Madurez en el Espíritu, 3 de 5, Ejes de tensión en los grupos

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Mis Hermanos:


Dice la Palabra: “El Señor corrige a los que ama” (véase Hebreos 12,6). La Carta a los Hebreos dice: “Si Dios nos corrige, es señal de que nos trata como hijos. Nadie corrige al hijo de otro” (véase Hebreos 12,7). Eso significa que la corrección, la exhortación de Dios, es una señal de su amor.

Millones y millones de personas en los más diversos rincones del mundo, han sido tocadas por este hermoso movimiento, por esta efusión de Espíritu que llamamos la Renovación Carismática.

Dios toma en serio a la Renovación, Dios toma en serio el amor. Hay dos cosas serias en la vida: son el amor y la muerte. Y Dios nos ha amado hasta el extremo, hasta el extremo de dar la vida, hasta el extremo de la muerte.

Así que, mis hermanos, nosotros estamos conscientes de que se trata de una batalla. Y es muy importante que salgamos de este encuentro renovados en gozo, pero también con una gran claridad estratégica. Fíjate en las palabras que utilizo: “gran claridad estratégica”.

¿Cuáles son los pasos que tenemos que dar? Porque, aquí no se trata solamente de conservar; se trata de avanzar. Me encanta este lema de la Renovación en Chile: “¡Chile para Cristo!”.

“Chile para Cristo” quiere decir, que aquellos hermanos y hermanas nuestros que no han recibido en su corazón, que no han acogido en su corazón el Evangelio de Jesús, entero y con todas sus implicaciones, esa gente nos interesa.

¿Qué quiere decir, “entero”? Quiere decir: sin mutilar el mensaje. Por ejemplo, si yo le quito al mensaje la Eucaristía, lo mutilé. A los hermanos evangélicos, protestantes, pentecostales, luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, los podemos amar. Pero, en nombre de ese amor tenemos que entender que hay un evangelio incompleto, un evangelio mutilado.

Y ésto díganlo abiertamente en los grupos. ¡Abiertamente! No vendan ustedes la idea de que da lo mismo una cosa que otra, porque no es cierto. ¿O, es que da lo mismo que Cristo esté o que no esté en la Eucaristía? ¡No puede ser!

O la confesión es una payasada, o la confesión es verdad: no hay más. O el ministerio sacerdotal viene de Jesucristo, o el señor obispo Fernando y todos sus sacerdotes, -y en este caso me incluyo-, somos unos farsantes. ¡Es así de sencillo!

Entonces, si es verdad el ministerio sacerdotal, si es verdad el ministerio de Pedro, si es verdad la Eucaristía, no la niegues. ¡No la niegues! Por lo tanto, Evangelio íntegro, Evangelio completo, quiere decir: con todo lo que contiene el Evangelio como lo enseña la Santa Iglesia Católica. ¡Así de sencillo!

Pero, además, es el Evangelio completo para Chile completo, para todos. Así que si el Señor está consolidando, si el Señor está fortaleciendo la Renovación en esta región centro-sur, si el Señor está afianzando, podando, depurando su pueblo, es porque quiere lanzarnos a la misión.

Esto no es únicamente un asunto de regaños; este es un asunto de amor y es un asunto de misión: misioneros. ¡Chile para Cristo! ¡Misioneros! Y el misionero tiene que ir fortalecido, tiene que ir bien alimentado.

¿Qué es lo que necesita un ejército? Soldados fuertes, soldados unidos, soldados alegres de luchar si es preciso hasta la muerte por una causa. ¡Eso es lo que se necesita!

Luego, ¿qué significa, qué quiere decir este encuentro? Este encuentro es una sonrisa amorosa de Dios que le está diciendo a cada uno y a cada una: “No se te olvide que cuento contigo. No se te olvide que quiero enviarte, no se te olvide que estoy a tu lado y no se te olvide que estoy esperando mucho más de ti”.

Hoy, Jesús nos está confirmando a través de estas palabras proféticas que ha dado, su presencia. Nos está confirmando su fuerza, nos está confirmando su bendición, está llenando de fuerza, de energía, de vigor nuestras almas. ¿Para qué? Para la misión, para evangelizar.

Tenemos que salir, -una vez más-, de la timidez del cenáculo. Tenemos que salir de la inercia del cenáculo donde estamos, ahí, todos guardaditos, asustaditos: ahí, el uno al lado del otro. Uno se imagina a los apóstoles así, como niños con frío en una noche de invierno: apretaditos los unos con los otros.

Y dice Dios: “Es que les voy a dar fuego del Espíritu Santo” (véase San Juan 16,7). Porque, “necesito enviarlos”. ¿A dónde? En el caso de ellos, “a todas las naciones. Vayan por todo el mundo a predicar la Buena Noticia” (véase San Mateo 28,19).

¿Cómo se mide la salud de un grupo de oración? Se mide por el vigor misionero, se mide por las vocaciones consagradas a tiempo completo, que usualmente son las vocaciones religiosas y sacerdotales.

¿Cuál fue el último sacerdote que salió de tu grupo de oración? ¿La última vocación sacerdotal? ¿Eso fue hace cuánto tiempo? ¿Hace tres meses? ¿Hace dos años? ¿Hace cinco años? ¿Hace quince años? Ésa es la medida, la calidad de un grupo de oración.

Lo aprendí yo de los patriarcas de la Renovación: Monseñor Uribe Jaramillo, el padre Emiliano Tardif, el padre Rafael García Herreros, de los antiguos, antiguos. Estoy hablando de cuando empezaban a caer las lloviznas del diluvio. Es que yo ya soy mayorcito; no se me nota, pero soy mayorcito.

¿Cómo se mide un grupo de oración? Por el vigor misionero y por las vocaciones. Que, “tenemos mucha alegría, nos queremos mucho”: ¡Amén, aleluya, excelente! La gente del Club de Golf del Norte también se quiere; esos golfistas se quieren que da gusto. “La pasamos muy bien los muchachos de la Banda Electric Rock Pop”: la pasan muy bien y se quieren mucho. Que es importante, es importante. Pero, la medida de la salud de un grupo de oración la da las vocaciones y las misiones.

Sin embargo, para llegar allá, primero hay que construir. Y eso es lo que el Señor está renovando en la Renovación. ¿Cómo tenemos que limpiar y construir? ¿Tarea de quién? ¿Tarea de los coordinadores, de los líderes, de los jefes? Bueno, de ellos, pero también de todos nosotros. ¡Todos nosotros!

Seguimos con nuestro tema. Hemos hablado de cómo esto es una pelea. Dios hace su obra de creación; el demonio quiere tirarle la Creación a Dios por la cara, quiere devastar la Creación. Dios reconquista lo suyo: ésa es la sanación. Pero, después de que sucede la sanación hay dificultades personales y grupales.

En nuestra predicación anterior hablamos de las dificultades principales en términos de individuos, dificultades que tienen que ver con la fe, con la esperanza y con el amor.

Las dificultades en el orden de la fe, ¿cuáles son? Acuérdate que se da un divorcio entre la dimensión existencial y la dimensión doctrinal. Algunos tienen mucha doctrina y poquita experiencia; otros tienen mucha experiencia y les interesa que Dios esté presente en su existencia. Pero, van perdiendo claridad y van perdiendo la bencina de calidad, la gasolina de calidad. Es decir, van perdiendo la verdadera formación.

Ahí tenemos un problema en la fe. Remedio para ese problema: necesitamos claridad en programas específicos de lectura y meditación de la Palabra de Dios, cada uno, y también en comunidad. Tenemos que volver, tenemos que rescatar esas sanas y santas costumbres del comienzo, esa lectura de la Palabra y esa pregunta: “¿Qué te dice esta Palabra?” Eso tenemos que recuperarlo y recuperarlo de un modo ordenado en plena comunión con la Iglesia, alimento jugoso para nuestros corazones.

Alguien me decía: la Arquidiócesis, -por ejemplo, aquí en Concepción-, está ofreciendo cursos muy buenos. ¡Aleluya! ¡Eso está muy bien! Pero, yo no estoy hablando sólo de los cursos. Estoy hablando de que nuestras reuniones han de ser reuniones con alimento espiritual.

Segundo problema que denunciábamos: el tema de la esperanza. De todo lo que se puede decir sobre la esperanza subrayamos este punto: el futuro sólo es amable, sólo es confiable, si ese futuro cuenta con instituciones robustas.

Si tú llegaras a un país y te dicen: “Mire, aquí hay una característica; aquí no hay policía, no hay carabineros, no hay guardia civil, no hay ejército, aquí no hay nada. Aquí, a cada persona que llega se le da un garrote. ¡Y lo que usted pueda hacer con ese garrote, hermano!” Yo creo que uno viviría en pánico en ese país. “¡O sea que aquí es a garrotazo limpio!”

Cuando hay una institución, una institución que garantiza cierto orden, -esa institución son carabineros, guardia civil, policía, lo que se llame en cada lugar-, esa institución me da una cierta sensación de seguridad.

“Yo te amo mucho”, le dice un muchacho a su polola. “-Yo te amo mucho, yo te quiero mucho”, y ella le pregunta: “-¿Entonces, nosotros, qué somos?” Y él responde, -como dicen mis queridos amigos, muy queridos para mí, amigos ecuatorianos-: “-¡A saber!” “-¿Qué es lo que somos nosotros?” “-¡Sin saberse!”

Uno necesita ser algo para alguien: “¿Quién soy para ti?” De ahí que esa tal institución del pololeo, yo estoy que la critico. Pero, fíjate que no la he criticado. He sido benigno: no la he criticado. Sin embargo, al tal pololeo hay que ponerle cuidado, porque el pololeo es una manera de decir: “Yo, como que casi soy, pero todavía no soy, pero como que voy a ser, pero que como que puedo ser, pero todavía no soy”. Eso es lo que quiere decir muchas veces.

Ya cuando se habla del noviazgo, es otra cosa ya más seria. ¿Qué quiere decir eso? Uno necesita saber, ¿uno qué es? Por ejemplo, las religiosas. La jovencita entra y ella sabe que: “Soy postulante”. Y sabe que hay un camino: “¿Después de postulante qué voy a ser? Novicia. Después de novicia, voy a ser juniora. Después voy a ser unos votos perpetuos, después…” Tiene un itinerario.

“Yo sé que entré a una institución”. ¡Hay que amar lo institucional, por favor! Quitemos esa oposición ficticia entre institución y carisma. Quitemos esa división ficticia. Nosotros somos carismáticos y por eso mismo amamos lo institucional.

Y lo institucional, ¿qué es? Institucional es, por ejemplo, que hay una organización diocesana. “Organizamos nuestro camino de acuerdo con lo que el Señor nos muestra y amamos eso que el Señor nos muestra. Entonces, amamos la organización de la Renovación en la Arquidiócesis y queremos a nuestra gente y la apoyamos".

¡Así se construye esperanza! La esperanza no es un salto en el vacío. En la medida en que la Renovación va adquiriendo una estructura más sólida y esas personas viven con humildad, con generosidad, con alegría el ministerio que Dios les ha dado, todos crecemos en la esperanza.

Y después dijimos el tema del amor. Cuando el amor se vuelve puro entusiasmo, puro sentimiento, pura emoción, entonces empezamos a depender de, “¿cómo me siento hoy?”: “-Hoy me siento inspirado”. “-No, hoy no me siento tan inspirado”. “-Hoy me siento orante.” “-Hoy no me siento, hoy me paro”. Luego, las personas están confundidas en su sentido del amor.

Bueno, después de esas dificultades personales, vamos a hablar de las dificultades en grupo. Todo grupo humano tiene dificultades principales en tres áreas. Esas tres áreas son las que intenta enfocar y las que intenta poner de relieve la consagración que hacemos los religiosos. Que el Espíritu Santo al que hemos invocado tantas veces hoy, nos ayude para que entendamos esta parte.

Mira, cuando se reúnen seres humanos, ¿de dónde pueden venir las dificultades? Primero: “Vamos a unir recursos”. ¿Quién maneja los recursos? O sea, ¿cómo va a funcionar el tema de la plata? ¿Cómo se va a distribuir el dinero? En los grupos que tienen bajo nivel de confianza, la gente da muy poquito.

Dice mi mamá que mi abuelo tenía esta capacidad: mi abuelo conocía los billetes al tacto. Entonces, él se metía la mano al bolsillo: “A ver, éste es de cincuenta, de veinte; éste es como de diez. Saco aquí el de cinco. Éste es el de uno, éste es el de quinientos, quinientos pesitos. No, todavía es mucho, espérate; vamos a sacar el de veinte pesos. A ver, espérate. Por aquí está, por aquí va a salir; éste es el billete de un peso”.

“-¿Quedan billetes de un peso aquí?” “-No”. “ –Bueno, pero, hay gente que sí los encuentra. Saca el billete y lo conocen al tacto, al físico tacto. Eso es una cosa muy interesante”.

“Hermanos, vamos a recoger la ofrenda”. En esto el mundo empieza a ubicar: “Aquí está el de un peso, venga a ver el billete de…, cincuenta centavos, mejor”. ¿Qué indican esas ofrendas mínimas?

Hay gente de la que uno dice: “Caramba, deberían volverse protestantes un año, sólo un año, para que aprendieran lo que es dar”. Porque, ¿sabe qué es lo que sucede? ¿Qué es lo triste del caso? Que el católico que no daba ni pesar, se vuelve protestante. Y ahí sí, el diezmo; ahí va el cheque por los miles de los miles.

Entonces, el tema pobreza. El voto de pobreza tiene que ver con eso: manejo de los recursos comunes. Y en ello hay muchos temas. Por ejemplo, ése, el de la tacañería. ¡Somos mezquinos! Los católicos, en general, somos mezquinos. Damos poquito y damos con desconfianza. “A ver: ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Qué es lo que va a suceder aquí?”

Segundo: el tema de los afectos. Cuando nos juntamos seres humanos, surgen afectos, necesariamente. ¿Por qué? Porque, “hay personas que me caen bien”. Afecto no es solamente afecto de pareja. “Hay personas que me caen bien, hay personas que no me caen tan bien. Hay gente que me cae como una indigestión, hay gente que me cae muy mal, y hay gente que yo no sé por qué la dejaron entrar”.

Entonces, nosotros, como seres humanos, siempre tenemos una realidad que se llama afecto. A veces uno no sabe por qué hay gente que le cae mal. Me acuerdo que en una época yo daba clases en un colegio, y había un muchacho que desde el primer día me miraba con una cara de desconfianza, como de rabia, como de fastidio.

Después de una semana, yo me puse a hablar con él. Le dije: “-Mira, yo creo que te caigo mal”. “-Mal no es palabra, padre”. Yo Pensé: está grave esta situación. “-Bueno, pero, cuéntame por qué te caigo mal”. “-No, no sé”.

Nos pusimos a hablar. Finalmente resultó que yo tenía exactamente la cara del primer dentista que él tuvo. Cuando él era un niño, el primer dentista tenía una cara muy parecida a la mía, y el niño quedó traumatizado porque esa “carota”, la carota del “dentistota” ése, lo torturó, le hizo sangrar. El niño se retorcía, lloraba.

Y era un dentista que sacaba los dientes, sacaba las muelas, con “Anastasia”. Porque, Anastasia se llamaba la auxiliar que le ponía la rodilla al pecho. Y sólo cuando hubo rodilla al pecho, fue posible extraerle la muela a ese niño.

De ahí que quedara traumatizado de por vida. Porque, para él, ver la “carota” y ver la “rodillota” y la señora Anastasia, hizo que llegara un momento en el que lo que se preguntaba era: “¿Será que resiste el costillar? ¿Será que resiste…?” El muchacho quedó traumatizado.

Uno nunca sabe por qué le cae mal alguna gente. Donde hay seres humanos, hay afectos. Y además de los afectos de, “me cae bien”, o “me cae mal”, vienen los afectos de las amistades, los que son mis amigos.

Hay personas en todos los grupos humanos de todos los países, que tienen una tremenda sensibilidad, una gran sensibilidad y todo les duele: “¡Ay! ¡Uy!” “¿-Sí tienen ustedes en su grupo gente que todo le duele?” “–Nooo”. “–¿Eso no existe en Chile, no?” “-Entonces, pasemos al otro tema, porque ese tema sobra aquí”.

Hay gente que todo le duele, le duele profundamente: “Mira, para el congreso de sanación este fin de semana hay que inflar los globos. A ver, por favor, tú, Roberto, vas a inflar los globos rojos. Por favor, tú, Josefina, infla los globos amarillos”. “¡Ay!”, ya le dolió: “Ay, claro, me pusieron a inflar los globos feos. ¡Ay, Dios mío! Todo es así; siempre me desprecian”. ¡Y es un dolor! Todo les duele: “¡Ay!”. Viven con un dolor tremendo, se sienten excluidos, se sienten mal.

Y uno le pregunta: “-¿Usted, por qué se siente tan mal? Yo he visto que usted sufre mucho”. “-Sí, padre, sí, yo sufro mucho; mi vida es muy sufrida”. “-¿Cuándo le empezó su sufrimiento?” “-Cuando fui al psicólogo. “-¿Por qué? ¿Por qué empezó?” “-Porque yo llegué y le dije al psicólogo: Doctor, nadie me pone cuidado. Y él dijo: ¡El siguiente!” La señora quedó profundamente herida.

Luego, fíjate: está el problema de, “¿quién me cae bien? ¿Quién me cae mal?”, la gente que todo le duele. Y así como hay unos a quienes todo les duele, hay otros que se la pasan, -sin darse cuenta-, lastimando gente. Muchos, -sin voluntad; ellos mismos no se dan cuenta-, lastiman mucha gente. Y lastiman gente por cosas sencillas.

A veces uno cree que la religión lo va a solucionar todo, y eso no es cierto. La religión no soluciona todo. Yo puedo ser una persona muy, muy religiosa y al mismo tiempo cometer el error de ser un imprudente cuando conduzco. ¡Y soy muy religioso! La religión no me arregla todos los problemas de la vida.

Yo puedo ser una persona muy, muy religiosa y de muy, muy mal aliento. Eso pasa. La religión no arregla todo. Por el mismo hecho, puedo ser una persona muy, muy religiosa que se me olvidan ciertas normas mínimas: hay gente que no saluda, hay gente que no sonríe, hay gente que no incluye, hay gente que maltrata con un comentario.

“A ver, vamos a ver: ¿este texto qué les dice? Es La Multiplicación de los Panes. ¿A ustedes qué les dice este texto? A ver, comenten un poco qué les dice”. Por allá, una señora toda humilde, ella, primera intervención que hace en el grupo: “-Pues, para mí esto significa mucho, porque en mi familia siempre tuvimos escaseces”. “-¡Resuma, señora!”

Y no se da cuenta que la está maltratando. ¡No se da cuenta! “-No, no, perdone usted. Lo que yo quería decir es que el Señor, como que siempre, a ver cómo le dijera…” “-¡Aclárese, señora!” Y ya la pobre señora, toda tartamuda… Hay gente que no se da cuenta que hiere, que lastima.

Y todos tenemos sensibilidad. Aparte de, “¡Ay, ay!”, aparte de los que tienen una sensibilidad terrible, también los que tienen una sensibilidad normal, también eso duele. ¡También eso duele! Pero, es que el mundo de la afectividad es muy complicado porque en el mundo de la afectividad están además las amistades.

Resulta que la gente de la Renovación no solamente se la pasa orando y alabando a Dios: “Es el pueblo que alaba al Señor, el pueblo que alaba al Señor…”. ¡No! La gente también organiza un asadito. “Y yo quería que me hubieran invitado al asadito y nadie me invitó al asadito; por lo tanto, me excluyeron”. Eso lastima también y eso también es parte porque somos seres humanos. ¡Nos lastiman esas cosas!


Continúa la transcripción.