K015006a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha:20010309

Título: No hay que dejarse condicionar por las circunsatncias que rodean nuestra vida

Original en audio: 36 min. 38 seg.


La primera lectura representa un avance muy importante en la comprensión que el pueblo de Israel tuvo sobre la justicia de Dios y sobre la bondad o la maldad de los hombres.

Decía el pueblo de Israel: “Las culpas las cometieron nuestros padres y nosotros tenemos que pagar las culpas de ellos”. Resulta que Dios dice: "No, señor, no es que el hijo cargue con la culpa del padre, ni es que el padre cargue con la culpa del hijo" Ezequiel 18,20.

Cada uno tiene su propia responsabilidad, diríamos. "Sobre el justo recaerá su justicia, sobre el malvado caerá su maldad" Ezequiel 18,20.

Para entender mejor esta enseñanza, primero tenemos que entender mejor, me parece, por qué los hebreos decían eso que decían, porque de pronto la situación de los hebreos se puede parecer a cosas que nosotros hemos vivido o estamos viviendo y entonces es posible que nosotros, por allá muy en el fondo de nuestro corazón, sintamos una especie de rebeldía contra Dios como la tuvieron los hebreos.

Y en ese caso, lo mejor que nos puede pasar, es que Dios nos aclare esta enseñanza, para ver cómo fue que Dios le resolvió ese rompecabezas a esa pobre gente.

Hay que entender cuando una persona se queja, cuando una persona reniega hay que entender por qué reniega, porque de pronto lo que está viviendo esa persona se parece a algo que uno o está viviendo o ha vivido o puede vivir.

A ver, me explico: ¿los hebreos en que situación estaban? Ellos estaban en una cruel situación, la verdad, porque resulta que se los habían llevado al destierro, estaban empobrecidos, humillados, estaban despojados de todo, y entonces miraban su situación y decían: “Pero yo no hice nada.”

Pensemos por ejemplo en un niño, el destierro aconteció por el año 587 a. de C., pensemos en un niño que hubiera nacido en el año 600 a. de C., y que tuviera diez o doce años, y de pronto ve en su infancia que llegan sus enemigos, y que los hacen pasar hambre, y los esclavizan y se los llevan, entonces él dice: “¡Pero yo no hice nada para merecer tal suerte!”

Esa no es una situación absurda, eso es lo mismo, por ejemplo, los que vivimos en muchos países pobres y subdesarrollados, es lo mismo que vivimos, ¿cómo es eso que un niño nace y ya debe plata?

Si dividimos la deuda externa de un país como Colombia o como Brasil, que es una situación pavorosa, entre el número de habitantes, descubrimos que el bebé que nació hace cinco minutos, ese niño ya debe dinero.

Y seguramente, como nos ha pasado a muchos colombianos y en muchos otros países, el niño nace debiendo dinero, crece debiendo dinero, se reproduce para aumentar los deudores, envejece debiendo dinero y se muere debiendo dinero, ¿no hay algo injusto ahí? Él no se comprometió a esas deudas.

Pensemos en otro caso, pensemos en el caso tan conmovedor, tan terrible, de niños que heredan las enfermedades de sus padres, sobre todo las enfermedades sexuales, niños que nacen infectados de sífilis o de SIDA, niños condenados a una muerte terrible, muchos de ellos no alcanzarán los diez o doce años.

Pensemos en el caso que se presentó a mediados del siglos XX con esa famosa pastilla que se utilizaba para regular algunos periodos de la mujer o para otras cosas, la talidomida, y entonces nacen niños monstruosos, nacieron unos monstruos, claro, hoy la solución sería: "Si su hijo es un monstruo, mate a su niño antes de que nazca"; pero eso no arregla el problema sino que lo agrava más.

Pensemos el caso que se acaba de presentar en una corte en New Yersey. Resulta que había un matrimonio que no podía tener hijos, entonces siguieron el camino que les pareció mas normal, la fecundación “in Vitro”, que hemos denunciado tantas veces los que somos católicos convencidos, pues aquí este ejemplo de hoy me sirve para explicar por qué somos como somos con la fecundación “in Vitro”

Entonces resulta que esta pareja no podía tener hijos, conclusión, sacar unos óvulos de la mujer y espermatozoides al hombre y empezar a producir embriones para ver cuál funciona. Mientras estaban en ese proceso lograron producir siete embriones congelados actualmente.

Pero mientras estaban en ese proceso decidieron que ya no se entendían, que ya no se querían, que el amor se había terminado y que eso ya no tenía sentido, conclusión, la mujer fue a la empresa esa y dijo: “Cancelen el pedido” ¿pueden destruir los embriones X 43-1, X 43-2, etc?"

Cuando iban a proceder con eso, los de la fábrica dijeron: "No, espere un momento, esto de pronto no es tan rápido, hay que hablar con la otra parte, y el señor dijo que no estaba de acuerdo con destruirlos.

De manera que hay siete embriones humanos que están en discusión en la corte en este momento, a ver qué se va a hacer con esos siete embriones. Entonces el hombre dice: "A mí no me pueden matar mis hijos y si usted no me los quiere recibir, a ver si se pueden implantar en la matriz de otra mujer.

¿Entonces qué va a pasar con ese niño? ¿Qué vida va a venir ahí? ¿Qué va a sentir ese niño? ¿Qué va a decir ese niño cuando revise su existencia? ¿A qué hora o de qué manera se va a sentir amado? ¿De qué manera va a sentir amor?

Bueno, son preguntas que quedan ahí, pero por lo pronto hay siete embriones que quedan en discusión y uno se pregunta: "¿Bueno, y esos embriones? ¿Qué hicieron esos seres humanos, así se tulla el que se tulla?

¿Por qué hablamos de seres humanos? Siempre es importante repasar esta biología. ¿Por qué hablamos de seres humanos? Por una razón muy sencilla, porque es un organismo distinto del organismo de la mujer, como ya lo hemos comentado otras veces, el cuerpo de la mujer se defiende del embrión, por eso muchos embriones no logran implantarse.

Uno de los motivos es ese, porque el cuerpo de la mujer ataca con los anticuerpos como si se tratara de una infección, ataca al óvulo fecundado, ¿por qué lo ataca? Porque no es su cuerpo.

Así a las feministas se paren de cabeza o les de congestión y se les pinte la vena, hay que decir que ese es un ser distinto y ese ser distinto, si nosotros los dejamos crecer, luego se llama Patricia, o se llama Olga, o se llama Nelson, o Álvaro. Ese es un ser humano. ¿Qué ha hecho ese ser humano?

Por eso digo que la pregunta de los hebreos, la inquietud que ellos tenían es perfectamente válida, ¿no será que uno muchas veces tiene la impresión de que sí, que las culpas de los papás las pagan los hijos? ¿Y el manejo irresponsable del dinero? ¿Y el hijo que fue engendrado en medio de la borrachera? ¿Y las peleas mismas de los papás?

Hay veces que uno siente lo que sentía una señora amiga mía, que se dedicó después de criar a sus hijos, a trabajar de lleno por la infancia, una señora muy valiosa, si no fuera por la modestia de ella había que decir el nombre en público, ella se dedicó materialmente a trabajar por los niños, especialmente los llamados los niños de alto riesgo.

Son esos niños que precisamente sufren las consecuencias de la vida de los papás, son esos niños que el papá loco, la mamá borracha y un tío persiguiendo para violarlo todo el día. Entonces, ¿qué hacemos con ese niño? Hay que buscar un lugar, hay que buscar un hogar.

Esta señora con un corazón realmente muy generoso se ha dedicado a eso y ha salvado muchas vidas, algunas de esas vidas han florecido de un modo tan extraordinario que esto parece cuento de hadas, algunas de esas niñas, por ejemplo, que ella ha salvado, son niñas que se han educado con tal pulcritud, con tal hermosura, con tal belleza, que quisieron también dar sus propias vidas al servicio de la humanidad.

De modo que algunas de esas hijas adoptivas, llamémoslas así, de ella, ahora son religiosas dedicadas a trabajar por la educación, a trabajar por el bien la humanidad.

Pues bien, esta señora decía: “Mire, yo conocí a un niño, vamos a llamarlo Pepito, y este niño era hijo de Juancito y Antonieta, y decía ella: y conoce uno Juancito y Antonieta y dice: "¡Qué problema haber nacido hijo de ellos! Es que eso sí es como una desventaja muy tenaz en la vida".

O sea que por nacionalidad, por raza, por genes, por vicios, por catástrofes económicas, por malas costumbres, indudablemente nosotros vivimos las culpas o vivimos las consecuencias de los otros, indudablemente nos pasa, esto sucede de continuo.

Entonces dice: "Bueno, y si aquí nos dice Ezequiel que: "El hijo no cargará con la culpa del padre, y que el padre no cargará con la culpa del hijo” Ezequiel 18,20. ¿De qué nos está hablando? ¿Qué es lo que nos quiere decir esto?

Mis hermanos, por estos textos la Iglesia ha tenido que reflexionar profundamente sobre la realidad del pecado, sobre qué es el pecado, qué se transmite del pecado, y qué no se transmite del pecado. La Biblia no es un manual de teología, pero toda la teología tiene su raíz en la Biblia, y por eso hay una hermosa explicación que nuestra Iglesia nos da sobre este tema y es lo que voy a compartir.

El pecado tiene, nos explican Santo Tomás y otros autores, por ejemplo, esto está en el Catecismo de Juan Pablo II; tiene como dos caras, como dos dimensiones, el pecado por una parte es culpa y el pecado por otra parte es pena.

Llamamos pena del pecado a las consecuencias del pecado, las consecuencias del pecado sí se transmiten, la pena se transmite, las consecuencias de los pecados se transmiten. Un papá irresponsable que despilfarró en el juego y en los vicios toda la herencia de los hijos y que los dejó en la miseria, pues pone a los hijos a vivir las consecuencias de sus pecados.

Es decir, la pena se transmite, la pena pasa de padres a hijos, las consecuencias del pecado pasan de un médico a su paciente, pasan también de un profesor a sus alumnos, de un amigo a su amigo, de un vecino a otro, las consecuencias de nuestros pecados se difunden extraordinariamente en la sociedad humana, la pena, eso es lo que se difunde.

Hoy me pongo a recordar lo que fue mi educación y veo que gracias a Dios tuve muy buenos profesores, pero también tuve profesores muy desastrosos, gente que tal vez no nos hizo más daño porque Dios es grande, porque Dios lo impidió, pero cuánto bien o cuánto daño puede hacer un profesor, cuánto bien o cuánto daño puede hacer un consejero, un psicólogo.

Yo leí una larga reseña en este lugar de Peter Net, In Internet, de todo el daño que hizo un equipo de psicólogos, en la costa oeste de Estados Unidos con una cantidad de comunidades religiosas, a base de puros métodos psicológicos.

Estos eran psicólogos en realidad increyentes, y entonces, al tratar a los religiosos, a los sacerdotes y religiosas sobre todo, echaron a perder una comunidad.

Ahí van las cifras, dice: “Mire, esta comunidad tenía tantas cifras", y empezaron el tratamiento no sé en qué año y esto se vino a pique de esta manera terrible. Porque la teoría de estos psicólogos era que había que lograr una explicación sin Dios de la vida de estas personas y, bueno, hicieron una cantidad de barbaridades.

Entonces, nos queda claro, lo que se transmite son las consecuencias del pecado, eso se transmite, es decir, estamos interconectados, estamos relacionados, amarrados unos con otros y uno no puede ser un desgraciado sin desgraciar a los demás, uno no puede ser un amargado sin amargar a los demás, uno no puede ser un criminal sin ensuciar a los demás, necesariamente, porque estamos así conectados

Decía Santa Catalina de Siena: “El que descuidó su viña le hizo daño a las viñas de los demás”, y eso es totalmente cierto.

Piense usted, por ejemplo, en una región donde todo el mundo se cuida contra la broca, y cuidado con la broca y que no entre la broca, menos uno, uno que sí tiene su finquita y ese sí no cuida nada, y eso sí, le importa un rábano si se pierde o no se pierde la cosecha; todos sabemos lo que va a suceder, en ese campito se entra la enfermedad y finalmente se extiende a todas partes.

De manera que de los males que cometemos o de los bienes que dejamos de hacer surgen daños para los demás. Es muy importante percibir esta dimensión de solidaridad que nos une con los otros. Nadie puede decir: “Yo hago con mi vida lo que me parezca”, eso no es totalmente cierto, se puede demostrar de la siguiente manera.

Usted, lo que usted es, usted no lo hizo: el idioma que recibió, el desarrollo de su inteligencia, su lenguaje, su cultura, la tecnología que utiliza, sus aparatos, el lugar donde vive.

Mire, en este lugar tan sencillo en el que estamos, ¿a cuántas personas les debemos que esto esté así? Si uno se pone a reflexionar un poco, uno descubre que continuamente estamos recibiendo, lo que pasa es que nos parecen naturales las cosas.

De lo que hay aquí en esta capillita, ¿yo qué podría hacer? Yo no sé hacer vidrios, ni tapetes, ni pintar cuadros, ni sé de orfebrería, ni de repujado, ni de imprenta, ni de escultura, continuamente me alimento de lo que otras personas hacen.

Cuando una persona dice: “Ah, pues yo simplemente vivo como me parezca vivir, y punto. Y yo no me meto con nadie y nadie me debería de acusar de nada.” Eso no es cierto, en el momento en el que usted dice esto, usted se convierte como cuando hay un gran estanque y le abre el sifón, por ahí se van las cosas.

Tú te conviertes, con tu actitud egoísta, en una persona que recibe y recibe y no da; la única manera de que pueda permanecer, de que pueda florecer la sociedad humana según el plan de Dios, es que cada uno de nosotros sea consciente de que hay cosas que recibe y que tiene que recibir, pero que también hay cosas que tiene que dar.

Por eso decía Santo Tomás, refiriéndose contra al caso del suicidio, decía: “El suicida peca contra la sociedad, porque recibió y no dio lo que le correspondía dar.”

Usted tiene una tarea, usted tiene un algo que dar, si usted no sabe de repujado, de pintura, no sabe de bordado, o de lo que sea, pero usted sí sabe de otras cosas, y de lo que usted sí sabe y de esa palabra que usted puede dar, y de ese amor que usted puede brindar, y de esa ayuda que usted puede extender, de ahí otro se alimenta, así funciona esto.

Esta es una red donde el uno recibe y da; y el otro da y también recibe, así es el plan de Dios para la sociedad humana, de modo que cuando la persona dice: “No, yo no me meto con nadie”, ¿qué está diciendo? "Denme".

Porque no va a dejar de bañarse con agua calientica, ni de usar el jabón, y el jabón no lo hace, y suponiendo que dejara de usar todos los adelantos de la técnica, que sería una estupidez, ¡cuánto ha recibido ya!

Por eso es muy importante percibir esta interconexión. Bueno, eso es lo que tiene que ver con la pena, es decir, con las consecuencias del pecado, eso es lo que sí se hereda, eso es lo que sí pasa de unos a otros, de los padres a los hijos y, ¡atención!, también de los hijos a los padres.

Cuántas veces conoce uno papás que no tienen vejez tranquila, sino que muchas veces, los últimos años de su vida, cuando ya están cansados, son los años más amargos, cuando tienen que empezar a cosechar, es la soledad, el desprecio y continuamente las riñas y, bueno, todos los problemas que se dan entre los hijos grandes.

Pero el texto de hoy no nos hablaba de la pena específicamente, sino que nos hablaba de la culpa: “el padre no cargará con la culpa” Ezequiel 18,20, y aquí viene la dimensión liberadora del texto de hoy, ¿qué es la culpa? La pena creo que la entendemos, la pena es la consecuencia del pecado, ¿pero la culpa qué es?

Santo Tomás la define de esta manera: la culpa es el torcimiento de la voluntad, el acto interior de mi voluntad por el que yo me rebelo a lo que Dios quiere de mí, a lo que la razón me muestra, a lo que mi conciencia me grita.

El acto por el que yo me rebelo contra eso, ese acto interior de mi voluntad, así no apareciera en ningún acto exterior, ese acto interior es la esencia misma del pecado, y esa es la culpa, ahí es donde está la culpa, y aquí viene la carga liberadora del texto de hoy: la culpa no se hereda.

Es muy triste ver que la pena se hereda, es muy triste ver los niños con SIDA, el problema de los embriones, es muy triste todo eso, pero es liberador saber que la culpa no se hereda, la culpa de tu padre no pasó a ti, la culpa tuya no va donde tu papá, ¿eso qué significa concretamente?

Eso significa que si tu papá se rebeló contra Dios, eso produjo una cantidad de daños en tu vida, y esos daños tú los experimentas, pero el hecho mismo de haberse rebelado contra Dios fue él, no yo; si él se rebeló contra Dios yo no tengo que rebelarme contra Dios, esa es la liberación intergeneracional, esta es, por decirlo así, la esencia de la liberación intergeneracional.

Claro, yo vivo una cantidad de consecuencias físicamente, yo heredo muchas debilidades y muchos problemas de mis papás, de acuerdo, hasta en las cosas más sencillas.

Mi abuelo paterno tenía una cantidad de verruguitas que le salían en la piel, mi papá cantidad de verruguitas que le salían por la piel, por el cuello, la espalda, y yo ya voy con las verruguitas, es decir, eso evidentemente, pasa de unos a otros y es triste que pase así, y uno quisiera que no pasara así.

Pero la culpa no pasa, ¿eso qué significa? Vamos a ponerlo con un contenido claramente positivo: tengo la opción de no repetir la historia, tengo esa opción. "Yo vivo las consecuencias, -podrá decir alguien-, yo vivo las consecuencias de un padre alcohólico, pero tengo la opción de no ser alcohólico", esa es la traducción de este pasaje en una traducción actual.

En mi familia todo ha sido odio, bien yo tengo la opción de no odiar, viviré las consecuencias del odio, por ejemplo, llegan los cumpleaños y eso es tenaz, terrible, las reuniones tensas, ese aire nadie lo puede cortar con un cuchillo, reunión tensa, difícil.

"-En mi familia todo el mundo ha sido superficial, en mi familia ningún matrimonio dura", bueno, está bien esa es la situación de tu familia, pero tú tienes la opción de no repetir la culpa, la culpa de ellos es la de ellos, esto es muy liberador, esto es profundamente liberador.

Y por eso dice aquí Dios por boca de Ezequiel: “El padre no cargará con la culpa del hijo, el hijo no cargará con la culpa del padre” Ezequiel 18,20.

Las consecuencias, sí, ya sabemos, pero es que las consecuencias no es lo más grave, lo más grave, como yo suelo decir, lo más grave de la vida no es lo que le pasó uno, sino lo que uno hizo con lo que le pasó a uno.

Porque ya también eso lo hemos dicho varias veces, de dos personas que les pasan las mismas cosas, la una se resuelve a meterse a un hoyo y pegarse un tiro, y la otra se resuelve a montar un inmenso centro de tratamiento para que eso no le vuelva a suceder a nadie.

O sea que tampoco vamos a decir que somos víctimas de las circunstancias, es que realmente este texto de Ezequiel, traducido a su más concisa expresión, yo no diría que es eso, tú no tienes que ser una víctima de las circunstancias, las circunstancias no las escogiste tú.

Las circunstancias te las mandó la sociedad, la raza, los genes, la cultura, lo que tú quieras, incluso los amigos; el ambiente en que creciste, el esposo o la esposa que tuviste, esas fueron las circunstancias, pero las circunstancias no son lo último, las circunstancias no tienen la última palabra.

Todavía no termina ahí la buena noticia, el texto va más allá, fíjate lo que dice: “¿Acaso quiero yo la muerte del malvado, y no que se convierta de su camino y que viva?” Ezequiel 18,23. ¿Eso qué quiere decir? Que yo no sólo estoy libre de las culpas de otros, sino que Dios quiere hacerme libre de mis propias culpas.

No sólo Dios me hace libre de las culpas de mis papás, abuelos, tíos, bisabuelos, mis amigos, el ambiente, la sociedad, los ricos, los pobres, los guerrilleros, no sólo Dios me hace libre de todas las culpas de los otros, Dios me hace libre también de mis propias culpas.

Mira lo que dice: “Si el malvado se convierte de los pecados cometidos” Ezequiel 18,21. Se convierte. Tú no estás atado; “y guarda mis preceptos, y practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá no se recordará los delitos que cometió por la justicia que ha hecho vivirá” Ezequiel 18,21.

O sea que Dios puede desatarte, te tiene ya desatado, no sólo de lo que otros hicieron sino también de lo que tú mismo hiciste, ¿eso qué quiere decir? Eso quiere decir que hay vida, hay gracia y hay perdón, eso es lo que quiere decir. “Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” Ezequiel 18,21.

Luego, el gran verbo con lo que termina esta hermosa noticia, el gran verbo es “recapacitar”; si recapacita, si no se deja llevar por el río de las circunstancias, porque tú estás tan amarrado a las circunstancias.

Como tú te amarres a las circunstancias, eso es lo único que te ata a tus circunstancias, lo que tú hagas por amarrarte a ellas, pero si tú te desatas de las circunstancias, si tú dices: “Eso fue lo que me mandaron, y ahí hay mucha cosa buena."

Yo, por ejemplo, les cuento, pero esta es una opinión personal, para mí yo no quisiera haber nacido antes, no sé si es que soy adicto a las comodidades, a las herramientas, a las ventajas del tiempo en el que yo vivo, pero yo no quisiera haber nacido antes.

A mí me encanta el tiempo en el que nací, y no me parece que sea el más peor ni el más feo, me gusta muchísimo, tampoco me interesa ni hago especulación de haber nacido después, no me interesa nacer en el siglos XXIII, estoy muy bien en el tiempo en el que Dios quiso para mí.

Y no me parece ni lo último ni lo más fantástico nacer en el país de los revólveres, o en el país de los desiertos, o en el país del hielo, o de la jungla, me gusta este país, me gusta mi historia, no digo que sea la mejor ni la más perfecta; me gusta que Dios le haya gustado esto, y me siento muy bien de existir donde existo.

Y creo que la única manera de que el mundo alcance paz es que haya mucha gente que pueda decir, por bondad de Dios, lo que yo estoy diciendo ahora, porque si el que nació en un siglo se pasa suspirando por haber nacido en otro siglo, qué poco le va a dar al siglo en el que nació; y el que nació en un país se pasara toda la vida suspirando por otro país y dijera: “Yo hubiera sido....”

Había una niña que estaba muy triste y decía: “¿Será que a mi me adoptaron?” Tan cruel este chiste, y le dijo el hermanito: "Pues sí, pero la devolvieron."

Si hubieran sido otros los papás los míos, sin tendencia a la calvicie, a las verruguitas y la barriga, otros papás que me hubieran tocado, unos papás de perfil griego. El principio está en acoger la circunstancia, sin amarrarse a la circunstancia, esa es mi realidad.

Hable usted con un psicólogo que esté mejor que usted y le dirá, mire, se necesita para cualquier ejercicio de sanidad mental: "Es indispensable que usted acoja su realidad, que usted acepte su realidad, acepte lo que usted es, eso que usted es, es el punto de partida, hasta que lo acepte."

Uno tiene que aceptar la circunstancia, soy así barrigoncito, calvo, verruguiento, ese soy yo, y así con las demás cosas, con las demás tendencias. Una cantidad de cosas que uno hereda, de tendencias anímicas, de medio, de expresión, de imposibilidades.

Si un niño nace en Flandes lo más probable es que a los quince años hable cuatro idiomas; si un niño nace en Colombia lo más probable es que a los ochenta años esté aprendiendo todavía el idioma y haya cosas que francamente no las va a aprender; hombre, son limitaciones.

Es cierto, acoja su circunstancia, acoja la realidad de su circunstancia, pero desátese de su circunstancia, usted está más allá de su circunstancia, además, no son las circunstancias las que le dan el perfil definitivo a su vida, usted puede nacer en un país super desarrollado y a los quince años de edad estar condenado a cadena perpetua.

Fíjese usted, esa tristeza tengo yo hoy. Yo ahora, como vivo con un portal actualizado configurable, que es maravilloso y que me trae noticias, mire que espanto ese, mire este muchacho en Florida asesinó a un niño, pues entonces a los quince años ya se declaró a cadena perpetua sin posibilidad de libertad bajo palabra.

Quince años en el país más desarrollado del planeta, con las posibilidades tecnológicas más fantásticas, cadena perpetua sin libertad bajo palabra, o sea que no son las circunstancias, no son, convenzámonos que no son las circunstancias, uno puede tener otros orígenes que son muy distintos.

Si usted quiere conocer un tipo interesante, para no hablar de santos, porque aquí nos amanece, para no hablar de santos, ¿sabe qué vida es interesantísima? Para no hablar ni de científicos, porque también nos amanece, ni de políticos, porque esos inventan mucho, uno que es como medio político, Kofi Annan el Secretario General de las Naciones Unidas.

Aunque yo tengo una cantidad de pleitos con las Naciones Unidas, ellos no saben, pero el hecho es que si usted revisa la biografía de Kofi Annan, él es africano, mire las circunstancias de Kofi Annan, cómo el se educó, qué hizo, cómo aprovechó su vida.

Y me parece que es un hombre que en sus planteamientos, por decir lo menos, es interesantísimo, uno no puede estar de acuerdo con algunas cosas de él, pero que el hombre es interesantísimo e inteligentísimo y que logra cosas muy buenas y él está, desde sus orígenes, trabajando en eso.

Lo más impresionante para mí fue en una entrevista que le hacía "Time" y él hablaba: "Lo primero que yo quise aplicar a la política fueron los principios que aprendí en mi tribu junto a mi papá, ahí aprendí lo fundamental, lo que yo hoy le digo a las Naciones lo empecé aprender a allá junto a mi papá, en mi tribu, eso es lo que yo hoy aplico."

Por eso, mis hermanos, lo importante ¿qué es? ¿Cuál es el mensaje grande de hoy? Lo importante, lo clave de hoy es recapacitar, ¡recapacita, por favor! Hay una buena noticia, hay una gran noticia para ti, una noticia que te está esperando, algo muy bueno te está esperando, acepta, coge tus circunstancias sin amarrarte a ellas, vuelve al Señor tu Dios. Amén.