K041001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020311

Título: La fe que Jesucristo quiere

Original en audio: 9 min. 22 seg.


Queridos Hermanos:

Podemos decir que las lecturas de hoy, especialmente el santo evangelio, nos invitan a una purificación de la fe.

Es una lectura un poco extraña la del evangelio que hemos escuchado. Jesús anuncia a los discípulos: "Un profeta no es estimado en su propia patria" San Juan 4,44; porque está volviendo a Galilea.

Pero inmediatamente dice el evangelista: "Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien" San Juan 4,45. Y se queda uno como extrañado.

¿Por qué Jesús dice que un profeta no es estimado en su patria, y lo que encontramos es precisamente, que lo han recibido bien? Ahí queda uno como desconcertado.

Luego, más adelante hallamos lo siguiente: "Oyendo que Jesús había llegado a Galilea, fue a verle un funcionario y le pedía que bajase a ver a su hijo" San Juan 4,47. Jesús toma una actitud un poco dura, podríamos decir, o por lo menos desengañada: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis" San Juan 4,48.

Nos quedamos un poco sin entender, en qué consiste la queja de Cristo. ¿Por qué dice que se siente mal recibido? ¿Por qué esa actitud? ¿Por qué esa respuesta un poco agria a este hombre que pedía una curación?

Si nosotros miramos más de cerca, el evangelista me parece que nos da claves para entender, qué es lo que está sucediendo aquí, qué es lo que le duele a Cristo y por consiguiente, qué es lo que Cristo quiere que cambie en nuestra vida.

Porque el dolor de Cristo nunca es un dolor estéril; es un dolor que nace del amor, y es un amor que quiere nuestra transformación según el plan de Dios.

Resulta que el evangelista dice: "Los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta" San Juan 4,45. Es decir, hay una razón para ese recibimiento: "Lo recibieron bien, porque habían visto lo que había hecho" San Juan 4,45.

Y la frase que dice Jesús a este hombre, va como en el mismo sentido: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis" San Juan 4,48. Por tanto, Jesús admite que hay una fe, pero ve que esa fe sigue dependiendo de signos y prodigios.

La fe de la gente y la manera de recibir a Jesús, dependen de lo que ven, de lo que comprueban. A mí me parece que ahí está la clave para la comprensión de este evangelio.

Jesús es bien recibido, pero bien recibido porque habían visto, por lo que habían visto en la fiesta, y el funcionario está abierto a la fe por un signo, por un prodigio que espera ver. Jesús quiere ser bien recibido, pero Jesús quiere que nazca la fe sin necesidad de ver.

Obsérvese cómo Jesús le dice a ese funcionario real: "Anda, tu hijo está curado" San Juan 4,50. "Iba ya bajando, cuando sus criados", -los del funcionario-, "vinieron a su encuentro, diciéndole que su hijo estaba curado" San Juan 4,51.

"Les preguntó a qué hora; le dijeron la hora, y el padre cayó en la cuenta de que esa era la hora cuando Jesús le había dicho que estaba curado. Y creyó él con toda su familia" San Juan 4,52-53.

Lo más interesante es que cuando Jesús le dice: "Anda, tu hijo está curado" San Juan 4,50, el evangelio añade: "El hombre creyó en la Palabra de Jesús" San Juan 4,50.

Pero luego cuando le dijeron: "Tu hijo se curó a la hora en que Jesús te dijo que estaba curado", dice: "Él creyó con toda su familia" San Juan 4,53.

Son dos momentos del creer. Hay un creer inicial, una aceptación de la Palabra del Señor. Luego viene una comprobación. El hombre comprueba, y en ese momento el evangelista vuelve a decir: "Creyó" San Juan 4,53. Y sin embargo, la fe que quiere Nuestro Señor Jesucristo es una fe en Él, por ser quien es.

Es la misma idea que vamos a encontrar en este evangelio hacia el final, en esos famosísimos pasajes del Apóstol Tomás: "Tú crees porque has visto. Dichosos los que sin ver, creen" San Juan 20,29.

Jesús sabe, que el ver las señales, el ver que el niño se curó a la misma hora, despierta fe. Pero esa no es la fe que a Él más le gusta, y esa no es la manera como Él quiere ser recibido.

Al principio del evangelio dice: "Un profeta no es estimado en su propia patria" San Juan 4,44. Entonces, ¿cuál es la estimación? ¿Cuál es la estima que espera Jesucristo?

Jesús espera ser estimado, Jesús espera ser acogido y amado por ser quien es. Y esto supone en nosotros una purificación de la fe. Ser bien recibido porque se han visto los prodigios, no es recibir al Profeta, es recibir a la mata de los prodigios, el árbol de los prodigios, la fuente de los prodigios.

Pero Jesús no quiere ser recibido como un árbol de prodigios o como una fuente de prodigios. Jesús quiere ser recibido como el Enviado del Padre. Porque el Padre lo envió; por eso quiere ser recibido Cristo.

Y recibir a Cristo porque el Padre lo envió, es recibirlo de la manera más perfecta. Esa es la estima, ese es el amor, esa es la acogida que Él quiere que tengamos.

Precisamente, esa es la acogida que nosotros le damos a Él en la Santísima Eucaristía, como dice hermosamente aquella poesía de Santo Tomás de Aquino, -no el Apóstol sino el fraile dominico- : "Todo queda para la fe".

Ahí no hay nada para los sentidos. Parece pan, es la especie del pan, pero es Cristo. Ahí recibo a Cristo por ser Cristo. Recibo a Cristo, porque Papá Dios me lo da. Recibo a Cristo, porque es el enviado del Padre.

Ahí no recibo a Cristo porque vaya a hacer ningún prodigio. El único y maravilloso prodigio, que es su presencia viva, queda completamente en la fe. Porque mis sentidos, incluso mi misma inteligencia, no alcanzan a abrazar y a abarcar ese misterio. Por eso en la Eucaristía, Jesucristo realmente es recibido como Él quiere ser recibido.

"Un profeta no es estimado en su propia patria" San Juan 4,44, decía Él. "Que me reciban porque yo soy la mata de las señales y de los prodigios, que me reciban porque yo soy la fuente de los prodigios, de los milagros y de las cosas extraordinarias, eso no es grande. Que me reciban porque yo soy el Enviado del Padre, así es como quiero ser recibido, así es como quiero ser amado".

Así es como la Santa Iglesia te recibe, Jesús. Así te recibimos en la Santa Misa, así te acogemos sobre el altar. Así; porque eres el Enviado del Padre, porque eres el Profeta que tenía que venir al mundo.

A ti, Jesús, la gloria, la alabanza y el amor por los siglos.

Amén.