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La primera lectura del día de hoy está tomada de la Primera Carta de San Juan en el capítulo segundo, es bueno dar una explicación de por qué aparece este texto, nuestra Iglesia no es caprichosa en la manera de presentar las lecturas en la Santa Misa. Tuvimos el tiempo de Adviento que nos preparaba para contemplar el misterio de Dios hecho hombre, es decir que la Encarnación, el gran Misterio de la Encarnación es el que llena a este breve tiempo litúrgico de Navidad. El tiempo de Navidad empieza con la Solemnidad de la Navidad, es decir, el 25 de diciembre y termina con la fiesta del Bautismo del Señor, que es como la gran manifestación del Mesías frente a todo Israel.

Entonces bien ¿qué tiene que ver la Primera Carta de Juan? si recordamos, esta carta empieza contando el encuentro de los apóstoles con la Palabra de Dios: “ Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.” (1 Jn 1,2); estos versículos en cierto sentido captura el sentido, el significado, el enfoque de toda la Primera Carta de Juan: “la Vida se ha manifestado”; en Jesucristo tenemos la plena revelación de la vida y esa Vida se ha mostrado a nosotros, se ha hecho cercana a nosotros. Los que han recibido esa Vida en primer lugar son los apóstoles, ellos han estado en contacto con el Mesías, ellos han conocido y han recibido el beneficio de la gracia directamente de la fuente que es Cristo, pero luego nosotros guiados por los apóstoles, entramos también con comunión con esa misma fe, con esa misma esperanza y con esa misma caridad que ellos tuvieron; esa es la maravilla, es la hermosura que encontramos en la Primera Carta de Juan.

Entonces toda esta Primera Carta de San Juan es algo así como una homilía sobre la Encarnación, es como una larga meditación sobre el misterio precioso de que Dios se ha hecho hombre, ese es un modo de resumir ese documento, y se entiende porque la mejor época del año para leer la Primera Carta de Juan es el tiempo de Navidad porque nos hemos preparado durante cuatro semanas de Adviento para ver al Dios hecho hombre y esta primer carta es una meditación sobre la Encarnación.

Pero hay otro modo de resumir la Primera Carta de Juan y precisamente aparece en el texto de hoy en la primera lectura, nos habla este texto de cómo el resumen de la fe cristiana es que Jesús es el Cristo, es decir que también se puede condensar la Primera Carta de Juan diciendo: “Jesús es el Cristo”; no sólo la Primera Carta de Juan, todo el Nuevo Testamento se puede resumir en esa expresión, y ¿qué quiere decir Jesús es el Cristo? Cuando decimos “Cristo” estamos diciendo el “Mesías de Dios”, estamos diciendo la gran propuesta para darnos su salvación y ¿Jesús quién es? Jesús de Nazaret es el humilde profeta peregrino, abundante en caridad, poderoso en sus obras, sapientísimo en sus palabras, pero sobre todo humilde en su figura, Aquel que como cordero llevado al matadero enmudeció y no abrió su boca porque se ofreció por todos nosotros.

Entonces según la Primera Carta de Juan todo el contenido de nuestra fe es ver en la humildad, en la caridad, en el sacrificio de Jesús la propuesta de Dios; porque espontáneamente uno piensa que la propuesta de Dios es algo así como mucha fuerza, mucha sabiduría, mucho poder; y resulta que la gran revelación de Dios no está en algo super inteligente sino en algo que parece super absurdo que es la cruz; y la gran revelación de Dios no está en algo super poderoso sino en algo que parece en algo super frágil como es la carne humana crucificada.

La fe nuestra se resume, según la Primera Carta de Juan en que ese es el camino que Dios ha escogido y es la verdadera fuerza, la verdadera sabiduría, el verdadero poder no son como lo imaginábamos, sino son como lo ha mostrado Jesús, el Dios hecho hombre.