K015004a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990226

Título: Primero la conversion, luego la reconciliacion

Original en audio: 13 min. 38 seg.


Una de las cosas bellas que tiene este tiempo de Cuaresma, es que los mensajes de las lecturas que nos ofrece al Iglesia son bastante claros, bastante nítidos, bastante contundentes.

Hoy por ejemplo, de la primera lectura de Ezequiel, podemos tomar el llamado a la conversión: "convertíos y viviréis" Ezequiel 18,21. Y nos cuenta Dios cómo los crímenes pueden ser olvidados, y el que se convierte de su mala vida, encuentra la vida verdadera.

Y en el Evangelio es también muy nítido el mensaje de la reconciliación entre los hermanos. Mis palabras son para tratar de relacionar estas dos invitaciones que nos hace la liturgia de hoy. Por una parte se nos pide que nos convirtamos, y por otra se nos pide que nos reconciliemos.

Son dos palabras muy propias del tiempo de Cuaresma, dos palabras que tienen una relación muy estrecha, porque la reconciliación con el hermanos, normalmente es fruto de la conversión hacia Dios.

La conversión hacia Dios nos muestra nuestras debilidades, nuestras mentiras y nuestra parte de responsabilidad en todo aquello que nos dividió de nuestros hermanos, y por eso, un corazón que se ha convertido, ese corazón sí está dispuesto a reconciliarse.

Cuando no hay conversión, la sola reconciliación puede ser, o normalmente se convierte sólo en un negocio, en una transacción, en pactos de no agresión. Dos personas altivas ambas, orgullosas ambas, en el fondo convencidas, convencidas cada una de que tienen la razón, no pueden reconciliarse.

Pueden hacer negocios: "No se meta conmigo y no me meto con usted", pero esa no es la reconciliación que se convierta en ofrenda grata hacia Dios. Cada uno tiene que bajarse de su propia torre, cada uno tiene que bajarse de su propio pedestal, esto es lo que hace la conversión.

Y así en el valle de la humildad, en el reconocimiento de que todos somos pecadores, en la certeza de que todos necesitamos de Dios, ahí todos podemos abrazarnos verdaderamente como hermanos.

Si un país como el nuestro que ansía la paz, que ya descubrió que la paz requiere de reconciliación, solo hace falta una generación de predicadores que le diga a todo el mundo que esa reconciliación sólo es posible desde una conversión del corazón.

Con un poquito más de tiempo, mucho más de oración, podemos dar todavía otro pasito y podremos reconocer que esa conversión requiere efectiva y eficazmente de penitencia, de corrección, y de poner cada uno lo suyo para resarcir el bien que ha dejado de hacer y para corregir el mal que ha causado.

Así pues, empezando por nuestra comunidad y siguiendo por nuestro pueblo, primero la conversión y luego, en el valle del amor de Dios y de su gracia, la reconciliación.