Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 2 de 5, Ataques a la fe, la esperanza y el amor»

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Revisión del 22:08 15 oct 2012


Hay una persona que tiene una experiencia tan profunda del Espíritu como no la tiene nadie más, una persona que fue cubierta por la sombra del Altísimo, una persona que fue convertida en Sagrario Inmaculado de su presencia.

A Ella saludamos: "-Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús".

"-Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Pueden sentarse.


Amados Hermanos:


En nuestra reunión anterior hemos comentado cómo la sanación es fundamentalmente reconquista. Dios recupera lo que le pertenece y por eso la sanación siempre implica ese abrirle la puerta a su amor, pero también abrirle la puerta a la autoridad de Dios.

No se nos olvide que hay tres palabras que describen a la Santísima Trinidad según la enseñanza de Santa Catalina de Siena. Esas tres palabras son el poder, la sabiduría y el amor: el poder sin medida, el Dios todopoderoso; la sabiduría sin medida, en Cristo su Palabra; el amor sin medida en el don, en el regalo, en la efusión del Espíritu. ¡Poder, sabiduría y amor!

Pero, la Trinidad no se puede dividir. Yo no puedo recibir, o no puedo pretender recibir únicamente la sabiduría de Dios. Por ejemplo, cuando una persona sabe qué es lo que Dios quiere pero no hace caso al querer de Dios, está deseando dividir la Trinidad. Porque, es como recibir la sabiduría pero sin el poder y sin el amor. A esa clase de fe la llama el Apóstol Santiago, "una fe muerta" (véase Santiago 2,17). ¡Es una fe muerte!

Otras personas, en cambio, quieren tener mucho amor y creen que todo consiste en el amor. Pero, es un amor sin discernimiento, y ahí suceden desastres. De esos desastres es de los que vamos a hablar en esta segunda enseñanza. Porque, ésto es una pelea, ésto es una batalla, ésto es guerra. ¡Guerra! ¡Combate espiritual!

Acuérdate lo que dijimos: "De Dios viene ese movimiento de salida que llamamos la Creación". El enemigo quiere echarle en la cara a Dios la Creación, tirársela por la cara, quiere devolver la Creación. Entonces, Dios reconquista lo suyo a través de la sanación, a través de la redención, a través de la salvación.

Pero, la pelea sigue. "La pelea sigue" es lo que ya dijimos en el momento de la Pasión: "Ahora, el demonio lo que quiere es que el mudo curado por Cristo le grite a Cristo o le grite a Pilato, que tiene que crucificar a Cristo".

Lo que yo quiero que entiendas, lo que yo quiero que todos entendamos, es que dentro de este combate, dentro de esta batalla, hay que tener un gran discernimiento y hay que tener también una voluntad resuelta, para que la victoria se complete en nuestra vida del lado de Dios.

Por supuesto que Él es el Señor, por supuesto que Él es el Vencedor. ¡Eso está clarísimo! Mas, la pregunta es si su victoria se va a realizar en mi vida o no. Porque, si su victoria no se realiza en mi vida, el que pierde soy yo.

Por lo tanto, no puedo separar la Trinidad. Yo no puedo separar el poder, el amor y la sabiduría. Yo no puedo tener mucho amor porque me parece extraordinaria la vida de Dios, pero no le abro campo al poder: Dios quiere tener autoridad en tu vida. Y Dios tiene autoridad en tu vida cuando Dios cuenta contigo.

Si tú tomas una actitud únicamente de recibir y recibir y recibir... Como dijo Cristo en el capítulo sexto de San Juan cuando la gente fue a buscarlo después de la primera multiplicación de los panes: "¿A qué vienen? ¿A la segunda?" Porque, ellos ya creían en el Cristo "panadería", en el Cristo "panificadora", en el Cristo "hace pan". ¡Eso era en lo que ellos estaban creyendo! Y Cristo les hace ver: "Un momento; es que ésto tiene otro paso más. Hay que dar otro paso más, hay que seguir este camino".

Entonces, fíjate: la sanación es reconquista, y reconquista quiere decir que: "Yo le abro espacio al amor de Dios": "¡Ay, qué bonito el amor de Dios!" "Le abro espacio a la sabiduría de Dios": "Me gusta eso. ¡Qué hermoso conocer la Palabra del Señor!" "Le abro paso al poder de Dios": "Sí, bonito; para que me sane, para que el Señor cambie mi vida".

¡No te quedes ahí! Abrirle espacio al poder de Dios es abrir espacio para que Dios disponga de ti, para que Dios te ponga a trabajar. ¡Para eso, para que Dios te ponga a trabajar! Luego, si no estás trabajando, si no estás en la obra del Señor, si no estás en el surco, estás únicamente en la postura de recibir y recibir y recibir.

Pero, ahí pasa como ya lo hemos explicado en otras ocasiones con el ejemplo del vaso y el tubo. Un vaso, -aquí tenemos un vaso, por ejemplo-, el vaso recibe, se llena y ya no puede recibir más. ¡Se llenó! Así le pasa al que no da, al que no comparte: recibe, se llena y está siempre como en lo mismo.

Cuando el agua no se cambia, entonces, ¿qué pasa? Se daña. El agua detenida, el agua empozada, el agua que no circula, es agua que se daña. El carismático que no comparte, el carismático que no evangeliza, el carismático que nada más quiere recibir, recibir y recibir, se le termina dañando lo que ha recibido.

¿Qué nos toca hacer? Como el tubo, recibes y das, recibes y entregas, recibes y comunicas, recibes y evangelizas. Grupo de oración que no evangeliza, languidece, se marchita. Persona que no comparte su fe, la pierde.

La fe es una cosa muy extraña. ¡Muy extraña! Porque, cuando hablamos del dinero, si yo doy el dinero, lo pierdo. En cambio, con la fe es al revés: si yo no doy la fe, la pierdo.

O sea que la manera de tener la fe y de conservar la fe, es darla, compartirla, entregarla, proclamarla. El mismo que recibe, contempla y goza, es el mismo que evangeliza, hace misión y sirve. Hasta ahí vamos.

Pero, ahora viene un estudio que yo creo es interesante. Pues, como dijimos que ésto era batalla y que ésto es combate, es importante que sepamos: después de la sanación, ¿qué?

Después de la sanación, ¿qué? Y aquí vamos a encontrar que hay dos problemas: un problema se llama fragilidad y otro problema se llama dureza. Luego, el título de esta predicación es fragilidad y dureza.

Resulta que éste es un tema muy nuevo en la Renovación, porque es un tema también muy nuevo en la sociedad. Nuestra sociedad es al mismo tiempo una sociedad de personas frágiles pero de personas duras.

Y como la novedad de la sociedad siempre despunta primero en los jóvenes, es especialmente en los jóvenes donde encontramos que se da esa combinación extraña de fragilidad y dureza: fragilidad que se manifiesta de muchas formas y dureza que se manifiesta de muchas formas.

Eso que está sucediendo en la sociedad, eso nos pasa también a nosotros. Quizás, además, nosotros somos al mismo tiempo muy frágiles y muy duros. La gente que trabaja con distintos materiales lo llama "cristal". Los cristales son al mismo tiempo duros pero frágiles; son quebradizos. ¡Cristal! Entonces, tenemos un problema de cristalografía.

Vamos a ver cómo funciona. Les repito, es un tema muy nuevo; muy, muy nuevo en la Renovación, porque es un tema muy, muy nuevo en la sociedad. Vamos a hablar de cuáles son esas fragilidades, de cuáles son esas durezas y de cómo podemos defendernos frente a esta situación, puesto que la estamos viviendo en muchos países; ésto está sucediendo en muchas partes.

Miremos el tema primero de la fragilidad. Cuando se habla de fragilidad o cuando se habla de debilidad, estamos hablando de aquella condición del que pronto se rinde, del que pronto se cansa, del que pronto se desanima. Quizás los primeros síntomas que tú puedes identificar son esos picos de entusiasmo seguidos por largos abismos de desánimo. Ése es un síntoma preocupante, eso indica fragilidad.

Tú asistes a un congreso. En el congreso sientes como una embriaguez: "El Señor está vivo, el Señor ha hecho maravillas en mi vida". Eso dices a las seis de la tarde. A las nueve de la noche llegas a tu casa; de repente todo te parece sombrío, todo está como aburrido, y entonces sientes que ya ese ánimo que tenías antes, se cayó.

Cuando estás en el congreso y estás en alabanza, tú sientes: "Somos expresión y potencia del amor de Dios. ¡El amor de Dios es maravilloso!" Al otro día tienes que ir a tu trabajo. Te miran tus compañeros de trabajo, tú los miras a ellos, y ese ánimo que traías, esa fuerza que traías, se fue al piso. ¡Eso es debilidad, eso es fragilidad!

Conversión: "Le he entregado mi vida a Cristo", y luego: "No sé: como que sí, como que no". ¿Sabe en qué se manifiesta esto? Se manifiesta especialmente en el compromiso de las personas. Porque, el compromiso no funciona con entusiasmos. El compromiso requiere constancia, perseverancia, persistencia. Y donde hay fragilidad, no hay compromiso. Porque, uno, a base de esos picos de entusiasmo, así no funciona. ¡Así no funciona!

Tú, haz la comparación con lo que sucede con el amor humano. En el amor humano pasa exactamente lo mismo. ¿Qué puede pensar una joven que tiene su pololo? Dicen aquí: "Tiene su pololo". El pololo y el pololo; muy bien el pololo. Entonces, el pololo le dice: "Tú eres extraordinaria, eres lo más bello que ha sucedido en mi vida, has traído tanta luz a mi existencia". Ella, por supuesto, se siente muy feliz, se siente muy halagada.

"-¿Verdad todo eso, mi amor?" "-Verdad, ¿qué?" "-Lo que me dijiste. Hace un minuto me dijiste que yo te inspiraba muchas cosas." "-Eso era hace un minuto. Ahora ya cambié, ahora no sé bien si puedo estar contigo o si mejor, no sé; o si estar con la Andrea, o si estar con la Juana, o si estar con la Yaneth, o estar con la Pepa". "-Pero, tú me querías". "-Correcto, pretérito imperfecto del verbo "querer": quería, quería".

Por la noche: "¡Ay, perdóname, mi amor! Tú sabes que yo soy un poco inestable; pero, en realidad te quiero mucho y tú eres la única. Por lo menos mientras dure esta llamada, tú eres la única".

Dime si ese pololeo, dime si esa relación va para alguna parte. No va para ninguna parte; no se puede construir. Así somos con Dios, exactamente así somos con Dios: "Señor, te amo con todo mi ser. Señor, te alabo. ¡Señor, te alabo! Señor, te alabo con todo mi ser". "-Bueno, como amas tanto al Señor, se necesita que mañana muy temprano... "-¡Ah, no, temprano yo no alabo al Señor! Yo, temprano, no amo. ¡Yo, temprano, no, nada!". Así somos.

¡Así somos! Entonces, así no se puede construir nada. Tenemos una inconstancia enfermiza, una inconstancia muy grave en las vocaciones. Mire, hay que orar mucho por las vocaciones de hombres y de mujeres en este hermoso país de Chile. Está grave la situación vocacional. Hay que orar pronto y mucho por las vocaciones.

Pero, no es que falte gente que se entusiasme. Hay una cantidad de gente que se entusiasma. Y esas jovencitas enamoradas de Cristo: "Cristo es lo más importante en mi vida" "-¿Le vas a entregar la vida a Cristo?" "-Mmmh, no sé, tal vez sí, voy a ver, no estoy como muy segura". Así no se construye.

Bueno, ¿cuáles son las raíces de esa fragilidad? Ya entendemos lo que es fragilidad: es esa tendencia a entregar las armas, a rendirse, a desanimarse. Esto es como el sismógrafo: arriba, el pico de entusiasmo, y de una vez abajo, el desánimo, el cansancio, la frustración. ¿Dónde empieza la fragilidad nuestra como individuos?

Vamos a hablar de la fragilidad en las personas y luego vamos a hablar de la fragilidad en los grupos. Eso es lo que vamos a hacer. La fragilidad en las personas la vamos a mirar con tres palabras. La fragilidad en los grupos la vamos a ver con tres palabras. La dureza la vamos a ver al mismo tiempo en las personas y en los grupos con otras tres palabras. O sea que todo funciona de a tres; son tres grupos de tres. Para la gente de la memoria prodigiosa, eso ayuda, porque es más fácil recordar así: son tres grupos de tres.

De una vez les voy a hablar de cuáles son los tres grupos de tres. Primer grupo de tres: Somos frágiles, porque tenemos dificultades en la fe, la esperanza y el amor.

Vamos a hablar de la fragilidad en los grupos: segundo grupo de tres. ¡Todo va de a tres! El segundo trío es: Vamos a referirnos a los votos que hacemos los religiosos, no por hablar únicamente de los religiosos, sino porque esos votos nos sirven de pista nemotécnica para saber en dónde está la fragilidad de los grupos. Se llaman pobreza, castidad, obediencia. Tiene que ver con la plata, los afectos y el poder.

Tercer punto: El tercer punto está relacionado con tres de los principales pecados, -podríamos llamarlos, capitales-, y por su importancia los vamos a destacar. Esos tres son la soberbia, la codicia y el resentimiento o venganza. Así que tenemos esos tres grupos de tres.

Y luego contaremos de manera breve, cómo el Señor Jesús interviene para que esos grupos de tres, esas amenazas en la fe, en la esperanza, en el amor y las demás palabras que hemos dicho, las amenazas que están bajo esos títulos, no lleguen a nosotros.

Tenga en cuenta que las palabras que le he mencionado son palabras nemotécnicas, son palabras para que usted recuerde. Por supuesto, yo no estoy diciendo que la fe sea una amenaza, sino que tenemos problemas en la fe.

O sea que las tres palabras de tres o los tres grupos de tres son para que usted recuerde. Porque, cuanto más usted recuerde, más profundamente le queda sembrado en el corazón lo que estamos diciendo. Por eso nos interesa esa parte.

¡Muy bien! ¡Vamos con la primera! Tenemos dificultades en la fe, en la esperanza y en el amor. ¿Qué dificultades tenemos en la fe? La primera dificultad, la más grave dificultad que tenemos en la fe, es que existe la tendencia a pensar que cada uno puede creer en lo que quiera mientras eso le funcione. Y este es un problema muy grave.

¡Este es un problema muy grave! En la fe, mis queridos hermanos, hay dos dimensiones principales: hay una dimensión que se llama existencial y hay otra dimensión que se llama doctrinal. La dimensión existencial de la fe es la entrega, el acto de confianza, la certeza que tengo de que Dios está presente, obrando en mi vida y yo me entrego a Él. Ésa es la dimensión existencial de la fe.

La dimensión doctrinal de la fe es lo que yo creo. Yo no creo en cualquier Dios ni creo en cinco dioses ni en ochenta dioses. Yo creo en el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo como lo confiesa el Nuevo Testamento, como lo enseña mi Madre, la Iglesia Católica. Ésa es la dimensión doctrinal de la fe.

En la fe existe el acto de entregarse y existe el acto de asimilar, de asentir, de abrazar una enseñanza específica, una doctrina específica. La principal enfermedad que tiene la fe en nuestro tiempo, es que se ha descoyuntado la conexión entre la dimensión existencial y la dimensión doctrinal. De ahí que las personas crean que interesa únicamente la dimensión existencial.

Y la dimensión existencial significa: "Si eso le sirve a usted, no hay problema. ¡No hay problema!" -"¿Usted, de qué religión es?" "-Yo pertenezco a la religión de la papaya partida". -"¿En qué consiste su religión?" -"Consiste en que se parte una papaya, se pone sobre un poste, todos danzamos alrededor del poste y creemos que de ahí viene toda la salvación". ¡La religión de la papaya partida! -"Bueno, si a usted le sirve la papaya partida, problema suyo".

Cuando se utiliza el verbo..., "si a usted le sirve, si usted está bien con eso, allá usted", eso es separar la dimensión existencial de la dimensión doctrinal. En esto, mis queridos hermanos, se ha dado una especie de movimiento pendular. El péndulo va de un extremo al otro extremo.

Hace unos años, unos cuantos años, -pero, aquí ya había nacido un poco de gente-, se daba demasiada importancia a la dimensión doctrinal. La fe consistía en aprenderse un catecismo, la fe consistía en saber muchas cosas en la cabeza; únicamente ésa era la fe.

El Catecismo típicamente se daba para la Primera Comunión: aprenderse muchas cosas, saberse las oraciones, saberse los mandamientos, saberse los sacramentos.

¡Saber, saber, saber! ¡Doctrina! ¡Dimensión doctrinal! Ese catolicismo tenía demasiada doctrina, pero tenía poca experiencia: la experiencia de entregarse a Dios. La experiencia de descubrir a Dios en la propia vida no estaba tan presente ahí. Había un exceso en la dimensión doctrinal.

Ahora, el péndulo bajó y se fue al otro extremo. En el otro extremo el péndulo se ha quedado únicamente con la dimensión existencial; y la dimensión existencial es, "lo que funcione". "Si a usted le sirve la religión de la papaya partida, problema suyo".

Claro, cuando se habla de la religión de la papaya partida, ustedes sonríen. Pero, resulta que eso es lo que mucho católico está haciendo, y mucho católico carismático. Hay una deserción, hay un desangre de católicos carismáticos hacia los evangélicos. ¡Y no notan la diferencia!

No la notan, porque como: "Aquí cantamos, bendecimos, alabamos y predicamos; y allá cantan y además cantan más bonito; y allá alaban y además los cd's de ellos están mejor hechos; y bendicen, proclaman, predican; y además predican muchísimo, entonces da lo mismo".

Tenemos, por tanto, una cantidad de católicos que están dejando su fe, una cantidad de católicos que dejan la confesión sin dolor. No les importa, no lo sienten: una cantidad de católicos que le dan la espalda al misterio de amor de la Santísima Virgen y no lo sienten, no les duele. ¡No les duele! Les quitan la Eucaristía y no les duele.

¡No les duele! Hay mucho carismático que está en esa condición. Porque, lo que han aprendido que es importante, es: "Lo que yo sienta". "Yo sentí en el momento en el que entraron esas baterías y en el momento en el que se paró ese cantante y en el momento en el que todo el mundo se levantó a alabar y bendecir". "¡Yo sentí! ¡Yo! Como yo sentí, como a mí me gustó lo que yo sentí, eso es lo único que importa".

Tenemos, entonces, una grave debilidad en la fe, y esa grave debilidad es un problema doctrinal serio. Y escúchenme responsables de la Renovación Carismática, región centro-sur, y escúchenme representantes de la Renovación Carismática en la Arquidiócesis de Concepción: tenemos dificultades, porque nuestros planes de formación cada vez son más pobres, más raquíticos o simplemente inexistentes.

Estamos en una especie de inercia; no hay formación. Muchas veces ni siquiera hay conocimiento de la Palabra de Dios; no hay conocimiento de la Biblia, que debería ser lo básico. ¿Dónde están los planes de lectura, de Lectio Divina, de conversación y compartir en grupo con la Palabra de Dios? Ésa fue la Renovación que yo conocí.

Y permítanme que les diga: soy de los veteranos aquí, porque yo conocí la Renovación Carismática hace por lo menos treinta y cinco años. ¡Treinta y cinco años! Ustedes dirán: "¡Ah! Estaba jovencito el Espíritu Santo en esa época". Hace treinta y cinco años que conozco la Renovación Carismática, y por eso les puedo decir el camino recorrido.

Miren, los grupos de oración que conocí, eran grupos donde siempre había lectura, meditación de la Palabra de Dios: "¿Qué nos dice esta Palabra?" En cambio, ¿cómo se están volviendo cada vez más nuestros grupos? "Lo que yo sienta".

Con el debido cariño y amor hacia la gente de los ministerios de música, la música se ha hipertrofiado, como si fuera lo único, lo característico y lo que importa. ¡Y ahí está toda la Renovación! "Si hay buena música, gran música, gran ritmo, swing y sabor, ya con eso es suficiente; con eso está armada la oración".

Hemos desconectado la dimensión doctrinal de la dimensión existencial. Entonces, este congreso, mis hermanos, no es únicamente para encontrarnos, sonreír, compartir el día, que además está esplendoroso, está bellísimo. Esto no es únicamente para pasar un día amable; esto también es para tomar decisiones. Esto es para que en tu grupo de oración, tú, que eres lider en ese grupo de oración, tú, delante de Dios digas: "Tengo que tomar decisiones".

Yo conocí la Renovación Carismática cuando había planes de lectura y de estudio para todo un año: "Este año vamos a ver las Cartas de Efesios y de Colosenses. Y en cada reunión tomamos un pasaje, lo oramos: ¿Qué nos dice el Señor?" Eso es dimensión doctrinal.

Estamos heridos en la fe. Y claro, si recibimos tan poquito de la Palabra de Dios, quedamos sin defensa. Ésa es la fragilidad.

¡Ésa es la fragilidad que tenemos! La Palabra de Dios es viva y eficaz. ¡Claro! Pero, esa Palabra, para que sea viva y eficaz en ti, tiene que estar en ti. Si no la conoces, si no la amas, si no la lees, si no la saboreas, si no la celebras, ¿qué va a pasar contigo?

¿Cuántos están orando diariamente con la Palabra de Dios? La oración personal ha decaído notoriamente en casi todos los lugares que yo conozco. A duras penas con la oración de la semana, -porque los grupos típicamente se reúnen una vez a la semana-, lo que ahí se reciba en la semana más lo que se pueda hacer en la Misa del domingo, con eso estás muy débil. ¡Tenemos graves problemas en la fe!

Además, se da un elemento gravísimo también, que lo hemos perdido y lo he comentado con los responsables aquí. La Renovación Carismática que conocí, siempre le dio importancia a los testimonios. ¿Qué es lo importante de un testimonio? Lo importante en los testimonios es que precisamente nos ayudan a conectar la vida, o sea la existencia, con la Palabra, o sea, con la doctrina.

Un buen testimonio, -si Dios quiere vamos a tener testimonios precisamente en unos minutos-, un buen testimonio, ¿qué es? Es contar cómo la Palabra se vuelve vida; y mi vida es transformada por la Palabra. Fíjate cómo el testimonio conecta existencia y doctrina.

¡Gravísimo! Si se pierde esa conexión, gravísimo. ¡Gravísimo! Porque, entonces, sólo quedamos al ritmo de, "lo que a mí me gusta, lo que a mí me suena, lo que a mí me parece". Y ése es el subjetivismo, y ése es el relativismo. Ahí está el tema de la fe; por eso somos frágiles.

Vamos con el tema de la esperanza. ¿Qué sucede con la esperanza? Sabemos que vivimos una crisis muy fuerte de cara al futuro. Es un fenómeno muy complejo que se ha analizado de muchas maneras. Yo no quiero aquí presentar demasiadas teorías; quiero referirme sólo a un aspecto de la esperanza.

Observe esto: la esperanza tiene que ver con una palabra que en general a los carismáticos no les entusiasma demasiado, y esa palabra es, "institución". ¡La palabra, "institución"! Mira lo siguiente: ¿Qué es lo que hace que una persona pueda sentir confianza hacia el futuro con otra persona? Pues, que hay un compromiso.

Por ejemplo, tenemos aquí cerca varios matrimonios. Ahí hay una dama conocida como Checha, junto con su esposo conocido como Chinito: Chinito y Checha. Parece como una película taiwanesa: Chinito y Checha. Bueno, Checha y Chinito, o Chinito y Checha, tienen la característica de que son matrimonio.

¿Qué es el matrimonio? Una institución. El matrimonio es sacramento instituido. Así dice la definición de sacramento: instituido por Cristo. Eso quiere decir que cuando esta dama, llamada Checha, se despierta por la mañana, ella no se despierta en el vacío de: "¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Qué voy a hacer hoy? ¿Qué va a pasar conmigo?" No, ella despierta y está dentro de una institución. En primer lugar, se supone que está dentro de la cama, porque se supone que no se ha caído. Pero, además de estar dentro de la cama, está dentro de una institución.

Aquí tenemos otra dama, religiosa ella, dominica, hija de Nuestra Señora de Nazareth. Ése es el nombre técnico que tienen estas hermanas: dominicas, hijas de Nuestra Señora de Nazareth. La hermanita, ahí presente, se despierta por la mañana, y ella está dentro de una institución, una comunidad religiosa. Ése es su primer programa de vida y ésa es su manera de mirar el futuro.

Si yo le pregunto, por ejemplo, a Checha: "¿Dentro de cinco años tú qué esperas? ¿Qué puede cambiar en tu vida?" Muchas cosas pueden cambiar. Pero, estoy seguro de que Checha, felizmente casada, me va a decir: "Dentro de cinco años yo me veo al lado de mi esposo". Eso es lo que da la institución. La institución me da una posibilidad de mirar al futuro.

Aquí, mi querida hermanita: la hermana, cuando mira hacia el futuro, si yo le digo: "Tú, dentro de cinco años, ¿qué crees que puede pasar contigo?" Ella me dirá: "Pues, quizás estoy en Chile, no sé. Tal vez hayan tenido que cambiarme a otra parte, no sé. Quizás habré iniciado o concluido estudios, no sé. Pero, una cosa sí sé: dentro de cinco años espero y deseo ser dominica, ser religiosa, estar en mi comunidad".

La institución me permite mirar al futuro. Porque, la institución tiene la permanencia que el individuo no tiene. ¡La institución me permite mirar al futuro!

Y lo mismo podríamos decir de otros matrimonios; lo mismo podríamos decir de otras instituciones. Las instituciones van formando el tejido, o si queremos ser más precisos, como el esqueleto sobre el cual se construyen tendones, músculos, nervios y finalmente la piel.

¿Qué quiero decir con ésto? Que nosotros hemos debilitado nuestras instituciones. Y cuando las instituciones son débiles, el futuro se anuncia incierto. ¿Y eso qué quiere decir? Eso quiere decir que muchas personas hoy, hablando en términos de sociedad, no saben qué será de su futuro, porque han debilitado las mismas instituciones que les permitirían creer en un futuro.

Ejemplo típico: el matrimonio. Muchas parejas no quieren casarse. ¡No quieren casarse! "Vamos a convivir, vamos a cohabitar, vamos a unión libre, vamos a la ley del monte". Bueno, como se llame eso; les pregunto: "-¿Ustedes se casaron por la ley de la Iglesia o por la ley civil?" "-Por la ley del monte, padre. Entonces, nosotros vamos a convivir".

Pero, ¿qué es convivir? ¿Qué es cohabitar una pareja? ¿Sabes lo que es? No hay institución. ¿Y eso qué quiere decir? No hay futuro. ¡No hay futuro! ¿Qué es convivir? ¿Qué es cohabitar? Es, decir: "Yo no estoy tan seguro de ti, tú no estás tan seguro de mí. Ninguno de los dos está seguro del futuro. Pero, aunque no estamos seguros del futuro, sí estamos seguros del presente: tenga la bondad de irse desnudando".

"Del presente sí estoy seguro. Usted me hace el favor, se desnuda; yo me desnudo. De ese presente, del presente de la desnudez, del presente de la excitación, del presente de la pasión, estoy seguro. Del futuro, que implica fidelidad, donación, sacrificio, paciencia, de eso no estoy seguro. Pero, del presente sí. ¡Apure, apure, hágame el favor! ¡Vamos a proceder prontamente!"

Eso destruye la esperanza. En la medida en que nosotros debilitamos las instituciones, destruimos el futuro. Y resulta que los carismáticos, en general, hemos sido muy informales con las instituciones. Todo se le echa la culpa al Espíritu Santo, todo se deja al Espíritu Santo: "-¿Y eso cómo se va a organizar? ¿Ahí, qué vamos a hacer?" "-No, el Señor dirá. ¡El Señor dirá!"

"-¿Y quién arregla entonces lo de las sillas?" "-Pues, ya el Señor irá mostrando". El Señor irá mostrando, y el Señor lo que muestra es el desorden de las sillas. "-¿Quién va a hacer la misión a tal parte?" "-No, si el Señor desea, si el Señor quiere,..." Y vamos descargando de un modo irresponsable que raya en la blasfemia, nuestras responsabilidades.

"Si el Señor desea, si el Señor..." Y en el fondo lo que estamos diciendo es: "Yo no deseo". Eso es lo que estamos diciendo: "Yo no me comprometo, no cuenten conmigo, bórrenme de la lista, táchenme". Eso es lo que estamos diciendo, realmente.

Entonces, tenemos una crisis en la esperanza por muchas razones. Pero, una de las razones es, una crisis en las instituciones.

Una cosa que yo le voy a pedir al Espíritu Santo hoy, -porque hoy vamos a tener oración fuerte, pidiendo efusión, pidiendo fortaleza, pidiendo que el Señor renueve su amor entre nosotros-, ¿sabes una de las cosas que yo le voy a pedir al Espíritu Santo? Que en nosotros, en ustedes y por supuesto en mí, renazca la conciencia de que las instituciones requieren de personas que digan, "sí", que permanezcan y que sean conscientes de que las cosas no se hacen solas.

Todo lo que está aquí dispuesto para esta reunión, alguien lo hizo. Yo llevo casi cuarenta y siete años de vida, y en cuarenta y siete años de vida yo no he visto que un globo, "-¿Cómo lo llaman ustedes, globo o bomba?", "-Globo";-, no he visto que un globo de éstos se infle solo. Yo, varias veces he hecho el experimento: pongo el globo desinflado sobre la mesa y lo miro. Lo miro y lo miro y lo miro. Todavía no he visto que un globo se infle solo.

Es un experimento que he repetido cientos de veces. Pongo el globo sobre la mesa. A veces pongo dos globos, por si acaso eso puede servir. Una vez puse cinco globos en la mesa; ninguno de los cinco globos se infló. A veces los tiro de la mesa al piso. Pero, cuando llegan al piso, llegan desinflados. ¡No se inflan! Otra vez dejé caer un..." Bueno, ya no le cuento más historias.

Oiga, eso que está ahí inflado, alguien lo infló. Así sea con una maquinita, -porque, hay maquinitas que inflan globos-, alguien lo infló. Por favor, caiga en cuenta de eso: alguien lo infló, y no fui yo.¡Alguien lo infló y no fui yo! Alguien está haciendo; yo no estoy haciendo: es así de sencillo.

El experimento de los globos también lo he hecho con las sillas. Muchas veces pongo sillas desordenadas en un salón, y espero. A veces espero tres y cuatro horas a que se ordenen solas. No he visto que suceda. ¡No he visto! A veces he esperado casi toda la noche: no se ordenan solas las sillas. ¡Las sillas no se ordenan solas! En cambio, he visto que cuando hay una persona ordenando, ahí sí quedan ordenadas. ¿Qué opinan de mis experimentos? Inteligentes, ¿cierto?

¡Eso se llama respaldo a las instituciones! Entonces, fíjate que lo anterior se traduce, ¿en qué? En que hay que tener planes de formación. Ellos no se hacen solos tampoco. Si la gente de la Arquidiócesis de Concepción no desarrolla un plan de formación para la Arquidiócesis de Concepción, hasta donde yo he visto, eso no se hace solo. Si la gente de la región Centro-Sur no piensa cómo se va a realizar ese tema de la formación, no se realiza solo.

Y realizarlo no es simplemente dar unas normas al estilo de los antiguos reyes absolutistas, por ejemplo, del siglo diecisiete o siglo dieciocho en Europa: "Yo mando; se hace". ¡No! Es trabajar con la gente y con los grupos hasta ver qué es lo que nos puede servir. ¿Saben lo que nos está pasando? Estamos viviendo de la renta, estamos viviendo de lo que los otros sembraron hace tiempo. Pero, nosotros, ¿qué estamos sembrando para el futuro?

Luego viene el tema del amor. El tema del amor es muy importante; mas, también el amor tiene una gran enfermedad y es que el amor se volvió una sensación, el amor se volvió una emoción, el amor se volvió puro sentimiento. Y resulta que cuando Cristo habla de amor, el último nivel de amor es el sentimiento. Cuando Cristo habla de amor, habla de otra cosa distinta.

El amor del que Cristo habla, -y ésto lo explica muy bien el Papa Benedicto en su encíclica, "Dios es amor", "Deus Caritas Est"-, en su encíclica, el Papa explica la diferencia entre "agape" y "eros". "Eros" es el amor que busca una satisfacción; no solamente satisfacción sexual: puede ser satisfacción de lo hermoso que se siente. Ése es "eros".

"Agape" es amor de donación, amor que busca el bien del otro. Tenemos una crisis grave en la sociedad. Porque, está primando el amor de "eros", incluyendo, por supuesto, el amor erótico. El amor de "eros" está ganando cada vez más y más importancia, y el amor de "agape" está perdiendo y perdiendo más importancia.

Y cuando el amor de "agape" pierde su importancia, grave, muy grave. Porque, la falta de presencia del amor de "agape", ese amor que busca el bien del otro, hace que nosotros creamos que estamos amando mucho cuando nos sentimos muy bien. Entonces, creemos que amamos mucho porque tenemos muchos sentimientos. Pero, con los sólos sentimientos no se transforma el mundo.

Y le voy a demostrar que lo que Cristo estaba diciendo era muy distinto del puro sentimiento. Jesús dijo esta frase, que es una frase extraña, una frase enigmática: "Amen a sus enemigos" (véase San Mateo 5,44). Vamos a tomar esa frase, y por favor, no se pierdan el desenlace de esta explicación.

"Amen a sus enemigos" (véase San Mateo 5,44 ). Y hagamos esta pregunta: ¿Estaba Cristo hablando de sentimiento? Uno inmediatamente se da cuenta que no. Por ejemplo, una persona con la que yo tenía un negocio, un amigo mío, me traicionó, me robó, quitó el patrimonio de mi familia.

"Estamos en un problema gravísimo. ¡Gravísimo! Parece que vamos a quedar en la cochina calle. Ese tipo se ha robado todo. Estoy metido en un problema jurídico y económico muy serio. ¡Y Cristo me dice que ame a mi enemigo! Y mi enemigo es ese tipo que yo creía que era mi amigo. Pero, mi amigo me traicionó y no es ningún amigo: es un enemigo".

¡Y Cristo me dice que ame al enemigo! ¿Eso qué quiere decir? Vamos a leer esa frase desde el ángulo del sentimiento, y luego la miramos desde el ángulo del "agape". Desde el ángulo del puro sentimiento, la frase de Cristo significaría, -es un modo condicional-, lo siguiente: "Mi amigo me robó, acabó con mis ahorros, arruinó el futuro de mi hogar, me tiene metido en un problema espantoso. Es astuto, es traidor, es mentiroso".

"Mas, yo miro a mi amigo y siento una ternura, siento como un cariño; yo lo veo y siento una alegría. No sé, yo lo veo y me dan ganas como de sonreír. Veo a mi amigo y digo: ahí viene el traidor. ¡Qué bueno! Aparece el traidor. Ahí está, mire, viene caminando. Hola, traidor, ¿cómo estás?"

¿Sería que Cristo estaba pensando en eso? ¡No! Amor, en clave bíblica, -por favor, ésto que se entienda-, el amor en clave bíblica es: "¿Cuál es el bien que yo le puedo hacer a...?" ¡Ése es el amor!

"Bueno, ¿yo, qué bien le puedo hacer a ese tipo que me robó, que me traicionó, que engañó? ¿Qué bien le puedo hacer?" Sí, puedes hacer un bien. ¡Claro! Por ejemplo, puedes entregarlo a Dios y pedir por su conversión, lo cual no significa que desistas de la demanda que le pusiste por robo, o por traición, o por lo que fuera.

Tú le puedes hacer un bien a tu enemigo. Yo le puedo hacer un bien a los secuestradores, a los guerrilleros en mi país. ¡Yo les puedo hacer un bien! ¡Claro! Les puedo hacer un bien a ellos: con mi oración, con la predicación, con el testimonio les puedo hacer mucho bien a ellos. Pero, ustedes creen que yo voy a sentir: "¡Ay, qué bueno! Aquí viene el guerrillero que con una bomba destruyó quince hogares. Ahí viene, míralo. ¿Sí le ves ese caminado altivo que trae mi guerrillero?" ¿Voy yo a sentir eso por el guerrillero? No voy a sentir eso.

El amor del que Cristo habla no es ese tipo de sentimiento. Pero, tenemos una grave confusión en el amor y creemos que el amor es ante todo amor de sentimiento. Eso se metió también entre nosotros. De ahí que cuando yo me siento, así, como inspirado, me siento como mimado y me siento como feliz, entonces es que hay amor en mi vida. En cambio, cuando yo siento que estoy como deprimido, entonces es que no hay amor en mi vida. ¡Es un engaño!

Tenemos problemas, por lo tanto, con la fe, con la esperanza y con el amor. Resumamos; hay que ir resumiendo. ¿Cuál es el problema que tenemos? El problema que tenemos con la fe, es que hemos divorciado la dimensión existencial y la dimensión doctrinal. Nos quedamos únicamente con la dimensión existencial, que es como el extremo del péndulo. Y en la dimensión existencial como que lo único que importa es lo que funcione: "Si tú perteneces a la religión de la papaya partida y ahí vendes hartos cd's, listo, no hay ningún problema".

Por eso tenemos tanta gente que abandona la Iglesia. Pero, es que ni les duele. ¡Ni les duele! Es que no se hacen problema de conciencia. ¡Gravísimo! Sin embargo, el problema está denunciado: es divorcio entre lo existencial y lo doctrinal. ¿Y lo doctrinal cómo se fortalece? Con la presencia constante, la presencia persistente de la Palabra de Dios en nuestros grupos y en nuestra oración personal.

Segundo problema, esperanza. ¿Cuál es el problema en el término de esperanza? ¿Cuál es? Las instituciones. Se nos ha olvidado que si no fortalecemos las instituciones, -y las instituciones significa los directorios, los consejos arquidiocesanos, las coordinaciones, las responsabilidades-, si no tratamos las responsabilidades, las instituciones dentro de la Renovación, dentro de la Iglesia, dentro del matrimonio, dentro de la sociedad, si no cultivamos la solidez de las instituciones, no podremos mirar el futuro con paz, ni lo podremos mirar con esperanza.

Solución: necesitamos gente que haga el ejercicio de los globos. Hagan lo que yo: por favor, tomen globos, pónganlos sobre la mesa y esperen a ver en qué momento el globo se infla. Es posible que en un momento dado el globo se infle. Ustedes descubrirán que si no lo infla alguien, no se infla solito.

Las instituciones requieren que haya seres humanos, seres humanos que son tan ocupados como tú. Porque, la gente que está en la dirección o coordinación, o consejo, o el nombre que tenga, de la arquidiócesis, la gente que está en la dirección, en la coordinación o en el ministerio de música o de intercesión, es gente tan ocupada como tú. Es que los desocupados son muy poquitos. La mayor parte de nosotros, todos tenemos oficios, todos tenemos trabajos, todos tenemos responsabilidades.

Entonces, hay que fortalecer las instituciones, y eso no es fortalecerlas hoy ni mañana, es tomar una opción de vida: "Yo soy una persona con la que se puede contar". Di esa frase en tu mente: "Yo soy una persona con la que se puede contar. La Renovación puede contar conmigo". ¡Di esa frase en tu mente! Es importante: "Mi Iglesia Católica puede contar conmigo; yo fortalezco las instituciones de mi Iglesia Católica". Porque, las cosas no se hacen solas.

Y tercer problema: el problema que ya mencionamos en términos del amor. ¿Qué pasó con el amor? Que se nos volvió puro sentimiento. Y cuando el amor se vuelve puro sentimiento, entonces: "Si me siento bien, voy al grupo". Como esos adolescentes que dejan de ir a Misa y les pregunta uno: "-¿Y tú por qué dejaste de ir a la Misa?" "-No sé, como que no me nace. No sé, no; si me naciera..., pero, no me nace".

¿Qué tal que el papá...? Es que Dios sabe cómo son las cosas. Yo, pues, biológicamente no soy padre, pero creo que yo hubiera sido un papá quizás demasiado duro. ¿Sabe lo que le haría al que me viniera con el cuento de que, "no me nace"? Le diría a mi esposa esto: "Amorcito lindo, tengo un plan. Mañana tú no vas a preparar un alimento en esta casa". Nada más por verle la cara al muchacho que llega, se sienta: "-Bueno, mamá, ¿y hay desayuno en esta casa?" "-No." "-¿Y por qué?" "-No me nace. Hoy no me nació desayuno, no sé. No me sentía como, así, como en plan de desayuno. No, no me sentía..." "-¡Ah!"

Vuelve el hombre al almuerzo: "-Mamá, tengo un hambre enorme". "-Pues, qué curioso, fíjate que yo no y no me ha nacido hacer almuerzo. Y creo, -para que te vayas enterando-, que no me va a nacer hacer ninguna comida ni cena. Creo, además, que voy a seguir en esa técnica y creo que voy a seguir en esa tónica".

¡No se puede con que, "me nace o no me nace"! ¡Eso no se puede! Si eso vale para la familia, para la sociedad, vale para la evangelización. ¿Qué tal la gente reunida para Misa de doce: "-Padre, padre, la Misa". "-No me nace, no sé. Como que no me hallo yo en Misa, como que no; no sé". "-Un momento, padre, a ver, ¿en qué estamos?"

Y llega el tipo de los impuestos. En todo país hay una realidad que se llama impuestos. "-¿Aquí hay eso de impuestos, o no hay?" "-Sí" "-Aquí no hay, ¿no?" "-Sí". Tú le puedes decir al Ministerio de Hacienda o como se llame... "-¿Aquí se llama Hacienda también?" "-Sí". Tú le puedes decir al señor del Ministerio de Hacienda: "-¿Sabe una cosa? No, no siento; no, no me nace". "-¡Ah!"

"-Mire, páseme ese vestido", dices en el almacén, que puede ser "La Polar". "La Polar" ya llegó a Colombia. Es que Chile está en un proceso de expansión, ¡vaya! "-Mira, dame esa chaqueta, por favor". "-¿O, cómo dicen aquí, chamarra?" "-Chaqueta". "-Dame esa chaqueta, por favor". Se la pone el hombre y va saliendo. "-Señor, señor, pero un momento, hay que pagar". "-¿Sabe qué? No me nace pagar".

¿Por qué las cosas de este mundo sí las cumplimos? "Názcame o no me nazca, aquí está. Názcame o no me nazca, voy para el trabajo. Názcame o no me nazca,..." Pero, cuando se trata de la evangelización: "No, no sé..." Las disculpas que da la gente: "No, es que se fue formando como un ambiente..."

Yo no sé si aquí existe esa misma enfermedad que la he visto en otros países. "-Oye, pero, ¿por qué no volviste al grupo? ¡Si tú estabas en el ministerio de acogida! Te hemos extrañado mucho. ¿Por qué no fuiste?" "-No, no sé, es que no me nace", es una, y la otra es: "-Mira, es que hay como un ambiente. Hay como un ambiente y no sé; hay una gente que me mira, no sé, que me mira y ..."

"El ambiente pesado, la gente que me mira", o sea que nos volvimos todos niñas de nueve años. Las niñas de nueve años, -no todas pero muchas-, son supersensibles. "¿Cómo me miró? ¿Me torció la boca? ¿Me hizo mala cara?" Y así estamos en los grupos: "No, no sé, es que hay como un ambiente, es que yo vi, no sé, es que ya no es como antes. No es como antes sino ahora hay como un ambiente, hay como una cosa... No sé, se siente uno..., y para sentirme mal, mejor no".

"Para sentirme mal, mejor no". Y, "mejor no", es que sacrifico la evangelización, sacrifico mi camino de fe, sacrifico la formación, sacrifico una vida real de oración. Porque: "Es que, no sé, como que sáquenme esa trompa, y como que no, como que me miran, yo para sentirme mal, no, allá ellos, que ellos se queden con eso, que ellos..., allá ellos".

Hermanos, hermanos míos, tenemos la primera parte, entonces: la fe, la esperanza y el amor. Y tenemos enfermedades en la fe, en la esperanza y en el amor. La enfermedad de la fe es que nos hemos olvidado del aspecto de formación y de doctrina, empezando por la Palabra de Dios.

La enfermedad de la esperanza es que no fortalecemos las instituciones. Y acuérdate que los globos no se inflan solos. Y la enfermedad del amor es que únicamente nos guiamos por: "¿Cómo me siento yo? ¿Qué me gusta a mí? ¿Qué me nace? ¿Qué me gusta?" Y así no se construye. ¡Necesitamos renovarnos! Necesitamos renovarnos en la fe, en la esperanza, en el amor.

Tengan la gentileza de ponerse de pie. Vamos a hacer oración por eso y recuerden que está pendiente una parte de nuestro tema que será la tercera predicación del día de hoy en horas de la tarde. Vamos a orar, vamos a pedir al Señor: vamos a pedirle perdón, vamos a pedirle misericordia, vamos a pedirle su fuerza. Y vamos a pedir al Señor que esos testimonios, -tenemos dos testimonios que vamos a escuchar-, nos ayuden a crecer en la fe, en la esperanza y en el amor.

Acuérdate, el Señor te sanó porque te reconquistó, y si el Señor te reconquistó es para que estés al servicio de su gloria, de su evangelio y de su Nombre. "¿-Amén?" "-Amén". Y si estás al servicio del Señor, no puedes dejar que decaiga ni tu fe, ni tu esperanza, ni tu amor.

Ven, Señor, a renovar la Renovación. Ven, Señor, a darnos esa conciencia clara de nuestra responsabilidad. Ven, Señor, a darnos esa persistencia, esa constancia y esa perseverancia.

Amén.