K044001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970313

Título: La vida cristiana es un camino en el que hay que tener certeza de nunca haber llegado al final

Original en audio: 6 min. 17 seg.


Cuando el acontecimiento del becerro de oro, lo más gracioso es que los israelitas no creían que estuvieran cambiando de Dios, no creían que estuvieran siendo infieles.

Las palabras que ellos le dicen a Aarón equivalen a: "Haz que Dios sea visible para nosotros" Exodo 32,23. Ellos no creían que estuvieran cambiando de Dios, simplemente querían saber cuál era el Dios que les acompañaba.

Y ellos tampoco querían renegar de la autoridad de Moisés, simplemente creían que ese Moisés se había desaparecido, no sabemos qué ha sido de ese Moisés.

Y Aarón hace visible a Dios. Desde luego que el relato está escrito de tal manera, que cuando se habla de becerros, pues se está aludiendo a los cultos de Canaán donde se utilizaban esos becerros o donde el becerro tenía un significado en orden a la fecundidad.

Pero Aarón les pide que recojan los objetos de oro y funde ese becerro y lo primero que le dice a los Israelitas es: "Aquí está tú Dios Israel, el que te sacó de Egipto" Exodo 32,28.

Y también eso es gracioso, tampoco Aarón creía que le estaba siendo infiel a Dios, simplemente creía que le estaba haciendo visible ese Dios al pueblo.

La cosa duró un poco de tiempo después. Cuando se hizo el primer santuario idolátrico en la tierra de Israel, también se hacían celebraciones a un becerro.

Pero la idea no era que ese becerro fuera el Dios, sino que se suponía que ese becerro fuera algo así como el asiento, como el trono de Dios, como la cabalgadura de Dios y que Dios seguía siendo invisible, pero que estaba ahí encima del becerro.

Algo así como presentar una silla vacía y hacerle ofrendas a la silla vacía, pero diciendo que en esa silla está sentado Dios.

Hago estos comentarios para subrayar cómo es de fácil equivocarse. Originalmente el pueblo no creía que estuviera traicionando a su Dios, ni Aarón creía que estuviera cambiando la fe del pueblo, pero sí querían hacer visible la gloria de Dios.

Y lo que nos está contando el relato es que ese pretender tener a Dios delante, ese pretender hacer visible a Dios, ese dominarlo, por lo menos con nuestra mirada, ya que sabemos que Él nos conoce en su mirada, ese pretender dominarlo con nuestra mirada, como comprenderlo, como mirarlo y decir: "¡Ese es!" Ese modo de proceder es el que nos lleva precisamente a la idolatría.

Jesús en el Evangelio se presenta como el testigo de una gloria intransferible, de una gloria inconmutable. La gloria de Dios no se cambia por nada, la gloria de Dios no se negocia, la gloria de Dios es en el Corazón de Cristo como una pasión que le lleva a hablar con esa fuerza con que hemos escuchado en este evangelio.

Pero es la pasión por algo invisible. Jesús queda así inscrito y a la cabeza de la fila de todos los peregrinos en la fe, y así nos lo va a presentar la Carta a los Hebreos en su debido momento. Jesús aparece como uno más dentro de los peregrinos, dentro de los caminantes, en la búsqueda de la gloria de Dios.

Aquellos de los que dice la Carta a los Hebreos, en los capítulos diez y once, que iban detrás de una ciudad de sólidos cimientos, que iban a la búsqueda del verdadero descanso.

Es lo que la vida cristiana, y especialmente la vida religiosa, es eso; es como un camino en el que siempre hay que tener la certeza de nunca haber llegado hasta el final.

Yo creo que una vocación, los jueves tienen siempre ese color vocacional, se empobrece cuando siente que ya llegó. “Este era el puesto que yo quería, este es el trabajo que a mí me satisface, estos son los amigos con los que me siento bien, aquí logré lo que yo pretendía".

Sentir que uno ha llegado, hacer visible a Dios, pretender que ya llegó ese descanso, eso precisamente es lo que frena el impulso, eso precisamente es lo que apaga la llama ardorosa de la vocación.

Pidámosle a Dios, entonces, que nos haga apasionados por el absoluto, pidámosle que nos dé ardor por la gloria del invisible; roguemos de Dios que nos dé pasión por aquello que no esté al alcance ni de nuestros ojos ni de nuestras manos, precisamente para estar siempre ante la mirada y entre las manos de nuestro Creador, de nuestro Salvador, de nuestro Líder.