K025005a

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Fecha: 20010316

Título: Los caminos de Dios son tan inesperados como perfectos

Original en audio: 15 min. 53 seg.


Las dos lecturas de hoy, nos presentan un cuadro triste, el cuadro de la envidia. Los hermanos de José, hijos de Jacob, como él, le han oído a este muchacho unos sueños, eran unos sueños extraños y más bien antipáticos. José, por ejemplo, soñó alguna vez que sus hermanos eran como espigas y que todos se inclinaban ante él.

Los hermanos estaban fastidiados con que José se considerara tan importante, y habían dejado que este fastidio se volviera envidia, que la envidia se volviera odio, y a tal punto había llegado el odio, que ya estaban dispuestos incluso a matarlo, y por poco lo matan.

Dos de los hermanos intervinieron oportunamente, como escuchamos en la lectura, y lograron que esa condena a muerte se convirtiera en esclavitud. La envidia.

En el evangelio sucede algo parecido. Los que habían recibido en administración aquella viña, ya no se sintieron administradores sino dueños, y sintieron que les estorbaba el heredero, el hijo, y por eso buscaron la manera de acabar con él: “Quitemos al heredero, quedémonos con la herencia”. Ese es el lenguaje que utilizan aquellos malvados.

¿Qué podemos decir nosotros ante estos textos? Pues que la Biblia es muy real, porque estas son cosas que pasan en la vida real; la Biblia nos retrata cosas de la vida, y por eso, no nos acerquemos a la Biblia esperando encontrar cuentos de hadas, fábulas bonitas, historias dulces”.

Muchas veces lo que vamos a encontrar es, la misma realidad amarga que nosotros nos encontramos en nuestra propia vida.

Pero hay una diferencia, y esa diferencia se nota en la primera lectura y en el salmo que la Iglesia escoge para el día de hoy.

Resulta que, los planes perversos de los hermanos de José, terminan convirtiéndose en un camino de salvación para ellos mismos y para el plan de Dios. Fíjate lo que pasó: porque lo envidiaban llegaron a odiarlo, porque lo odiaban querían matarlo, finalmente no lo mataron, pero lo vendieron como esclavo.

Y así como esclavo fue José a tierra de Egipto. Las intenciones de los hermanos no eran intenciones buenas, sino perversas; pero Dios se valió de esas intenciones perversas para abrir un camino de salvación.

El salmo, en cierto sentido, prolonga la primera lectura, “Llamó al hambre sobre aquella tierra” Salmo 104,16; éstos vendieron a su hermano y volvieron a la casa con la historia de que “alguna fiera se lo debió haber comido” Génesis 37,20; y así quedó la cosa.

Y Jacob se llenó de tristeza, pero luego vino el hambre, ¡una hambruna terrible!, y entonces tuvieron que buscar alimento, y tuvieron que ir a Egipto a buscar alimento, y en Egipto sí había alimento, porque José, que había llegado allá como esclavo, conducido por la mano de Dios, había ido ascendiendo en el imperio egipcio, hasta el punto que era el administrador general.

¿Qué quiere decir esto? ¡Que los planes perversos de los hermanos, Dios los había convertido en una ocasión de salvación, en un camino, en una puerta de salvación; si José no hubiera llegado a Egipto, seguramente los egipcios tampoco hubieran hecho bodegas, ni hubieran almacenado alimento como lo hicieron, porque ellos almacenaron esos alimentos advertidos por los sueños de José.

O sea que los sueños de José causaron la envidia de los hermanos; los sueños de José hicieron que los hermanos odiaran a José; los sueños de José casi lo llevan a la muerte, y por esos benditos sueños lo vendieron como esclavo; pero por esos benditos sueños, José supo que venía un hambre terrible, y guiado por esos benditos sueños, José llegó a ser el administrador de Egipto. ¡Qué cosa!, ¿ah?

De aquí vamos a sacar dos enseñanzas para nosotros. Primera, fíjate como Dios sabe transformar las cosas malas en cosas buenas. José permaneció pegado a Dios, y Dios le transformó una desgracia terrible en una oportunidad magnifica; Dios no le cambió el corazón a los hermanos de José, ellos lo odiaban y Dios dejó que lo odiaran.

Dios, nuestro Dios, no es un Dios “mágico”, Dios no nos va a quitar los problemas por arte de magia, Dios no va a suprimir las luchas y los odios por arte de magia, pero, a través de esos mismos odios, a través de esas mismas luchas, Dios va abriendo un camino sorprendente, un camino inesperado.

¿A quién se le hubiera ocurrido que José, que estaba en la peor desgracia metido en ese algibe seco, y que luego lo sacaron para venderlo, a quién se le hubiera ocurrido, por Dios, que ese era el comienzo de una gran bendición para él?

Seguramente a nosotros no se nos hubiera ocurrido eso, seguramente nosotros hubiéramos dicho: "¡Pobre José! Ese es el resultado de toda su confianza en Dios; ¡pobre José! Ahí quedó probado que lo único que vale es la violencia; ¡pobre José! ¡ Y qué raza maldita esta raza humana que no sabe sino destruir a la gente!" Y hubiéramos dicho otras tonterías como esas.

No hay que hablar así, aunque veamos a José vendido como esclavo, humillado, injustamente tratado, vendido, traicionado, aunque veamos así a José, y José puede estar cerca de nosotros en estas casas, en estos barrios, en estos pueblos; aunque veamos a José así perseguido, injustamente tratado, nosotros no debemos hablar mal de Dios, ni hablar mal de la raza humana, ni hablar mal de la historia, ni de las circunstancias.

Porque no sabemos qué está preparando Dios y Dios sabe preparar sorpresas que nadie se imagina, esa es la gran enseñanza que tenemos que tomar nosotros: ¡no sabemos qué esté preparando Dios!

Hay que acompañar a Dios, hay que seguir pegados de Dios, sin murmurar, sin juzgar, sin maldecir, sin condenar, seguros de que Dios tiene fuerzas inesperadas y sigue mostrando en las cosas pequeñas y grandes que aquél que pone su confianza en Él, ¡encuentra esas fuerzas inesperadas!

En segundo lugar, la segunda enseñanza que quiero compartir con ustedes, es que pensemos en ese don que Dios le concedió a José, esos sueños. A veces creemos que los dones de Dios son solamente para las cosas buenas y bonitas, ¡no, señor!

Tener un don de Dios, es tener un regalo magnifico, pero también es tener una gran tarea; es tener muchas oportunidades, pero también es tener grandes deberes; es tener ocasión de hacer mucho bien, pero también es ocasión de padecer muchos males.

Reitero, Dios no es mágico, si Dios nos concede un don, la inteligencia, la salud, el dinero, de pronto dones espirituales empezando por la fe, la esperanza, la caridad, de pronto dones especiales, como puede ser el don de la oración, el don de la sanación, el don de la predicación, el don de profecía, todos los dones que nos ha dado Dios, son regalos suyos, pero también son deberes para nosotros.

Y más de una vez el don que nos da Dios, es ocasión de que nos maltraten como le sucedió a José, quien tenía el don de los sueños inspirados y ese don, que sirvió en últimas para la salvación de Egipto, fue también el don que lo llevó a que lo traicionaran, lo maltrataran, a que casi lo mataran y a que lo vendieran como esclavo.

O sea que a Dios hay que recibirle el paquete completo. "Señor, dame salud", claro Él te da la salud pero esa misma salud, es motivo para que tú sirvas a Dios y si tú vas a servir a Dios entonces, como dice el libro de Eclesiástico: "Prepárate para la prueba" Eclesiástico 2,1.

"Quiero inteligencia", sí, pero si es Dios el que te da la inteligencia, entonces tal vez ese mismo conocimiento tuyo te llevará al sufrimiento. "Quisiera ser un profeta", atente, hermano, si vas a ser un profeta de Dios seguramente vas a tener persecución, como tienen los profetas de Dios.

Es decir, -y esta es nuestra segunda enseñanza-: todo don de Dios es como una moneda que tiene las dos caras, y hay que saber recibirle las dos caras a la moneda, no solamente el aspecto bonito, también el aspecto duro.

Los dones que nos da Dios son para ponerlos en su servicio, y a veces ese servicio pasa por momentos muy duros, como le sucedió a José, pero si seguimos unidos a Dios el desenlace no está en las manos de los hombres, sino que está en las manos de Dios.