Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 2 de 5, Ataques a la fe, la esperanza y el amor»

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Después de la sanación, ¿qué? Y aquí vamos a encontrar que hay dos problemas: un problema se llama fragilidad y otro problema se llama dureza. Luego, el título de esta predicación es fragilidad y dureza.  
 
Después de la sanación, ¿qué? Y aquí vamos a encontrar que hay dos problemas: un problema se llama fragilidad y otro problema se llama dureza. Luego, el título de esta predicación es fragilidad y dureza.  
  
Resulta que éste es un tema muy nuevo en la Renovación, porque es un tema también muy nuevo en la sociedad. Nuestra sociedad es al mismo tiempo una sociedad de personas frágiles pero de personas duras. Y como la novedad de la sociedad siempre despunta primero en los jóvenes, es especialmente en los jóvenes donde encontramos que se da esa combinación extraña de fragilidad y dureza: fragilidad que se manifiesta de muchas formas y dureza que se manifiesta de muchas formas.  
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Resulta que éste es un tema muy nuevo en la Renovación, porque es un tema también muy nuevo en la sociedad. Nuestra sociedad es al mismo tiempo una sociedad de personas frágiles pero de personas duras.  
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Y como la novedad de la sociedad siempre despunta primero en los jóvenes, es especialmente en los jóvenes donde encontramos que se da esa combinación extraña de fragilidad y dureza: fragilidad que se manifiesta de muchas formas y dureza que se manifiesta de muchas formas.  
  
 
Eso que está sucediendo en la sociedad, eso nos pasa también a nosotros. Quizás, además, nosotros somos al mismo tiempo muy frágiles y muy duros. La gente que trabaja con distintos materiales lo llama "cristal". Los cristales son al mismo tiempo duros pero frágiles; son quebradizos. ¡Cristal! Entonces, tenemos un problema de cristalografía.  
 
Eso que está sucediendo en la sociedad, eso nos pasa también a nosotros. Quizás, además, nosotros somos al mismo tiempo muy frágiles y muy duros. La gente que trabaja con distintos materiales lo llama "cristal". Los cristales son al mismo tiempo duros pero frágiles; son quebradizos. ¡Cristal! Entonces, tenemos un problema de cristalografía.  

Revisión del 18:27 26 jun 2012


Hay una persona que tiene una experiencia tan profunda del Espíritu como no la tiene nadie más, una persona que fue cubierta por la sombra del Altísimo, una persona que fue convertida en Sagrario Inmaculado de su presencia.

A Ella saludamos: "-Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús".

"-Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Pueden sentarse.


Amados Hermanos:


En nuestra reunión anterior hemos comentado cómo la sanación es fundamentalmente reconquista. Dios recupera lo que le pertenece y por eso la sanación siempre implica ese abrirle la puerta a su amor, pero también abrirle la puerta a la autoridad de Dios.

No se nos olvide que hay tres palabras que describen a la Santísima Trinidad según la enseñanza de Santa Catalina de Siena. Esas tres palabras son el poder, la sabiduría y el amor: el poder sin medida, el Dios todopoderoso; la sabiduría sin medida, en Cristo su Palabra; el amor sin medida en el don, en el regalo, en la efusión del Espíritu. ¡Poder, sabiduría y amor!

Pero, la Trinidad no se puede dividir. Yo no puedo recibir, o no puedo pretender recibir únicamente la sabiduría de Dios. Por ejemplo, cuando una persona sabe qué es lo que Dios quiere pero no hace caso al querer de Dios, está deseando dividir la Trinidad. Porque, es como recibir la sabiduría pero sin el poder y sin el amor. A esa clase de fe la llama el Apóstol Santiago, "una fe muerta" (véase Santiago 2,17). ¡Es una fe muerte!

Otras personas, en cambio, quieren tener mucho amor y creen que todo consiste en el amor. Pero, es un amor sin discernimiento, y ahí suceden desastres. De esos desastres es de los que vamos a hablar en esta segunda enseñanza. Porque, ésto es una pelea, ésto es una batalla, ésto es guerra. ¡Guerra! ¡Combate espiritual!

Acuérdate lo que dijimos: "De Dios viene ese movimiento de salida que llamamos la Creación". El enemigo quiere echarle en la cara a Dios la Creación, tirársela por la cara, quiere devolver la Creación. Entonces, Dios reconquista lo suyo a través de la sanación, a través de la redención, a través de la salvación.

Pero, la pelea sigue. "La pelea sigue" es lo que ya dijimos en el momento de la Pasión: "Ahora, el demonio lo que quiere es que el mudo curado por Cristo le grite a Cristo o le grite a Pilato, que tiene que crucificar a Cristo".

Lo que yo quiero que entiendas, lo que yo quiero que todos entendamos, es que dentro de este combate, dentro de esta batalla, hay que tener un gran discernimiento y hay que tener también una voluntad resuelta, para que la victoria se complete en nuestra vida del lado de Dios.

Por supuesto que Él es el Señor, por supuesto que Él es el Vencedor. ¡Eso está clarísimo! Mas, la pregunta es si su victoria se va a realizar en mi vida o no. Porque, si su victoria no se realiza en mi vida, el que pierde soy yo.

Por lo tanto, no puedo separar la Trinidad. Yo no puedo separar el poder, el amor y la sabiduría. Yo no puedo tener mucho amor porque me parece extraordinaria la vida de Dios, pero no le abro campo al poder: Dios quiere tener autoridad en tu vida. Y Dios tiene autoridad en tu vida cuando Dios cuenta contigo.

Si tú tomas una actitud únicamente de recibir y recibir y recibir... Como dijo Cristo en el capítulo sexto de San Juan cuando la gente fue a buscarlo después de la primera multiplicación de los panes: "¿A qué vienen? ¿A la segunda?" Porque, ellos ya creían en el Cristo "panadería", en el Cristo "panificadora", en el Cristo "hace pan". ¡Eso era en lo que ellos estaban creyendo! Y Cristo les hace ver: "Un momento; es que ésto tiene otro paso más. Hay que dar otro paso más, hay que seguir este camino".

Entonces, fíjate: la sanación es reconquista, y reconquista quiere decir que: "Yo le abro espacio al amor de Dios": "¡Ay, qué bonito el amor de Dios!" "Le abro espacio a la sabiduría de Dios": "Me gusta eso. ¡Qué hermoso conocer la Palabra del Señor!" "Le abro paso al poder de Dios": "Sí, bonito; para que me sane, para que el Señor cambie mi vida".

¡No te quedes ahí! Abrirle espacio al poder de Dios es abrir espacio para que Dios disponga de ti, para que Dios te ponga a trabajar. ¡Para eso, para que Dios te ponga a trabajar! Luego, si no estás trabajando, si no estás en la obra del Señor, si no estás en el surco, estás únicamente en la postura de recibir y recibir y recibir.

Pero, ahí pasa como ya lo hemos explicado en otras ocasiones con el ejemplo del vaso y el tubo. Un vaso, -aquí tenemos un vaso, por ejemplo-, el vaso recibe, se llena y ya no puede recibir más. ¡Se llenó! Así le pasa al que no da, al que no comparte: recibe, se llena y está siempre como en lo mismo.

Cuando el agua no se cambia, entonces, ¿qué pasa? Se daña. El agua detenida, el agua empozada, el agua que no circula, es agua que se daña. El carismático que no comparte, el carismático que no evangeliza, el carismático que nada más quiere recibir, recibir y recibir, se le termina dañando lo que ha recibido.

¿Qué nos toca hacer? Como el tubo, recibes y das, recibes y entregas, recibes y comunicas, recibes y evangelizas. Grupo de oración que no evangeliza, languidece, se marchita. Persona que no comparte su fe, la pierde.

La fe es una cosa muy extraña. ¡Muy extraña! Porque, cuando hablamos del dinero, si yo doy el dinero, lo pierdo. En cambio, con la fe es al revés: si yo no doy la fe, la pierdo.

O sea que la manera de tener la fe y de conservar la fe, es darla, compartirla, entregarla, proclamarla. El mismo que recibe, contempla y goza, es el mismo que evangeliza, hace misión y sirve. Hasta ahí vamos.

Pero, ahora viene un estudio que yo creo es interesante. Pues, como dijimos que ésto era batalla y que ésto es combate, es importante que sepamos: después de la sanación, ¿qué?

Después de la sanación, ¿qué? Y aquí vamos a encontrar que hay dos problemas: un problema se llama fragilidad y otro problema se llama dureza. Luego, el título de esta predicación es fragilidad y dureza.

Resulta que éste es un tema muy nuevo en la Renovación, porque es un tema también muy nuevo en la sociedad. Nuestra sociedad es al mismo tiempo una sociedad de personas frágiles pero de personas duras.

Y como la novedad de la sociedad siempre despunta primero en los jóvenes, es especialmente en los jóvenes donde encontramos que se da esa combinación extraña de fragilidad y dureza: fragilidad que se manifiesta de muchas formas y dureza que se manifiesta de muchas formas.

Eso que está sucediendo en la sociedad, eso nos pasa también a nosotros. Quizás, además, nosotros somos al mismo tiempo muy frágiles y muy duros. La gente que trabaja con distintos materiales lo llama "cristal". Los cristales son al mismo tiempo duros pero frágiles; son quebradizos. ¡Cristal! Entonces, tenemos un problema de cristalografía.

Vamos a ver cómo funciona. Les repito, es un tema muy nuevo; muy, muy nuevo en la Renovación, porque es un tema muy, muy nuevo en la sociedad. Vamos a hablar de cuáles son esas fragilidades, de cuáles son esas durezas y de cómo podemos defendernos frente a esta situación, puesto que la estamos viviendo en muchos países; ésto está sucediendo en muchas partes.

Miremos el tema primero de la fragilidad. Cuando se habla de fragilidad o cuando se habla de debilidad, estamos hablando de aquella condición del que pronto se rinde, del que pronto se cansa, del que pronto se desanima. Quizás los primeros síntomas que tú puedes identificar son esos picos de entusiasmo seguidos por largos abismos de desánimo. Ése es un síntoma preocupante, eso indica fragilidad.

Tú asistes a un congreso. En el congreso sientes como una embriaguez: "El Señor está vivo, el Señor ha hecho maravillas en mi vida". Eso dices a las seis de la tarde. A las nueve de la noche llegas a tu casa; de repente todo te parece sombrío, todo está como aburrido, y entonces sientes que ya ese ánimo que tenías antes, se cayó.

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