dado el hambre, Juan Bautista, les presenta el alimento: “Bueno, ese es”, y estos se van y prueban ese Pan y se alegran en ese diálogo, se gozan en esa compañía y luego salen a anunciarlo, ¡qué escena tan hermosa!

Como nosotros los dominicos amamos a Juan Bautista desde nuestra misma fundación, hay que quedarse un momento, hay que volver por un instante la mirada a este Juan, señalando al Cordero, Juan se quedaba sin discípulos, eso se llama amor, lo único que había hecho Juan en la vida era discípulos, y eso es lo que le entrega a Jesús.

A mí me impresiona por donde lo miro, me impresiona la santidad del Bautista, sin familia, sin riquezas, sin fama, una vida de soledad, de penitencia, parece que no hubiera escogido para sí mismo sino el dolor, la tribulación, el fuego. Su único gozo, Jesús, y es tanto el amor que le tiene a Jesús, que le da lo único que ha hecho en la vida, eso es muy grande.

Y en otra parte dice Juan Bautista, cuando le comentan: “Mira, el que tú dijiste, está bautizando, y ya bautiza más gente que tú”, y dice Juan: “Mejor que Él crezca y que yo disminuya” San Juan 3,30, realmente, hay gente santa, y este es uno de esos, hay gente muy grande.

Entonces uno se hace la pregunta: bueno, y Juan, ¿por qué lo señaló pero por qué no se acercó? Porque, si ese es el Cordero, ¿por qué Juan no fue allá donde Jesús? ¿Por qué no fue uno de los Apóstoles? Hubiera podido ser.

Claro que nunca tendremos respuestas definitivas y absolutamente ciertas en estos temas, pero hay una explicación muy linda: Juan lo señaló, pero no fue, para poder seguir señalando, para que todos los que él tenía que entregarle a Jesús, le llegaran, para completar su propia misión.

Él entendió que él era el precursor, no se echó encima una misión que no le habían dado, fue fiel a lo suyo, sabiendo que adentro con Jesús estaba la fiesta, prefirió quedarse de portero para que nadie se quedara por fuera.

Juan siguió señalando y Juan sigue señalando, y la labor de Juan tiene que seguir viva en la Iglesia, de algún modo hay que seguir haciendo esta obra.

Ustedes dirán que es orgullo dominicano, pero es que figúrese que nuestro querido Humberto de Romanis, el quinto Maestro de la Orden, dice algo parecido a nosotros, dice que los que se van a los monasterios, como los cartujos, como los monjes, ya entraron, por así decirlo, ya se quedaron con Él.

El fraile predicador no entra todavía, es decir, sí entra en cuanto que sí participa de la amistad con Jesús, pero no entra, porque como Juan, tiene que seguir invitando, tiene que seguir a la puerta, no se queda solamente con el banquete, con la fiesta, sabe que hay muchos que todavía tienen que ser llamados.

Y entonces escoge ir donde ellos, escoge permanecer, como Juan, en el borde, para que entren todos los que pueden entrar, todos los que están llamados a entrar.

¿Qué le pedimos a Dios con un evangelio de estos, un evangelio que da para varios retiros? Bueno, pues repasemos. Como lo primero fue hablar de la pregunta: "Qué buscáis?" San Juan 1,37, pidámosle al Señor que purifique nuestras intenciones, que limpien nuestro corazón, que lo busquemos a Él a Ël, sin huir de nada y sin pretender nada más. Buscarlo a Él.

Como lo segundo fue la pregunta “¿Dónde vives?” San Juan 1,38, pidámosle al Señor que nos enamore de los lugares y las personas donde Él vive, que nos dé amor por sus pobres, por el cielo, por la Palabra, por la vida interior, por nuestros pastores.

Como lo tercero fue: “Venid y lo veréis” San Juan 1,39, pidámosle a Jesús, que con la misma compasión, paciencia y ternura que gastó ese día con estos señores, que así nos gaste días a nosotros, que nosotros también tengamos esas experiencias, y que tengamos ojos, oídos hambre y sed para disfrutarlo, para vivirlo.

Como lo cuarto fue: el gran mensaje: “Hemos encontrado al Mesías” San Juan 1,39, pidamos al Señor que la alegría nunca se apague, que nunca nadie nos encuentre tristes, o corrijo, que nosotros seamos como Santo Domingo, cuando lo encontraban triste era porque había sabido de algún pecado o de alguna desgracia de alguien.

Que esas sean nuestras únicas tristezas, que todo lo demás sea esta alegría: “Hemos encontrado al Mesías” San Juan 1,41, para ser siempre evangelizadores.''

Y como lo quinto y último fue el mensaje de Juan, pidámosle al Señor que haga de nuestra vida un inmenso mensaje de amor, que conduzca a todos hacia el Cordero, así muchas veces nos quedemos un poco solos, y así nos toque soportar el frío de la puerta y aplazar la hora del banquete.San Juan 1,37