K044002a

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Fecha: 19990318

Título: Centrar toda nuestra vida en la busqueda de la gloria de Dios

Original en audio: 3 min. 19 seg.


Ese mismo personaje, Moisés, está en la primera lectura, tomada del Éxodo, y en el evangelio, tomado de esa controversia que Jesucristo tiene con las autoridades judías al final del capítulo quinto de San Juan.

Moisés en la primera lectura aparece intercediendo a favor del pueblo, y Moisés en el evangelio aparece ya no como parte de la defensa, sino como parte de la fiscalía, como acusador del pueblo.

Moisés, que intercede a favor del pueblo, por una sola razón: por la gloria de Dios. Esa oración que el hagiógrafo pone en los labios de Moisés, esa oración está centrada en la gloria de Dios. Si el pueblo se pierde por el desierto, la gloria de Dios, al sacar el pueblo de Egipto, se pierde también.

Es la misma idea que luego nos dirá Ezequiel: "No es por vosotros, sino por la gloria de mi Nombre" Ezequiel 36,22.

Y precisamente es la gloria de Dios lo que aparece como causa de la acusación de Moisés; porque uno dirá: "Bueno, ¿pero cómo es que este Moisés, que estaba defendiendo al pueblo, se va a convertir en una acusación para el pueblo?" Pues por la misma razón.

Moisés defiende al pueblo no porque diga que el pueblo es bueno, sino porque viendo la maldad, dice: "La gloria de tu nombre va a quedar enpañada si el pueblo muere por el desierto, porque entonces, ¿para qué lo sacaste de Egipto? Exodo 32,11-12.

Ese celo de Moisés por la gloria de Dios, es lo mismo a lo que apela Jesucristo en el evangelio. Precisamente, cuando ese pueblo, como dice Cristo, ya busca la gloria unos de otros, y ya no busca la gloria que viene del único Dios, entonces ese pueblo ya no es digno de la defensa de Moisés, sino más bien del reproche de Moisés.

Esto nos indica que el verdadero protagonista en las lecturas de hoy no es Moisés, así se le nombre en ambas, sino es la gloria de Dios.

La gloria de Dios que se manifiesta especialmente en la salvación, en la conversión del pecador; pero gloria también que nos indica cuál es el gran obstáculo para experimentar la salvación de Dios. La búsqueda del reconocimiento y de la importancia frente a otras personas, puede llegar a perdernos del centro de nuestra vida, que es la búsqueda de la gloria de Dios.

Y por eso, la severa advertencia de Jesucristo es al mismo tiempo una inmensa exhortación a que centremos todo lo que somos, todo lo que decimos y todo lo que hacemos en la búsqueda de esta gloria de Dios.

El que busca esta gloria tendrá como intercesor suyo a Moisés, tendrá como ayuda suya la gracia de Cristo. El que se pierde de este camino, el que no busca darle la gloria a Dios, se pierde también de la intercesión de Moisés, y en cierto sentido hace inútil la obra de Jesús.