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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960301

Título: El pecado produce muerte

Original en audio: 16 min. 53 seg.


Hermanos:

¡Felices nosotros que podemos escuchar la Palabra de Dios! Es doloroso decirlo, pero hay palabras y hay temas que ya sólo se dicen en las iglesias, como, por ejemplo, el pecado.

En nuestro tiempo, parece que se hubiera olvidado por completo la palabra pecado. La gente tiene condicionamientos psicológicos, tiene fallas, tiene ignorancia, tiene comportamientos atípicos, pero, ¿pecados? Parece que ya nadie tuviera pecados.

Y por eso, yo creo que un cristiano, si tiene en su sitio y en su salud el sentido del olfato, fácilmente puede estar sintiendo que apesta, y que apesta a muerto. Pero, no se encuentra el cadáver por ninguna parte.

Apesta a muerto, -hay que decirlo-, un mundo, un país, en el que la vida aparece absolutamente despreciada y la credibilidad absolutamente perdida.

Hace unos pocos días, muchos de ustedes lo saben, hubo un percance sin consecuencias graves para gloria de Jesucristo, un percance en un accidente de tránsito. Ello lo permitió el Señor, entre otras cosas, para que pudiera acercarme y presenciar tanto, tanto, y tanto del dolor, de la miseria de nuestra Bogotá, la capital de Colombia.

Apenas sucedido el accidente, una nube de atracadores rodean el carro. ¿A comprobar, quizás, si el accidentado necesita atención? Tal vez, no. Tal vez no interesa su salud. Interesa si se puede defender. Si se puede defender, no se puede atracar. ¡Ese es nuestro país!

Si ahí, si en eso y detrás de eso, no hay pecado, que vengan aquí todos los psicólogos y los sociólogos, que vengan todos los filósofos y los budistas, y me expliquen quién va a sanar éso, si no es el que es capaz de sanar el pecado.

Al poco rato, gritos destemplados. Un grupo de borrachos arriesga su propia vida. Ésos no quieren hacerle daño a más nadie, sino a su propio cuerpo y a su propia familia. Es una miseria que se pasea ante mis ojos.

Minutos después, otros gritos; esta vez, chillones. Un grupo de homosexuales gritando en la calle lo que ellos juzgan sus travesuras. Un tiempo después, más gritos, más sirenas; gente que anda en parranda, gente que hace fiesta mientras el mundo se desbarata.

Yo pensé muy seriamente en esa noche, en esa noche larga, en esa extraña vigilia que el Señor me hizo pasar, en esa noche medité largamente en la Pasión de Cristo. Y medité largamente si uno de veras puede hacer fiesta. Porque, el espectáculo no terminó ahí.

Las características del accidente fueron violentas. El otro carro era conducido por un señor ebrio, dio una vuelta en el aire y cayó a cinco metros de distancia. Lo único que yo alcancé a decir en mi corazón, antes incluso de pensar en el Nombre de Dios, fue: "¡Muertos, no!" Es lo que me salió del alma.

Creo que Dios tuvo misericordia, y seguramente escuchó esa súplica. No hubo muertos. El otro señor salió chorreando sangre, pero no murió. Como hubo herido, era necesario ir a Medicina Legal.

Y ahí viene la otra parte del espectáculo. Estamos en Medicina Legal y me informa uno de los guardias, extrañado de que un personaje con semejantes vestidos estuviera por allá: "Pues, ha estado más bien liviano este fin de semana".

¡Más bien liviano! Y me dice: "No caben los muertos en la morgue. Hay quince que están afuera, todos de muerte violenta y todos sin identificar".

Si eso no se llama pecado, si eso puede pasar y uno puede irse de rumba, si uno puede descansar, hacer fiesta, acostarse con la barriga llena, tranquilo, una sonrisa y tres Alka Seltzer para seguir tomando al otro día, si uno puede hacer eso y el pecado no existe, díganme quién sana esto.

Es que es muy grave que uno se pueda tomar los Alka Seltzer. ¡Eso es muy grave! Porque, entonces, la fiesta siempre se puede seguir.

¡Unos muertos ahí, quince que no cabían en la sala común, quince tragedias, quince familias destrozadas, muchos de ellos atracados, muchos de ellos violados, muchos de ellos rotos!

Y hay que esperar entonces el desfile. Señoras, como ustedes, niños, como ustedes, y hombres, como ustedes, que van allá con un pañuelo en la boca, a llorar y a ver si ahí está el que no ha aparecido hace días, a ver si está ahí, de color gris y verde.

Si esas cosas pueden pasar en el mundo, yo digo con el Profeta Ezequiel: "El pecado produce muerte" Ezequiel 18,24; Ezequiel 18,26. El pecado trae la muerte. ¡Hay que luchar por la vida!

Pero, no todos están muertos en Medicina Legal. Mientras esperamos a que se hagan los exámenes respectivos, una valoración del estado del otro conductor y el examen de embriaguez: "Hay que ver si el Padre Nelson estaba borracho".

Mientras se hacen los correspondientes exámenes, al fondo de esa sala, que desde luego no se me va a olvidar en muchos años, seis niños; mejor dicho, tres niños y tres niñas.

"La mayor de las niñas tendría tu edad. El mayor de los niños, tendría..., te voy a decir qué edad. ¿Dónde andas? Aquí te voy a encontrar. ¡Allá estás! ¡No! Un poquito más grande que tú".

Bueno, niños y niñas, una pequeña pandilla juvenil, abrazados, como novios, como amantes, o como esposos.

Por supuesto, cuando vengan los hijos, es decir, "cuando falle el aborto", -porque ese es el lenguaje que se maneja ahí-, tendremos un criminal más.

¿Qué puedo hacer yo, amigos? ¿Qué puedo hacer con lo primero que me dijeron los acompañantes del otro carro, una de las personas que acaba de dar vuelta ante mis ojos?

Además, la cosa es espectacular. ¡Ver un carro por debajo en el aire! O sea, yo, cuando tenía mucho tiempo, desde los "Duques de Hazzard", no veía esas cosas. ¡Es espectacular! Observar el carro dar el bote, caer, y ver que sale gente viva de ahí, es maravilloso, es un milagro.

El milagro y la sonrisa se me acaban, cuando uno de los ocupantes, mejor dicho, una de las ocupantes, se acerca a mi carro y me dice: "Usted tiene que ser consciente de que se pasó ese semáforo en rojo". Y empieza a tratar de convencerme de que diga mentiras ante la ley.

Oiga, si a uno le puede pasar una cosa así, si Dios lo puede salvar a uno así, y lo primero que a uno se le ocurre es una mentira, yo creo que el pecado tiene fuerza.

Si uno puede salir vivo de un tramacazo de esos, y lo primero que le sale es una mentira, es un engaño, una estafa por encima de todo, creo que el pecado tiene fuerza.

Y mis queridos amigos, Jesús podría ser todo lo que nos imaginemos, todo, menos un iluso. ¡Ingenuo, no! ¡Iluso, jamás! Cristo sabe que ése es el barro humano. Cristo sabe, qué clase de miseria es el ser humano.

Porque, no había automóviles de esos en tiempos de Jesús. Pero, lamentablemente, tampoco faltaban las blasfemias, los engaños, las mentiras, horrendas costumbres, terribles vicios.

Ese es el infierno humano en el que Cristo se sumergió. Esa es la jungla en la que Cristo anduvo. ¡Esa es la jungla! Ahí fue donde entró Jesús.

Dice uno a veces, que es una mezcla de compasión y rabia la que se da con cristianos que son tan buenos, que sólo pueden cuidar su bien. Me da compasión su engaño; me da rabia su mentira.

Hay personas que apenas les alcanza el bien para cuidar a sus tres muchachitos, a sus cuatro hijitos, o diez hijos, o veinte, o los que fueran.

Mira; mientras cada uno esté cuidando a sus tres muchachitos, nadie cuidará a los muchachos que yo vi en Medicina Legal. Mientras tú estés nada más preocupado de que tu niño esté primoroso y tierno, de que tu niña esté linda y fantástica, no habrá nadie que salve a los que se están hundiendo.

En eso Cristo tomó una opción radicalmente distinta. Como dice un hermoso pensamiento: "Ya que muchos hicieron su camino por la tierra sin creerle a Dios, Dios hizo su camino por la tierra sin creerle al mundo". Y ése fue Jesús.

Jesús hizo la misma vida de todos nosotros, la misma, pero al revés. Si cada uno de nosotros vela y protege primero todo lo suyo, Jesús dijo: "Bueno, pues, yo voy a ocuparme de los demás".

Y entró Jesús en la jungla. ¿Qué le podía esperar? Lo que le pasó. ¡Lo que le pasó! ¿Qué podía esperar? ¡Éso! Nada más le podía esperar.

Cuando estuve colaborando en una Navidad, en un tiempo de Adviento y de Navidad en la misión que tiene nuestra Comunidad en el Catatumbo, Norte de Santander, me decían: "Mire; para atravesar esta finca, o para ir a tal lugar, usted tiene que proteger su ropa y su piel de esta manera. Porque, hay tales y cuales alimañas, bichos, matas y no sé qué, que lo van a acabar".

Para ir a ciertos lugares, hay que ir revestidos de cierto modo, porque si no, se lo come a uno la jungla. Supongamos un ingenuo que dice: "¡No! Yo voy a ir allá en sandalias y pantaloneta". Pues, sabemos lo que le va a pasar.

Algo parecido hizo Cristo, pero no por ingenuidad, sino por exceso de amor. Porque, hay una diferencia. Hay una diferencia sustancial. Y es que nosotros tan ciegos estábamos, que ni siquiera podíamos ver nuestra propia culpa.

Entonces, ¿qué es la Cruz? La Cruz es al mismo tiempo, el diagnóstico y la medicina. La Cruz es al mismo tiempo, el retrato de lo terrible del mundo y el retrato de lo terrible de Dios.

Se las arregló Dios para escribir en una sóla página, que es el Crucificado, el tamaño del dolor del mundo y el tamaño de su amor.

No puedo olvidar lo que me enseñó Catalina de Siena: que, "la Sangre de Cristo la hicimos brotar nosotros a golpes, pero la hizo salir Él en los latidos y la fuerza de su Corazón".

Y ahí están las dos dimensiones de la Pasión de Cristo. En primer lugar, -y es lo que primero puede ver uno-, un Hombre traicionado. Éste fue el que atravesó la jungla humana.

¿Qué quedó de Jesús después de andar por la jungla humana, después de atravesar el pastizal, ése, que Cristo apenas medio me enseñó la otra noche, medio me enseñó un poquitico de lo que es el pecado del mundo? ¡Más todo lo que me enseña en cada confesión, claro! ¡Más todo lo que me enseña mi propia miseria, claro!

Pero, yo sigo con mi historia. Cristo medio me enseñó lo que es la jungla del pecado del mundo. Sin embargo, a mí medio me la mostró. Él atravesó esa jungla. Él atravesó ese camino, y atravesando ese camino, ¡cómo salió destrozado! Porque, no llevaba armadura.

Y cuando uno le dice: "Cristo, ¡pero si tú tenías toda la fuerza mental! ¡Cristo! ¡Hombre! ¿Tú no conociste el método Silva? Cristo, ¿no conociste el método Silva? ¿No has oído hablar de eso de que uno puede superar..., ¿no? ¿No has oído hablar de eso de que uno puede imponer su propia voluntad?"

"Cristo, tú que tenías tanta sabiduría oriental, y por allá dicen especuladores y fanfarrones, que tú fuiste educado con yo no sé qué esenios en extrañas doctrinas orientales; Cristo, si tú sabías todas esas cosas, ¿por qué no fortaleciste tu mente, te concentrabas, -el Cristo opotónico que se concentrara-, para que no te dolieran las cosas?"

Esa solución no sirve. ¿Sabes por qué? Porque se necesitaba que le doliera. "Cristo, ¿y por qué se necesitaba que te doliera?" Por dos razones: porque es la única manera de acompañar al que sufre, y porque es la única manera de mostrar el pecado.