Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 3 de 5, Ejes de tensión en los grupos»

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Sin embargo, para llegar allá, primero hay que construir. Y eso es lo que el Señor está renovando en la Renovación. ¿Cómo tenemos que limpiar y construir? ¿Tarea de quién? ¿Tarea de los coordinadores, de los líderes, de los jefes? Bueno, de ellos, pero también de todos nosotros. ¡Todos nosotros!
 
Sin embargo, para llegar allá, primero hay que construir. Y eso es lo que el Señor está renovando en la Renovación. ¿Cómo tenemos que limpiar y construir? ¿Tarea de quién? ¿Tarea de los coordinadores, de los líderes, de los jefes? Bueno, de ellos, pero también de todos nosotros. ¡Todos nosotros!
  
Seguimos con nuestro tema. Nosotros hemos hablado de cómo esto es una pelea. Dios hace su obra de creación; el demonio quiere tirarle la Creación a Dios por la cara, quiere devastar la Creación. Dios reconquista lo suyo: esa es la sanación. Pero, después de que sucede la sanación hay dificultades personales y grupales.  
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Seguimos con nuestro tema. Hemos hablado de cómo esto es una pelea. Dios hace su obra de creación; el demonio quiere tirarle la Creación a Dios por la cara, quiere devastar la Creación. Dios reconquista lo suyo: ésa es la sanación. Pero, después de que sucede la sanación hay dificultades personales y grupales.  
  
 
En nuestra predicación anterior hablamos de las dificultades principales en términos de individuos, dificultades que tienen que ver con la fe, con la esperanza y con el amor.  
 
En nuestra predicación anterior hablamos de las dificultades principales en términos de individuos, dificultades que tienen que ver con la fe, con la esperanza y con el amor.  
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Ahí tenemos un problema en la fe. Remedio para ese problema: necesitamos claridad en programas específicos de lectura y meditación de la Palabra de Dios, cada uno, y también en comunidad. Tenemos que volver, tenemos que rescatar esas sanas y santas costumbres del comienzo, esa lectura de la Palabra y esa pregunta: “¿Qué te dice esta Palabra?” Eso tenemos que recuperarlo y recuperarlo de un modo ordenado en plena comunión con la Iglesia, alimento jugoso para nuestros corazones.  
 
Ahí tenemos un problema en la fe. Remedio para ese problema: necesitamos claridad en programas específicos de lectura y meditación de la Palabra de Dios, cada uno, y también en comunidad. Tenemos que volver, tenemos que rescatar esas sanas y santas costumbres del comienzo, esa lectura de la Palabra y esa pregunta: “¿Qué te dice esta Palabra?” Eso tenemos que recuperarlo y recuperarlo de un modo ordenado en plena comunión con la Iglesia, alimento jugoso para nuestros corazones.  
  
Alguien me decía: la Arquidiócesis, por ejemplo, aquí en Concepción, está ofreciendo cursos muy buenos. ¡Aleluya! ¡Eso está muy bien! Pero, yo no estoy hablando sólo de los cursos. Estoy hablando de que nuestras reuniones han de ser reuniones con alimento espiritual.  
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Alguien me decía: la Arquidiócesis, -por ejemplo, aquí en Concepción-, está ofreciendo cursos muy buenos. ¡Aleluya! ¡Eso está muy bien! Pero, yo no estoy hablando sólo de los cursos. Estoy hablando de que nuestras reuniones han de ser reuniones con alimento espiritual.  
  
 
Segundo problema que denunciábamos: el tema de la esperanza. De todo lo que se puede decir sobre la esperanza subrayamos este punto: el futuro sólo es amable, sólo es confiable, si ese futuro cuenta con instituciones robustas.  
 
Segundo problema que denunciábamos: el tema de la esperanza. De todo lo que se puede decir sobre la esperanza subrayamos este punto: el futuro sólo es amable, sólo es confiable, si ese futuro cuenta con instituciones robustas.  
  
Si tú llegaras a un país y te dicen: “Mire, aquí hay una característica; aquí no hay policía, no hay carabineros, no hay guardia civil, no hay ejército, aquí no hay nada. Aquí, a cada persona que llega se le da un garrote y lo que usted pueda hacer con ese garrote, hermano”. Yo creo que uno viviría en pánico en ese país. “¡O sea que aquí es a garrotazo limpio!”  
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Si tú llegaras a un país y te dicen: “Mire, aquí hay una característica; aquí no hay policía, no hay carabineros, no hay guardia civil, no hay ejército, aquí no hay nada. Aquí, a cada persona que llega se le da un garrote. ¡Y lo que usted pueda hacer con ese garrote, hermano!” Yo creo que uno viviría en pánico en ese país. “¡O sea que aquí es a garrotazo limpio!”  
  
 
Cuando hay una institución, una institución que garantiza cierto orden, -esa institución son carabineros, guardia civil, policía, lo que se llame en cada lugar-, esa institución me da una cierta sensación de seguridad.  
 
Cuando hay una institución, una institución que garantiza cierto orden, -esa institución son carabineros, guardia civil, policía, lo que se llame en cada lugar-, esa institución me da una cierta sensación de seguridad.  
  
“Yo te amo mucho”, le dice un muchacho a su polola. “Yo te amo mucho, yo te quiero mucho”, y ella le pregunta: “¿Entonces, nosotros qué somos?” Y él responde, -como dicen mis queridos amigos, muy queridos para mí, amigos ecuatorianos-: “A saber”. “¿Qué es lo que somos nosotros?” “¡Sin saberse!”
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“Yo te amo mucho”, le dice un muchacho a su polola. “-Yo te amo mucho, yo te quiero mucho”, y ella le pregunta: “-¿Entonces, nosotros, qué somos?” Y él responde, -como dicen mis queridos amigos, muy queridos para mí, amigos ecuatorianos-: “-¡A saber!” “-¿Qué es lo que somos nosotros?” “-¡Sin saberse!”
  
Uno necesita ser algo para alguien: “¿Quién soy para ti?” De ahí que esa tal institución del pololeo, yo estoy que la crítico. Pero, fíjate que no la he criticado. He sido benigno; no la he criticado. Sin embargo, al tal pololeo hay que ponerle cuidado, porque el pololeo es una manera de decir: “Yo como que casi soy, pero todavía no soy, pero como que voy a ser, pero que como que puedo ser, pero  todavía no soy”. Eso es lo que quiere decir muchas veces.  
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Uno necesita ser algo para alguien: “¿Quién soy para ti?” De ahí que esa tal institución del pololeo, yo estoy que la critico. Pero, fíjate que no la he criticado. He sido benigno: no la he criticado. Sin embargo, al tal pololeo hay que ponerle cuidado, porque el pololeo es una manera de decir: “Yo, como que casi soy, pero todavía no soy, pero como que voy a ser, pero que como que puedo ser, pero  todavía no soy”. Eso es lo que quiere decir muchas veces.  
  
Ya cuando se habla del noviazgo, es otra cosa ya más seria. ¿Qué quiere decir éso? Uno necesita saber uno qué es. Por ejemplo, las religiosas. La jovencita entra y ella sabe que: “Soy postulante”. Y sabe que hay un camino: “¿Después de postulante qué voy a ser? Novicia. Después de novicia, voy a ser juniora. Después voy a ser unos votos perpetuos, después…”  Tiene un itinerario.  
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Ya cuando se habla del noviazgo, es otra cosa ya más seria. ¿Qué quiere decir eso? Uno necesita saber, ¿uno qué es? Por ejemplo, las religiosas. La jovencita entra y ella sabe que: “Soy postulante”. Y sabe que hay un camino: “¿Después de postulante qué voy a ser? Novicia. Después de novicia, voy a ser juniora. Después voy a ser unos votos perpetuos, después…”  Tiene un itinerario.  
  
 
“Yo sé que entré a una institución”. ¡Hay que amar lo institucional, por favor! Quitemos esa oposición ficticia entre institución y carisma. Quitemos esa división ficticia. Nosotros somos carismáticos y por eso mismo amamos lo institucional.  
 
“Yo sé que entré a una institución”. ¡Hay que amar lo institucional, por favor! Quitemos esa oposición ficticia entre institución y carisma. Quitemos esa división ficticia. Nosotros somos carismáticos y por eso mismo amamos lo institucional.  
  
Y lo institucional, ¿qué es? Institucional es, por ejemplo, que hay una organización diocesana. “Organizamos nuestro camino de acuerdo con lo que el Señor nos muestra y amamos éso que el Señor nos muestra. Entonces, amamos la organización de la Renovación en la Arquidiócesis y queremos a nuestra gente y la apoyamos.  
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Y lo institucional, ¿qué es? Institucional es, por ejemplo, que hay una organización diocesana. “Organizamos nuestro camino de acuerdo con lo que el Señor nos muestra y amamos eso que el Señor nos muestra. Entonces, amamos la organización de la Renovación en la Arquidiócesis y queremos a nuestra gente y la apoyamos".  
  
¡Así se construye esperanza! La esperanza no es un salto en el vacío. En la medida en que la Renovación va adquiriendo una estructura más sólida y esas personas viven con humildad, con generosidad, con alegría el ministerio que Dios les ha dado, todos crecemos en la esperanza.  
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''¡Así se construye esperanza! La esperanza no es un salto en el vacío. En la medida en que la Renovación va adquiriendo una estructura más sólida y esas personas viven con humildad, con generosidad, con alegría el ministerio que Dios les ha dado, todos crecemos en la esperanza.''
  
 
   
 
   

Revisión del 12:22 31 mar 2013


Mis Hermanos:


Dice la Palabra: “El Señor corrige a los que ama” (véase Hebreos 12,6). La Carta a los Hebreos dice: “Si Dios nos corrige, es señal de que nos trata como hijos. Nadie corrige al hijo de otro” (véase Hebreos 12,7). Eso significa que la corrección, la exhortación de Dios, es una señal de su amor.

Millones y millones de personas en los más diversos rincones del mundo, han sido tocadas por este hermoso movimiento, por esta efusión de Espíritu que llamamos la Renovación Carismática.

Dios toma en serio a la Renovación, Dios toma en serio el amor. Hay dos cosas serias en la vida: son el amor y la muerte. Y Dios nos ha amado hasta el extremo, hasta el extremo de dar la vida, hasta el extremo de la muerte.

Así que, mis hermanos, nosotros estamos conscientes de que se trata de una batalla. Y es muy importante que salgamos de este encuentro renovados en gozo, pero también con una gran claridad estratégica. Fíjate en las palabras que utilizo: “gran claridad estratégica”.

¿Cuáles son los pasos que tenemos que dar? Porque, aquí no se trata solamente de conservar; se trata de avanzar. Me encanta este lema de la Renovación en Chile: “¡Chile para Cristo!”.

“Chile para Cristo” quiere decir, que aquellos hermanos y hermanas nuestros que no han recibido en su corazón, que no han acogido en su corazón el Evangelio de Jesús, entero y con todas sus implicaciones, esa gente nos interesa.

¿Qué quiere decir, “entero”? Quiere decir: sin mutilar el mensaje. Por ejemplo, si yo le quito al mensaje la Eucaristía, lo mutilé. A los hermanos evangélicos, protestantes, pentecostales, luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, los podemos amar. Pero, en nombre de ese amor tenemos que entender que hay un evangelio incompleto, un evangelio mutilado.

Y ésto díganlo abiertamente en los grupos. ¡Abiertamente! No vendan ustedes la idea de que da lo mismo una cosa que otra, porque no es cierto. ¿O, es que da lo mismo que Cristo esté o que no esté en la Eucaristía? ¡No puede ser!

O la confesión es una payasada, o la confesión es verdad: no hay más. O el ministerio sacerdotal viene de Jesucristo, o el señor obispo Fernando y todos sus sacerdotes, -y en este caso me incluyo-, somos unos farsantes. ¡Es así de sencillo!

Entonces, si es verdad el ministerio sacerdotal, si es verdad el ministerio de Pedro, si es verdad la Eucaristía, no la niegues. ¡No la niegues! Por lo tanto, Evangelio íntegro, Evangelio completo, quiere decir: con todo lo que contiene el Evangelio como lo enseña la Santa Iglesia Católica. ¡Así de sencillo!

Pero, además, es el Evangelio completo para Chile completo, para todos. Así que si el Señor está consolidando, si el Señor está fortaleciendo la Renovación en esta región centro-sur, si el Señor está afianzando, podando, depurando su pueblo, es porque quiere lanzarnos a la misión.

Esto no es únicamente un asunto de regaños; este es un asunto de amor y es un asunto de misión: misioneros. ¡Chile para Cristo! ¡Misioneros! Y el misionero tiene que ir fortalecido, tiene que ir bien alimentado.

¿Qué es lo que necesita un ejército? Soldados fuertes, soldados unidos, soldados alegres de luchar si es preciso hasta la muerte por una causa. ¡Eso es lo que se necesita!

Luego, ¿qué significa, qué quiere decir este encuentro? Este encuentro es una sonrisa amorosa de Dios que le está diciendo a cada uno y a cada una: “No se te olvide que cuento contigo. No se te olvide que quiero enviarte, no se te olvide que estoy a tu lado y no se te olvide que estoy esperando mucho más de ti”.

Hoy, Jesús nos está confirmando a través de estas palabras proféticas que ha dado, su presencia. Nos está confirmando su fuerza, nos está confirmando su bendición, está llenando de fuerza, de energía, de vigor nuestras almas. ¿Para qué? Para la misión, para evangelizar.

Tenemos que salir, -una vez más-, de la timidez del cenáculo. Tenemos que salir de la inercia del cenáculo donde estamos, ahí, todos guardaditos, asustaditos: ahí, el uno al lado del otro. Uno se imagina a los apóstoles así, como niños con frío en una noche de invierno: apretaditos los unos con los otros.

Y dice Dios: “Es que les voy a dar fuego del Espíritu Santo” (véase San Juan 16,7). Porque, “necesito enviarlos”. ¿A dónde? En el caso de ellos, “a todas las naciones. Vayan por todo el mundo a predicar la Buena Noticia” (véase San Mateo 28,19).

¿Cómo se mide la salud de un grupo de oración? Se mide por el vigor misionero, se mide por las vocaciones consagradas a tiempo completo, que usualmente son las vocaciones religiosas y sacerdotales.

¿Cuál fue el último sacerdote que salió de tu grupo de oración? ¿La última vocación sacerdotal? ¿Eso fue hace cuánto tiempo? ¿Hace tres meses? ¿Hace dos años? ¿Hace cinco años? ¿Hace quince años? Ésa es la medida, la calidad de un grupo de oración.

Lo aprendí yo de los patriarcas de la Renovación: Monseñor Uribe Jaramillo, el padre Emiliano Tardif, el padre Rafael García Herreros, de los antiguos, antiguos. Estoy hablando de cuando empezaban a caer las lloviznas del diluvio. Es que yo ya soy mayorcito; no se me nota, pero soy mayorcito.

¿Cómo se mide un grupo de oración? Por el vigor misionero y por las vocaciones. Que, “tenemos mucha alegría, nos queremos mucho”: ¡Amén, aleluya, excelente! La gente del Club de Golf del Norte también se quiere; esos golfistas se quieren que da gusto. “La pasamos muy bien los muchachos de la Banda Electric Rock Pop”: la pasan muy bien y se quieren mucho. Que es importante, es importante. Pero, la medida de la salud de un grupo de oración la da las vocaciones y las misiones.

Sin embargo, para llegar allá, primero hay que construir. Y eso es lo que el Señor está renovando en la Renovación. ¿Cómo tenemos que limpiar y construir? ¿Tarea de quién? ¿Tarea de los coordinadores, de los líderes, de los jefes? Bueno, de ellos, pero también de todos nosotros. ¡Todos nosotros!

Seguimos con nuestro tema. Hemos hablado de cómo esto es una pelea. Dios hace su obra de creación; el demonio quiere tirarle la Creación a Dios por la cara, quiere devastar la Creación. Dios reconquista lo suyo: ésa es la sanación. Pero, después de que sucede la sanación hay dificultades personales y grupales.

En nuestra predicación anterior hablamos de las dificultades principales en términos de individuos, dificultades que tienen que ver con la fe, con la esperanza y con el amor.

Las dificultades en el orden de la fe, ¿cuáles son? Acuérdate que se da un divorcio entre la dimensión existencial y la dimensión doctrinal. Algunos tienen mucha doctrina y poquita experiencia; otros tienen mucha experiencia y les interesa que Dios esté presente en su existencia. Pero, van perdiendo claridad y van perdiendo la bencina de calidad, la gasolina de calidad. Es decir, van perdiendo la verdadera formación.

Ahí tenemos un problema en la fe. Remedio para ese problema: necesitamos claridad en programas específicos de lectura y meditación de la Palabra de Dios, cada uno, y también en comunidad. Tenemos que volver, tenemos que rescatar esas sanas y santas costumbres del comienzo, esa lectura de la Palabra y esa pregunta: “¿Qué te dice esta Palabra?” Eso tenemos que recuperarlo y recuperarlo de un modo ordenado en plena comunión con la Iglesia, alimento jugoso para nuestros corazones.

Alguien me decía: la Arquidiócesis, -por ejemplo, aquí en Concepción-, está ofreciendo cursos muy buenos. ¡Aleluya! ¡Eso está muy bien! Pero, yo no estoy hablando sólo de los cursos. Estoy hablando de que nuestras reuniones han de ser reuniones con alimento espiritual.

Segundo problema que denunciábamos: el tema de la esperanza. De todo lo que se puede decir sobre la esperanza subrayamos este punto: el futuro sólo es amable, sólo es confiable, si ese futuro cuenta con instituciones robustas.

Si tú llegaras a un país y te dicen: “Mire, aquí hay una característica; aquí no hay policía, no hay carabineros, no hay guardia civil, no hay ejército, aquí no hay nada. Aquí, a cada persona que llega se le da un garrote. ¡Y lo que usted pueda hacer con ese garrote, hermano!” Yo creo que uno viviría en pánico en ese país. “¡O sea que aquí es a garrotazo limpio!”

Cuando hay una institución, una institución que garantiza cierto orden, -esa institución son carabineros, guardia civil, policía, lo que se llame en cada lugar-, esa institución me da una cierta sensación de seguridad.

“Yo te amo mucho”, le dice un muchacho a su polola. “-Yo te amo mucho, yo te quiero mucho”, y ella le pregunta: “-¿Entonces, nosotros, qué somos?” Y él responde, -como dicen mis queridos amigos, muy queridos para mí, amigos ecuatorianos-: “-¡A saber!” “-¿Qué es lo que somos nosotros?” “-¡Sin saberse!”

Uno necesita ser algo para alguien: “¿Quién soy para ti?” De ahí que esa tal institución del pololeo, yo estoy que la critico. Pero, fíjate que no la he criticado. He sido benigno: no la he criticado. Sin embargo, al tal pololeo hay que ponerle cuidado, porque el pololeo es una manera de decir: “Yo, como que casi soy, pero todavía no soy, pero como que voy a ser, pero que como que puedo ser, pero todavía no soy”. Eso es lo que quiere decir muchas veces.

Ya cuando se habla del noviazgo, es otra cosa ya más seria. ¿Qué quiere decir eso? Uno necesita saber, ¿uno qué es? Por ejemplo, las religiosas. La jovencita entra y ella sabe que: “Soy postulante”. Y sabe que hay un camino: “¿Después de postulante qué voy a ser? Novicia. Después de novicia, voy a ser juniora. Después voy a ser unos votos perpetuos, después…” Tiene un itinerario.

“Yo sé que entré a una institución”. ¡Hay que amar lo institucional, por favor! Quitemos esa oposición ficticia entre institución y carisma. Quitemos esa división ficticia. Nosotros somos carismáticos y por eso mismo amamos lo institucional.

Y lo institucional, ¿qué es? Institucional es, por ejemplo, que hay una organización diocesana. “Organizamos nuestro camino de acuerdo con lo que el Señor nos muestra y amamos eso que el Señor nos muestra. Entonces, amamos la organización de la Renovación en la Arquidiócesis y queremos a nuestra gente y la apoyamos".

¡Así se construye esperanza! La esperanza no es un salto en el vacío. En la medida en que la Renovación va adquiriendo una estructura más sólida y esas personas viven con humildad, con generosidad, con alegría el ministerio que Dios les ha dado, todos crecemos en la esperanza.



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