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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo cinco de San Juan. Si tuviéramos que darle un título a este pasaje que fue proclamado para la Misa de hoy podríamos darle el siguiente título: “Lo que nos acerca y lo que nos aleja de Cristo”. Es paradójica la situación del Señor, porque como ya lo anunció en el capítulo primero del Evangelio de Juan, “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (11). Un capitulo donde esto se nota particularmente, es éste el capítulo quinto de San Juan.

Encontramos una serie de polémicas y tensiones muy fuertes entre Cristo y las autoridades judías de aquella época. Es interesante ver como aquella autoridad habían recibido la herencia preciosa de la Ley de Moisés, habían recibido el culto en el templo de Jerusalén, habían recibido la Alianza, y sin embargo todos esos tesoros no les acercaban a Cristo, por eso hay una pregunta que tenemos que hacernos. ¿Qué es lo que realmente acerca y qué es lo que aleja del Señor?.

El Evangelio de hoy nos ayuda a encontrar respuestas, hay tres elementos que Cristo menciona que acercan hacia Él, Cristo dice: “que Juan el Bautista, da testimonio de mí”. Es decir que Juan acerca hacia Cristo, el mensaje de humildad, conversión y arrepentimiento de Juan es un lenguaje que acerca definitivamente hacia la proclamación de la gracia y la misericordia que vienen con Cristo; el mensaje de Moisés acerca hacia Cristo porque efectivamente a través de la Ley que viene a despertar nuestra conciencia recuperamos el orden de Dios en nuestra vida, podemos decir que la Ley de Moisés bien entendida es algo así, como un despertador que ayuda a que las antenas de nuestro corazón se aproximen a la verdad de Dios, se aproximen al corazón de Dios y en este sentido la Ley de Moisés nos acerca hacia Jesucristo; además la Ley también ayuda a que nosotros no caigamos fácilmente en la comodidad de justificarnos a nosotros mismos, este es un elemento que no debe perder importancia.

En tercer lugar, Jesucristo dice que sus obras también dan testimonio, también nos acercan al misterio de lo que Él es. A través de sus milagros, de sus exorcismos, pero en general de su vida toda, la manera como Él la ha vivido, es un testimonio que debe golpear nuestra existencia muchas veces vanidosa, egoísta, cargada de orgullo y soberbia, por eso las obras y la manera como Él vive es una interpelación que tiene que llevarnos a buscar en ese testigo del amor de Dios, ¿Qué es lo que hay? No debemos permitir que la vida de Cristo pase frente a nosotros, como simplemente un caso exótico, los que miran en Cristo simplemente una especie de hippie, de poeta, filósofo o revolucionario, están dejando pasar ante sus ojos el misterio precioso del amor de Dios.

Estos tres son elementos que nos acercan hacia Cristo, pero lamentablemente también hay cosas que pueden alejarnos de Cristo y estas también las menciona Él. Por ejemplo, dice que nosotros nos alejamos de Cristo cuando no permitimos que el amor tome lugar en nuestro corazón, los corazones llenos de amargura, resentimiento y envidia están como blindados para el mensaje de Jesús. Cristo les dice a aquellos judíos: “Yo los conozco y sé que el amor de Dios no está en ustedes” (Jn 5,42). El que no permite que el amor habite en su corazón, difícilmente puede entender el lenguaje de amor, que finalmente es el lenguaje de Cristo, por supuesto amor de la más alta calidad, no estoy hablando de la pura sensiblería o placer como a veces se interpreta la palabra amor en nuestros días, otra cosa que nos puede alejar es eso que Cristo dice a aquellos judíos: “Ustedes andan buscando gloria unos de otros y no la gloria de Dios.” (Jn 5,44); es decir en la medida que nuestro ego y nuestra vanidad está buscando seguidores y adoradores pues nosotros no vamos a adorar al verdadero Dios, si estamos usurpando el lugar de Dios, no vamos a querer que el Dios verdadero llegue a nuestra vida.

Así que hay cosas y elementos que nos acercan hacia Cristo, pero cuidado que también hay riesgo de perder a Cristo si permitimos que la vanidad y el resentimiento tomen lugar en nuestro corazón. Que el mismo Cristo nos libere de estos impedimentos para poder descubrir la alegría del Evangelio como nos ha dicho el Papa Francisco.