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Fecha:19990329

Título: El Siervo de Dios

Original en audio: 6 min. 17 seg.


El pueblo de Israel, en tiempos de terrible tribulación, recibió la luz del Espíritu Santo para ver, aunque fuera entre sombras, cuál era la salvación que Dios iba a traer, y uno de los miembros de este pueblo, a quien llamamos Isaías, habló de un Siervo, el Siervo del Señor.

Es como la figura de aquel que cumple la voluntad salvadora de Dios; un Siervo que ya no tiene las carcterísticas de un aguerrido campeón, sino más bien de un ungido; su fuerza ya no está en aquello que le da confianza a los corazones humanos, sino en aquello que le abre la puerta al poder de Dios, es decir, la unción de su Espíritu.

Por eso estas lecturas sobre el Siervo de Yavé, sobre el Servidor de Yavé, que están en el Profeta Isaías, son maravillosas para que nosotros descubramos cuál es el perfil de la persona que cumple la voluntad de Dios y qué significa cumplir la voluntad de Dios.

Son anticipaciones maravillosas de lo que va a realizar Jesucristo en el evangelio; son una cátedra preciosa del corazón de Jesús; está como retratado el corazón de Jesucristo en esos textos.

Miremos hoy, por citar un detalle, por ejemplo esa mezcla de fortaleza y de ternura. Es difícil para nosotros combinar esas dos virtudes. Para nosotros ser fuerte, ser drástico significa también ser duro; o lo contrario, ser tierno, ser compasivo significa muchas veces ser complaciente y no ser firme.

Pero este Siervo de Dios tiene firmeza y tiene misericordia; es radical y sin embargo compasivo. Saber unir estas cualidades o estas virtudes distintas no es fácil para nosotros, pero sí es fácil para el Espíritu de Dios que es suave como aceite que penetra, y es fuerte como una unción que nos empuja, que nos mueve, que nos transforma.

¿En qué se ve la fortaleza de este Servidor de Dios? En muchas cosas de las que hemos escuchado hoy. Se ve en que "es aquel que va a traer el derecho a las naciones" Isaías 42,1, no es poca misión esta.

Enderezar una nación es cosa de héroes; traer el derecho a las naciones sólo Dios puede hacerlo. Pero este que va a traer el derecho, "no gritará, no clamará, no voceará por las calles" Isaías 42,2.

Su estrategia es otra, su poder es otro. No está su poder en la muchedumbre congregada; no está su poder en el favor o en la popularidad; no está su poder en la convicción de una oratoria; no está su poder en el apoyo de los poderosos que siguen los pueblos; su poder está en otra parte, y sin embargo, "traerá el derecho a las naciones" Isaías 42,1.

Es así de fuerte y sin embargo sabe mirar como con cariño "la caña cascada, el pabilo vacilante" Isaías 42,3, sabe mirarlo como con cariño; no extingue al pequeño; tiene ojos para el pequeño; tiene corazón para el más necesitado; tiene un alma capaz de compadecerse y de ver a aquel que flaquea; no tiene la presunción de los fortachones; no tiene la fanfarronería de los victoriosos, como los conocemos en esta tierra.

Aunque Él tiene la victoria, aunque Él da el derecho a las naciones, su victoria es tan grande que abarca, en primer lugar y sobre todo, a los más pequeños.

Aunque Él tiene compasión de aquel que está quebrado, fíjate lo que nos dice la Escritura sobre Él: "Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará" Isaías 42,4.

Él no se quiebra, pero sabe mirar al que está quebrado, quebrantado; Él no vacila, pero sabe entender al que vacila, ¿no es esta una imagen maravillosa de Jesucristo? Que es Él mismo sin pecado, y sin embargo compasivo con todos nosotros los pecadores.

Este maravillosos retrato de Jesucristo, esta descripción del corazón de Jesucristo es, en primer lugar, para que sepamos qué calidad y qué belleza de Salvador nos ha dado Dios, para que se lo agradezcamos, para que recibamos la salvación que Él nos da, para que nos sintamos, al mismo tiempo, fortalecidos y cuestionados por esa revelación preciosa que nos trae el Hijo de Dios.

Pero, en segundo lugar, después de recibir esta salvación, también es para que la misma unción que obró en Cristo, obre en nosotros, y también nosotros, llevando una vida inmaculada, una vida recta, cual no hemos tenido hasta ahora, yo creo, sepamos hacer de la pureza de nuestra vida el canal de la misericordia y de la compasión de Dios para con nuestros hermanos.

Así nos lo conceda Cristo, en quien Dios Padre nos ha concedido todas las cosas.

Amén.