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Fecha: 20110406

Título: "Restaurar" y "resucitar": dos palabras que estan estrechamente relacionadas

Original en audio: 4 min. 1 seg.


Hay dos palabras que tienen una gran relación, y esas dos están en las lecturas de hoy: la primera es la palabra "restaurar", y la segunda, "resucitar".

Restaurar es volver a su hermosura original, a su vigor primero, aquello que había decaído. Por ejemplo, una obra de arte que estaba dañada o cubierta de polvo, es restaurada. De lo que se trata no es de cambiarla, sino de llevarla a su belleza original.

De esto nos habla Isaías en el capítulo cuarenta y nueve, que es la primera lectura de hoy. Dios va a restaurar a su pueblo, y esto es una noticia de alegría y es el fruto de la compasión de Dios. Dios restaura a su pueblo.

Cristo, en el capítulo quinto de San Juan, utiliza un lenguaje diferente, habla de resurrección. ¿Y qué es la resurrección? Es la victoria sobre la muerte. Y se da esta circunstancia: que la resurrección es algo definitivo, porque como dice San Pablo: "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más" Carta a los Romanos 6,9.

Es que la muerte no es un enemigo como los demás enemigos; una vez que se vence a la muerte, ya no quedan más enemigos por vencer. Es decir, la muerte es el ememigo definitivo, y este es el enemigo que ha sido vencido por Cristo.

Por eso, la resurrección no significa un regreso a esta clase de vida, sino que es la instauración en un orden definitivo, en el orden que Dios ha querido para nosotros.

De esto nos habla Jesús en el capítulo quinto de San Juan, diciendo que el Padre, Dios Padre, ha dado potestad al Hijo, es decir, a Él mismo, a Cristo, para que resucite. Y si resucitar es llevar a la plenitud, podemos decir que resucitar es llevar como a la hermosura última, definitiva.

Ahora vemos la relación tan profunda que hay entre estas dos palabras: restaurar es volver a la belleza original; resucitar es llevar a la belleza definitiva.

La redención, otra palabra que empieza por "re", cobija las dos cosas: la redención al mismo tiempo nos devuelve al plan original de Dios, y nos lleva a la culminación, al desenlace, a la meta última de ese mismo plan.

Hay una palabra que en este sentido es orientadora, la palabra "paraíso". Jesús no la utilizó, o mejor dicho, sólo la utilizó cuando estaba sobre la cruz, y la utilizó para referirse a la condición definitiva de aquel ladrón que también, compartiendo el suplicio de la cruz, se había arrepentido.

Fíjate que el paraíso es como la hermosura original, mientras que la hermosura definitiva es el cielo. Y Cristo al mismo tiempo restaura lo mejor que tenía el paraíso, y nos da la plenitud del cielo.