Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 1 de 5, Sanado significa reconciliado»

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Mis Queridos Hermanos:
 
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Revisión del 22:48 21 may 2012


Mis Queridos Hermanos:


Creo que una palabra que nos caracteriza mucho en la Renovación Carismática es la palabra "sanación". De hecho, cuando se habla de un congreso de sanación, inmediatamente uno piensa en los carismáticos. Además, la sanación ha sido un vehículo muy poderoso para atraer grandes multitudes.

Y muchos de los que podemos llamar patriarcas, iniciadores, propagadores, apóstoles de la Renovación, han recibido ese don, el don de la sanación. Sacerdotes como Darío Betancourt o como Emiliano Tardiff, sobre todo, son conocidos y son recordados en muchas partes del mundo, especialmente por esa palabra, por la palabra sanación.

¿Qué vamos a hacer en esta primera reunión nuestra, en esta primera enseñanza? Vamos a hablar sobre el lugar que ocupa la sanación en el plan de salvación de Dios. Dios tiene un plan de salvación para nosotros. Entonces, vamos a relacionar salvación y sanación. Eso es lo primero que vamos a hacer. Luego, veremos la sanación como una señal, como un signo; y todo signo tiene un significado. La sanación como una señal: ésa es la segunda parte.

Y en la tercera parte de esta enseñanza, que Dios nos ayude y que todo pueda ser según su querer. En la tercera parte vamos a ver qué significa eso de ser sanados desde el punto de vista de la misión. O dicho de otra manera: ¿para qué somos sanados? Porque, la sanación no es un punto de llegada; es una estación en el camino.

Tres puntos: Primero, sanación y salvación. Segundo, la sanación como signo, signo del Reino de Dios. Y el tercer punto, sanación y misión, el para qué de la sanación.

Empecemos, por tanto, con lo primero: la sanación y la salvación. Tengamos en cuenta, hermanos, que nuestra fe, que la fe que ustedes y yo vivimos, es una fe que se centra en una palabra, la palabra salvación, la palabra redención.

¡Ser salvados! Jesús es el Salvador. Esto es esencial para el mensaje cristiano, hasta el punto de que el Papa Juan Pablo Segundo nos decía en alguna ocasión: "La conciencia del pecado va unida a la conciencia de la gracia", lo cual significa que si se pierde la conciencia del pecado, se pierde la conciencia del amor gratuito de Dios.

Porque, nosotros, ante todo, somos salvados del poder del pecado. El pecado tiene garras, y las garras del pecado se hunden en nuestra carne, se hunden en nuestra historia, se hunden en nuestras familias. Las garras del pecado nos retienen prisioneros, según aquello que dijo Cristo en disputa con las autoridades judías: "El que comete pecado es esclavo del pecado" (véase San Juan 8,34).

Entonces, nosotros somos salvados fundamentalmente del poder del pecado.

Continúa la transcripción.