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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo primero de de San Juan, hoy es una buena ocasión para aprender la diferencia entre la Fiesta de Navidad y el Tiempo Litúrgico de Navidad. La Fiesta de la Natividad, la Fiesta del Nacimiento del Señor propiamente tiene su lugar el día 25 de diciembre, se prolonga esta fiesta en cierto sentido, a través de la Octava de Navidad que llega hasta el día primero de enero, eso es lo propio de la fiesta. Pero el Tiempo Litúrgico de Navidad tiene una mirada un poco más amplia, en este tiempo nuestra atención va a todo lo que rodea la entrada, la llegada del Hijo de Dios a esta tierra, y hay palabras que caracterizan esa llegada, por ejemplo vemos que es el misterio de la encarnación un misterio de humildad, de caridad, un obediencia, de mansedumbre; entonces estas palabras son las que marcaron la vida de Cristo no sólo en la noche del pesebre, no sólo en su infancia sino que marcaron toda su vida durante ese tiempo, que el evangelista san Lucas resume diciendo: “volvió a Nazaret y estaba bajo obediencia de sus padres” (cf. Lc 2,51), es decir que la obediencia de Jesús que ya no va a ser solo el Jesús bebé, el Jesús infante o el Jesús niño; sino que también va a ser el Jesús adolescente y el Jesús joven; la humildad de este Cristo marca todo ese tiempo que de un modo genérico a veces llamamos la vida oculta del Señor; entonces el Tiempo de Navidad no se quedá solo mirando el día del nacimiento o la escena de los pastores, sino que de un modo más amplio y teológico quiere contemplar qué significa que el Hijo de Dios haya venido a esta tierra, y por consiguiente el Tiempo de Navidad abarca por supuesto el nacimiento, la infancia, pero también se ocupa de toda esa vida oculta, por eso este tiempo sólo termina con la Fiesta del Bautismo del Señor. Eso explica por qué aparece un texto como el de hoy en el Evangelio, aquí se nos presenta a Juan en su ministerio, en su servicio de bautizar para llamar a la conversión, para llamar al arrepentimiento al pueblo de Dios, y bueno ¿por qué nos devuelven a la figura de Juan el Bautista en su ministerio a orillas del Jordán? y la respuesta es: es importante ir a esa escena porque tenemos que prepararnos para lo que va a ser la culminación del Tiempo Litúrgico de Navidad, que como ya se dijo termina con la Fiesta del Bautismo.

Quiero destacar en las palabras de Juan el Bautista, en el Evangelio de hoy: “en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen” (Jn 1,26), porque luego en otro pasaje que está más adelante, en el versículo 31, no se alcanza a leer el día de hoy, Juan dice: “yo tampoco lo conocía”. Esto que dice Juan es muy bello y profundamente significativo, de modo que nos preguntamos cómo podía saber él que estaba a punto de manifestarse el Mesías, y luego cómo es eso de que no lo conocía; pues ahí es donde se ve el servicio profético, ahí es donde se ve la vocación profética de Juan, él no está adivinando, él está sintiendo el tiempo que vive ese pueblo; Jesús nos dijo muchas veces que teníamos que leer los signos de los tiempos (cf. Lc 12,56), y lo que está sucediendo en el caso de Juan es eso, Juan está sintiendo ese tiempo, está percibiendo en su propia carne, en su propio ser que “esto está a punto de cambiar, aquí hay algo grande que va a suceder”, pero al mismo tiempo para estar seguro, sólo puede guiarse por una señal que le da Dios: “aquel sobre el cual veas bajar el Espíritu Santo” (cf. Jn 1,33).

Que hermoso pedir al Señor esta gracia de Juan, este presentir la proximidad de Cristo, te acuerdas que Juan cuando era un bebé, un feto debo decir, en entrañas de Isabel sintió la cercanía del Mesías (cf. Lc 1,44), entonces nos damos cuenta que ese es un don muy especial, y debemos pedirle al Señor este don, el don de presentir a Cristo, el don de sentir que está cerca, el don de ver en qué momento está a punto de eclosionar la salvación, la hora de la gracia, pidamos eso y pidamos al Señor que seamos sensibles al paso del Espíritu para reconocer dónde viene el Ungido de Dios, dónde viene Nuestro Salvador.