K021002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970224

Título: A nosotros vergüenza, a ti, Senor, el perdon y la misericordia

Original en audio: 12 min. 35 seg.


La preciosa lectura del libro de Daniel que hemos escuchado hoy del capítulo noveno de este profeta, es un ejemplo magnífico de lo que significa la confesión de las propias culpas.

Así como hay sacramento de la Eucaristía, hay sacramento de la Confesión, y hay el sacramento de la Unción, de la Ordenación. Existen unciones y hay sacramento de la Unción y hay el sacramento de la acción de gracias o de la Eucaristía, existen lavatorios, y hay el sacramento del bautismo.

Existen órdenes, "Ordo". Para los antiguos latinos era como una de las grandes divisiones de un ejército, un "Ordo", una fila de personas que siguen una determinada disciplina. Pues así como existen órdenes, existe el sacramento del Orden. Con ese mismo razonamiento, así como existen confesiones, hay el sacramento de la Confesión.

Si una persona no sabe lo que es agradecer, no entenderá lo que es el sacramento del agradecimiento, o el sacramento de la acción de gracias, o el sacramento de la Eucaristía; si un marciano no conoce lo que es el agua, tampoco puede entender lo que es una ablución, lavatorio, bautismo y tampoco puede entender qué es el sacramento del Bautismo.

Si una persona nunca ha conocido una fe tomada y ni cosa que se le parezca, no puede entender lo que es el sacramento de la Unción.

Con esto quiero decir que los sacramentos toman realidades de la naturaleza, realidades de la historia, y por la fuerza de la Palabra y por la gracia del Espíritu, les da un nuevo sentido y un nuevo alcance, pero para que el sacramento pueda ser fructuoso es necesario que la realidad natural o histórica sea conocida primero.

Por eso, por ejemplo, en el sacramento de la Confirmación en que los candidatos van a ser ungidos por el obispo, a mí me parece indispensable que las catequesis que se hagan a esos candidatos les muestren algún aceite, que la gente vea por lo menos una pomadita y que se vea cómo el aceite entra en la piel, se queda ahí.

El conocimiento de esta acción propia de las sustancias oleaginosas, esta base natural, esa realidad natural es la que luego va a ser transformada por la Palabra de Dios.

Con esto quiero decir que para realmente sacarle provecho al sacramento de la Confesión, uno tiene que conocer confesiones sin sacramento, así como para sacarle provecho al sacramento de la Unción uno tiene que conocer un aceite.

Pero si la primera vez que uno conoce un aceite es para un sacramento, como le pasa a algunos jóvenes, nunca han visto un aceite que se unte o no le han puesto cuidado alguno y cuando lo van a ver, pues tampoco lo ven porque se lo ponen en la frente, entonces tampoco lo vieron.

Entonces son ungidos y tampoco saben lo que significa que son ungidos, se pierde mucho de la fuerza del sacramento. Una persona que no agradece nada, llega la Eucaristía ¿a qué?

Entonces, mira cómo la vivencia de los sacramentos tiene como dos escalones, un primer escalón es conocer, apreciar, valorar, incluso haber utilizado, haber usado una realidad concreta, tangible, sensible, tomada de la naturaleza o de la historia de los hombres, esa realidad es agua, aceite, pan, agradecimiento, orden, confesión, ese es el primer paso, conocer esa realidad y haberla practicado y haberla vivido, y en cierto modo, comprenderla.

En un segundo paso, se le cuenta a la persona cómo hay una fuerza de la Palabra de Dios, se toma esa realidad, esa confesión, esa agua, ese aceite, ese pan y le da un nuevo y último sentido por el cual, según la institución y palabra de Cristo, ese sacramento va a comunicar la gracia santificante.

Entonces para mejorar la práctica de los sacramentos, la vivencia de los sacramentos hay que hacer ejercicios de ambos, de los dos escalones; hay que hacer ejercicios sobre la realidad natural e histórica, y hay que hacer ejercicios sobre el sentido que la Palabra de Dios le va a dar a esa realidad, para que sea una nueva criatura, para que tenga la novedad del don del Espíritu Santo para vivir.

Por ejemplo, la Eucaristía, hay que hacer ejercicios de comer, pero hay que hacer ejercicios de agradecer. Esos no son tan fáciles. Con mucha facilidad y con mucha frecuencia nosotros pasamos de pedir favores a dar órdenes.

Examinemos nuestro propio comportamiento y notemos cuán fácil resulta convertir siendo el superior del resto de la humanidad, todo el mundo tiene que hacerme caso a mí, y por consiguiente todos están en la obligación de hacer lo que yo les pida, por lo mismo, no hay que agradecerle nada a nadie.

Un corazón así llega reseco, sordo y ciego a una Eucaristía, puede venir vestido o disfrazado de monje o de monja pero llegará reseco a una Eucaristía y sobre todo sordo y ciego.

Un corazón que no agradece, un corazón que no sabe descubrir la novedad de la gracia en el favor que recibe, un corazón que no sabe reconocer favores, se le puede presentar Cristo en este altar y no entiende nada, no agradece nada y no siente nada.

Como usted se puede dar cuenta, esta es una versión bastante humana de los sacramentos, pues sí, pero es que los sacramentos están para nosotros los seres humanos, los santos Ángeles no necesitan sacramentos, ellos se alimentan, ellos comulgan de Cristo en la contemplación beatífica; nosotros, en cambio, recibimos de Cristo a través de la mediación de nuestra propia humanidad, o mejor, a través de la mediación de la humanidad del Verbo en todo semejante a la nuestra.

Si se quiere entrar a vivir más la confesión el problema no es sólo de confesarse más, claro que hay que confesarse con regularidad no regularmente, sobre todo hay que aprender a confesarse y aprender a confesarse es lo que nos ofrece el libro de Daniel en este capitulo noveno, aprender a confesarse es aprender a hacer ese reconocimiento sin defensa, ese reconocimiento que busca la total gloria de Dios.

Que lo podemos resumir en aquellas expresiones del profeta, dice él: "Nosotros no hicimos caso a tu siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes y padres” Daniel 9,6.

Y luego dice: "Nos abruma la vergüenza a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti, no obedecimos al Señor nuestro Dios” Daniel 9,8.

Yo no sé qué sucede con esta versión, pero bueno, el hecho es aquello que escuchábamos: "A nosotros la vergüenza, y a ti el perdón y la misericordia” Daniel 9,8-9.

Hacer la prueba de dejar de defenderse y ponerse así simplemente en manos de Dios. Cuando se ha hecho así este género de ejercicios de confesión, cuando llega el sacramento de la Confesión, hay una vivencia profunda, la Palabra obra muy profundamente en nuestro corazón, un corazón que sabe dar las gracias hasta por el más pequeño favor, cuando llega el regalo excelso de Cristo, estalla en agradecimiento, en júbilo y alabanzas.

Un corazón que no sabe agradecer, le pueden presentar el universo entero y dice: "Déjenlo por ahí, ahorita lo desempaco”, un corazón que nunca pide perdón, que no se arrepiente en nada "porque yo sé", "yo hago las cosas" "yo sé el que sé", "yo me doy cuenta de qué es lo que hago y yo no me le voy a humillar a nadie", "no le voy a dar el gusto", un corazón de esos puede estar disfrazado de lo que sea, vaya confiésese, que de ahí va a salir, hay que aprender primero.

Hay que hacer la escuela de la confesión, la escuela de decir: “A nosotros la vergüenza, a ti, Señor, el perdón y la misericordia; corrígenos, Señor, vuélvenos hacia ti" Daniel 9,8-9. Un corazón que ha hecho ese ejercicio, cuando se acerca al sacramento de la Confesión le entiende el lenguaje a Dios.

Puedo resumir lo que he querido compartir con ustedes con estas palabras: los sacramentos tienen un mensaje, y ese mensaje se dice en un determinado lenguaje, si no hemos aprendido el lenguaje no entendemos el mensaje, y el lenguaje de los sacramentos son realidades muy cercanas, muy tangibles, naturales, cotidianas, si la hemos aprendido, si conocemos ese lenguaje, entenderemos ese lenguaje, entenderemos cuando Dios nos hable.

Si no entendemos ese lenguaje sería lo mismo que una hermosa predicación hecha en croata, o hecha en rumano o en retorromano, ¿de qué me sirve una palabra? Por ahí alcanzaremos a entender y no más.

El asunto no es multiplicar los sacramentos, no es celebrar más y más sacramentos, no es la multiplicación de las Misas y no es la multiplicación de las confesiones, no, sino es la comprensión más profunda del lenguaje, el acoger más profundamente la Palabra y el dejar que esa Palabra escriba en nosotros su mensaje en su lenguaje.