Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 2 de 5, Ataques a la fe, la esperanza y el amor»

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Hay una persona que tiene una experiencia tan profunda del Espíritu como no la tiene nadie más, una persona que fue cubierta por la sombra del Altísimo, una persona que fue convertida en Sagrario Inmaculado de su presencia. A Ella saludamos: "-Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús".
  
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"-Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".
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En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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Pueden sentarse.
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Amados Hermanos:
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En nuestra reunión anterior hemos comentado cómo la sanación es fundamentalmente reconquista. Dios recupera lo que le pertenece y por eso la sanación siempre implica ese abrirle la puerta a su amor, pero también abrirle la puerta a la autoridad de Dios.
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No se nos olvide que hay tres palabras que describen a la Santísima Trinidad según la enseñanza de Santa Catalina de Siena. Esas tres palabras son el poder, la sabiduría y el amor: el poder sin medida, el Dios todopoderoso; la sabiduría sin medida, en Cristo su Palabra; el amor sin medida en el don, en el regalo, en la efusión del Espíritu. ¡Poder, sabiduría y amor!
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Pero, la Trinidad no se puede dividir. Yo no puedo recibir, o no puedo pretender recibir únicamente la sabiduría de Dios. Por ejemplo, cuando una persona sabe qué es lo que Dios quiere pero no hace caso al querer de Dios, está deseando dividir la Trinidad. Porque, es como recibir la sabiduría pero sin el poder y sin el amor. A esa clase de fe la llama el Apóstol Santiago "una fe muerta" (véase Santiago 2,17). ¡Es una fe muerte!
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Otras personas, en cambio, quieren tener mucho amor y creen que todo consiste en el amor. Pero, es un amor sin discernimiento, y ahí suceden desastres. De esos desastres es de los que vamos a hablar en esta segunda enseñanza. Porque, ésto es una pelea, ésto es una batalla, ésto es guerra. ¡Guerra! ¡Combate espiritual!
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Acuérdate lo que dijimos: "De Dios viene ese movimiento de salida que llamamos la Creación". El enemigo quiere echarle en la cara a Dios la Creación, tirársela por la cara, quiere devolver la Creación.  Entonces, Dios reconquista lo suyo a través de la sanación, a través de la redención, a través de la salvación. Pero, la pelea sigue. "La pelea sigue" es lo que ya dijimos en el momento de la Pasión: "Ahora, el demonio lo que quiere es que el mudo curado por Cristo le grite a Cristo o le grite a Pilato, que tiene que crucificar a Cristo".
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Lo que yo quiero que entiendas, lo que yo quiero que todos entendamos, es que dentro de este combate, dentro de esta batalla, hay que tener un gran discernimiento y hay que tener también una voluntad resuelta, para que la victoria se complete en nuestra vida del lado de Dios. Por supuesto que Él es el Señor, por supuesto que Él es el Vencedor. ¡Eso está clarísimo! Mas, la pregunta es si su victoria se va a realizar en mi vida o no. Porque, si su victoria no se realiza en mi vida, el que pierde soy yo.
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Por lo tanto, no puedo separar la Trinidad. Yo no puedo separar el poder, el amor y la sabiduría. Yo no puedo tener mucho amor porque me parece extraordinaria la vida de Dios, pero no le abro campo al poder. Dios quiere tener autoridad en tu vida. Y Dios tiene autoridad en tu vida cuando Dios cuenta contigo.
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Si tú tomas una actitud únicamente de recibir y recibir y recibir... Como dijo Cristo en el capítulo sexto de San Juan cuando la gente fue a buscarlo después de la primera multiplicación de los panes: "¿A qué vienen? ¿A la segunda?"  Porque, ellos ya creían en el Cristo "panadería", en el Cristo "panificadora", en el Cristo "hace pan". ¡Eso era en lo que ellos estaban creyendo! Y Cristo les hace ver: "Un momento; es que ésto tiene otro paso más. Hay que dar otro paso más, hay que seguir este camino".
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Entonces, fíjate: la sanación es reconquista, y reconquista quiere decir que: Yo le abro espacio al amor de Dios: "¡Ay, qué bonito el amor de Dios!" Le abro espacio a la sabiduría de Dios: "Me gusta eso. ¡Qué hermoso conocer la Palabra del Señor!" Le abro paso al poder de Dios: "Sí, bonito; para que me sane, para que el Señor cambie mi vida".
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¡No te quedes ahí! Abrirle espacio al poder de Dios es abrir espacio para que Dios disponga de ti, para que Dios te ponga a trabajar. ¡Para eso, para que Dios te ponga a trabajar! Luego, si no estás trabajando, si no estás en la obra del Señor, si no estás en el surco, estás únicamente en la postura de recibir y recibir y recibir.

Revisión del 15:23 14 jun 2012

Hay una persona que tiene una experiencia tan profunda del Espíritu como no la tiene nadie más, una persona que fue cubierta por la sombra del Altísimo, una persona que fue convertida en Sagrario Inmaculado de su presencia. A Ella saludamos: "-Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús".

"-Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Pueden sentarse.

Amados Hermanos:

En nuestra reunión anterior hemos comentado cómo la sanación es fundamentalmente reconquista. Dios recupera lo que le pertenece y por eso la sanación siempre implica ese abrirle la puerta a su amor, pero también abrirle la puerta a la autoridad de Dios.

No se nos olvide que hay tres palabras que describen a la Santísima Trinidad según la enseñanza de Santa Catalina de Siena. Esas tres palabras son el poder, la sabiduría y el amor: el poder sin medida, el Dios todopoderoso; la sabiduría sin medida, en Cristo su Palabra; el amor sin medida en el don, en el regalo, en la efusión del Espíritu. ¡Poder, sabiduría y amor!

Pero, la Trinidad no se puede dividir. Yo no puedo recibir, o no puedo pretender recibir únicamente la sabiduría de Dios. Por ejemplo, cuando una persona sabe qué es lo que Dios quiere pero no hace caso al querer de Dios, está deseando dividir la Trinidad. Porque, es como recibir la sabiduría pero sin el poder y sin el amor. A esa clase de fe la llama el Apóstol Santiago "una fe muerta" (véase Santiago 2,17). ¡Es una fe muerte!

Otras personas, en cambio, quieren tener mucho amor y creen que todo consiste en el amor. Pero, es un amor sin discernimiento, y ahí suceden desastres. De esos desastres es de los que vamos a hablar en esta segunda enseñanza. Porque, ésto es una pelea, ésto es una batalla, ésto es guerra. ¡Guerra! ¡Combate espiritual!

Acuérdate lo que dijimos: "De Dios viene ese movimiento de salida que llamamos la Creación". El enemigo quiere echarle en la cara a Dios la Creación, tirársela por la cara, quiere devolver la Creación. Entonces, Dios reconquista lo suyo a través de la sanación, a través de la redención, a través de la salvación. Pero, la pelea sigue. "La pelea sigue" es lo que ya dijimos en el momento de la Pasión: "Ahora, el demonio lo que quiere es que el mudo curado por Cristo le grite a Cristo o le grite a Pilato, que tiene que crucificar a Cristo".

Lo que yo quiero que entiendas, lo que yo quiero que todos entendamos, es que dentro de este combate, dentro de esta batalla, hay que tener un gran discernimiento y hay que tener también una voluntad resuelta, para que la victoria se complete en nuestra vida del lado de Dios. Por supuesto que Él es el Señor, por supuesto que Él es el Vencedor. ¡Eso está clarísimo! Mas, la pregunta es si su victoria se va a realizar en mi vida o no. Porque, si su victoria no se realiza en mi vida, el que pierde soy yo.

Por lo tanto, no puedo separar la Trinidad. Yo no puedo separar el poder, el amor y la sabiduría. Yo no puedo tener mucho amor porque me parece extraordinaria la vida de Dios, pero no le abro campo al poder. Dios quiere tener autoridad en tu vida. Y Dios tiene autoridad en tu vida cuando Dios cuenta contigo.

Si tú tomas una actitud únicamente de recibir y recibir y recibir... Como dijo Cristo en el capítulo sexto de San Juan cuando la gente fue a buscarlo después de la primera multiplicación de los panes: "¿A qué vienen? ¿A la segunda?" Porque, ellos ya creían en el Cristo "panadería", en el Cristo "panificadora", en el Cristo "hace pan". ¡Eso era en lo que ellos estaban creyendo! Y Cristo les hace ver: "Un momento; es que ésto tiene otro paso más. Hay que dar otro paso más, hay que seguir este camino".

Entonces, fíjate: la sanación es reconquista, y reconquista quiere decir que: Yo le abro espacio al amor de Dios: "¡Ay, qué bonito el amor de Dios!" Le abro espacio a la sabiduría de Dios: "Me gusta eso. ¡Qué hermoso conocer la Palabra del Señor!" Le abro paso al poder de Dios: "Sí, bonito; para que me sane, para que el Señor cambie mi vida".

¡No te quedes ahí! Abrirle espacio al poder de Dios es abrir espacio para que Dios disponga de ti, para que Dios te ponga a trabajar. ¡Para eso, para que Dios te ponga a trabajar! Luego, si no estás trabajando, si no estás en la obra del Señor, si no estás en el surco, estás únicamente en la postura de recibir y recibir y recibir.