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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990317

Título: ¿Por que los milagros que hace Jesucristo se convierten en signos?

Original en audio: 15 min. 58 seg.


El evangelio según San Juan nos presenta pocos milagros con mucho contenido, además, no los llama milagros, sino los llama señales, los llama signos. Son signos que apuntan hacia el misterio de Jesucristo.

De acuerdo con los estudiosos, son siete estos signos que van desde la transformación del agua en vino en las bodas de Canaán, hasta la exaltación de Cristo en la cruz; Cristo en la cruz es el séptimo y el definitivo signo, de acuerdo con el evangelio de Juan.

El día de ayer escuchábamos la sanación de un paralítico, y Cristo para dar gloria a Dios con esta sanación, y mostrar que no había sido ningún poder natural el que había curado por medio de un agua mágica a este paralítico, le dice que se vaya, que lleve su camilla.

La camilla de este paralítico era un testimonio para la gloria de Dios, pero los judíos miraron esa camilla cargada en sábado como un quebrantamiento del sábado, que el paralítico está llevando su camilla, porque lo curaron.

Peor por ahí, lo acaban de curar, y está quebrantando el sábado; esa era la lógica de estas autoridades religiosas de la época: “Está quebrantando el sábado”.

Lo que nosotros nos vamos a encontrar es que entre el primer signo que hace Jesucristo en Canaán, y el último signo, su exaltación en la cruz, cada vez, las señales van produciendo más un juicio, y si uno recuerda las palabras de Cristo, Él lo anuncia, cuando está por llegar la última señal, que es la cruz, Él lo anuncia: “Ahora va a ser juzgado este mundo” San Juan 12,31.

La palabra juicio en griego se dice “krisis”, de donde viene "crisis", para nosotros. Esto quiere decir, que a medida que van pasando las señales de Cristo, a medida que Él las va dando, la crisis es cada vez peor, el juicio cada vez es peor.

¿Y en qué consiste este juicio? En que cada vez es más meta la separación entre los que aceptan y creen, y los que rechazan y se condenan; aquí estamos apenas en el capítulo quinto de Juan.

Y ya nos damos cuenta de cómo el milagro se convierte en polémica, por eso creo yo, que Juan prefirió la expresión “semeien”, es decir, signo, y no milagro, porque los milagros les gustan a todo el mundo, en cambio los signos no.

¿A quién no le gustaría un milagrito por ahí en la pieza, un milagrito por ahí en el cuerpo, un milagrito por ahí en la familia? Todos queremos milagros, pero no todos queremos los signos, por eso él los llama “signos".

Porque, ante un signo, como puede ser una señal de tránsito, uno tiene que tomar una posición: "¿Obedezco? ¿= no obedezco?" "¿Hago lo que me dicen? ¿O no lo hago?"

Es muy profundo que San Juan haya llamado "signos" a estos acontecimientos en los que Cristo mostraba su verdadero papel. Para San Juan, Cristo no es un milagrero, sino Cristo mismo es el gran signo, es la gran señal.

Y por eso ante Jesucristo, sobre todo ante Cristo en la Cruz, uno toma la decisión radical de su vida, esta es la postura de San Juan. Uno toma la decisión radical de su vida frente a Cristo.

Y por eso, a medida que se va mostrando Cristo, es decir, a medida que va dando señales más y más profundas, más y más intensas, más y más claras, de algún modo, también el juicio se hace más profundo, se hace más claro, y si queremos decirlo así, se hace más definitivo.

Entonces el milagro fue contado brevemente el día de ayer, en la lectura de ayer, y hoy está la polémica entre Jesús y los judíos, ahí está la polémica.

Lo mismo nos vamos a encontrar cuando Jesús sana al ciego de nacimiento, ahí hay una polémica también, y cuando Jesús resucita a Lázaro, otra polémica. Los signos que da Jesucristo son signos polémicos.

Nos hace falta ver por qué. Nos hace falta verqué era lo problemático de estos signos, o si lo queremos plantear en términos más exegéticos, vamos a preguntarnos esto: ¿por qué los milagros de los sinópticos se convirtieron en semilla, en signos, en San Juan?

¿Por qué San Juan descubrió el aspecto problemático de eso que los sinópticos llamaban milagros? ¿Por qué los milagros se convierten en signos? ¿Por qué no son simplemente obras buenas a favor de los hombres?

¿Por qué pueden ser ocasión de discusión, como vemos que está sucediendo aquí? La curación misma no es objeto de discusión. Si nosotros miramos estas señales que nos cuenta San Juan, nunca entra en tela de juicio que la señal sí se ha producido.

Que Lázaro si resucitó, que el ciego sí se curó, que el paralítico sí caminó, eso no es lo que está en discusión, lo que entra en discusión es: ¿con qué autoridad? Lo problemático de las señales de Jesucristo empieza en que ahí aparece un género nuevo de autoridad, que por eso entra en conflicto con las autoridades que ya existían.

Lo problemático está en que Jesucristo no tiene ninguno de los estandartes, de las insignias, de las medallas de los galones, o como los queramos llamar, con que unos hombres se acreditan ante otros.

Jesucristo no tiene la autoridad de ser de familia sacerdotal; Jesucristo no tiene la autoridad del dinero; Jesucristo no tiene la autoridad del estudio; Jesucristo, hablando estrictamente, no tiene la autoridad de ser de Judea.

Él es galileo, no es de Judea, y los galileos están ya prácticamente allá metidos entre el paganismo. Jesucristo tiene todo para ser desautorizado, tiene todo para no significar nada. Jesucristo es insignificante.

Pero viene de una tierra pagana, de una familia pobre, no tiene instrucción, no tiene rango, no tiene abolengo, no tiene poder, no tiene dinero. Jesucristo es insignificante.

La gran pregunta que hay detrás de estas discusiones entre Jesús y los judíos es ésa: ¿Cómo pueden venir signos de una persona insignificante? ¿Cómo lo insignificante puede convertirse en significativo? Y en realidad es una pregunta mística profunda ante la cruz. Cristo en la cruz debería ser absolutamente insignificante.

Pero resulta que Cristo en la cruz es absolutamente significativo. Cristo no tiene razón humana algunas de autoridad, no la tiene, pero sin embargo, comprobamos que tiene autoridad.

Tiene autoridad sobre la naturaleza, porque le cambia la naturaleza al agua en vino; tiene autoridad sobre la enfermedad, porque cura al paralítico; tiene autoridad sobre el destino, porque le cambia el destino al ciego de nacimiento, nunca habíamos visto que un ciego de nacimiento se curara.

Tiene autoridad sobre la vida y la muerte, porque resucita a Lázaro, o sea que si miramos las siete señales de Jesucristo en San Juan, cada vez nos muestran una autoridad mayor.

Tiene autoridad no sólo sobre la muerte, sino tiene autoridad sobre su propia muerte, sobre su propio dolor. Tiene autoridad sobre el odio, autoridad sobre los demonios. Él tiene todo el poder.

¿Cómo puede estar todo el poder en el hombre más desvalido, en el hombre más insignificante del mundo? Este es el conflicto. Y en el fondo, las preguntas que hacen las autoridades judías son tratando de descalificar la autoridad de Cristo.

Lo que nos hemos encontrado en el evangelio de hoy es: ¿cuál es la respuesta de Cristo a la descalificación que las autoridades hacen de Él?

Porque lo que viene a suceder es esto, Cristo queda descalificado. Cristo no tiene autoridad, Cristo es insignificante, cuando Él va a hablar, ¿entonces de qué habla? ¿Intenta recuperar su ascedencia davídica? Al fin y al cabo Él hubiera podido aludir, humanamente hablando, a eso, Él hubiera podido alegar su ascendencia davídica.

"No, ustedes no me maltraten, no hablen mal de mí, soy de ascendencia davídica, piensen que yo podría ser el Mesías". Pero vemos que Jesús no alega su ascendencia davídica. Jesús no alega sus ratos de oración o de meditación de la Palabra.

Jesús, cuando se cuestiona su autoridad, cuando se le descalifica, cuando se le trata como insignificante, ¿qué hace? Habla del Padre. Eso es lo que vemos que hace hoy: “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo.”

Esta respuesta que está en el pasaje de hoy, es fundamental para la cristología de Juan: “El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre; lo que hace Éste, eso mismo hace también al Hijo. Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro” San Juan 5,19-20.

Ese parrafito resuelve el problema de la autoridad de Jesucristo en San Juan: “El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre” San Juan 5,19. Toda la fuente de su autoridad, todo su poder, toda su sabiduría, todas sus señales todo proviene del Padre.

De esta manera, la insignificancia de Cristo se convierte en un argumento a favor del mismo Cristo. "Precisamente porque yo no significo nada", ¿qué quiere decir eso? "Que todo lo estoy recibiendo de mi Papá".

"Que yo soy el Hijo. Si alguien que no significa nada puede dar estos signos, es porque el Hijo está en medio de ustedes". Ese argumento profundo de Jesucristo en San Juan, alcanza su culminación precisamente en la Cruz.

En la Cruz queda Jesús desnudado de toda dignidad, no sólo como judío, sino como persona incluso; así como le son quitadas sus vestiduras, así también es desvestido de toda dignidad.

Y en esa desnudez, en esa carne viva de Jesucristo, lo que aparece es: “Por mi cuenta nada puedo hacer, todo lo está haciendo mi Padre” San Juan 5,19. Esto quiere decir que el intento de destruir a Jesucristo en la Cruz, muestra más al Padre

Si llegamos a comprender esto, hemos entrado, hemos dado el primer paso en la sabiduría bendita de la Cruz. El intento de destruir a Jesucristo, el intento de mostrarlo como completamente insignificante, el intento de anularlo, hace que aparezca su verdadera vida, su verdadera fuerza, su verdadera gracia, su verdadera relación como Hijo del Padre.

Y así San Juan descubre algo maravilloso: que el momento de la máxima manifestación del Padre es el momento de la máxima humillación del Hijo, porque desaparecido todo lo humanamente significativo de Jesucristo, queda claro que "Él nada puede hacer por su cuenta que no vea hacer al Padre" San Juan 5,19.

Y entonces queda claro que lo que hace el Padre, eso mismo hace también el Hijo. Y de aquí resulta todo, si hay tal unión entre entre ese Hijo y ese Padre, quiere decir que ese Hijo recibe todo de ese Padre.

Quiere decir que la unión entre ellos es la referencia y fuente de toda la unión entre todos los creyentes, y quiere decir que el que se una así a Jesucristo, entonces puede hacer las obras de Cristo, y puede hacer también las obras del Padre.

Amén.