K022003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010313

Título: La Cuaresma nos levanta hacia el tiempo del perdon.

En audio: 7 min. 50 seg.


Vamos a familiarizarnos un poco con lo que estaba sucediendo en el tiempo en el que predicó el Profeta Isaías. Porque de pronto, al escuchar la Palabra, algunos términos no les captamos el sentido y podemos perder la jugosa sustancia, el alimento nutritivo que Dios nos ofrece con este banquete que se llama la Sagrada Escritura.

Isaías dice: "Oíd la palabra del señor, príncipes de Sodoma" Isaías 1,10. ¿Sería que le estaba hablando él a los príncipes de Sodoma?

Sodoma es una cuidad de la que se habla en el primer libro de la Biblia, el el Génesis. "Escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra" Isaías 1,10. Gomorra es una ciidad que se menciona también en el Génesis y se menciona junto a Sodoma.

Sodoma y Gomorra son dos ciudades que eran dos antros de pecado; los lugares más perdidos y degenerados; la gente más pecaminosa, más adversa a Dios.

Esas ciudades, de acuerdo con el libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, habían desaparecido, Dios las borró del mapa; una lluvia de fuego y azufre acabó con Sodoma y con Gomorra.

Y esto se supone que sucedió hace muchísimo tiempo, porque eso se cuenta en el Génesis, en la época de nuestro Padre Abraham, imagínate cuántos siglos antes del Profeta Isaías.

Si Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob y fueron los hijos de Jacob los que estuvieron en Egipto, y luego viene la travesía del desierto, y luego viene el tiempo de los Jueces, y luego viene el tiempo de los Reyes.

Muchísimo tiempo después de la destrucción de Sodoma y de Gomorra, Isaías dijo este oráculo, este mensaje. ¿Por qué? ¿Por qué Isaías lo hablaba a los príncipes de Sodoma si Sodoma ya no existía? ¿Por qué dice que escuche el pueblo de Gomorra si Gomorra se había acabado hacía tiempos?

Y por eso Isaías, como afrentando, como regañando duramente, humillando con su plabra a ese reino de Judá, les dice: "Oigan ustedes, que son una nueva Sodoma, y escuchen ustedes, que son una nueva Gomorra".

Tiene aspecto de regaño la palabra de Isaías, porque lo que les está diciendo Isaías es: "Entre Sodoma, Gomorra y ustedes, no hay mayor diferencia; ustedes son pecadores, ustedes son degenerados como aquellos de Sodoma y Gomorra".

¿Por qué Isaías da semejante regaño? ¿Para dejar a la gente aturdida, humillada o triste? No. Si nosotros repasamos el final de la lectura que escuchamos, veremos que el mensaje de Isaías no se queda en el regaño; él tiene que regañar porque el pueblo se ha apartado de Dios, pero él no se queda en el regaño.

Mira lo que dice: "Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana; si sabéis obedecer a esa palabra que Dios da, lo sabroso de la tierra comeréis" Isaías 1,18-19.

Es decir, que este profeta no se queda sólo en el regaño, sino que le está diciendo al pueblo: "Nuestra situación es grave, nuestras faltas contra Dios son muy graves, pero, "aunque vuestros pecados sean como púrpura, aunque sean rojos como escarlata", Dios puede limpiar, Dios puede blanquear, Dios puede purificar".

Mis amigos, esa es la Cuaresma. La Cuaresma es el tiempo para reconocer que verdaderamente hemos obrado mal en muchas cosas, y que tal vez nos parecemos en degeneración a Sodoma y a Gomorra, sí, no nos digamos mentiras, hemos pecado, pero no nos vamos a quedar en la noticia del pecado.

La Cuaresma nos levanta hacia el tiempo del perdón; reconoce tu pecado, para que reconozcas el perdón; reconoce que el pecado tuvo poder en ti, para que reconozcas que el perdón va a tener poder en ti; para que reconozcas que si es verdad que el pecado te pudo ensuciar, la gracia poderosa de Dios te puede limpiar.

Y si tú le haces caso a esa palabra vas a experimentar la sabrosura de Dios, lo rico, lo delicioso de Dios; lo vas a experimentar si haces caso a esa palabra.

Vamos a hacerle caso a esa palabra, vamos a vivir nuestra Cuaresma como Dios quiere, para que cuando nos quitemos estos vestidos de púrpura, que son los de la Cuaresma, y nos pongamos los vestidos blancos de la Pascua, eso mismo haya sucedido en nuestro corazón, es decir, también los pecados hayan quedado fuera, y el esplendor de la gracia alumbre desde dentro.

Amén.