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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20100331

Título: Celebrar la Pascua con Cristo, para entregar sin traicionar como verdaderos misioneros.

Original en audio: 12 min. 4 seg.


Queridos Hermanos:

Hay un detalle llamativo en el evangelio que acabamos de escuchar. Cuando los discípulos le preguntan a Jesús, "a dónde tienen que hacer los preparativos para la Pascua" San Mateo 26,17, Jesús dice esta expresión, traducida al español como la hemos oído: "Id a casa de Fulano y decidle..." San Mateo 26,18, etcétera.

Nosotros, en español, utilizamos la expresión "fulano", para referirnos a alguna persona, a cualquier persona, pero sin determinar el nombre. La palabra griega que aparece aquí en el original, tiene el mismo sentido: es decir, una persona que por supuesto tiene un nombre, pero cuyo nombre no se dice porque no viene al caso.

"Id a casa de Fulano" San Mateo 26,18. En español también decimos a veces: "Pues, estaba con Fulano y con Zutano". Y también ahí estamos indicando personas específicas, pero cuyo nombre no es importante en el contexto de lo que se manifiesta.

Y éste es un dato significativo. Porque, si revisamos la Biblia, ésta es una de las pocas ocasiones, -o quizás la única, si no me equivoco-, en la cual la Biblia utiliza ese tipo de expresión: "Un Fulano" San Mateo 26,18.

¿Y por qué digo que es importante? Porque, al dejar ese nombre en blanco, la Biblia nos invita a que cada uno de nosotros ponga su propio nombre ahí. Jesús quiere celebrar la Pascua en casa de "Fulano", y "Fulano" puede ser, yo, "Fulano" puede ser, tú.

Cuando la Biblia dice que Jesús quiso celebrar en la casa de alguien, es como si ese texto estuviera escrito de tal forma que hubiera una raya en la cual tú puedes escribir tu nombre.

Luego, si ese texto de San Mateo dice que Jesús ha querido celebrar así la Pascua, yo te invito en este momento a que en esta Semana Santa tú escribas tu nombre en las páginas de la Escritura.

Quiero decir, que abras tu casa, abras tu vida, para que el Señor Jesús celebre la Pascua contigo, para que Jesús no celebre su Pascua solo, para que Jesús no celebre su Pascua sólo con otros.

Que Jesús celebre su Pascua contigo de manera que tú puedas hacer junto con Cristo el camino que va de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, del pecado a la experiencia de la gracia y la amistad con Dios.

Éste es el primer punto que creo que podemos destacar en el evangelio de hoy, que es del capítulo veintiséis de San Mateo.

En segundo lugar, observemos que hay un verbo que se repite muchas veces en este texto: es el verbo "entregar". Para nosotros, ese verbo no tiene una resonancia especial. Pero, si nosotros recordamos el origen, la etimología de ese verbo, entonces empiezan a resonar en la mente algunos otros significados.

Por ejemplo, hacia el final del texto que oímos, dice el Evangelista Mateo: "Entonces, preguntó Judas, el que lo iba a entregar" San Mateo 26,25.

Esa expresión, "el que lo iba a entregar", en español no suena particularmente extraña. Pero, si la oímos, por poner el caso, en latín, ésto suena de la siguiente manera: "Judas qui tradidit eum". "Traditorus", el que lo iba a entregar. Porque, en efecto, hermanos, la palabra "traidor" viene de, "el que entrega". En latín, "entregar" se dice "trado", y "el que entrega", entonces es el "traditor".

Así que un traidor es aquel que entrega. Sin embargo, es muy interesante este verbo. Porque, resulta que hay dos sentidos completamente opuestos del verbo "entregar" en el Nuevo Testamento.

El Apóstol San Pablo, por ejemplo, refiriéndose a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en el capítulo quince de la Primera Carta a los Corintios, dice a sus destinatarios, a los destinatarios de esta Carta: "Yo les entregué a ustedes lo mismo que yo recibí" 1 Corintios 15,3.

El verbo, en este caso, el verbo griego, es el verbo "didomi". "Paredwka gar umin en prwtoiv, o kai parelabon", dice San Pablo. "Lo que yo recibí, yo lo entregué" 1 Corintios 15,3. Es decir, San Pablo siente que él ha entregado, que él ha dado a Jesucristo, que él ha entregado el mensaje del Evangelio.

Y en el texto que hemos oído hoy, Judas está entregando también a Jesucristo. Pero, observa, por favor, ¡qué sentidos tan contrarios del mismo verbo! Y así sucede tanto en latín como en griego.

Es el mismo verbo, "entregar". Mas, en un caso, en el caso de Judas, es la entrega del traidor, es la entrega del enemigo. Mientras que en el caso de San Pablo, -y deseablemente en el caso nuestro-, también es la entrega, pero la de un amigo que ofrece a los demás un tesoro.

Por lo tanto, una manera de leer este pasaje que hemos tenido, que la Iglesia nos ha dado el día de hoy, es la siguiente. Hoy somos invitados a responder esta pregunta: ¿Vamos a entregar a Jesucristo, como Judas, a la manera de un traidor? O, ¿vamos a entregar a Jesucristo, como Pablo, a la manera de un apóstol, de un evangelizador?

Y esta pregunta tiene especial resonancia en nuestra América Latina. Porque, nuestros obispos reunidos en Aparecida, en Brasil, nos han dejado una consigna que está en el frontispicio de esta basílica: "Discípulos misioneros, misión continental".

Somos invitados por nuestros obispos a tener la experiencia de San Pablo. ¿Qué es ser discípulo? Recibir. ¿Qué es ser misionero? Entregar. Así como San Pablo dice: "O kai parelabon", "lo que yo recibí"; "paredwka gar unim", "os lo entregué a vosotros, os lo di a vosotros" 1 Corintios 15,3.

Es decir, que San Pablo está haciendo realidad en su vida lo que nuestros obispos nos piden hoy a todos los cristianos católicos en América Latina: que aprendamos a recibir y que aprendamos a entregar.

Pero, recordemos siempre que hay dos maneras de entregar; hay la manera del traidor y hay la manera del amigo: el traidor, en este caso, representado por Judas, -cuyo destino eterno lo dejamos en manos de Dios; Dios sabrá qué ha hecho con Él-, y la manera de San Pablo.

¿Y cómo distinguimos esas dos maneras? El evangelio de hoy nos da la clave. Observemos cuál es la frase que dice Judas Iscariote: "¿Qué estáis dispuestos a darme si yo lo doy, si yo lo entrego?" San Mateo 26,14-15.

La característica del que entrega a Cristo, traicionando a Cristo, es que está centrado en sí mismo. Judas quiere entregar a Cristo, pero su preocupación, su amor, están puestos en sí mismo, en el mismo Judas; es decir, está pensando en su propio provecho. Y por éso, para Judas, se trata de un negocio, se trata de, "un dar pero que me den".

Judas no está pensando en el bien de los que van a recibir a Cristo: está pensando en su propio bien. En otras palabras, el verbo "entregar" está marcado por el egoísmo y entonces se convierte en traición.

Mientras tanto, recordemos la palabra de San Pablo cuando, por ejemplo, dice a los tesalonicenses: "Nosotros queríamos entregaros, no solamente el Evangelio, sino incluso nuestras propias vidas" 1 Tesalonicenses 2,8.

La señal del apóstol es la generosidad. El apóstol no está centrado egoístamente en sí mismo: está centrado en el bien de la persona que va a recibir, y está centrado en la gloria de Dios que se va a manifestar cuantos más conozcan al Señor.

¿Cuáles son, entonces, las invitaciones de hoy? Son tres. Primera: Pon tu nombre en la Biblia. Cristo quiere celebrar la Pascua en un lugar que por el momento no sabemos de quién es.

La línea está en blanco, escribe tu nombre, dile a Jesús: "Quiero Pascua en mi vida, quiero Pascua en mi corazón, en mi familia". Ésa es la primera invitación.

Segunda invitación: aprender la diferencia entre estos dos sentidos de "entregar". Existe el estilo egoísta, codicioso, que termina en la destrucción de sí mismo y de los demás. Es el estilo de Judas, es la entrega que significa entregar para traicionar.

Mientras que existe la otra entrega, que es la entrega del apóstol verdadero: entrega porque ama, y estaría dispuesto a entregar hasta la propia vida.

O sea que la segunda invitación es a aprender a entregar a Jesús, no desde el propio provecho, sino desde el afán por la gloria de Dios.

Y en tercer lugar, la tercera invitación: seguir la voz de nuestros pastores, discípulos misioneros.

Estamos en tónica de misión continental, y todos somos invitados a formarnos mejor en la fe, para entregar con mayor presteza, con mayor eficiencia y con mayor caridad, el mensaje de salvación, el mensaje de Jesucristo.

Recordemos que cuando el sacerdote ofrece la Eucaristía, ahí está Cristo nuevamente entregándose a nosotros. Y nosotros podemos recibir a ese Cristo como lo recibió el traidor, pero deseablemente no va a ser así.

Vamos a recibir a Cristo como verdaderos discípulos, vamos a recibir el tesoro de la Eucaristía como verdaderos discípulos, para ser también verdaderos misioneros.

Sigamos esta celebración en el gozo del Espíritu y en la esperanza del Amor que salva.

Amén.