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Fecha: 20010409

Titulo: Conocer el alma de Cristo

Original en audio: 23 min. 23 seg.


¿Cómo son las lecturas de estos días Santos? Tenemos tres días al comienzo de esta semana: Lunes, Martes y Miércoles. El día Jueves sabemos lo que vamos a celebrar: la Cena del Señor; el Viernes sabemos lo que vamos a celebrar: la muerte de Nuestro Señor en la Cruz; el Sábado, después de un prolongado y santo silencio, vamos a celebrar la Vigilia Pascual.

Y esa luz de la Pascua ocupa no sólo al domingo sino a toda la semana que sigue, que se llama la Octava de Pascua. Octava, porque tiene ocho días, de domingo a domingo, y todavía se prolonga en el tiempo que se llama Tiempo de Pascua.

Sabemos qué es lo que empieza el día Jueves, pero antes del Jueves tenemos el Lunes, el Martes y el Miércoles, y ¿qué es lo que nos va a dar la Iglesia en estos tres días? Vamos a encontrar al profeta Isaias en la primera lectura. Son textos muy bien escogidos y corresponden a lo que se llama los "Cánticos del Siervo."

El Libro del profeta Isaias es un libro extenso dentro de la Biblia, tiene más de sesenta capítulos y todos ellos contienen poemas o cánticos que nos describen el perfil espiritual de una persona o tal vez de un pueblo que es Siervo de Dios.

Isaias fue un gran profeta, gozó de una altísima inspiración, no sólo en el sentido de estar unido a Dios en sus profecías, sino también en el sentido de la hermosura, de la estructura de su palabra.

La palabra de Isaias, podemos decir, que es alta y hermosa literatura, y sobre estos cuatro textos nos muestra qué es servir a Dios, cómo es el servicio de Dios, cómo es el verdadero servidor de Dios, a qué conduce servir a Dios.

Pero eso no está presentado como una pregunta filosófica o teológica, sino presentado de una manera poética; el instrumento de Isaias es la poesía y nos describe, con un estilo poético, cuál es el verdadero sentido del servicio de Dios.

El primer cántico está en el Capitulo cuarenta y dos de Isaias, es el que hemos oído hoy; el segundo cántico está en el capitulo cuarenta y nueve, y lo vamos a oír mañana; el tercer cántico es el que está en el Capitulo cincuenta, y está para el miércoles y luego, en algún momento, vamos a oír el cuarto cántico del siervo.

Los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres nos van a contar acerca del rostro del servidor de Dios, qué es servir a Dios, y cómo el gran servidor de Dios, el que mostró lo que significa verdaderamente servir a Dios fue Cristo, estos cánticos son como un retrato espiritual de Cristo.

En esta Iglesia, como en muchos otros lugares, se acostumbra a repetir una oración que ya se conoce en todos los continentes: "Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo, sálvame", y las demás invocaciones.

El Cuerpo de Cristo lo vemos en la Cruz, lo vemos desangrado, lo vemos roto, atravesado por los clavos, penetrado por las espinas, humillado por los escupitazos, colmado de sudor y de sangre, ese es el Cuerpo de Cristo, así es Cristo en su Pasión.

¿Pero se imaginan que un artista nos presentara no cómo quedo el Cuerpo de Cristo sino cómo quedo el alma de Cristo? No es un asunto de un pintor o de un escultor, necesitamos alguien que nos cuente qué hay dentro de Cristo, cómo es Cristo por dentro, cómo vivió Cristo, su donación hasta el extremo, qué había dentro de Cristo para entregarse en obediencia de amor al Padre por nuestra salvación, esa es la pregunta.

Porque no venimos a la Semana Santa para ver simplemente cómo torturan y despedazan a un pobre hombre, hay muchos torturados, hay muchos masacrados, hay muchos despedazados y eso no significa necesariamente mucha salvación.

La crueldad, la locura, la prepotencia del ser humano lo ha llevado a torturar a sus semejantes, eso sucedió en la antigüedad y eso sucede también en nuestros días, eso ha pasado lejos de aquí y también cerca de aquí.

Hay muchos enfermos que se gozan torturando, haciendo sufrir al otro hasta el paroxismo, mentes sádicas, ¿y qué, ver estos cuerpos despedazados, mutilados y torturados hasta la muerte produce salvación? No necesariamente.

No es un cuerpo mutilado, no es un cuerpo destrozado lo que produce salvación, lo que produce salvación es qué había ahí, por qué se llegó a eso, en qué circunstancias y con qué amor se llegó a eso.

No venimos a la Semana Santa para ver cómo mataron a otro. En nuestro país, por ejemplo, se mata a mucha gente y mucha de la gente que se mata no es simplemente asesinada o asfixiada en un momento, se le quita la vida con una tortura pensada fríamente, sádicamente, cruelmente, ¿produce salvación eso? No. No la produce. Muchas veces lo que produce es ira y venganza. Cristo no es un torturado más.

Hay que vivir la Semana Santa no como quien mira un cuerpo despedazado, sino como el que mira un alma enamorada, esa es la Semana Santa, encontrar el amor, amor hasta la sangre, amor hasta los clavos, hasta la cruz, hasta los azotes, hasta las espinas, pero hay que encontrar amor y el amor es la forma del alma, es el retrato del alma, por eso esta primera lectura.

Hay que acercarse al libro de Isaias, capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve, cincuenta y cincuenta y dos, lo demás es ir a la Iglesia a ver un señor roto por todas partes.

Eso deja muy poco, y como yo estoy cansado de las Semanas Santas que dejan muy poco, quiero que tengamos, con la bondad de Dios, una Semana Santa que nos deje mucho, y la Semana Santa nos deja mucho si nos deja distintos y nos deja distintos si nos deja enamorados, apretados, poseídos por el amor de Cristo.

Por eso hay que conocer el alma de Cristo. "Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo, sálvame". No se trata de imaginar a Cristo, hay que conocer el alma de Cristo, ¿dónde conocemos el alma de Cristo? En la Escritura, capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve, cincuenta y cincuenta y dos del profeta Isaias.

Nosotros, los católicos, sabemos que las imágenes se pueden utilizar bien, eso es cierto, pero también se pueden utilizar mal y una de las maneras de utilizar mal una imagen es pedirle lo que una imagen no puede dar.

Yo observo cómo miramos, por ejemplo, las imágenes de la Virgen o las imágenes de Cristo, con que devoción y con que amor fijamos nuestros ojos, como queriendo grabar en el corazón cada pequeño rasgo de la imagen.

Y es verdad que hay imágenes que inspiran devoción, que inspiran piedad, pero la imagen no puede dar más, la imagen tiene un límite.

Así como el cuerpo tiene sus ojos, existen los ojos del alma, y hay que darle de que alimentarse a los ojos del alma; así como con los ojos del cuerpo vemos los colores o las formas de las estatuas o de los cuadros, con los ojos del alma hay que mirar el alma de Cristo.

Y para eso necesitamos esta Palabra, porque tengo la esperanza de que alguno de ustedes, este día, se acerque a la Biblia, capítulos cuarenta y dos, cuarenta y nueve, cincuenta o cincuenta y dos de Isaias.

Se los esta diciendo un sacerdote católico, predicador, que quiere querer a Cristo, no esperen a que aparezca un pastor protestante para decirles: "He aquí la Biblia, ahora sí, con ustedes, la Biblia!". Soy yo quien esta diciendo: "Abran la Biblia, préstensela, vayan a donde su vecino sino la tienen, o vengan aquí a la parroquia, no se pierdan la oportunidad de conocer el alma de Cristo, no le pidan a las imágenes más de lo que pueden dar.

Si la imagen les puede inspirar alguna devoción, está bien, puede ser, ¿pero qué es eso frente al alma de Cristo?. En una Biblia, los está esperando el capítulo cuarenta y dos de Isaias y también el cuarenta y nueve, cincuenta o cincuenta y dos, ¿qué van a hacer? ¿Qué es lo tienen que hacer que es tan importante? Hoy, esta noche, hay que sacar la Biblia y buscar al profeta Isaias, lo demás es mantener costumbres y las costumbres no producen salvación.

"Colombia es un país acostumbrado, aquí se acostumbra la Semana Santa, aquí se acostumbra la fiesta de san pepito o de san perencejo", se acostumbra, pero las costumbres no están deteniendo las penas de muerte, las costumbres no están produciendo hogares santos, las costumbres no están deteniendo las opciones de pecado, de violencia.

Las costumbres no logran convencer a los jóvenes para que sean generosos con Dios, ni tampoco para que hagan hogares según la ley de Dios; las costumbres no tienen mucho poder, las costumbres sirven para que las personas acostumbradas vengan a la Misa y oigan el sermón acostumbrado, del padre acostumbrado. ¡eso no produce nada!

Mas allá de la costumbre hay una Palabra que los espera, cuando la Palabra de Dios sea dueña de sus mentes, Dios será el dueño de sus corazones; si desconocen la Palabra de Dios, desconocen a Dios.

Quedan las costumbres, queda una cierta piedad, quedan unos ritos y ¿qué produce eso si seguimos viendo la muerte? ¿Cuántos de ustedes tienen estas costumbres, y son amigos o amigas de los sacerdotes, amigos o amigas de las monjas?

Pero sus hogares siguieron la costumbre y no siguieron a Dios, y por eso muchos de ustedes en sus propia carne experimentan que sus propios hijos ya no les creen lo que ustedes están viviendo.

Necesitamos conocer el alma de Cristo, necesitamos conocer el amor de Cristo, cómo es Cristo y la única palabra inventada para decirnos quién es Cristo es la Palabra que brota de la Biblia, la Palabra que nos ofrece la Iglesia.

Propósito: consiganse hoy mismo una Biblia, hagan ese experimento hoy, sino la tienen vayan donde su vecino o vecina, si no pueden leer busquen que alguien les lea, oigan la palabra de Dios, Capítulo cuarenta y dos o Capítulo cuarenta y nueve, o Capitulo cincuenta o Capítulo cincuenta y dos de Isaias, vayan allá.

Quisiera decir tantas cosas, pero no voy a decir más. Quisiera que esta Palabra se adueñara de ustedes, quisiera que sintieran pasión, fuego cuando les habla el Amigo, cuando les habla Papá Dios; pero, a veces, cuando nos habla Papá Dios sentimos que nos distraemos, que nos dormimos, ¿qué quiere decir eso? Que estamos acostumbrados a las prácticas, a los ritos, pero no estamos acostumbrados a la voz de Dios.

Y la única costumbre que Cristo aprobó fue cuando dijo: "Mis ovejas conocen mi voz, están acostumbradas a mi voz" San Juan 10,3-4. Hay que oír, oír hasta que entre la Palabra, hasta que se acostumbren a la voz del Pastor, a la voz de Dios.

Cuando la Palabra se adueñe de sus mentes, Dios se adueña de sus corazones, y si Dios se adueña de sus corazones y de sus vidas, se ve el poder: cambia ese hogar, cambia ese pueblo, cambia ese país, cambia el mundo. ¡Ese es el camino! ¡Ahí está nuestra salvación.

Entonces, la homilía la hacen en casa, Isaias cuarenta y dos, cuarenta y nueve o cincuenta o cincuenta y dos.

Busquen y lean dos, tres, cuatro, cinco veces, hasta que entiendan, hasta que se quiten la sordera, hasta que se quiten la pereza, hasta que sientan que esa Palabra los enamora, que el sonido de la voz de Dios los cautiva, hasta que sientan que esa es la clave de la vida. Ahí es que empiezan a ser unas nuevas criaturas, y para eso es la Semana Santa.