Diferencia entre revisiones de «Madurez en el Espíritu, 1 de 5, Sanado significa reconciliado»

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Porque, nosotros, ante todo, somos salvados del poder del pecado. El pecado tiene garras, y las garras del pecado se hunden en nuestra carne, se hunden en nuestra historia, se hunden en nuestras familias. Las garras del pecado nos retienen prisioneros, según aquello que dijo Cristo en disputa con las autoridades judías: "El que comete pecado es esclavo del pecado" (''véase'' San Juan 8,34).  
 
Porque, nosotros, ante todo, somos salvados del poder del pecado. El pecado tiene garras, y las garras del pecado se hunden en nuestra carne, se hunden en nuestra historia, se hunden en nuestras familias. Las garras del pecado nos retienen prisioneros, según aquello que dijo Cristo en disputa con las autoridades judías: "El que comete pecado es esclavo del pecado" (''véase'' San Juan 8,34).  
  
Entonces, nosotros somos salvados fundamentalmente del poder del pecado.  
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Entonces, nosotros somos salvados fundamentalmente del poder del pecado. Luego, tenemos que preguntarnos por qué el pecado, siendo una cosa perversa, tiene poder en nosotros. Y la respuesta no es tan difícil. Mira, el pecado tiene poder porque el pecado se vende a sí mismo como un atajo para algo bueno. El pecado se presenta, no en el rostro y la realidad de maldad que es lo propio suyo, sino como un atajo para el bien, como un camino corto y sin esfuerzo para el bien, según aquello que dijo Jesús: "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).  
  
''Continúa la transcripción.''
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El pecado se presenta como un atajo para el bien, y buscando un bien, nos dejamos agarrar por el pecado. ¿De dónde viene el verbo agarrar? Viene de garra, y la garra es eso: es ese instrumento que utilizan los animales para retener a su presa. Entonces, nosotros somos agarrados por el pecado.
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El pecado se presenta como un atajo. ¿Para qué? Atajo para algo bueno: típicamente, para un poco de felicidad. ¿Qué es lo que busca la persona, por ejemplo, que bebe? Busca un poco de felicidad, y llega a emborracharse porque ese líquido le promete felicidad. Por eso se emborracha.
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¿Qué hace la persona que comete un adulterio? Está buscando un atajo para una felicidad; es una felicidad mentirosa, y es una felicidad provisional, temporal, que va a destruir una felicidad profunda y permanente. La felicidad de un placer efímero va a destruir la felicidad de un hogar estable. Pero, ésa es la mentira del pecado, precisamente: destruir la felicidad permanente a nombre de la felicidad efímera.
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Sin embargo, es muy importante entender que éste es el poder del pecado. El pecado siempre se presenta como un atajo, como que, "aquí puedo lograr algo de felicidad, aquí puedo salirme con la mía, aquí puedo afirmar mi yo". Pensemos en el caso de la arrogancia. La arrogancia es una manera de exaltar y de mimar el propio yo. La persona soberbia, la persona arrogante, la persona displicente que aplasta al otro, ¿qué siente? Siente que afirma su yo, esa pequeña felicidad de sentir, "cuánto valgo yo, qué importante soy, cuánto poder tengo".
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Por supuesto, el pecado ofrece una felicidad que es tramposa, que es mentirosa, que es efímera; pero, tiene el encanto de lo inmediato. Y el encanto de lo inmediato, el encanto de lo fácil, y el encanto de la retribución pronta y fuerte, hace que uno caiga en el pecado. Si el pecado no presentara una retribución, pues, uno no pecaría.
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¿Por qué la gente se emborracha? Porque eso produce un placer. ¿Por qué la gente se droga? Porque eso produce un placer. ¡Incluso la persona que se suicida! La persona que se suicida está buscando un bien, un bien que lo sigue de manera falsa, de manera equivocada. Está buscando un bien que se llama, ¿qué? ¡El descanso! Quiere descansar de su condición atribulada, de su angustia, de sus pensamientos. Quiere descansar de las culpas que siente. ¡Quiere descansar! Y buscando ese descanso de una manera instantánea, comete esa terrible y definitiva falla, ese horrible pecado: se mata.
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Bueno, ¿qué estamos aprendiendo? Para ir por orden,  lo que estamos aprendiendo es esto: Primero, ¿cuál es el encanto que tiene el pecado? Y hemos dicho: el encanto del pecado es que nos presenta un bien por un camino corto, por un camino fácil y por un camino intenso. La estructura del pecado es ésa: es un atajo que presenta de un modo sencillo y de un modo intenso un bien deseable.
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Y ese bien puede ser placer, puede ser mimar mi propio yo, puede ser amor por la justicia. Por ejemplo, una persona era mi socio. Teníamos un negocio, teníamos una empresa. Esta persona era mi socio y me ha traicionado. Hay un camino largo, que es el camino de una denuncia: los abogados, los jueces, el veredicto, la retribución. ¡Las demandas! Ése es un camino que me puede parecer muy largo.
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Entonces, yo quiero tomar justicia por mi propia mano. Yo voy y le despedazo la cara a puños y le digo: "Es que eres un desgraciado". Ahí, ¿qué estoy haciendo? Estoy sintiendo el placer de la justicia. Supuestamente, una forma de justicia, pero, ¿con qué características? Justicia rápida, justicia fácil, justicia intensa. Las tres características del pecado. El pecado se presenta como rápido, fácil. intenso.
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Un último ejemplo: yo puedo construir una relación de amistad, una relación de afecto, una relación de fidelidad con una persona. Es un camino largo que supone conocer la persona, valorarla; supone que yo tengo que ceder en muchas cosas, tengo que comprometerme, tengo que renunciar a algunos derechos. Ése es el noviazgo, ése es el matrimonio. Es un camino y es un camino más bien largo que tiene algunas renuncias, que tiene algunas dificultades. Ése es un modo de hacer las cosas.
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El pecado se presenta como algo instantáneo: la pornografía, la prostitución, ¡ya! Retribución, ¡ya! ¿Quieres placer? ¿Ya? ¿Esta noche? ¡Ya lo tienes! El pecado es un bien, pero un bien ofrecido de manera mentirosa por un camino rápido, por un camino fácil y por un camino intenso. Ése es el pecado y ésa es la garra del pecado.
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De ahí que el pecado nos agarre. Porque, nosotros queremos las cosas rápidamente, fácilmente, intensamente. Entonces, en vez de tener que hacer ese camino tan largo de la afectividad, de las renuncias, de la madurez y el respeto, ¡nada de eso! ¡La prostituta y se acabó! ¡La pornografía y se acabó! Aparece como si fuera algo rápido, fácil, intenso. "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).
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Bueno, ésa es la estructura del pecado. Nos dice el Apóstol San Pablo que, precisamente, "porque existe el pecado, la Creación ha sido sometida a la esclavitud" (véase Carta a los Romanos 8,20). Es decir, es una mentira. Por supuesto que ese atajo, ese camino, -que quiero que se te queden las tres palabras-, ese camino es rápido. -¿Cuál es la otra palabra? - Fácil, intenso. -¡Ah, esta gente es maravillosa, excelente! Este camino rápido, fácil, intenso, es un camino mentiroso.
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Entonces, la prostitución no solamente expone a una cantidad de enfermedades y riesgos, sino que al igual que la pornografía, deja el corazón infinitamente frío, infinitamente vacío, solo. La soledad se agrava. Después de ese momento de exaltación que puede producir una droga, un porro, un no sé qué lo llamen aquí, después de ese momento de exaltación, "después de ese vuelo impresionante donde estuve en medio de elefantes rosados que divagaban entre planetas de cristal, aterrizo. Y cuando vuelvo a mi realidad, estoy adolorido, estoy macerado, estoy decepcionado, estoy solo, estoy destruido".
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El pecado es mentira, mentira que destruye. ¿Por qué el pecado destruye?
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Revisión del 21:03 27 may 2012


Mis Queridos Hermanos:

Creo que una palabra que nos caracteriza mucho en la Renovación Carismática es la palabra "sanación". De hecho, cuando se habla de un congreso de sanación, inmediatamente uno piensa en los carismáticos. Además, la sanación ha sido un vehículo muy poderoso para atraer grandes multitudes.

Y muchos de los que podemos llamar patriarcas, iniciadores, propagadores, apóstoles de la Renovación, han recibido ese don, el don de la sanación. Sacerdotes como Darío Betancourt o como Emiliano Tardiff, sobre todo, son conocidos y son recordados en muchas partes del mundo, especialmente por esa palabra, por la palabra sanación.

¿Qué vamos a hacer en esta primera reunión nuestra, en esta primera enseñanza? Vamos a hablar sobre el lugar que ocupa la sanación en el plan de salvación de Dios. Dios tiene un plan de salvación para nosotros. Entonces, vamos a relacionar salvación y sanación. Eso es lo primero que vamos a hacer. Luego, veremos la sanación como una señal, como un signo; y todo signo tiene un significado. La sanación como una señal: ésa es la segunda parte.

Y en la tercera parte de esta enseñanza, que Dios nos ayude y que todo pueda ser según su querer. En la tercera parte vamos a ver qué significa eso de ser sanados desde el punto de vista de la misión. O dicho de otra manera: ¿para qué somos sanados? Porque, la sanación no es un punto de llegada; es una estación en el camino.

Tres puntos: Primero, sanación y salvación. Segundo, la sanación como signo, signo del Reino de Dios. Y el tercer punto, sanación y misión, el para qué de la sanación.

Empecemos, por tanto, con lo primero: la sanación y la salvación. Tengamos en cuenta, hermanos, que nuestra fe, que la fe que ustedes y yo vivimos, es una fe que se centra en una palabra, la palabra salvación, la palabra redención.

¡Ser salvados! Jesús es el Salvador. Esto es esencial para el mensaje cristiano, hasta el punto de que el Papa Juan Pablo Segundo nos decía en alguna ocasión: "La conciencia del pecado va unida a la conciencia de la gracia", lo cual significa que si se pierde la conciencia del pecado, se pierde la conciencia del amor gratuito de Dios.

Porque, nosotros, ante todo, somos salvados del poder del pecado. El pecado tiene garras, y las garras del pecado se hunden en nuestra carne, se hunden en nuestra historia, se hunden en nuestras familias. Las garras del pecado nos retienen prisioneros, según aquello que dijo Cristo en disputa con las autoridades judías: "El que comete pecado es esclavo del pecado" (véase San Juan 8,34).

Entonces, nosotros somos salvados fundamentalmente del poder del pecado. Luego, tenemos que preguntarnos por qué el pecado, siendo una cosa perversa, tiene poder en nosotros. Y la respuesta no es tan difícil. Mira, el pecado tiene poder porque el pecado se vende a sí mismo como un atajo para algo bueno. El pecado se presenta, no en el rostro y la realidad de maldad que es lo propio suyo, sino como un atajo para el bien, como un camino corto y sin esfuerzo para el bien, según aquello que dijo Jesús: "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).

El pecado se presenta como un atajo para el bien, y buscando un bien, nos dejamos agarrar por el pecado. ¿De dónde viene el verbo agarrar? Viene de garra, y la garra es eso: es ese instrumento que utilizan los animales para retener a su presa. Entonces, nosotros somos agarrados por el pecado.

El pecado se presenta como un atajo. ¿Para qué? Atajo para algo bueno: típicamente, para un poco de felicidad. ¿Qué es lo que busca la persona, por ejemplo, que bebe? Busca un poco de felicidad, y llega a emborracharse porque ese líquido le promete felicidad. Por eso se emborracha.

¿Qué hace la persona que comete un adulterio? Está buscando un atajo para una felicidad; es una felicidad mentirosa, y es una felicidad provisional, temporal, que va a destruir una felicidad profunda y permanente. La felicidad de un placer efímero va a destruir la felicidad de un hogar estable. Pero, ésa es la mentira del pecado, precisamente: destruir la felicidad permanente a nombre de la felicidad efímera.

Sin embargo, es muy importante entender que éste es el poder del pecado. El pecado siempre se presenta como un atajo, como que, "aquí puedo lograr algo de felicidad, aquí puedo salirme con la mía, aquí puedo afirmar mi yo". Pensemos en el caso de la arrogancia. La arrogancia es una manera de exaltar y de mimar el propio yo. La persona soberbia, la persona arrogante, la persona displicente que aplasta al otro, ¿qué siente? Siente que afirma su yo, esa pequeña felicidad de sentir, "cuánto valgo yo, qué importante soy, cuánto poder tengo".

Por supuesto, el pecado ofrece una felicidad que es tramposa, que es mentirosa, que es efímera; pero, tiene el encanto de lo inmediato. Y el encanto de lo inmediato, el encanto de lo fácil, y el encanto de la retribución pronta y fuerte, hace que uno caiga en el pecado. Si el pecado no presentara una retribución, pues, uno no pecaría.

¿Por qué la gente se emborracha? Porque eso produce un placer. ¿Por qué la gente se droga? Porque eso produce un placer. ¡Incluso la persona que se suicida! La persona que se suicida está buscando un bien, un bien que lo sigue de manera falsa, de manera equivocada. Está buscando un bien que se llama, ¿qué? ¡El descanso! Quiere descansar de su condición atribulada, de su angustia, de sus pensamientos. Quiere descansar de las culpas que siente. ¡Quiere descansar! Y buscando ese descanso de una manera instantánea, comete esa terrible y definitiva falla, ese horrible pecado: se mata.

Bueno, ¿qué estamos aprendiendo? Para ir por orden, lo que estamos aprendiendo es esto: Primero, ¿cuál es el encanto que tiene el pecado? Y hemos dicho: el encanto del pecado es que nos presenta un bien por un camino corto, por un camino fácil y por un camino intenso. La estructura del pecado es ésa: es un atajo que presenta de un modo sencillo y de un modo intenso un bien deseable.

Y ese bien puede ser placer, puede ser mimar mi propio yo, puede ser amor por la justicia. Por ejemplo, una persona era mi socio. Teníamos un negocio, teníamos una empresa. Esta persona era mi socio y me ha traicionado. Hay un camino largo, que es el camino de una denuncia: los abogados, los jueces, el veredicto, la retribución. ¡Las demandas! Ése es un camino que me puede parecer muy largo.

Entonces, yo quiero tomar justicia por mi propia mano. Yo voy y le despedazo la cara a puños y le digo: "Es que eres un desgraciado". Ahí, ¿qué estoy haciendo? Estoy sintiendo el placer de la justicia. Supuestamente, una forma de justicia, pero, ¿con qué características? Justicia rápida, justicia fácil, justicia intensa. Las tres características del pecado. El pecado se presenta como rápido, fácil. intenso.

Un último ejemplo: yo puedo construir una relación de amistad, una relación de afecto, una relación de fidelidad con una persona. Es un camino largo que supone conocer la persona, valorarla; supone que yo tengo que ceder en muchas cosas, tengo que comprometerme, tengo que renunciar a algunos derechos. Ése es el noviazgo, ése es el matrimonio. Es un camino y es un camino más bien largo que tiene algunas renuncias, que tiene algunas dificultades. Ése es un modo de hacer las cosas.

El pecado se presenta como algo instantáneo: la pornografía, la prostitución, ¡ya! Retribución, ¡ya! ¿Quieres placer? ¿Ya? ¿Esta noche? ¡Ya lo tienes! El pecado es un bien, pero un bien ofrecido de manera mentirosa por un camino rápido, por un camino fácil y por un camino intenso. Ése es el pecado y ésa es la garra del pecado.

De ahí que el pecado nos agarre. Porque, nosotros queremos las cosas rápidamente, fácilmente, intensamente. Entonces, en vez de tener que hacer ese camino tan largo de la afectividad, de las renuncias, de la madurez y el respeto, ¡nada de eso! ¡La prostituta y se acabó! ¡La pornografía y se acabó! Aparece como si fuera algo rápido, fácil, intenso. "Ancho es el camino que lleva a la perdición" (véase San Mateo 7,13).

Bueno, ésa es la estructura del pecado. Nos dice el Apóstol San Pablo que, precisamente, "porque existe el pecado, la Creación ha sido sometida a la esclavitud" (véase Carta a los Romanos 8,20). Es decir, es una mentira. Por supuesto que ese atajo, ese camino, -que quiero que se te queden las tres palabras-, ese camino es rápido. -¿Cuál es la otra palabra? - Fácil, intenso. -¡Ah, esta gente es maravillosa, excelente! Este camino rápido, fácil, intenso, es un camino mentiroso.

Entonces, la prostitución no solamente expone a una cantidad de enfermedades y riesgos, sino que al igual que la pornografía, deja el corazón infinitamente frío, infinitamente vacío, solo. La soledad se agrava. Después de ese momento de exaltación que puede producir una droga, un porro, un no sé qué lo llamen aquí, después de ese momento de exaltación, "después de ese vuelo impresionante donde estuve en medio de elefantes rosados que divagaban entre planetas de cristal, aterrizo. Y cuando vuelvo a mi realidad, estoy adolorido, estoy macerado, estoy decepcionado, estoy solo, estoy destruido".

El pecado es mentira, mentira que destruye. ¿Por qué el pecado destruye?

Continúa la transcripción.