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Fecha: 20030414

Título: Jesus, el Enviado del Padre, viene a sanarnos y a regalarnos su misericordia

Original en audio: 44 min. 43 seg.


Cuando un gran personaje viene a visitarnos siempre nos preguntamos para qué viene, por ejemplo, si se dice que viene un personaje que se llama Shakira, sabemos a qué viene, viene a cantar, viene a traernos su música, su espectáculo, su alegría.

Si nos dicen que va a venir un predicador, o que va a venir un poeta, que va a venir un profesor, que va a venir un político, lo primero que tenemos que saber, lo primero que queremos saber es para qué viene.

Y resulta que ha venido a nuestra tierra un hombre grande,grande, grande en su corazón, grande en sus metas, grande en sus palabras y grande en sus signos, ese hombre realmente grande y maravilloso, lleno de belleza, de pureza y de sinceridad, lleno del poder del Espíritu, de mansedumbre y de paz, lleno de caridad, de perdón y de gracia, ese hombre se llama Jesucristo.

Viene Jesucristo a nuestra vida, ha llegado Jesucristo a nuestra tierra y queremos saber para qué viene Jesucristo.

Porque si me dicen que viene Shakira, pero yo no sé quién es Shakira, ni sé qué hace Shakira, yo no sé si se trata de una bruja amazónica, o no sé si se trata de una cantante, o no sé si se trata de una actriz; pero después de que conozco cuál es el arte que tiene esa mujer, es posible que quiera ir a verla.

Hay que conocer cuál es el arte que tiene Jesús, hay que conocer cuál es el poder que tienen sus manos, hay que conocer para qué fue enviado y qué realiza Jesucristo en la gente.

Cuando conocemos para qué vino Jesucristo, entonces le abrimos de par en par las puertas de nuestras casas; cuando conocemos para qué viene Jesucristo, entonces acudimos donde Él y le suplicamos que venga a nosotros, y abrimos las puertas de nuestro corazón.

Si un médico maravilloso, un médico capaz de curar toda enfermedad hiciera su aparición en nuestro barrio, ¿qué haríamos? Saldríamos corriendo, abriríamos las puertas, le pediríamos que se quedara con nosotros, llevaríamos todos los enfermos, porque creemos en lo que ese médico puede hacer.

¿Para qué vino Jesús? ¿Cuál es el poder que tiene Jesús? ¿Qué es lo que hace Jesús en la gente cuando la gente cree en Jesús? La primera lectura del día de hoy nos ayuda a responder estas preguntas.

Jesucristo no se manda solo, Jesucristo es el Enviado del Padre, Jesucristo ha sido enviado por el Padre, Él es una carta, es un mensaje de salud, de amor y de reconciliación; Jesucristo es una palabra, es la Palabra, y con esa Palabra, Dios, que creó todas las cosas hablando, que creó todas las cosas con su Palabra, con esa misma Palabra nos reconstruye.

Jesucristo no se mandó a sí mismo, a Jesucristo lo mandó, a Jesucristo lo envió el Padre Celestial, y viene a visitarnos Jesús, y nosotros estamos conociendo que es lo que puede Jesús, y estamos conociendo qué es lo que hace Jesús.

Y a medida que vamos conociendo qué puede Jesús y qué hace Jesús, abrimos nuestras manos, nuestro corazón, nuestras casas y le decimos: “Ven a hacer tu obra”, ven a realizar lo que tú sabes, ya conozco cuál es tu arte, cuál es tu poder, cuál es tu estilo, ahora creo en ti”.

“Yo, el Señor, te llamé para traer la libertad” Isaías 42,6, así le habla, el que envía, al enviado.

“Yo te llamé para traer la libertad, yo te destiné a ser instrumento de la alianza. Yo te destiné a ser luz de las naciones, para que abras los ojos a los ciegos, para que saques a los presos de la cárcel, para que saques del calabozo a los que viven en tinieblas” Isaías 42,6-7, así habla, el que envía, al enviado.

Y nosotros con la luz del Espíritu Santo que hemos recibido en el Nuevo Testamento, entendemos que el que envía es Dios Padre, y el Enviado es nuestro amado y bendito, nuestro Divino Señor y salvador, Jesucristo.

Ahora sé para qué viene Jesús, para esto, para traer la libertad, está destinado a ser el instrumento de la alianza, Él es la luz de las naciones, Él trae la unción y el poder para abrir los ojos a los ciegos, Él tiene la llave para sacar a los presos de la cárcel y para dejar ver la luz a los que vivían en los calabozos.

Ese es Jesucristo y para eso viene; y cuando conozco, gracias a la Palabra de Dios, para qué viene Jesucristo, le abro más mi corazón, porque yo necesito lo que trae Jesucristo. Esto que me dice la Palabra de Dios, yo lo necesito, yo necesito esto, necesito que me saquen de mi calabozo, necesito que me den la libertad, necesito que me abran los ojos, yo necesito de Jesús, necesito de Él.

Cuando uno hace este descubrimiento maravilloso, algo fantástico acontece en el corazón, porque Jesús no se hace de rogar.

Si yo le digo a Jesús que lo necesito, y si le digo a Jesús que lo necesito porque necesito libertad, porque necesito que se abran mis ojos, porque necesito que me saquen del calabozo, porque necesito encontrar el lugar y el instrumento de la alianza, porque me he perdido en el camino, Jesús no se hace de rogar.

Es muy diferente la fe a la magia; pero hay una frase que es de fe y que parece magia, esa frase es: “Yo necesito de Jesús, Jesús, te necesito, te necesito, Jesús".

Es una frase que tiene muchísimo poder, porque cuando yo recuerdo lo que Dios me ha prometido y cuando le recuerdo, aunque a Él nunca se le olvida, lo que Él me ha prometido, Dios, que es amoroso, que es generoso, no tarda en responder.

"Yo necesito de ti, necesito de la libertad que tú traes, necesito de la luz que tú regalas, necesito que tú, y solamente tú, seas el lugar de mi alianza con Dios". Eso es lo que viene a traerme Jesucristo, y a través de ese acto maravilloso de fe y de humildad, todos los bienes del cielo llegarán a mi vida.

Nos enseña Santo Tomás de Aquino, que la fe es la puerta para todos los bienes del cielo, y cuando tú dices la frase: “Yo necesito de ti, Jesucristo”, estás haciendo al mismo tiempo un acto de fe y un acto de humildad, y eso es maravilloso.

Porque la humildad destruye la cabeza de la soberbia que es madre y tirana de todos los pecados; cuando yo reconozco que necesito del Señor, estoy quebrando la cabeza de la serpiente, estoy rompiendo la cadena de soberbia que tiene poder en mi vida.

Creo que no hay otra frase más necesaria que esa que habla de nuestra necesidad: "Yo necesito de ti; Jesús, yo necesito de ti, yo confío en ti, yo creo en ti y me entrego a ti, porque tú me puedes dar esta luz". ¿Quién habrá entre nosotros que no necesite esa luz, si la luz es lo primero que necesitamos para encontrar un camino en la vida?

Jóvenes, necesitamos luz, hay mucha gente que está tratando de tomar decisiones por nosotros, -ahí me metí en el grupo de los jóvenes-, hay mucha gente que quiere tomar decisiones por nosotros.

Jovencitas, hay gente que quiere tomar decisiones con tu útero, con tu matriz. Muchacho, hay gente que quiere tomar decisiones con tu cerebro, con tu cuerpo, con tus fuerzas. Señor, caballero, hay gente que quiere tomar decisiones con su billetera. Señora, hay gente que quiere tomar decisiones con sus hijos, los hijos suyos, señora.

Hay muchas fuerzas, hay muchas ofertas en este mundo, hay mucha gente, hay muchos poderes que están interesados en conducirte por el camino de libertinaje, hasta que abortes; y hay mucha gente que está interesada en exprimir el dinero de tu casa para que te drogues así te destruyas, y hay mucha gente que está muy interesada en beberse tu dinero mientras tú te embriagas y te ahogas de licor.

¿Quién entre nosotros no necesita luz? Necesitamos mucha luz para que se caiga el velo, para que se arranque la venda y para que veamos qué es lo que quieren hacer con nosotros, con nuestro cuerpo, con nuestra plata, para que los papás vean qué es lo que quiere hacer este mundo con sus hijos y con su hogar. “Yo necesito de Ti, Jesús”, esa frase es muy importante.

¿Estás pensando en casarte? Me parece hermoso y me parece valiente, no es nada fácil el matrimonio. Muchos de ustedes sienten cariño y admiración por la vocación del sacerdote. Déjenme decirles que este sacerdote siente admiración y cariño por la vocación del matrimonio.

Siento un profundo respeto y una gran admiración cuando una pareja me dice: “Nosotros queremos casarnos”, porque pienso, que si saben lo que están diciendo, son verdaderamente unos valientes, fundar un hogar hoy es de valientes, revolcarse un hombre y una mujer en una cama lo hace cualquiera, como lo hacen los perros, como lo hacen los animales.

Revolcarse hombres con mujeres, lo hace cualquiera; fundar un hogar, un hogar donde haya fidelidad, donde se encuentre paz, donde haya entendimiento y donde puedan nacer hijos para el cielo, fundar un hogar es para héroes y para santos.

Si tú te quieres casar, después de oír esto, toma la mano de tu novia o de tu novio y digan juntos: “Necesitamos de ti, Jesús”, porque los espíritus de infidelidad, las tentaciones de adulterio y los enemigos del hogar ya están dispuestos a destruirlos y ustedes todavía no se han casado.

Esta es la gran frase, este es el gran pensamiento para todo el que quiere casarse: “Yo necesito de ti, Jesús”.

¿Estás buscando un trabajo? ¿Necesitas escoger un oficio, una profesión, el lugar donde estudiar? ¿Quieres saber si una pareja te conviene o no? Puedes quemar los horóscopos, puedes darle una patada a todos los fetiches y supersticiones.

Pon tu fe en la divina Palabra del Señor, pon tu fe y déjate guiar por la predicación de la Iglesia y repite, porque yo también necesito repetirlo, repite en tu corazón: “Yo necesito de ti, ahora que voy a escoger mi carrera, mi oficio, el lugar donde voy a estudiar, lo que voy a hacer en los próximos cuarenta años, Jesús, yo necesito de ti, tú eres la luz de las naciones”.

Pero además de eso, necesitamos especialísimamente de Jesús, porque muchos de nosotros hemos cometido pecados, y a veces graves pecados; y la Palabra de Dios nos enseña por boca del mismo Jesucristo: "El que comete pecado es esclavo del pecado, está encarcelado" San Juan 8,34.

"Jesús, yo necesito de ti porque estoy encarcelado, necesito de ti porque me atrapa mi pecado, mi mala inclinación".

Yo te invito, hermano, a que en este momento sueñes cómo sería tu vida sin ese pecado que estás repitiendo, imagina cómo sería eso, qué tal que haya aquí entre nosotros alguna persona que está siendo consumida, que está siendo devorada por un pecado, por ejemplo, de odio.

Respira odio, bebe odio, come odio, suda odio, huele a odio. Imagínate tu vida sin odio, libre del odio, eso es lo que quiere traerte Jesús, eso.

Si tiene poder en tu vida, otro vicio, el cigarrillo, la droga, el licor, imagínate tu vida libre de ese vicio, imagínatela, que lo primero que se libere en ti sea tu mente, tú no tienes que seguir siendo lo que eras, el Señor Jesús puede hacer de ti una nueva creatura, puede darte una vida nueva.

Pero lo primero que hay que desatarte, antes que las manos o los pies, es la mente. Trata de soñar, sueña. Te acecha la infidelidad, sientes que estás poniendo en peligro tu hogar, imagina, sueña suelta, libera tu mente, imagínate libre de ese pecado, libre de ese problema, libera tu mente, dale permiso a tu corazón de soñar con ese plan que Dios tuvo para ti desde el principio.

Jesús, el Jesús de la misericordia, el Jesús de las santas llagas, el Jesús de los milagros, es el mismo Jesús. Jesús del amor, Jesús de la misericordia, Jesús de las llagas, Jesús del gran poder, siempre es Él, porque el gran poder de Jesús está en la expresión de su amor y está en su gracia derramada en esas gotas de sangre en la cruz.

Mira a ese Jesús, míralo, como tal vez no lo has visto nunca, míralo, hasta que sientas que te atraviesa un escalofrío de amor pensando hasta dónde te ha tenido paciencia el cielo.

Míralo, concentra tu mirada en esas llagas, en ese amor y cree infinitamente en lo que puede hacer ese Dios por ti, y entonces desata, rompe toda cadena de tu mente y sueña con una vida libre de eso que te amarra en este momento, sobre todo en tu corazón, sobre todo en tu alma.

Claro que Dios es poderoso y hace maravillas, y muchas veces da señales también en la salud del cuerpo para mostrar a nuestros sentidos y para convencer nuestros ojos del poder que solamente Él tiene; pero la principal y primera sanación que necesitamos es esa sanación espiritual profunda, fuerte.

Mira a Jesús, míralo como tal vez no lo has visto nunca, míralo con la intensidad, míralo con la profundidad, míralo con una fe infinita y está dispuesto a decir: “Yo necesito de ti, Jesús, yo necesito de ti".

"Porque mi vida vale mucho y está desorientada, porque mi vida vale mucho y se está ensuciando y se está desperdiciando, porque mi vida vale mucho, pero está enferma, está encarcelada, porque mi vida vale mucho, pero sin ti, Señor, se está perdiendo; yo necesito de ti, Jesús".

"Señor de los Milagros, Señor de las Santas Llagas, Cristo Jesús de la Buena Esperanza, maestro mío, Salvador mío, yo necesito de ti, yo necesito de ti, mi Señor.

Te necesito profundamente, te necesito en la mañana para guíes mis pasos, te necesito en la noche para que me des descanso, te necesito en la juventud para tomar las mejores decisiones, te necesito en la edad adulta para guiar mi camino y el de otros, te necesito, Señor, cuando llega también el ocaso, para encontrar en ti indulgencia, misericordia y paz.

Jesús, te necesita mi cuerpo, especialmente los que estén enfermos, los que tengan alguna dolencia corporal, en este momento cierren sus ojos, vamos a pedir al Señor para que haga su obra.

Si tú sabes que tienes un malestar, por ejemplo, en el estómago o en el cólon, o en los pulmones, tú vas a decirle al Señor: "Mis pulmones necesitan de ti, necesitan de tu mano, necesitan de tu caricia; mis riñones necesitan de ti, Señor".

Si tus ojos están enfermos, en este momento le vas a decir al Señor: "Mis ojos necesitan de ti; si tus pensamientos te turban, si tienes una tempestad, un remolino oscuro en tu mente y sientes que necesitas luz, le vas a decir a Jesucristo: "Mi cerebro, mis pensamientos necesitan de ti; mi columna vertebral necesita de ti; mis piernas necesitan de ti, Señor, de tu bendición".

"Mi sistema circulatorio necesita de ti, Señor, necesito de ti". No tengas miedo de decir allá en tu corazón, con nombre propio, con la parte del cuerpo que tienes enferma: "Mi hernia necesita de ti, Señor"; la mujer podrá decir allá en su corazón: "Mi matriz necesita de ti, porque estoy enferma, si está enferma, señora o señorita, no tenga temor, todos necesitamos de Jesús.

"Mi cuerpo necesita de ti, Señor; mis oídos necesitan de ti, yo sé que puedes hacer tú por mi; yo me entrego a ti, Señor; yo confío en ti, Señor; yo sé quién eres tú y con cuánto amor miras esta miseria, esta necesidad que hay en mi ser".

Si usted tiene un tumor localizado, usted le puede pedir al Señor por esa parte de su cuerpo: "Te encomiendo, Señor, te pido, Señor, por ese ganglio linfático que tiene un tumor"; "te pido, Señor, -dirá una mujer-, por ese seno que tiene un tumor, esa parte de mi cuerpo necesita de ti, compadécete si es tu divina voluntad.

Señor, caballero, no tenga temor de decirle a Jesús con nombre propio, "esa parte de mi cuerpo, -que puede ser su próstata, su riñón, dígale con confianza al Señor, esa parte de mi cuerpo necesita una visita tuya, Señor, yo quiero entregarte, divino Jesucristo, Señor de los milagros, yo quiero entregarte esa parte de mi cuerpo, esa parte de mi vida".

¡Qué hermoso es entregarle a Jesús! ¿No has ido nunca donde un buen médico? Un buen médico no nos da pena, incluso si tiene que vernos desnudos, mucho más este Médico santísimo, sapientísimo y purísimo que es Jesucristo.

No temas desnudar tu corazón y tu vida delante de Jesús y decirle: "Esa parte de mi vida necesita de ti, Señor, y por eso te la estoy entregando en este momento". Pero todos sabemos que la parte mas importante de nuestro ser es lo que sucede allá en el corazón y lo que esté allá en nuestros recuerdos.

Si hay en tu infancia un recuerdo espantoso que te llena de miedo o de amargura, de odio o de resentimiento, tú le vas a decir a Jesús: "Mi infancia necesita de ti".

¿Fuiste humillado de niño? ¿Lamentablemente quisieron abusar de ti cuando eras niña o lo lograron? No escondas mas esa llaga de tu corazón, preséntale a Jesús en este momento esa llaga de tu infancia, el terror que sentiste, el sentimiento de rabia impotente por aquel adulto que quería abusar de ti y tú no podías hacer nada.

Preséntale a Jesús ese momento y dile: “Señor Jesús, ese momento de mi vida necesita de ti, Señor, necesito de ti en ese día, necesito de ti en esa noche, necesito que tú sanes esa parte de mi vida.

Porque fui humillado, porque abusaron de mí, porque se burlaron de mí, porque mis profesores no creían en mí, porque mi papá no tuvo tiempo de escucharme, porque mí mamá era neurótica, te pido Señor, que visites esa parte de mi vida".

"Mi adolescencia necesita de ti, en ese tiempo estuve demasiado solo, hice demasiadas cosas que me hicieron demasiado daño", si ese es tu caso, dile al Señor: "Jesús, mi adolescencia necesita de ti, ese momento de mi vida, mi juventud necesita de ti".

"Yo, Jesús, yo ya no puedo devolverme a ese momento, pero tú eres el Señor de la historia, eres el Señor de todos los tiempos, tú habitas y reinas en la eternidad.

Tú puedes visitar, ya, en este momento, tú puedes visitar cualquier parte de mi vida y puedes derramar el bálsamo bendito del Espíritu Santo consolando, sanando, restableciendo el daño que me hicieron cuando yo era un niño, cuando era una niñita indefensa, cuando yo era un jovencito que no encontraba amigos y que salía a la calle a buscarlos, amigos que me enseñaron cosas que nunca debía aprender.

"Jesús de los Milagros, Jesús de la Misericordia, tú habitas en la eternidad, tú puedes visitar cualquier momento de mi vida, nada está lejos de ti, yo necesito de ti, mi corazón necesita de ti, mis recuerdos necesitan de ti".

Es tan bello entregarle a Jesús todo lo que eres, es tan bello desahogarse, algunas personas sienten en este momento el impulso de derramar unas lágrimas de amor, no te reprimas, no sientas vergüenza, delante de Jesús, que en este momento está mirando el centro de tu corazón, no sientas vergüenza, ni yo tampoco la siento.

Estamos delante del que bien nos conoce y mejor nos ama, estamos delante del Señor de los Milagros, estamos delante del Señor de las Santas Llagas, estamos delante del Buen Pastor, del Amigo fiel, del Médico divino, del Maestro bueno, del Amigo que nunca, nunca falla.

"Jesús, en este momento desnudo mi corazón delante de ti, y reconozco que necesito de ti. Mis recuerdos, mis afectos necesitan de ti, cuando yo necesité un amigo y nadie apareció, cuando grité lleno de rebeldía y nadie estaba; yo necesito de ti, Señor, y en este momento te entrego todo lo que nunca he podido entender, en este momento te entrego todo lo que nunca pude entender".

Vamos a hacer una oración muy profunda en este momento, una oración de sanación muy profunda.

Sabemos quién está con nosotros, Él dijo: “Donde dos o tres...” San Mateo 18,20, y aquí hay bastante más de dos o tres-, Él está aquí, Él está aquí consolando, Él esta aquí acariciando, Él está aquí bendiciendo, Él esta aquí sanando cuerpos, mentes, corazones, recuerdos, vidas enteras.

Vamos a hacer una oración muy profunda y muy sincera. Nosotros somos el pueblo de Dios, y nuestra gran carta de presentación y nuestro gran derecho ante los cielos es: "Jesús derramó su Sangre por mí, porque me amó".

"Vestido con esa Sangre yo puedo entrar en el cielo, vestido con esa Sangre yo me puedo presentar ante el Padre celestial y decir: Necesito la redención necesito el perdón, necesito la sanación que sólo me puede dar Jesús, como me predica, como me enseña la Santa Iglesia, como lo experimento en la confesión, como lo puedo saborear en la Eucaristía".

Tengan la bondad de repetir después de mi esta sencilla oración, pidiéndole a Jesús, al Jesús de los milagros esa sanación, esa bendición que sólo Él puede dar: “Amado Señor Jesucristo, la Iglesia me ha predicado de ti y yo creo en ti, Jesús, yo sé que tú eres el Señor, hoy te acepto como mi Señor, te acepto como mi Salvador.

Santísimo Redentor, bendito Médico, Amigo fiel, divino Maestro, santo Señor, Buen Pastor de mi alma, aquí estoy ante ti para agradecerte tus misericordias y para pedirte que te compadezcas de mis miserias y las del mundo entero.

Con el poder de tu amor, con el poder de tu Espíritu, sana mi cuerpo, Señor, sana mi mente, Señor, sana mis recuerdos, Señor, sana mis heridas, Señor, sana mis afectos, Señor, haz en mí tu obra, transfórmame, cámbiame, acércame al plan de Dios.

Tú eres el lugar de la alianza, tú eres el don del Padre, tú eres la Palabra de salvación, tú eres el Cordero que quita el pecado; en ti está mi esperanza, en ti está mi alegría, en ti está mi confianza; a ti me entrego, Jesús, para que se cumpla en mi y en todas mis cosas, la santísima voluntad del Padre. Amén".

Mira ahora a Jesús allá en esa escena, la que a ti te enamora, la que a ti te cautiva, míralo, tal vez en la montaña, tal vez en la cruz, tal vez junto al pozo, tal vez en el pesebre, ¡míralo! ¡Miralo!

Mira ese océano de paz que son sus ojos, mira ese canto de amor que es su sonrisa, mira esa luz de victoria que es su frente, mira ese manantial de pureza que es su rostro.

Mira su regazo, míralo, arrójate en Él, entrégate a Él, Él quiere hacer de ti una obra nueva, y en este momento es como si hablara Jesús y te dijera: “Mi niño, mi niña, lo que te hace daño a ti también me lastima a mí.

De hoy en adelante vamos a luchar juntos contra ese pecado, de hoy en adelante vamos a luchar juntos contra ese mal recuerdo, de hoy en adelante vamos a luchar juntos contra ese afecto torcido. Mi niña, de hoy en adelante tú sabes que puedes contar conmigo".

Gracias Jesús, gracias, Señor, gracias, Señor, bendito seas, Jesucristo, gracias por la expresión de tu amor, Señor, gracias por aceptarnos tales cuales somos, Señor, gracias por derramar tanta misericordia.

Gracias por nuestro párroco, gracias por la Eucaristía, gracias por la confesión, gracias por la música, gracias por María, Señor, gracias por el abrazo de nuestros hermanos, gracias, Señor, gracias, Jesús, desde el fondo del alma, gracias, Señor.

¡Viva Jesucristo! ¡Que viva Jesucristo!