K015003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19980306

Título: Las manos del bien

Original en audio: 6 min. 55 seg.


La frase que ilumina la liturgia de este día la dio el Espíritu Santo al profeta Ezequiel: "¿Acaso quiero yo la muerte del malvado y no que se convierta y que viva?" Ezequiel 18,23.

Como diciéndonos: lo que tiene que morir es la maldad, no el malvado. Lo que Dios destruye es el pecado, no el pecador. Ahora bien, si el pecador se aferra a su pecado, puesto que ese pecado está destinado al abismo, al abismo también irá el pecador.

Y por eso podemos describir la salvación que Dios trae diciendo que la salvación es separar al pecador de su pecado. Lo que Dios quiere herir, lo que el quiere matar es la muerte, lo que Él quiere hundir es el abismo, lo que Él quiere destruir es la destrucción. Lo que debe morir es la maldad y no el malvado, pero si el malvado se aferra a su maldad, correrá la suerte de esta.

Convertirse entonces, quizá no es tan difícil como uno cree porque uno se imagina la conversión como que yo tendré que agarrar mis bienes, el bien tiene muchas manos para agarrarme a mí. La conversión no es tanto que yo agarre los bienes, sino que suelte los males.

Suelta ya tus males, suéltalos. Porque lo que está destinado a perderse es la perdición. Parece que por ese lado era esa frase extraña que Jesús dijo sobre Judas Iscariote. Lo que está destinado a perderse es la perdición, tú no, suéltala, suelta lo que te pierde y ya estará encontrado, suelta lo que te hunde y ya estarás a flote.

Si una persona está agarrada a un ancla, pues allá estará en el fondo del mar. "Que me ahogo, que me ahogo"; pues suelte el ancla, suelte esa ancla y verá como sale a flote y puede respirar.

Entonces, nosotros retrasamos nuestra conversión porque creemos que va a consistir en una larga lucha, en la cual nosotros tendremos que hacer una cantidad de cosas para agarrar una cantidad de bienes.

Te repito, el bien tiene muchas manos, todas las manos del amor, el bien tiene todas las sogas, las cuerdas los andamios, las grúas, todos los estribos, todas las tenazas, las manijas; Dios tiene muchos modos para llamarte.

Pero se necesita que tú sueltes tu ancla. Si un vicio te está ahogando porque casi no le queda oxigeno a esos tanques y está allá agarrado a un ancla, entonces le mandan una soga, le dicen: "-Bueno, listo, mira, ya con esa soga te podemos subir", "-pero es que esta ancla pesa mucho", "-es que no vamos a subir el ancla, vamos a subirlo a usted, esa ancla pesa mucho, esa ancla está destinada al fondo del mar."

Cristo tomó mi carga y la arrojó al mar. Ese pecado está destinado para ser perdido, por qué? Porque la perdición debe perderse. ¿Y por qué la perdición debe perderse? Porque la perdición no es otra cosa que la negación del bien y está bien que la negación del bien haga de fondo en es cuadro en que Cristo es la figura, como decíamos en otra predicación.

Por consiguiente, nosotros no tenemos que revivir el ancla sino dejarnos revivir nosotros. Es que uno quiere subir con todo y ancla y así si queda muy complicado. Deja esa carga pesada, suelta el mal.

Mire, el mal es tan malo que necesita que uno lo agarre. Pasa como decía un flojo, que el trabajo es tan malo que tiene que pagar para que uno trabaje.

Esa frase no es parte de la homilía, esa es una ficha nemotécnica para que ustedes recuerden el tema de la predicación, pero esa no es parte de la homilía.

Pues así como ese flojo tenía ese chascarrillo, así también decimos nosotros, el mal será tan débil que uno tiene que agarrarlo, de manera que cuando uno lo suelta, entonces uno se da cuenta de que uno mismo está agarrado por el bien y entonces Dios lo saca a uno a flote.

Una aplicación de esto la encontramos en los resentimientos. Para tener y para conservar un resentimiento hay que tener muy buen hígado, ¿por qué hay que estar es gastándole hígados a esa rabiecita? Una persona que no tenga buen hígado, no sirve para tener resentimientos, ¿por qué? Porque no tiene qué gastar.

O sea que el mal subsiste en nosotros a nuestra propia costa y eso también lo dice Ezequiel, cuando compara al pueblo de Israel con una extraña prostituta a la que no hay que pagarle sino que ella paga. Esa es la estupidez que cometemos nosotros con el pecado, es un inquilino, pero no es un inquilino que nos paga sino que hay que pagarle. Pues bien, el mal es tan débil que basta con soltarlo, en cambio, el bien tiene manos para agarrarnos.

Uno para conservar un odio tiene que estar pagando una cuota, uno paga la cuota y además recibe la desgracia, eso es un poco torpe, debe haber otra manera, y sí la hay. Esa otra manera es la que nos enseña Jesucristo, "suelta el mal, estás a tiempo, todavía vais de camino, suelta el mal y deja que te agarre el bien."

El bien tiene mucho atractivo, el bien tiene poder en el corazón, apenas uno se levanta y conoce la luz y dice: "Esa es mi vida, ese es mi camino, y efectivamente, esa es tu vida, ese es tu camino, para esa gloria fuiste creado.