Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 1 de 5, Sanado significa reconciliado»

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Entonces, hay un "para qué"; entonces, hay un significado. Y así entramos en la última parte de esta enseñanza: toda sanación implica una misión.  
 
Entonces, hay un "para qué"; entonces, hay un significado. Y así entramos en la última parte de esta enseñanza: toda sanación implica una misión.  
  
¡Toda sanación implica una misión! Una vez escuché a un venerable padre, jesuita él, que en unos retiros espirituales nos decía ... ,-¡Cómo me impresionó esa frase! Yo era joven en aquella época; eso fue en el siglo pasado-. decía este padrecito refiriéndose al momento de la Pasión de Cristo y sobre todo a esa escena en que la gente gritaba: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), este padre hizo un comentario que quedó grabado en mi mente: "Y entre aquellos que gritaban: "¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), ¿no habría por ventura alguno que había recuperado la voz por milagro de Cristo?"  
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¡Toda sanación implica una misión! Una vez escuché a un venerable padre, jesuita él, que en unos retiros espirituales nos decía ... ¡Cómo me impresionó esa frase! Yo era joven en aquella época; eso fue en el siglo pasado. Decía este padrecito refiriéndose al momento de la Pasión de Cristo y sobre todo a esa escena en que la gente gritaba: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), este padre hizo un comentario que quedó grabado en mi mente: "Y entre aquellos que gritaban: "¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), ¿no habría por ventura alguno que había recuperado la voz por milagro de Cristo?"  
  
¡Fíjate eso! Por supuesto que no hay modo de verificarlo. Pero, cuando uno piensa en cuántas personas fueron sanadas por el Señor y en cuántas personas lo acompañaron en su peregrinación hacia Jerusalén, realmente lo que este padre decía no es ilógico. Que la boca que Dios sanó yo la utilice para pedir la crucifixión de Cristo. Que los ojos que Dios sanó yo los utilice para ofender al Dios que me sanó. Que la voz que Dios sanó yo la utilice para negar al Dios que me ha sanado. ¿Habrá cosa más absurda ? ¿Habrá ingratitud más amarga?  
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¡Fíjate eso! Por supuesto que no hay modo de verificarlo. Pero, cuando uno piensa en cuántas personas fueron sanadas por el Señor y en cuántas personas lo acompañaron en su peregrinación hacia Jerusalén, realmente lo que este padre decía no es ilógico: "Que la boca que Dios sanó, yo la utilice para pedir la crucifixión de Cristo. Que los ojos que Dios sanó, yo los utilice para ofender al Dios que me sanó. Que la voz que Dios sanó, yo la utilice para negar al Dios que me ha sanado". ¿Habrá cosa más absurda ? ¿Habrá ingratitud más amarga?  
  
 
Por eso, hermanos, tenemos que tener perfectamente claro: si hemos sido sanados, hemos sido sanados para servir. Y ésto tiene que quedar claro en nuestra mente. ¡Claro en nuestra mente! Para servir ¡Para servir! Entonces, lo que Dios ha hecho es para gloria suya.  
 
Por eso, hermanos, tenemos que tener perfectamente claro: si hemos sido sanados, hemos sido sanados para servir. Y ésto tiene que quedar claro en nuestra mente. ¡Claro en nuestra mente! Para servir ¡Para servir! Entonces, lo que Dios ha hecho es para gloria suya.  
  
Hay una mujer en el primer libro de Samuel en la Sagrada Escritura, que es un hermoso testimonio de esto que estamos diciendo. Esa mujer es precisamente la mamá del profeta; esa mujer se llama Ana. Ana tenía una herida, una humillación, una frustración profunda: ella era estéril. Yo sé lo que están pensando algunos expertos en fertilidad: "Habría que ver; es posible que sí, es posible que no. Quizás era problema de él. No era problema de ella sino problema de él".  
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Hay una mujer en el primer libro de Samuel en la Sagrada Escritura, que es un hermoso testimonio de ésto que estamos diciendo. Esa mujer es precisamente la mamá del profeta; esa mujer se llama Ana. Ana tenía una herida, una humillación, una frustración profunda: ella era estéril.  
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Yo sé lo que están pensando algunos expertos en fertilidad: "Habría que ver; es posible que sí, es posible que no. Quizás era problema de él. No era problema de ella sino problema de él".  
  
 
Resulta que el Espíritu Santo es tan audaz y tan inteligente, que en este caso particular nos dice que, "Elcaná tenía otra esposa" (véase 1 Samuel 1,2). Le cuento ese detalle; tenía otra esposa. Es que la revelación va poco a poco. El pináculo de la revelación, el punto más alto de la revelación, es Jesús. Pero, antes de llegar a Jesús, en el Antiguo Testamento hay muchas imperfecciones en las que Dios estaba trabajando.  
 
Resulta que el Espíritu Santo es tan audaz y tan inteligente, que en este caso particular nos dice que, "Elcaná tenía otra esposa" (véase 1 Samuel 1,2). Le cuento ese detalle; tenía otra esposa. Es que la revelación va poco a poco. El pináculo de la revelación, el punto más alto de la revelación, es Jesús. Pero, antes de llegar a Jesús, en el Antiguo Testamento hay muchas imperfecciones en las que Dios estaba trabajando.  
  
Así que este hombre tenía otra esposa y con esa otra esposa sí tenía hijos. Ahí se ve que el problema no era de él, para que las clínicas de la fertilidad no vengan aquí a hacer desorden con el texto bíblico. El problema no era de él. Esta mujer, Ana, está frustrada. Esta mujer, Ana, se siente humillada, porque, además, la otra esposa, Peniná que se llamaba, -con ese nombre, pues, sólo podía servir para eso-, humillaba a Ana. La humillaba y la maltrataba.  
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Así que este hombre tenía otra esposa y con esa otra esposa sí tenía hijos. Luego se ve que el problema no era de él, para que las clínicas de la fertilidad no vengan aquí a hacer desorden con el texto bíblico. El problema no era de él. Esta mujer, Ana, está frustrada. Esta mujer, Ana, se siente humillada, porque, además, la otra esposa, Peniná que se llamaba, -con ese nombre, pues, sólo podía servir para eso-, humillaba a Ana. La humillaba y la maltrataba.  
  
Ana estaba herida, maltratada, frustrada, aburrida, y ella le clama al Señor que la sane de esa esterilidad. Y el Señor escuchó la oración de Ana, y ella tuvo un hermoso bebecito llamado Samuel. El bebecito Samuel estuvo tres años, -que era el tiempo común para dar de amamantar al bebé-, con su mamita llamada Ana. Entonces, sucede algo demasiado extraño. Resulta que Ana va al mismo Santuario donde le había pedido a Dios, y entrega al niño.  
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Ana estaba herida, maltratada, frustrada, aburrida, y le clama al Señor que la sane de esa esterilidad. Y el Señor escuchó la oración de Ana, y ella tuvo un hermoso bebecito llamado Samuel. El bebecito Samuel estuvo tres años, -que era el tiempo común para dar de amamantar al bebé-, con su mamita llamada Ana. Entonces, sucede algo demasiado extraño. Resulta que Ana va al mismo Santuario donde le había pedido a Dios, y entrega al niño.  
  
El que estaba a cargo de ese Santuario era un sacerdote llamado Helí. Ustedes se pueden acordar de Helí, porque es el papá de  Jofni y Finjas. "Claro, claro, todo el mundo sabe:Jofií, Finjas eran los hijos de Helí. ¡Eso está claro! Yo no sé estos carismáticos cómo están con la Biblia aquí en Chile. Están empezando a entrarme dudas. Cualquiera les puede decir cómo se llamaba la esposa de Jofni, cualquiera puede decir".  
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El que estaba a cargo de ese Santuario era un sacerdote llamado Helí. Ustedes se pueden acordar de Helí, porque es el papá de  Jofni y Finjas. "Claro, claro, todo el mundo sabe:Jofní, Finjas eran los hijos de Helí. ¡Eso está claro! Yo no sé estos carismáticos cómo están con la Biblia aquí en Chile. Están empezando a entrarme dudas. Cualquiera les puede decir cómo se llamaba la esposa de Jofni; cualquiera puede decir".  
  
Bueno, sigamos. En esta parte me interesa la historia de Ana. Cualquiera diría: "¡Pero qué cosa tan rara!" ¿Cuál era su frustración, la de ella? Que era estéril. Dios le da un niño, y apenas lo tiene el tiempo que había que amamantarlo, terminado el período de amamantamiento más conocido como lactancia, terminada la lactancia, entrega el niño. "Ana, ¿pero, qué estás haciendo? ¿Tanto pedir el niño, te lo da Dios, y lo regalas? ¿Qué pasa contigo, Ana?"  
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Bueno, sigamos. En esta parte me interesa la historia de Ana. Cualquiera diría: "¡Pero qué cosa tan rara!" ¿Cuál era su frustración, la de ella? Que era estéril. Dios le da un niño, y apenas lo tiene el tiempo que había que amamantarlo, terminado el período de amamantamiento, más conocido como lactancia, terminada la lactancia, entrega el niño. "Ana, ¿pero, qué estás haciendo? ¿Tanto pedir el niño, te lo da Dios, y lo regalas? ¿Qué pasa contigo, Ana?"  
  
El que no conoce el Espíritu Santo no le ve significado ni sentido a lo que Ana hizo. Pero, ustedes que conocen el Espíritu Santo de Dios y que han seguido el hilo de esta predicación, lo entienden perfectamente. Cuando Dios me sana, lo que Dios ha reconstruido es para servirlo a Él. Por lo tanto, a Ana no le interesaba solamente ..., y éste es un detalle místico que mucha gente pierde. Cuando uno se queda al nivel sólo de la carne y la sangre, nunca va a entender lo que hizo Ana.  
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El que no conoce el Espíritu Santo no le ve significado ni sentido a lo que Ana hizo. Pero, ustedes que conocen el Espíritu Santo de Dios y que han seguido el hilo de esta predicación, lo entienden perfectamente. Cuando Dios me sana, lo que Dios ha reconstruido es para servirlo a Él.  
  
¡Nunca lo va a entender! Porque, no tiene sentido que ella quería un niño: "¡Quiero un niño! ¡Quiero un niño! Ya me dieron el niño. Bueno, ya tengo el niño; ahora sí,¡váyase niño!"  No tiene sentido. En el plano de la carne y la sangre, no tiene sentido. Pero, hay otro plano diferente.  
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Por lo tanto, a Ana no le interesaba solamente ..., y éste es un detalle místico que mucha gente pierde. Cuando uno se queda al nivel sólo de la carne y la sangre, nunca va a entender lo que hizo Ana.  
  
¿Te acuerdas de la palabra clave, la palabra que hemos aprendido hoy, que puede ser novedad para muchos? La sanación es reconquista; es que Dios recupere lo suyo, es la reconquista de lo que siempre fue de Dios y sólo puede estar al servicio de Dios. Si la sanación es reconquista, entonces, ¿qué es lo que está haciendo Ana cuando entrega el niño al servicio de Dios? Está declarando la victoria de Dios. Por eso tiene sentido.  
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¡Nunca lo va a entender! Porque, no tiene sentido que ella quería un niño: "¡Quiero un niño! ¡Quiero un niño! Ya me dieron el niño. Bueno, ya tengo el niño; ahora sí,¡váyase niño!"  ¡No tiene sentido! En el plano de la carne y la sangre, no tiene sentido. Pero, hay otro plano diferente.  
  
Por eso tiene sentido la donación que Ana hace de su hijo Samuel, porque Ana está obrando según el Espíritu, porque Ana entiende que lo realmente importante no es simplemente que hay un niño en el mundo, ni aunque sea el niño de ella. Lo que ella entiende movida por el Espíritu, es la victoria de Dios. Y si es victoria de Dios, la gloria es para Dios.  
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¿Te acuerdas de la palabra clave, la palabra que hemos aprendido hoy, que puede ser novedad para muchos? La sanación es reconquista; es, que Dios recupere lo suyo, es la reconquista de lo que siempre fue de Dios y sólo puede estar al servicio de Dios.
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Si la sanación es reconquista, entonces, ¿qué es lo que está haciendo Ana cuando entrega el niño al servicio de Dios? Está declarando la victoria de Dios. Por eso tiene sentido.
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Por eso tiene sentido la donación que Ana hace de su hijo Samuel. Porque, Ana está obrando según el Espíritu, porque Ana entiende que lo realmente importante no es simplemente que hay un niño en el mundo, ni aunque sea el niño de ella. Lo que ella entiende movida por el Espíritu, es la victoria de Dios. Y si es victoria de Dios, la gloria es para Dios.  
  
 
Entonces, ya podemos concluir: la sanación es reconquista. El significado de la sanación es declarar la victoria de Dios. Y la misión a la que me lleva la sanación es poner al servicio de Dios la vida que Dios recuperó.  
 
Entonces, ya podemos concluir: la sanación es reconquista. El significado de la sanación es declarar la victoria de Dios. Y la misión a la que me lleva la sanación es poner al servicio de Dios la vida que Dios recuperó.  
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-Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. "Aquí son como de otra religión. Espere a ver".  -Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Lo que me gusta a mí de ese "Gloria", -y por eso lo digo completo-, es ..., porque fíjate lo que dice: "Como era en el principio", para que se nos acuerde que es reconquista.  
 
-Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. "Aquí son como de otra religión. Espere a ver".  -Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Lo que me gusta a mí de ese "Gloria", -y por eso lo digo completo-, es ..., porque fíjate lo que dice: "Como era en el principio", para que se nos acuerde que es reconquista.  
  
¿Quién ha sido aquí reconquistado por el amor de Dios? Levanten la mano. ¿Quién ha sido reconquistado? ¿Quién ha sido reconquistado  por el amor de Dios? ¡La gloria para Dios! ¡Bendito sea su Nombre!  
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¿Quién ha sido aquí reconquistado por el amor de Dios? Levanten la mano. ¿Quién ha sido reconquistado? ¿Quién ha sido reconquistado  por el amor de Dios? ¡La gloria para Dios! ¡Bendito sea su Nombre!  
  
 
Amén. Amén. Amén.
 
Amén. Amén. Amén.
 
'''''Continúa la transcripción.'''''
 

Revisión del 15:20 8 jun 2012


Mis Queridos Hermanos:

Creo que una palabra que nos caracteriza mucho en la Renovación Carismática es la palabra "sanación". De hecho, cuando se habla de un congreso de sanación, inmediatamente uno piensa en los carismáticos. Además, la sanación ha sido un vehículo muy poderoso para atraer grandes multitudes.

Y muchos de los que podemos llamar patriarcas, iniciadores, propagadores, apóstoles de la Renovación, han recibido ese don, el don de la sanación. Sacerdotes como Darío Betancourt o como Emiliano Tardiff, sobre todo, son conocidos y son recordados en muchas partes del mundo, especialmente por esa palabra, por la palabra sanación.

¿Qué vamos a hacer en esta primera reunión nuestra, en esta primera enseñanza? Vamos a hablar sobre el lugar que ocupa la sanación en el plan de salvación de Dios. Dios tiene un plan de salvación para nosotros. Entonces, vamos a relacionar salvación y sanación. Eso es lo primero que vamos a hacer. Luego, veremos la sanación como una señal, como un signo; y todo signo tiene un significado. La sanación como una señal: ésa es la segunda parte.

Y en la tercera parte de esta enseñanza, que Dios nos ayude y que todo pueda ser según su querer. En la tercera parte vamos a ver qué significa eso de ser sanados desde el punto de vista de la misión. O dicho de otra manera: ¿para qué somos sanados? Porque, la sanación no es un punto de llegada; es una estación en el camino.

Tres puntos: Primero, sanación y salvación. Segundo, la sanación como signo, signo del Reino de Dios. Y el tercer punto, sanación y misión, el para qué de la sanación.

Empecemos, por tanto, con lo primero: la sanación y la salvación. Tengamos en cuenta, hermanos, que nuestra fe, que la fe que ustedes y yo vivimos, es una fe que se centra en una palabra, la palabra salvación, la palabra redención.

¡Ser salvados! Jesús es el Salvador. Esto es esencial para el mensaje cristiano, hasta el punto de que el Papa Juan Pablo Segundo nos decía en alguna ocasión: "La conciencia del pecado va unida a la conciencia de la gracia", lo cual significa que si se pierde la conciencia del pecado, se pierde la conciencia del amor gratuito de Dios.

Porque, nosotros, ante todo, somos salvados del poder del pecado. El pecado tiene garras, y las garras del pecado se hunden en nuestra carne, se hunden en nuestra historia, se hunden en nuestras familias. Las garras del pecado nos retienen prisioneros, según aquello que dijo Cristo en disputa con las autoridades judías: "El que comete pecado es esclavo del pecado" (véase San Juan 8,34).

Entonces, nosotros somos salvados fundamentalmente del poder del pecado. Luego, tenemos que preguntarnos por qué el pecado, siendo una cosa perversa, tiene poder en nosotros. Y la respuesta no es tan difícil. Mira, el pecado tiene poder porque el pecado se vende a sí mismo como un atajo para algo bueno.

El pecado se presenta, no en el rostro y la realidad de maldad que es lo propio suyo, sino como un atajo para el bien, como un camino corto y sin esfuerzo para el bien, según aquello que dijo Jesús: "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).

El pecado se presenta como un atajo para el bien, y buscando un bien, nos dejamos agarrar por el pecado. ¿De dónde viene el verbo agarrar? Viene de garra, y la garra es eso: es ese instrumento que utilizan los animales para retener a su presa. Entonces, nosotros somos agarrados por el pecado.

El pecado se presenta como un atajo. ¿Para qué? Atajo para algo bueno: típicamente, para un poco de felicidad. ¿Qué es lo que busca la persona, por ejemplo, que bebe? Busca un poco de felicidad, y llega a emborracharse porque ese líquido le promete felicidad. Por eso se emborracha.

¿Qué hace la persona que comete un adulterio? Está buscando un atajo para una felicidad; es una felicidad mentirosa, y es una felicidad provisional, temporal, que va a destruir una felicidad profunda y permanente. La felicidad de un placer efímero va a destruir la felicidad de un hogar estable. Pero, ésa es la mentira del pecado, precisamente: destruir la felicidad permanente a nombre de la felicidad efímera.

Sin embargo, es muy importante entender que éste es el poder del pecado. El pecado siempre se presenta como un atajo, como que: "Aquí puedo lograr algo de felicidad, aquí puedo salirme con la mía, aquí puedo afirmar mi yo".

Pensemos en el caso de la arrogancia. La arrogancia es una manera de exaltar y de mimar el propio yo. La persona soberbia, la persona arrogante, la persona displicente que aplasta al otro, ¿qué siente? Siente que afirma su yo, esa pequeña felicidad de sentir: "¡Cuánto valgo yo! ¡Qué importante soy! ¡Cuánto poder tengo!".

Por supuesto, el pecado ofrece una felicidad que es tramposa, que es mentirosa, que es efímera; pero, tiene el encanto de lo inmediato. Y el encanto de lo inmediato, el encanto de lo fácil y el encanto de la retribución pronta y fuerte, hace que uno caiga en el pecado. Si el pecado no presentara una retribución, pues, uno no pecaría.

¿Por qué la gente se emborracha? Porque eso produce un placer. ¿Por qué la gente se droga? Porque eso produce un placer. ¡Incluso la persona que se suicida! La persona que se suicida está buscando un bien, un bien que lo sigue de manera falsa, de manera equivocada.

Está buscando un bien que se llama, ¿qué? ¡El descanso! Quiere descansar de su condición atribulada, de su angustia, de sus pensamientos. Quiere descansar de las culpas que siente. ¡Quiere descansar! Y buscando ese descanso de una manera instantánea, comete esa terrible y definitiva falla, ese horrible pecado: se mata.

Bueno, ¿qué estamos aprendiendo? Para ir por orden, lo que estamos aprendiendo es esto: Primero, ¿cuál es el encanto que tiene el pecado? Y hemos dicho: el encanto del pecado es que nos presenta un bien por un camino corto, por un camino fácil y por un camino intenso. La estructura del pecado es ésa: es un atajo que presenta de un modo sencillo y de un modo intenso un bien deseable.

Y ese bien puede ser placer, puede ser mimar mi propio yo, puede ser amor por la justicia. Por ejemplo: "Una persona era mi socio. Teníamos un negocio, teníamos una empresa. Esta persona era mi socio y me ha traicionado". Hay un camino largo, que es el camino de una denuncia: los abogados, los jueces, el veredicto, la retribución. ¡Las demandas! Ése es un camino que me puede parecer muy largo.

Entonces, yo quiero tomar justicia por mi propia mano. Yo voy y le despedazo la cara a puños y le digo: "Es que eres un desgraciado". Ahí, ¿qué estoy haciendo? Estoy sintiendo el placer de la justicia. Supuestamente, una forma de justicia, pero, ¿con qué características? Justicia rápida, justicia fácil, justicia intensa: las tres características del pecado. El pecado se presenta como rápido, fácil, intenso.

Un último ejemplo: Yo puedo construir una relación de amistad, una relación de afecto, una relación de fidelidad con una persona. Es un camino largo que supone conocer la persona, valorarla. Supone que yo tengo que ceder en muchas cosas; tengo que comprometerme, tengo que renunciar a algunos derechos. Ése es el noviazgo, ése es el matrimonio. Es un camino y es un camino más bien largo que tiene algunas renuncias, que tiene algunas dificultades. Ése es un modo de hacer las cosas.

El pecado se presenta como algo instantáneo: "La pornografía, la prostitución, ¡ya! Retribución, ¡ya! ¿Quieres placer? ¿Ya? ¿Esta noche? ¡Ya lo tienes!" El pecado es un bien, pero un bien ofrecido de manera mentirosa por un camino rápido, por un camino fácil y por un camino intenso. Ése es el pecado y ésa es la garra del pecado.

De ahí que el pecado nos agarre. Porque, nosotros queremos las cosas rápidamente, fácilmente, intensamente. Entonces, en vez de tener que hacer ese camino tan largo de la afectividad, de las renuncias, de la madurez y el respeto: "¡Nada de eso! ¡La prostituta y se acabó! ¡La pornografía y se acabó!" Aparece como si fuera algo rápido, fácil, intenso. "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).

Bueno, ésa es la estructura del pecado. Nos dice el Apóstol San Pablo que: "Precisamente porque sucede el pecado, la Creación ha sido sometida a esclavitud" (véase Carta a los Romanos 8,20). Es decir, es una mentira.

Por supuesto que ese atajo, ese camino, -que quiero que se te queden las tres palabras-, ese camino rápido... -¿Cuál es la otra palabra? - Fácil, intenso. -¡Ah, esta gente es maravillosa, excelente! Este camino rápido, fácil, intenso, es un camino mentiroso.

Entonces, la prostitución no solamente expone a una cantidad de enfermedades y riesgos, sino que al igual que la pornografía, deja el corazón infinitamente frío, infinitamente vacío, solo. La soledad se agrava.

Después de ese momento de exaltación que puede producir una droga, un porro, un no sé qué lo llamen aquí, después de ese momento de exaltación, "después de ese vuelo impresionante donde estuve en medio de elefantes rosados que divagaban entre planetas de cristal, aterrizo. Y cuando vuelvo a mi realidad, estoy adolorido, estoy macerado, estoy decepcionado, estoy solo, estoy destruido".

El pecado es mentira, mentira que destruye. ¿Por qué el pecado destruye? Porque el pecado supone utilizar lo que Dios creó, pero utilizarlo como Dios no quiso.

Entonces, la persona que utiliza su cuerpo para drogarlo, para emborracharlo, para prostituirlo, la persona que utiliza su boca para mentir, para traicionar, para calumniar, la persona que utiliza la mente para llenarse de un humo de soberbia, está destruyendo su mente.

Imagínate que los científicos han demostrado que la estructura, -óyeme bien-, la estructura del cerebro cambia con aquello que pensamos. Nuestros pensamientos cambian nuestro cerebro. El cerebro tiene varios miles de miles de millones de células que se llaman neuronas. Esas neuronas se conectan. El nombre de esas conexiones es sinapsis.

La sinapsis entre las neuronas cambian de acuerdo con las cosas que pensamos. Eso quiere decir que la persona que vive en el mundo del pecado está todos los días modelando, literalmente modelando su cerebro para que piense en clave de pecado. De ahí que el cerebro de un mentiroso llegue a volverse distinto del cerebro de una persona sincera y honesta. Incluso a nivel biológico el cerebro del mentiroso se daña. ¡Qué impresionante!

El cerebro de la persona morbosa se daña, el cerebro de la persona soberbia se daña. Y muchas veces no se daña tan sólo el cerebro. Se daña, por ejemplo, el cuerpo con las enfermedades. Viene la cirrosis; el alcohólico crónico tiene su cirrosis. ¿Qué está indicando eso? El pecado destruye: nos destruye biológicamente, físiológicamente, mentalmente.

El pecado, además, no sólo destruye al pecador. Resulta que no es únicamente nuestro cerebro el que consiste en un tejido de conexiones entre neuronas. La sociedad es un tejido de conexión entre personas.

Y así como cuando se daña una célula eso afecta el funcionamiento de otras células, si lo anterior se vuelve grave, -puede ser, por ejemplo, un cáncer-, pues, así también el pecador empieza a dañar el tejido de relaciones, allí donde se encuentra: "Mi pecado de egoísmo destruye mi relación con mi pareja". "Mi pecado de egoísmo destruye mi relación con mis hijos". "Mi pecado de egoísmo destruye mi relación con la naturaleza".

Destruimos la naturaleza por puro egoísmo. Durante décadas y décadas, prácticamente durante siglos, se miró a la naturaleza como si fuera una cantera de la cual se puede extraer, y extraer, y extraer. Y se miró a los ríos y al mar como si fueran basureros. Entonces, el egoísmo irresponsable de miles y de millones de personas, convirtió al mar en un basurero.

En el Océano Pacífico hay islas de plástico. Tú ves que la persona va en su crucero elegante, se toma una botellita de agua y la bota por la borda. Esa botellita, con la otra botellita, con la otra botellita, van formando una isla.

¡Yo no podía creerlo! Alguna vez decían en un programa: "Si se juntaran todos los plásticos que la gente ha tirado al Océano Pacífico, se tendría un área semejante a la de Inglaterra". ¡Ése es el plástico que le hemos tirado al mar! Y uno dice: "-¡Pero, mi botellita!" "-No; tu botellita, con la botellita del otro, con la botellita del otro, con la botellita del otro, está destruyendo un ecosistema y tiene consecuencias desastrosas".

Lo mismo sucede con el mercurio; lo mismo sucede con los desechos radioactivos. Cuando los países estaban entusiasmados con la fuerza del átomo, con la energía nuclear, había islas donde se hacían explosiones en el Pacífico Sur, en Asia. ¡Cuántos experimentos nucleares hicieron Francia y otros países por allá! "-Vamos a detonar una bomba". "-Oye, pero, ¡cuánta radiación maligna que destruyó y que produjo mutaciones y que produjo desastres!"

Por lo tanto, ya entendemos un poco de cuál es el pecado y por qué tiene poder. El pecado tiene poder porque es una mentira que nos presenta un camino rápido, fácil e intenso para lograr un bien.

Pero, esa mentira produce destrucción. Esa destrucción uno no la mira inmediatamente. Uno se fuma un cigarrillo: "No me pasó nada"; dos: "No me pasó nada" ; dos millones de cigarrillos: "¡Me estoy muriendo de un cáncer!" "Y seguro que no llego a los dos millones antes de que eso me suceda".

El pecado destruye. El pecado es finalmente una amenaza contra la Creación. Nos dice San Pablo: "Por envidia del pecado entró la muerte en el mundo" (véase Romanos 5,12). Y muerte no significa simplemente que termina el ciclo de un ser vivo. Muerte significa que se empobrece, significa que se daña, que se lastima la vida. ¡Eso es muerte!

Mira lo que nos dice el libro del Apocalipsis: "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" (véase Apocalipsis 3,1). Es uno de los reproches que Dios le hace a una de las comunidades, allá, en los capítulos segundo o tercero del libro del Apocalipsis: "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" (véase Apocalipsis 3,1).

"Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" (véase Apocalipsis 3,1). Y eso significa que hay mucha gente que está caminando por las calles de Concepción, que está caminando por las calles de Santiago, que está caminando por Valparaíso, que está caminando por Viña del Mar, que está caminando por Arica: hay una cantidad de gente que está caminando, y creemos que porque caminan, porque compran, porque venden, porque sacan fotos en Facebook, están vivos. ¡Y son cadáveres, hermanos!

Están muertos, y hay mucha gente que está muerta en vida. Por eso se tiene tanto interés enfermizo en nuestro tiempo con el tema de los zombis. ¿Qué es un zombi? Es un muerto vivo. Y a la gente le interesa el tema de los zombis, porque ellos mismos, muchos de ellos, son como zombis. No saben por qué viven, no saben para qué viven, no saben si tenía sentido despertarse hoy por la mañana o no tenía sentido. No saben si tiene sentido esforzarse otro poco más. El esfuerzo cada vez es más difícil, porque cada vez se ve menos significado en lo que se está haciendo.

El pecado tiene poder, el pecado tiene garras y las garras del pecado son tres: lo rápido, lo fácil y lo intenso. ¡Ésas son las garras del pecado! Pero, el pecado es una mentira. El pecado destruye y uno no se da cuenta de que el pecado destruye. Uno no se da cuenta, porque uno simplemente botó una botellita. Mas, resulta que tu botellita, más la botellita del otro, está haciendo un desastre en el planeta. Y eso que es un ejemplo tomado de la ecología, eso también tiene consecuencias para la sociedad.

Yo quiero decirles que Chile es una nación que yo amo; la amaba mucho antes de poder visitarla como ahora me concede el Señor. Es un país que yo respeto, es un país que yo he seguido en las noticias. Cuando sucedió, por ejemplo, esto de los mineros, lo mismo que millones de personas en el mundo, lloré de alegría cuando hubo ese triunfo que es un orgullo para esta nación.

Pero, así como puedo felicitarlos por eso, realmente sentí vergüenza de la raza humana cuando con motivo del terremoto de 2010 se presentaron tantos saqueos. Y cada persona que se estaba robando algo, decía: "Pero, es que es una botellita". Mas, tú sabes que ese pequeño robo destruyó confianza, ese pequeño robo volvió amarga la vida.

Esto es lo mismo que sucede con el cigarrillo. Mira: aquí estamos en este salón relativamente amplio y gracias a Dios muy bien concurrido. ¡Aleluya! ¡Que el Señor ha permitido que una concurrencia tan notable haya venido! Pero, si en este salón veinte personas o treinta personas se ponen a fumar, -cosa que por supuesto no vamos a hacer-, y si cada uno dice: "Pero, es que es un pitillito, es que es un cigarrillo"; un cigarrillo es que :"¡Nos dañas el rato a todos!"

El pecado tiene consecuencias en el pecador y fuera del pecador. Esas consecuencias del pecado, San Pablo las llama, "muerte" (véase Romanos 5,12); y "muerte" no es únicamente que se acabó el ciclo vital. De hecho, en la Sagrada Escritura el sentido principal de muerte no es el final del ciclo vital. El sentido principal de muerte es aquello que destruye el valor, el sabor, el sentido de la vida.

¿Tú te acuerdas cuando Jesús va a resucitar a aquella niña y dice: "No está muerta, sino está dormida" (véase San Lucas 8,52)? Para Jesús el final del ciclo vital no es lo más grave del mundo. La niña está como dormida: eso no es grave; lo grave, la muerte. Porque, Jesús reserva la palabra "muerte" para lo realmente espantoso. Y lo realmente espantoso, ¿qué es? Lo realmente espantoso es que la vida pierda su color, su sabor, su sentido. Y ahí es cuando somos zombis, ahí es cuando tenemos nombre de vivos pero estamos muertos.

Ahora ya vamos entendiendo, entonces, qué es la sanación. ¡Ah! ¡La sanación! ¿Qué es? La sanación es detener y devolver ese proceso. ¡Ésa es la sanación! Porque, el pecado tiene un propósito único, y ese propósito único es, fracturar, pulverizar, destruir, desarticular, atomizar, desintegrar la Creación de Dios.

El pecado tiene ése propósito. Porque, detrás del pecado hay uno que es "mentiroso desde el principio" (véase San Juan 8,44): así lo llama la Biblia. El mentiroso desde el principio es el demonio. Y el pecado es esencialmente mentira. Ya explicamos por qué: es mentira porque te vende un bien y te lo vende rápido, fácil e intenso. Es un bien, pero es un bien falso. De ahí que el pecado sea el engendro de Satanás; porque, el pecado viene de aquel que es mentiroso desde el principio, y todo pecado tiene estructura de mentira.

¡Todo pecado es mentira y tiene estructura de mentira! Entonces, ¿qué es lo que pretende el demonio? Mire: ésto es muy importante. Es muy importante, porque es lo que lo ubica a uno. La pretensión, el proyecto del demonio, es devolver la Creación, destruir la Creación, acabar la Creación. Lo que quisiera el enemigo, lo que quisiera el demonio es tomar la Creación y tirársela en la cara a Dios. Es lo que quisiera el demonio: devolver la Creación, deshacer la Creación.

¡Eso es lo que quiere el demonio! Entonces, ¿qué es la sanación? Ya lo vamos viendo; es hermoso, mira. Hay un proyecto, proyecto de amor, proyecto de luz, proyecto de vida y de gracia, que es el fruto de ese poder y sabiduría del Altísimo. Eso se llama la Creación.

La Creación es como un movimiento de salida del amor generoso e inexplicable de Dios, que difunde su bien. Decían los medievales: "El amor es difusivo de sí mismo". El amor se difunde por sí mismo, el amor se propaga.

Entonces, el demonio..., observa; aquí lo voy a representar. De Dios sale ese proyecto de Creación hacia afuera; el demonio quiere tirarle esa Creación en la cara a Dios. Por eso, el demonio se goza en la muerte.

En una oración muy fuerte de liberación que tuvimos una vez en Bolivia, una persona posesa, o mejor dicho, el enemigo a través de esta persona, dijo la siguiente frase que no podré olvidar: "¿Por qué luchan contra el aborto?" "¿Por qué quieren quitarme el aborto? Yo disfruto cada aborto".

Ése es el demonio: "Yo disfruto cada aborto". Porque, cada aborto es una imagen de lo que el demonio quisiera hacer: detener una vida, detener un proyecto, detener una esperanza, detener una expresión del amor divino y tirársela por la cara a Dios. Ensangrentarla, despedazarla y tirársela por la cara a Dios es lo que el demonio quiere hacer.

Entonces, miremos ahora qué es la sanación en este movimiento. ¡Muy atentos, por favor! Sale de Dios el proyecto de la Creación; el pecado intenta retroceder la Creación. La sanación, ¿qué es? La reconstitución del proyecto de Dios. Dios retoma su proyecto, Dios retoma lo suyo, Dios reconquista lo suyo en la sanación: eso es lo que Dios hace cuando sana.

La sanación, hermanos, no es simplemente: "Ah, yo tenía un dolor de cabeza; se me quitó el dolor de cabeza ¡Aleluya!" Eso está bien, está muy bien. "Yo tenía un callo que nadie me lo había podido quitar; me lo quitaron". Está bien, eso está bien. "Tenía un problema": está bien. ¡Bendito sea Dios! Pero, por favor, hay que mirar más allá de lo anterior. Más allá, ¿qué es la sanación? La sanación es, "Dios reconquistando lo suyo".

¡Eso es la sanación! Hay una oración que la he oído en distintas versiones, pero siempre en el idioma inglés: "Make me whole". "Reconstruye la integridad de mi ser". "Whole", w, h, o, l, e: es "entero", completo. "¡Hazme completo!" Uno no ora así en español. En español no tenemos una oración equivalente a ésa. Pero, lo más cercano que tenemos es: "Devuelve la unidad de mi ser. Devuelve la integridad de mi vida".

Porque, el pecado es laceración, desgarramiento, conflicto interno, pulverización, dispersión, fragmentación, desunión. Desunión dentro de mí mismo: "Me vuelvo un incoherente". Desunión en la pareja: "No nos entendemos". Divorcios y más divorcios, desunión en la sociedad, guerra de clases, guerra de unos contra otros, guerra de intereses, unas etnias contra otras, unos grupos contra otros, unos lobbies contra otros lobbies, un colectivo, -como dicen ahora tanto en España-, un colectivo contra otro colectivo.

Ése es el pecado: desunión, conflicto, egoísmo, venganza, desintegración. Frente a todo lo anterior viene esta oración preciosa: "¡Make me whole!". "¡Hazme entero! ¡Devuélveme a esa unidad! ¡Reconstruye! ¡Reconstruye la integridad de mi ser!" Ésa es la sanación: es una reconstrucción de lo que el pecado ha querido destruir, de lo que Satanás ha querido desintegrar.

La sanación es la reconstrucción de esa unidad primera. Y en esa reconstrucción nosotros volvemos a conectar la cabeza con el corazón, la palabra con la obra, el esposo con la esposa, la sociedad. Es un proyecto global, es un proyecto cósmico. ¡Por favor, hermanos! Saquemos la sanación de ese ámbito únicamente individual: "El Señor me sana a mí; yo le doy gracias al Señor. El Señor me sana; yo lo alabo".

La sanación es un proyecto cósmico. El universo tiene que ser sanado, la sociedad tiene que ser sanada, la pareja tiene que ser sanada. Porque, la sanación es el detener y devolver ese proceso espantoso, tenebroso del enemigo que quiere retroceder la Creación. Si el enemigo quiere retroceder la Creación y tirársela por la cara al Creador, la sanación es la reconquista de Dios. Cuando Dios te sana, Dios te reconquista. ¡Ésa es la sanación!

Ahora vamos a la segunda parte. La segunda parte, ¿cuál es? El significado. En el evangelio según San Juan, a los milagros no se les llama milagros; a los milagros se les llama, "signos" (véase San Juan 4,54). En griego se dice, "semeia". "Semeion" en griego quiere decir "signo". De ahí viene, por ejemplo, la palabra "semiología". La semiología: aquella parte del estudio de la lengua que tiene que ver con el tema de los significados. ¿Por qué las palabras significan lo que significan? Entonces, la semiología tiene que ver con el significado.

En el Evangelio de Juan los milagros de Cristo se llaman "semeia"; son signos. Y en el Evangelio de Juan el número de signos también es otro signo, porque son siete signos desde las Bodas de Caná hasta la muerte de Cristo en la Cruz que muere entregando el Espíritu. ¡Siete signos! Y cada uno de estos signos, ¿es signo de qué? Ahí es donde viene la pregunta. ¡Ésa es la pregunta interesante! Porque, la sanación es un signo. Luego, la sanación está indicando algo más.

La definición clásica de signo es: "signo" es aquella realidad que remite, que envía, que apunta hacia otra realidad. Y el ejemplo clásico es el que dio San Agustín: "Si yo veo humo, eso me remite a otra realidad que es la realidad del fuego". Yo veo el humo, pero no veo el fuego. Sin embargo, viendo el humo presumo el fuego: el humo apunta hacia el fuego.

Ése es el signo: realidad que remite a otra realidad. En la sanación, la realidad es: "Dios me curó". Ésa es la realidad: "Que me curó, me curó". Y los milagros existen. Los hemos experimentado y el Señor sana. El Señor sana corazones, el Señor sana recuerdos, el Señor sana emociones, el Señor sana los cuerpos, el Señor sana las heridas, el Señor sana. Ésa es una realidad.

Pero, a la luz de lo que hemos explicado hasta ahora, ya tú te das cuenta de que la sanación es un signo. La sanación tiene un "para qué". ¿Para qué me ha sanado Dios? Y la respuesta ya no es tan difícil cuando recordamos lo que hemos dicho. ¿Qué es lo que hemos dicho? Que la sanación es la reconquista: Dios está retomando lo suyo, Dios está reconquistando lo que le pertenece. Ésa es la sanación: sanación física, sanación de pareja, sanación de recuerdos, sanación interior, sanación intergeneracional, sanación del tejido social. Todas son reconquistas del amor de Dios.

Entonces, ¿para qué me sana Dios? Dios me sana, para que yo pueda volver a su plan original de salvación. Dios me sana, para que yo pueda volver al carril del cual la enfermedad, la debilidad o el pecado me sacaron. ¡Para eso me sana Dios! La sanación siempre es retorno a una vocación primera. La sanación siempre es reconquista que hace que yo pueda recuperar lo que Dios quería de mí.

En el mismo Evangelio de Juan tenemos unos ejemplos notables. Sucede, por poner el caso, ésto en el capítulo noveno de San Juan: "Hay un hombre que es ciego de nacimiento" (véase San Juan 9,1). ¡Ciego de nacimiento! Y Jesús lo sana. Ustedes se acuerdan: "Le unta barro y lo envía a la piscina de Siloé, palabra que quiere decir "Enviado". Entonces, este hombre, todavía ciego, con barro de saliva en los ojos, pregunta, busca y llega a la piscina de Siloé" (véase San Juan 9,6-7).

¿Qué ha tenido que hacer él en ese recorrido? Ha tenido que hacer un acto de fe inmenso. ¡Inmenso! Porque, ya es triste no tener la vista: es triste ser ciego. Pero, es no sólo triste sino ridículo, ser ciego y con barro en los ojos. Y eso es lo que este hombre ha hecho, porque ha creído en la Palabra de Cristo. Y porque ha creído a la Palabra de Cristo, ha obedecido la Palabra de Cristo.

¡Ojo! Pues, estos pasos son pasos importantísimos para nuestra propia sanación. El ciego le ha creído a Cristo y ha obedecido a Cristo. Llega a la piscina, se lava sus ojos, empieza a recibir la luz y puede ver. Se ha sanado. ¡Se ha sanado! Y entonces, ahí, entra la parte de los fariseos. Que: "¿Por qué cura en sábado?" (véase San Juan 9,16). Que: "¿Quién es Ése que te abrió los ojos?" (véase San Juan 9,17).

Ustedes lo pueden leer; ahora, en el descanso pueden leer el texto íntegro. Lo conocen bien; pero, es bueno repasarlo: capítulo nueve de San Juan. Después, llaman a los papás del ciego y le preguntan a ellos:"-¿Éste es el hijo de ustedes?" "-Sí, éste es." "-¿Y nació ciego?" "-Sí, nació ciego". "-¿Y por qué ahora puede ver?" "-No sabemos" (véase San Juan 9,18-21).

Los papás se acobardan frente a la enorme autoridad que tenían los fariseos en ese tiempo. Y entonces le preguntan a él: "-¿Qué fue lo que te hizo?" "-Me puso barro, fui, me lavé y vi" (véase San Juan 9,15). "-¿Y tú qué dices de Él?" "-Que es un profeta" (véase San Juan 9,17).

¿Estás siguiendo la pista de los verbos de este hombre? Creyó, obedeció, testificó, proclamó. ¡Ojo con esos verbos que los vamos a necesitar en todo este encuentro! Creyó, obedeció, testificó.

"-Yo creo que es un profeta" (véase San Juan 9,17). "-¡Qué profeta va a ser! ¡Empecatado naciste tú y nos vas a dar lecciones a nosotros! Y lo echaron de la Sinagoga"(véase San Juan 9,34).

Pero, la parte que me interesa en este momento es: Primero, que vayamos tomando nota de los verbos. En este lugar hay gente que toma apuntes; los demás, pues, tienen una memoria prodigiosa. Me imagino que aquí hay gente con una memoria impresionante. Entonces, fíjate en los verbos: creyó, obedeció, testificó. Éstos son los verbos del itinerario de la sanación y hay que irlos teniendo presentes.

Porque, mucha gente se queda sólo con la sanación que yo llamo mágica. "Fui, me sané, bien para mí. Ahora, yo hago con mi cuerpo sanado, con mi mente sanada, con mi vida sanada, lo que a mí se me antoje". ¡Eso no es así! Somos sanados para algo. Fíjate: creyó, obedeció, testificó.

Se enteró Jesús de que lo habían expulsado de la Sinagoga a este hombre, -el que había sido curado-, y se le presenta Él. Mas, este hombre nunca había visto a Jesús: claro que no lo había visto porque era ciego. Y el Señor le dijo: "Vete a la piscina" (véase San Juan 9,7). Y cuando ya él empezó a ver en la piscina de Siloé, Jesús no estaba por ahí. O sea que él no había visto nunca a Jesucristo. Pero, sí conocía, ¿qué? ¿Sí conocía qué de Jesús? La voz. ¡Yo los necesito muy atentos, muy despiertos!

No lo había visto, pero sí lo había oído. ¡Sí lo había oído! Este hombre se encuentra con Jesús. Jesús se ha enterado de que lo han expulsado de la Sinagoga y le dice: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?" (véase San Juan 9,35). El ciego, ya curado, reconoce la voz; es la voz de Jesús: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?" (véase San Juan 9,35).

El ciego dice: "¿Quién es para que yo crea en Él?" (véase San Juan 9,36). Y le responde Jesús: "Lo estás viendo" (véase San Juan 9,37). "Curé tus ojos para que me vieras, curé tus ojos para que me pudieras ver." (véase San Juan 9,39). El hombre se postra y adora a Jesucristo. ¡Qué hermosura! "Te he curado para que puedas verme".

¿Para qué nos sana la vista Jesús? Para que lo veamos a Él. No solamente para que lo veamos en ese momento en su Carne, sino para que lo veamos en la Eucaristía, para que lo veamos en la Palabra, para que lo veamos en el pobre, para que lo veamos en la esperanza del Cielo.

"Te he curado tus ojos para que me veas. He abierto tus oídos para que me escuches. He sanado tu lengua para que me proclames. He curado tus pies para que recorras mis caminos y para que vayas en mi Nombre y anuncies la Buena Nueva. ¡Para eso he curado tus pies!" Acuérdate: la sanación es reconquista, es Dios retomando lo suyo.

"He sanado tu sonrisa...", porque Dios le sana a uno hasta la sonrisa. ¡La sonrisa hay que sanarla! La gente dice: "¿Pero, cómo no? ¿Cómo así?¿Sanación de sonrisa?¿Está hablando usted de ortodoncia? Para eso son los brackets."

¿Por qué tiene uno que sanar la sonrisa? Para eso, lo mejor es ir a una película que ya no está en cartelera pero que se consigue y que se llama "Batman". Cuando tú ves a "Batman", hay un personaje que siempre sonríe, el Guasón. Siempre sonríe, pero su sonrisa es burla, su sonrisa es cruel, su sonrisa es cínica, su sonrisa es expresión de odio.

"He sanado tu sonrisa, para que tu sonrisa no sea expresión de cinismo, ni expresión de odio, ni expresión de dureza, ni expresión de burla. He sanado tu sonrisa, porque necesito sonreírle a mucha gente. ¡Para eso he sanado tu sonrisa! He sanado tus brazos, para que acojas a mis hermanos. He sanado tu corazón, para que palpite de amor por el Dios del Cielo. ¡Para eso he sanado tu corazón!"

Entonces, hay un "para qué"; entonces, hay un significado. Y así entramos en la última parte de esta enseñanza: toda sanación implica una misión.

¡Toda sanación implica una misión! Una vez escuché a un venerable padre, jesuita él, que en unos retiros espirituales nos decía ... ¡Cómo me impresionó esa frase! Yo era joven en aquella época; eso fue en el siglo pasado. Decía este padrecito refiriéndose al momento de la Pasión de Cristo y sobre todo a esa escena en que la gente gritaba: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), este padre hizo un comentario que quedó grabado en mi mente: "Y entre aquellos que gritaban: "¡Crucifícalo!" (véase San Mateo 27,22), ¿no habría por ventura alguno que había recuperado la voz por milagro de Cristo?"

¡Fíjate eso! Por supuesto que no hay modo de verificarlo. Pero, cuando uno piensa en cuántas personas fueron sanadas por el Señor y en cuántas personas lo acompañaron en su peregrinación hacia Jerusalén, realmente lo que este padre decía no es ilógico: "Que la boca que Dios sanó, yo la utilice para pedir la crucifixión de Cristo. Que los ojos que Dios sanó, yo los utilice para ofender al Dios que me sanó. Que la voz que Dios sanó, yo la utilice para negar al Dios que me ha sanado". ¿Habrá cosa más absurda ? ¿Habrá ingratitud más amarga?

Por eso, hermanos, tenemos que tener perfectamente claro: si hemos sido sanados, hemos sido sanados para servir. Y ésto tiene que quedar claro en nuestra mente. ¡Claro en nuestra mente! Para servir ¡Para servir! Entonces, lo que Dios ha hecho es para gloria suya.

Hay una mujer en el primer libro de Samuel en la Sagrada Escritura, que es un hermoso testimonio de ésto que estamos diciendo. Esa mujer es precisamente la mamá del profeta; esa mujer se llama Ana. Ana tenía una herida, una humillación, una frustración profunda: ella era estéril.

Yo sé lo que están pensando algunos expertos en fertilidad: "Habría que ver; es posible que sí, es posible que no. Quizás era problema de él. No era problema de ella sino problema de él".

Resulta que el Espíritu Santo es tan audaz y tan inteligente, que en este caso particular nos dice que, "Elcaná tenía otra esposa" (véase 1 Samuel 1,2). Le cuento ese detalle; tenía otra esposa. Es que la revelación va poco a poco. El pináculo de la revelación, el punto más alto de la revelación, es Jesús. Pero, antes de llegar a Jesús, en el Antiguo Testamento hay muchas imperfecciones en las que Dios estaba trabajando.

Así que este hombre tenía otra esposa y con esa otra esposa sí tenía hijos. Luego se ve que el problema no era de él, para que las clínicas de la fertilidad no vengan aquí a hacer desorden con el texto bíblico. El problema no era de él. Esta mujer, Ana, está frustrada. Esta mujer, Ana, se siente humillada, porque, además, la otra esposa, Peniná que se llamaba, -con ese nombre, pues, sólo podía servir para eso-, humillaba a Ana. La humillaba y la maltrataba.

Ana estaba herida, maltratada, frustrada, aburrida, y le clama al Señor que la sane de esa esterilidad. Y el Señor escuchó la oración de Ana, y ella tuvo un hermoso bebecito llamado Samuel. El bebecito Samuel estuvo tres años, -que era el tiempo común para dar de amamantar al bebé-, con su mamita llamada Ana. Entonces, sucede algo demasiado extraño. Resulta que Ana va al mismo Santuario donde le había pedido a Dios, y entrega al niño.

El que estaba a cargo de ese Santuario era un sacerdote llamado Helí. Ustedes se pueden acordar de Helí, porque es el papá de Jofni y Finjas. "Claro, claro, todo el mundo sabe:Jofní, Finjas eran los hijos de Helí. ¡Eso está claro! Yo no sé estos carismáticos cómo están con la Biblia aquí en Chile. Están empezando a entrarme dudas. Cualquiera les puede decir cómo se llamaba la esposa de Jofni; cualquiera puede decir".

Bueno, sigamos. En esta parte me interesa la historia de Ana. Cualquiera diría: "¡Pero qué cosa tan rara!" ¿Cuál era su frustración, la de ella? Que era estéril. Dios le da un niño, y apenas lo tiene el tiempo que había que amamantarlo, terminado el período de amamantamiento, más conocido como lactancia, terminada la lactancia, entrega el niño. "Ana, ¿pero, qué estás haciendo? ¿Tanto pedir el niño, te lo da Dios, y lo regalas? ¿Qué pasa contigo, Ana?"

El que no conoce el Espíritu Santo no le ve significado ni sentido a lo que Ana hizo. Pero, ustedes que conocen el Espíritu Santo de Dios y que han seguido el hilo de esta predicación, lo entienden perfectamente. Cuando Dios me sana, lo que Dios ha reconstruido es para servirlo a Él.

Por lo tanto, a Ana no le interesaba solamente ..., y éste es un detalle místico que mucha gente pierde. Cuando uno se queda al nivel sólo de la carne y la sangre, nunca va a entender lo que hizo Ana.

¡Nunca lo va a entender! Porque, no tiene sentido que ella quería un niño: "¡Quiero un niño! ¡Quiero un niño! Ya me dieron el niño. Bueno, ya tengo el niño; ahora sí,¡váyase niño!" ¡No tiene sentido! En el plano de la carne y la sangre, no tiene sentido. Pero, hay otro plano diferente.

¿Te acuerdas de la palabra clave, la palabra que hemos aprendido hoy, que puede ser novedad para muchos? La sanación es reconquista; es, que Dios recupere lo suyo, es la reconquista de lo que siempre fue de Dios y sólo puede estar al servicio de Dios.

Si la sanación es reconquista, entonces, ¿qué es lo que está haciendo Ana cuando entrega el niño al servicio de Dios? Está declarando la victoria de Dios. Por eso tiene sentido.

Por eso tiene sentido la donación que Ana hace de su hijo Samuel. Porque, Ana está obrando según el Espíritu, porque Ana entiende que lo realmente importante no es simplemente que hay un niño en el mundo, ni aunque sea el niño de ella. Lo que ella entiende movida por el Espíritu, es la victoria de Dios. Y si es victoria de Dios, la gloria es para Dios.

Entonces, ya podemos concluir: la sanación es reconquista. El significado de la sanación es declarar la victoria de Dios. Y la misión a la que me lleva la sanación es poner al servicio de Dios la vida que Dios recuperó.

-Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. "Aquí son como de otra religión. Espere a ver". -Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. -Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Lo que me gusta a mí de ese "Gloria", -y por eso lo digo completo-, es ..., porque fíjate lo que dice: "Como era en el principio", para que se nos acuerde que es reconquista.

¿Quién ha sido aquí reconquistado por el amor de Dios? Levanten la mano. ¿Quién ha sido reconquistado? ¿Quién ha sido reconquistado por el amor de Dios? ¡La gloria para Dios! ¡Bendito sea su Nombre!

Amén. Amén. Amén.