K041007a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo cuarto de san Juan, encontramos un milagro, esto no es extraño en los Evangelios, ciertamente el poder de Cristo se derrama con abundancia sobre los más necesitados, en todos los Evangelios es así, y por eso no es extraño que aparezca un milagro, una curación. Pero hay algo que me llama la atención del texto que nos encontramos hoy, quisiera explicar lo que descubro en con una comparación, con un instructor en un gimnasio; en muchas partes del mundo los gimnasios se han vuelto populares, lugares donde la gente hace ejercicio físico para mejorar su salud y su figura. En muchos de estos sitios de ejercicio corporal hay instructores, el papel del instructor es múltiple, tiene que evaluar la condición de la persona que llega al gimnasio y tiene que proponerle lo que a veces llaman “rutinas”, es decir series de ejercicios que pueden cumplir los objetivos de salud o de estética de esa persona.

Con todo el amor y respeto hacia Jesús, digo que también Jesucristo es como un gran instructor, solo que el gimnasio que Él nos propone y los ejercicios que Él quiere traer a nuestra vida, más que ejercicios corporales, son ejercicios espirituales; digo esto por lo que descubrimos en el Evangelio de hoy, observemos cómo se desarrolla la escena: llegan algunos diciendo de parte de un funcionario real “mi hijo se está muriendo” (cf. Jn 4,67) , es una necesidad viva, es un dolor evidente, pero la frase de Cristo es un poco fuerte y dura: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen” (Jn 4,48); esa frase parece más una queja o un lamento que una disposición para servir. Sin embargo Cristo no se limita a hacer esa denuncia, sino que dice a aquellos que buscan la curación del niño: “Vuelve a tu casa, tu hijo vive” (Jn 4,50). Observemos por favor con cuidado la secuencia de las palabras de Cristo, Él dice primero: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”, podríamos decir que esa es la condición en la que muchas personas se encuentran, es decir que buscan fundamentalmente que Dios les conceda sus favores, les resuelva sus problemas, “y si Dios me funciona, Dios hace lo que necesito o quiera, entonces voy a considerar a Dios mi amigo, entonces voy a creer en Él”. Evidentemente la persona que obra así, está obrando con una fe sumamente interesada e infantil, y lo que hace Cristo es darle la vuelta a esta situación: “mira, ahora vamos a hacerlo al revés, ahora vas a creer primero y luego vendrán las señales; estas acostumbrado en tu fe infantil a que primero se te hacen los favores y después, a sí, sí creo; ahora vamos a cambiarlo, ahora va a ser al revés, ahora vas a empezar por creer y después vendrán las señales”. Te das cuenta que lo que Cristo le está pidiendo al señor que tiene el hijo enfermo, al funcionario real, es un nivel más alto, Cristo lo quiere llevar a un nivel más alto, así como un buen instructor de gimnasio dice: “mira no nos vamos a quedar en el trote suave todo la vida, tienes que mejorar tu nivel, tienes que subir tu nivel”; eso es lo que Cristo está diciendo: “tienes que subir tu nivel”. ¿Y cómo pone Cristo al funcionario que suba su nivel?, “ya que estás acostumbrado a que primero son los favores y luego crees, ¡ahora vamos a cambiar, ahora vas a creer primero!”, “y después de que tu ejerzas fe, entonces van a venir las señales”. Gracias a Dios este funcionario real subió a ese siguiente nivel, este funcionario efectivamente creyó en la palabra de Jesucristo, y ciertamente llegaron maravillas a su vida.

Bueno, que Cristo también nos ayude a dar ese paso, a poner en primer lugar la fe y la confianza, para luego experimentar las maravillas del Señor.