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Fecha: 20010316

Título: La envidia se combate con la oracion

Original en audio: 23 min. 52 seg.


Hermanos:

Estas lecturas están escogidas para el día viernes, porque los viernes de cuaresma nos van preparando como en una especie de retiro espiritual para que tengamos ojos, ojos para ver la Cruz de Cristo y para descubrir lo que sucedió en la Cruz de Cristo.

Porque si no tenemos ojos, si no tenemos mirada, lo que nos muestra Cristo en la Cruz no lo vamos a ver nosotros. Por eso, mis hermanos tenemos que vivir la espiritualidad propia del viernes de cuaresma, se trata de descubrir el camino que lleva a Cristo hacia la muerte, pero para ver también con qué armas llego Cristo a la hora de la muerte.

Cristo no llegó desarmado a la hora de su muerte, llego armado, no con las armas de esta tierra, sino con las armas del Espíritu, esa confianza que pone en Dios, esa obediencia al Padre celestial, y esa divina caridad por nuestra salvación, fueron esas las armas de Cristo.

Hay que conocer las armas de Cristo antes de que llegue el Viernes Santo, porque si no cuando llegue el Viernes Santo lo único que vamos a ver es un reguero de sangre, y vamos a decir: “Mira, otro que mataron; o sea que las muertes están ya hace rato".

Hay que ver en la muerte de Cristo no una muerte más, sino la Sangre que limpia, la Sangre que limpia, el Cordero que quita el pecado del mundo.

Hoy, por ejemplo, las lecturas nos presentan la envidia, el problema de la envidia, la palabra envidia, viene del latín y en latín significa ver mal, ver con malos ojos, ver dañadamente, ver deseando lo malo, esa es la envidia. Es un pecado terrible, se dice que la envidia está tan pálida y tan delgada, porque mastica pero no come.

La envidia destruye al que la tiene sin ayudar al que la padece. ¿Qué es la envidia? Es la tristeza por el bien del otro, y por consiguiente, es el deseo de que el otro no tenga ese bien, el deseo de que al otro le vaya mal.

La envidia es una carcoma terrible del corazón, que pretende dañarle la alegría, la felicidad y el bien al prójimo. La envidia tiene su fuente en Satanás, Satanás es envidioso desde el principio, y por la envidia de Satanás entró el pecado en el mundo, porque Satanás mira con envidia, mira de mala manera al ser humano.

Porque nosotros los seres humanos –aunque somos pecadores- tenemos la posibilidad de convertirnos, podemos recibir la bondad de Dios, y podemos entrar en amistad con Dios, y cuando un ser humano está unido con Dios es más fuerte que cualquier ángel. Y esto le da envidia al demonio que es un ángel caído.

La envidia llevó a Cristo hacia la muerte, envidia es lo que aparece en el evangelio que hemos escuchado hoy, envidia fue lo que sufrieron los hermanos de José, aquel muchacho que tenía unos sueños inspirados y que despertó la envidia en su familia, y por envidia lo vendieron como esclavo a Egipto.

La envidia en el fondo esconde un miedo, eso lo podemos entender en el texto del evangelio que oímos. La envidia es un miedo, vamos a ver por qué, porque de aquí podremos sacar remedio para la envidia, que no es poca cosa.

Los labradores aquellos tenían el encargo de hacer producir cosecha a esa tierra, y darle al dueño lo correspondiente. Cuando ellos se resuelven a matar al hijo del dueño dicen una frase que es clave: “Este es el heredero, venid lo matamos y nos quedamos con la herencia” San Mateo 21,38.

¿Qué idea hay ahí? El heredero, el hijo es el que tiene la herencia, los labradores dicen: “Esa herencia no va a alcanzar para el hijo y para nosotros; la herencia se va a quedar solamente para el hijo, por eso vamos a matar al hijo y nos quedamos con la herencia".

"La herencia no va a alcanzar para él y para nosotros, si al él le va bien, a nosotros nos va mal; hagamos que a él le vaya mal para que a nosotros nos vaya bien”.

Esa es la esencia de la envidia: “No va a alcanzar para mí, por eso, necesito que le vaya mal a él, porque como no va a alcanzar, si lo quito a él, si lo destruyo a él, si le va mal a él, entonces me va a ir bien a mí”.

Eso fue lo mismo que pasó con José, el muchacho de la primera lectura. Él había tenido unos sueños en donde él era el centro de atención de sus hermanos, que lo veneraban, que lo honraban.

Entonces, los hermanos pensaron: “Esto está trágico, porque si toca darle tanta importancia a ese señor, la importancia no va a alcanzar, no va a haber suficiente importancia para darle a él y para darnos importancia a nosotros".

"NBo va a haber suficiente honra para honrarlo a él y para que nos honren a nosotros; no va a haber suficientes bienes para él y para nosotros; matémoslo a él, quitémoslo a él, y nos queda más a nosotros, eliminémoslo a él, porque si a él le va mal, a nosotros nos va bien”. Esa es la envidia.

Lo maravilloso de la Biblia, mis hermanos, es que Dios responde a esta manera de pensar. Recordemos el desenlace de la historia de José y recordemos el desenlace de la historia de Jesús y veremos cómo Dios responde claramente al miedo que es la raíz de la envidia.

¿Cómo responde Dios? ¿Cómo acabó la historia de José? José fue vendido como esclavo, pero allá en Egipto, a pesar de que llegó como esclavo le fue muy bien, y empezó a prosperar y a ascender, subió cada vez más y llegó a ser administrador de todo Egipto. A José le fue muy bien.

Pregunta, ¿significa esto que a los hermanos les fue mal? Respuesta: no. Al contrario, a José le fue muy bien, llegó a ser el gran administrador de Egipto y eso fue la salvación de los hermanos, porque los hermanos cuando llegó un hambre terrible tuvieron a dónde ir para conseguir alimento. ¿Dónde fueron? A Egipto, y ¿quién les dio el alimento? José.

Es decir, el miedo de ellos era: “Si alcanza para José no alcanza para nosotros, si a él le va bien a nosotros nos va mal”. Y ¿cómo respondió Dios a ese miedo? “No, señor, están equivocados, mire cómo a José yo lo levanto y le va bien, y como a José le fue bien, a ustedes también les fue bien”.

La envidia es que el otro pierda para que yo gane; el amor es, si el otro gana según Dios, yo también gano según Dios. Claro, el miedo de la envidia de dónde surge, del refrán: “El ladrón juzga por su condición”.

El que es egoísta tiene miedo, presiente que el otro también es egoísta, y por eso dice: “si a él le va bien, se va a quedar con todo”.

¿De dónde surge el miedo que es la raíz de la envidia? De juzgar que el otro es un egoísta y que si a él le va bien se va a quedar con todo y a mí no me va a tocar nada.

Pero José no era egoísta y Cristo muchísimo menos es egoísta. ¡A Cristo le fue muy bien, muy bien, Cristo resucitó glorioso de entre los muertos, le fue muy bien! Y ¿qué nos dice San Pablo sobre Cristo? Que nosotros somos coherederos.

¿Sabe cómo se destruye la envidia? Con esa palabra, "coheredero", nosotros heredamos con Cristo, no hay que destruir a Cristo para que nos alcance más a nosotros, al contrario.

A Cristo le fue muy bien a pesar de todo el odio, del dolor, de la Cruz y del sepulcro. Cristo se levanta glorioso del sepulcro, Cristo se levanta vivo, hermoso, rico, poderoso, del sepulcro. Y de esa riqueza, bondad y hermosura, nos dice el Apóstol San Juan: “Todos hemos recibido gracia sobre gracia” San Juan 1,16, porque Cristo no es egoísta.

La divina caridad destruye el egoísmo y muerto el egoísmo tiene que morir también el miedo al egoísmo. La envidia surge por allá de los hígados del diablo, allá de las entrañas de Satanás por el miedo a que el otro sea tan egoísta como él.

Pero si el amor destruye al egoísmo, entonces el amor le pasa sentencia de muerte a la envidia. Porque una vez que el amor me curó del egoísmo yo ya no sigo juzgando como el diablo, yo ya no sigo pensando que al otro le tiene que ir mal para que a mí me vaya bien.

Sino que yo pienso con amor y digo: “Si Dios lo bendijo a él, si Dios sana a esa persona, si Dios cura a esa persona, si Dios protege a esa persona y la levanta, esa bendición que le llega a mi hermano, también va a ser bendición para mí”.

Estas palabras, que son la victoria sobre la envidia, tienen implicaciones muy prácticas, voy a dar dos ejemplos de la vida real, de gente que yo he conocido para que veamos cómo se vence la envidia.

Primer ejemplo: una vecina amiga de mi mamá, estaba pasando por un pésimo momento en el matrimonio. Fue donde mi madre –que es una mujer bendecida por Dios, que la conserve muchos años-, mi madre ha sido una mujer piadosa como muchas de estas mujeres que están aquí, cómo es de importante el amor y la piedad en las mamás.

La vecina fue donde mi mamá y le dijo: “Figúrate la desgracia que estoy pasando, parece y mucho me temo que mi esposo está siendo infiel conmigo”. Un caso real, de la vida real y concreta. Y le dijo a mi mamá: “Y siento ira”, normal, explicable.

“Y es que yo quisiera encontrarme con esa vieja urraca, desgraciada, quita maridos, y quisiera despedazarla, y destrozarla porque cómo se le ocurre hacerme eso, está a punto de acabar con mi familia”. Y esa pobre mujer, herida en su orgullo de mujer, sintió que le hervía la sangre.

De manera que poco falto para que contratara unos sicarios, que fueran allá a eliminar a la amante del esposo, porque así arreglan los problemas algunas personas. Se contrata a alguien que le pegue su tiro y arreglado el problema.

Pero esta amiga, fue donde mi madre y mi mamá, me parece a mí que guiada por el Espíritu Santo, después de escuchar toda la tristeza que tenía esta mujer, tristeza explicable, le dijo: “No vayas a hacer eso, no hay necesidad de que hagas eso, déjame yo te muestro un camino distinto”.

Y ¿sabe qué consejo le dio mi mamá? Le dijo: “Venga, siéntese, vamos a orar por esa mujer”. Claro, esta pobre que veía su hogar temblando, qué ganas de orar iba a tener, ella tenía ganas era de ahorcar, de estripar y comer del muerto.

Pero mi mamá le dijo: “Siéntese, cálmese, vamos a orar, y ¿sabe qué vamos a orar? Nosotras no le vamos a decir a Dios: "Obra justicia contra esa mujer, mándale un rayo que la parta en cuatro”, no.

"Nosotras vamos a orar pidiéndole a Dios que le dé a esa mujer lo que a ella le hace falta, ella es una mujer joven que puede organizar un buen hogar, ella es una mujer sola que necesita mucho afecto, ella es una mujer por la que vamos a orar”.

La amiga no quedó como muy convencida de ese consejo, pero finalmente hizo caso, y se pusieron en la tarea de orar pidiéndole a Dios esta cosa tan rara: “Señor Dios, te pedimos que esta mujer, que como amante está destruyendo una familia, tú le abras los ojos, tú le des un esposo que sepa quererla, que sepa respetarla, y que le dé un hogar que sea el hogar de ella”.

Yo no sé como se las arregló mi mamá para que esas oraciones se pudieran hacer, pero el hecho fue que se pusieron a orar seriamente y el desenlace fue feliz, supremamente feliz.

Ese momento tan horrible de ese matrimonio se acabó, la reconciliación del esposo con la esposa se dio. Y como lo habían pedido, esta mujer, alejándose de lo que no le pertenecía, pudo organizar un hogar distinto en otra parte.

¿Te das cuenta? Así se arreglan los problemas de la envidia. Si usted siente que alguien le tiene envidia, usted no tiene que desearle el mal a esa persona, porque eso es dejarse envenenar usted.

Lo que usted tiene que hacer cuando sepa que alguien le tiene envidia o que alguien le desea el mal, es decirle a Dios: “Señor, dale a esa persona todo lo que necesita”, esa va a ser la paz para usted.

“Señor, dale bendición, sanación, dale luz y amor a esa persona, dale todo bien a esa persona”. Por eso la Biblia nos dice con un sentido muy práctico de las cosas, la Biblia nos dice: “Cuando a usted lo maldigan, usted bendiga; cuando a usted lo persigan, usted rece”.

Porque la Biblia es práctica, es real, y si usted pone en práctica este consejo descubrirá que duerme su noche tranquila y Dios le va quitando los enemigos. Son soluciones que están ahí en la Biblia.

El otro ejemplo es muy cortico. A veces nosotros creemos en el mundo de los negocios que la manera de que a mí me vaya bien, es que al otro le vaya mal, eso se llama envidia. Aprendamos, mis amigos, del Internet, usted descubrirá que en Internet las grandes compañías son las que dan la mejor información sobre la competencia.

Seguramente son nombres que resultan un poco extraños aquí, pero por ejemplo, el Internet Explorer y el Netscape, que son competencia, cada uno da exacta información sobre el otro y eso ha hecho que crezcan ambos.

¿Por qué? Si yo soy un cliente y voy al negocio de usted y usted me habla de esa tienda de allá, yo pienso: “¿Quién sabe qué hablará de mí cuando yo no estoy?”. Una persona que te habla mal de otro, con otro habla mal de ti.

El cliente que va a una tienda y siente que le hablan mal de otra tienda, va a un almacén y le hablan mal de otro almacén, sienten: “esta gente no es de fiar, esta es una guerra, esto es una enemistad, aquí no me meto”.

Y esto está probado científicamente, hoy por hoy, las grandes compañías lo que hacen es brindar información segura, fiable, verídica, sobre lo que el cliente necesita, y así todos crecen.

De manera que la envidia no sólo es un pecado, sino que es pésimo negocio. La envidia espanta a los clientes, la envidia no sólo no acaba a los enemigos, sino que sí extermina a los amigos. Con el poder del amor de Cristo, que es grande en la Santa Misa, vamos a luchar y vamos a vencer a la envidia.

Próximo ataque, próximo problema, próxima maldición, próximo insulto que usted reciba, ya sabe: "Mi mejor negocio es bendecir al que me está atacando. La Biblia me lo dice, la experiencia me lo muestra, Cristo me lo ha enseñado, y yo sé que es así".