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Fecha: 20000324

Título: La verdadera victoria de Jesucristo.

Digital en Audio: 22 min. 16 seg.


Mis Hermanos:

De la Palabra de Dios podremos decir muchas cosas, pero lo que no podemos decir es que es un libro de fantasías, más bien, y eso nos lo demuestran las lecturas de hoy, es un libro de crudas realidades.

Lo que ha aparecido en las lecturas de este día son los sentimientos más bajos de la raza humana: la envidia, el homicidio, la violencia, la burla, la crueldad, la ingratitud; han desfilado ante nuestros ojos en estas lecturas los elementos más tristes, los trozos más repugnantes del corazón humano.

Y después de leer esto, hemos dicho Palabra de Dios, y hemos presentado como Palabra de Dios, esa terrible denuncia sobre lo que es el corazón humano.

No nos cuesta trabajo relacionar estas lecturas con lo que vemos y con lo que vivimos, en verdad la Biblia nos presenta la vida, en español, suenan tan semejantes “vida” y “Biblia”, son dos palabras muy parecidas, y que nos ayudan precisamente a descubrir que la Biblia no es un maquillaje o fantasía de la vida, más bien, como dije, es la cruda realidad de la vida.

Pero la Biblia no se queda ahí, en la exposición de una realidad cruel, esta es la diferencia entre la Biblia y los periódicos sensacionalistas, esta es la diferencia entre la Biblia y las conversaciones deprimentes, que muchas veces dejamos que se rieguen por nuestras casas o por nuestros trabajos.

Un periódico amarillista toma estos elementos de crueldad y los presenta hiriendo y empeorando la herida del corazón humano. Estas mismas noticias contadas por un periódico o noticiero de esa clase llevaría más o menos este título: “¡Que asco!”, y luego vendría la descripción ponzoñosa: "Y toda la maldad que se cirnió contra ese pobre José por sus propios hermanos".

"No hay que hacer esfuerzos para imaginarse la angustia de este hombre metido en un pozo seco en la mitad del desierto, y luego se le saca de ahí, con una risa cínica, como pidiendo una gratitud para decirle: “Tú habías de morir aquí; te hemos salvado la vida; vas a ser esclavo de esos que van de camino", pero ¿cuál es la diferencia?

La Biblia nos presenta esas realidades como nos presenta esos labradores de la viña en el evangelio, y, justos, duros, sin sentimiento alguno, no ven a un ser humano, ven una herencia: “Este es el heredero, acabemos con el heredero y recojamos la herencia” San Mateo 21,38, no ven más allá.

Pues así como la Biblia nos presenta esta dureza, también nos deja suficientes pistas para descubrir el paso de Dios, y esto sí es lo más grande que yo creo que voy a poder decir hoy; porque me parece lo más maravilloso de la Bibliaes que, que contando las mismas porquerías que uno ve en esta tierra, con ellas logre describir el rastro y paso de Dios.

No es difícil describir la obra de Dios paseándose por una pradera, por un jardín, contemplando arroyos cristalinos, noches estrelladas, tiernos cervatillos, no es difícil hablar de Dios así, pero el arte de la Biblia, que es el arte máximo del Espíritu Santo, es contar la obra de Dios con estas porquerías, con este asco que en muchas ocasiones es la vida humana, ¡esa es la maravilla!

Y esa es una maravilla que para nosotros es de gran salud, porque si Dios sólo pudiera ser descubierto con los tiernos cervatillos y las rápidas gacelas, y sólo pudiera ser descubierto en medio de nubes de algodón rosado.

Todos nosotros, los que nos estrellamos con nuestra propia mediocridad, quedaríamos excluidos de ese relato y tendríamos que decir: "Ese mundo de fantasía existe en otras partes, pero no puede tocar mi corazón".

Gracias a Dios la Biblia ha utilizado un lenguaje diferente, el cual empieza precisamente por la crudeza y la dureza de la existencia humana. Casi no hay pecado, ni sentimiento terrible del ser humano que no aparezca retratado en la Palabra de Dios, que no aparezca descrito en alguna de sus páginas.

Y por eso, el resto de mis palabras sólo tiene ese propósito, tomar estas lecturas que son de las más duras de todo el año, para descubrir aquí unas tracitas de Dios, a ver si se nos quita la manía de tomar nuestra propia vida sólo para deprimirnos y para hundirnos en nuestra propia tristeza.

En ese relato del evangelio, en que se da como una injusticia creciente, el dueño de la viña enviando a los que tenían que recoger los frutos, y los labradores apedreando a uno maltratando a otro, matando a otro, ¿qué podemos decir nosotros ahí? ¿Cómo podemos descubrir un trazo de bondad, de verdad y de luz, en un relato tan oscuro? ¡Pues sí, es posible!

Es posible descubrirlo porque lo que yo veo aquí es como una especie de competencia, a ver que crece más, sí la maldad de los hombres o la paciencia y la misericordia de Dios. Y el relato termina en punta, Jesús no es el que saca la conclusión, “agarrando al hijo lo empujaron fuera de la viña y lo mataron” San Mateo 21,39.

Y pregunta Jesús, para que ellos, los sumos sacerdotes, los escribas, saquen la conclusión, les pregunta a ellos: "¿Cuándo vuelva el dueño de la viña que hará con aquellos labradores?" San Mateo 21,40. Jesús deja que esa conclusión la saquen ellos, Jesús no dice su conclusión, sino que los invita a ellos a sacar su propia conclusión.

¿Qué hará el dueño? y ellos sacan una conclusión: "Hará morir de mala muerte a esos malvados" San Mateo 21,41. Yo creo que es lo mismo que nosotros hubiéramos respondido seguramente, pero todos sabemos que esa historia que cuenta Jesús, no se quedó en una parábola, no se quedó en palabras pronunciadas que se las lleva el viento.

Esto sucedió en la realidad, fue verdad y pasó que Dios mandó su Hijo, y fue verdad que los labradores viendo al hijo le dijeron: “Este es el heredero” San Mateo 21,38, y fue verdad que dijeron: “Lo matamos y nos quedamos con la herencia” San Mateo 21,38, y fue verdad que lo mataron.

Y el viernes de cuaresma nosotros lo recordamos especialmente, “lo mataron”, ahí están las cruces en nuestras casas, alrededor de nuestros cuellos, ahí están las cruces en las iglesias y en tantos lugares recordándonos que esta parábola no se quedó en palabras, pues en efecto, dijeron: “Venid lo matamos”, y en efecto fueron y lo mataron.

Pero cuando lo mataron, Jesús pregunto: "¿Cuando vuelva el dueño de laviña, ¿qué hará con aquelos labradores?" San Mateo 21,40. Y ellos dijeron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados" San Mateo 21,41.

Entonces nosotros nos preguntamos: "¿Esa conclusión que sacaron ellos, fue la que sacó Dios? ¿Fue ese el camino que siguió Dios? ¿Fue eso lo que Dios hizo? Cuando le mataron a su hijo, ¿Dios hizo esto? ¿Hacer morir de mala muerte a esos malvados? ¿Fue eso lo que sucedió?"

El evangelio que hemos leído hoy está en el Capitulo 21 de Mateo; el evangelio según San Mateo tiene veintiocho capítulos y estamos en el veintiuno), un evangelio cada día más cercano a los relatos de la Pasión, donde se cuenta, no una parábola sino la realidad: “Venid lo matamos” San Mateo 21,38, "y lo mataron" San Mateo 21,39.

Y después, cuando le han asesinado a su hijo, ¿qué hace Dios? ¿Acaso hizo morir de mala muerte a esos malvados? Pues no. ¿Cuando Jesucristo resucitado se aparece a los apóstoles tiene los ojos inyectados de íra y las palabras ardiendo en venganza para acabar con aquellos que lo traicionaron? ¡No!

Ese no es el lenguaje que tiene Jesús, ¿aparece Cristo resucitado repleto de poder y de violencia a desquitarse? ¡No! Eso no es lo que sucede.

¿Va recorriendo las casas de los inícuos que formularon sentencia de condenación contra Él? ¿Va recorriendo las casas y va arrinconando en terror a esos que le causaron la muerte? ¡No! Por decirlo todo de una vez, ¿acaso ese Cristo resucitado hizo morir de mala muerte a esos malvados?

¿Acaso el Padre Celestial, que es el dueño de la viña, tomó la gloria de Jesucristo para volverla un relámpago de muerte que acabara con los inícuos? ¡No, Señor! Eso no fue lo que sucedió.

Entonces, ¿a qué está jugando Cristo aquí? ¿Cuál es la lógica de lo que está diciendo Cristo aquí? Cristo está haciendo que el ser humano saque su propia conclusión: "Date cuenta de tu situación, date cuenta de lo que haz hecho en tu vida, y date cuenta de lo que sería justo para tí".

Y yo creo que si cada uno de nosotros examina realmente lo que ha hecho en la vida, tiene que sacar una conclusión que seguramente no va a ser demasiado favorable. Cuando el ser humano entra a la verdad de su corazón, cuando se examina a fondo, esforzado por la verdad, tiene que llegar a conclusiones como las que dijeron estos señores.

Cuando uno examina la propia vida, cuando uno dice: "¿Bueno, ¿y yo qué he hecho? ¿Y yo de qué estoy comiendo? Seguramente tiene que decir: “Estoy comiendo lo que yo he sembrado”.

Esto es una conclusión que uno tarda en sacar, y a mí me parece que una persona ha madurado cuando uno puede decir eso, "estoy comiendo lo que he sembrado", un joven inmaduro no diría esto, finalmente la persona llega a una conclusión: “Con los elementos que tenía yo me hubiera podido jugar otras cartas, le hubiera podido sacar otros frutos”.

Sí, claro, en este mundo todos nos hacemos daño, “si tú me haces daño yo te hago daño”; los papás hacen daño a los hijos, los hijos hacen daño a los papás; los esposos a las esposas, las esposas a los esposos, todos nos hacemos daño unos a otros.

Pero, ¡deja ese círculo macabro de maldad, del daño que nos hacemos unos a otros y entra en tu vida, y hazte esta pregunta: ¿jugaste bien tus cartas? A menos que seas absolutamente inmaduro llegarás a una conclusión parecida a la de estos hombres.

“Realmente, no he jugado bien mis cartas y hubiera podido hacer otras cosas”, ¿quién tuviera la posibilidad de decir: "Si yo volviera a nacer yo volvería a hacer todo lo que he hecho”? La persona que dice eso demuestra su estupidez. ¡Entonces no aprendiste nada! Si tú dices que repetirías exactamente tu mismo día, estás diciendo que no aprendiste nada.

¡Es imposible que alguien diga eso! Tristemente, todavía quedan personas tercas que dicen eso, pero con eso están alegando su propio bloqueo mental. Cristo nos invita con esta palabra a sacar las conclusiones, a examinar lo que hemos hecho y a llegar finalmente a esa sentencia.

A que cada uno se de cuenta, como estos sumos sacerdotes, que lo que a nosotros nos tocaría es: “Morir de mala muerte” San Mateo 21,41, ¿quiere decir que todos tenemos que llegar a esa conclusión? No lo sé.

Una amiga mía santa del siglo XVI, Catalina De Siena, fue una mujer consagrada a Dios desde su infancia, llena de oración, de penitencia, de sabiduría y otros dones del Espíritu Santo, cuando estaba para morirse, murió a los 33 años de edad, empezó a hacer oración y a pedirle perdón a Dios por sus pecados.

Y esta mujer hizo tantas cosas maravillosas, y a través de ella Dios hizo tantos milagros, -seguramente ustedes ya habrán oido sobre todos los carismas de Catalina de Siena-; cuando se estaba muriendo, llegó a una conclusión y dijo: “Por mí misma, lo que yo merezco se llama infierno”.

Yo creo que si Catalina de Siena llega a esa conclusión, pienso que nosotros difícilmente podríamos llegar a otras conclusiones, pero eso depende de la madurez de cada persona.

Cuanto más inmadura es una persona, más actúa como los niños, para el niño la culpa siempre está afuera. ¿Qué es lo que quiere Cristo con esta palabra? Que nosotros descubramos nuestra propia responsabilidad, que saques tú la conclusión de el paso de tu vida, y responde: "¿Si tú volvieras a vivir harías lo mismo?"

Si la respuesta es sí, entonces no tienes nada que hacer con esta palabra; esta homilía y esta lectura se perdió para tí.

Entonces esperemos diez a quince años a que te hayas golpeado por los lados que te hace falta y llegarás a la conclusión que tú no tenías que recibir esos golpes ni los anteriores; tú hubieras podido vivir de otra manera y puedes hacerlo.

Una vez que uno llega a esta maravillosa conclusión, entonces dice: “Un momento, hay algo que anda mal”, lo que sería justo es que Dios hiciera morir de mala muerte a esos malvados y resulta que lo que acontece no es eso.

Lo que sucede es que Cristo, después de morir en la Cruz, resucita y la primera palabra que les dice a los apóstoles es: “Eirene hymin", dice Jesucristo en el texto griego, "paz a vosotros".

Es fantástico y maravilloso que la primera palabra que pronuncia Jesucristo recién resucitado no haya sido: “Tráiganmelos, ahora sí vamos a degollar a todos esos salvajes”, esa no es la palabra de Cristo, su palabra es: “ Eirene hymin", "¡Paz!" San Juan 20,19.

Y para consuelo nuestro les cuento que, aunque algunos de los sumos sacerdotes siguieron por lo visto empeñados en su oposición al cristianismo, los apóstoles tienen un versículo que a mí me causa mucha gracia que dice: “y los apóstoles predicaban, e incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe” Hechos de los Apóstoles 6,7, versículo que me encanta.

Muchos sacerdotes de aquellos que dieron el voto en contra de Cristo, esos, conmovidos por el Espíritu Santo, transformados por la predicación de los apóstoles, pudieron recibir la palabra "eirene hymin", “paz a vosotros” San Juan 20,19.

Esa fue la victoria de Cristo, y aquí es donde la Biblia se diferencia del periódico amarillista, el cual diría: “Después de esa masacre, vino la otra masacre y después otra espantosa y después otra terrible”.

En cambio, la Biblia muestra cómo nace una Palabra diferente que, aunque parezca débil, ya existe y ha sido pronunciada, y esa es precisamente la Palabra que se nos predica hoy a nosotros, y esta Palabra se llama Jesucristo, Jesús de Nazareth, esa Palabra maravillosa, ese amor que llega hasta la Cruz y que supera la Cruz, eso es lo que se nos predica.

Y por eso digo que aunque estos relatos sean tan tristes y terribles como la vida nuestra, son también la experiencia maravillosa de encontrarse con un Dios, que primero te hace sacar las conclusiones, y te dice: “justicia te toca a tí”, y después te dice: "Bueno, eso fue lo que habló la justicia, ahora yo quiero pronunciar mi palabra de misericordia".

Y cuando uno ve que lo justo es una cosa y lo que Dios le da a uno no está regido sólo por la justicia, sino ante todo modelado y modulado por la misericordia, uno dice: “¡Pero qué grande eres, Señor!”

Y entonces se repite la frase que nos encontrábamos en el Salmo, esa frase tan linda: “Recordad las maravillas que hizo el Señor” Salmo 104,5.

Así que la invitación es a seguir recordando las maravillas del señor y diciendo: "Es que lo justo conmigo hubiera sido otra cosa". Uno se pone a pensar a veces cosas tan sencillas, como por ejemplo, esta misma predicación.

Vamos a hacer de cuenta que esta predicación te llega al alma, porque como el Espíritu Santo obra en la predicación, es posible que te llegue al corazón; vamos a suponer que Dios tiene para tí no sólo ésta sino otras predicaciones, otros momentos y encuentros que te pueden transformar la vida, como lo han hecho con mucha gente.

No es para conmoverse, ni para sentir gratitud, ni llanto de gozo, diciendo: ¿Bueno, y si yo me hubiera muerto antes de conocer a Dios? ¡Eso es lo que a uno muchas veces le conmueve! Hay una oración tan bonita en la Liturgia de las Horas que dice: “Señor, no permitas que nuestras horas transcurran entre vicios y pecados".

"Si se me hubiera acabado la vida antes de encontrarme con el Señor, ¿a qué me hubiera dedicado? ¿En qué estaba yo? ¿Qué estaba haciendo antes de encontrarme con el Señor? Pero Dios me tuvo paciencia, Dios no me dio lo que era justo, Dios me dio lo que era piadoso y misericordioso".

Y entonces ¿uno qué siente en el alma? "Gracias, Señor, yo recuerdo tus maravillas y lo único que siento es gracias, y ahora te pido: Ayúdame a aprovechar esta misericordia, ayúdame a vivir en consecuencia con este amor inmenso y maravilloso que tú me has dado"".

Es eso lo que vamos a pedir en este momento.

Así sea..