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Fecha: 19960213

Título: El ejemplo de Jordan de Sajonia

Original en audio: 4 min. 51 seg.


Con la vida humana pasa probablemente lo mismo que con las lociones y perfumes. Cuando una persona está perfumada y pasa a nuestro lado, o se retira de nuestra presencia, queda ese aroma, queda ese olor, queda ese humor, bueno o malo.

Así pasa con la vida de las personas y también con las vidas de los santos. La diferencia es que los santos al partir han dejado aroma de Cristo, mientras que otras vidas dejan aroma de tristeza, o aroma de mentira, o aroma de impureza, o aroma de soberbia.

Predicar sobre la vida de un santo, en cierto modo es preguntarnos cuál fue el perfume, qué aspecto del perfume de Cristo ha dejado él a su paso por esta tierra.

Y en el caso de nuestro querido y bienaventurado Jordán, sucesor de Santo Domingo en el gobierno de la Orden, pues son muchas las dimensiones, todas gratas, todas provechosas de ese perfume de Cristo del que estuvo tan llena la vida de Jordán.

Se trata de un perfume de sencillez, de alegría, de humildad, de fraternidad, de confianza en la Providencia. Confiado en la Providencia de Dios, apenas había cumplido un poco más de treinta años, cuando ya se le encarga el gobierno de una Orden que estaba creciendo vertiginosamente y que bajo la guía sabia, prudente y entusiasta del mismo Jordán, aumentó muchísimo más el número y la calidad de su vida regular.

Pero este progreso no significó para él un motivo de orgullo ni de distancia, sino de una inmensa sencillez en la búsqueda de la gloria de Dios y en la búsqueda de la gloria de su amigo y admirado Domingo de Guzmán.

Brilla la pureza en la vida de Jordán, si pensamos en el trato tan cariñoso y al mismo tiempo tan equilibrado que tuvo por sus amigas de los monasterios, especialmente con la Beata Diana de Andaló.

Brilla su naturalidad y su alegría en ese continuo trato con la juventud de su época. Es muy difícil engañar a un joven, si no descubre transparencia, si no descubre genuino gozo y alegría en nuestra murada, difícilmente le convenceremos de que hay un Evangelio.

El primer lugar, donde él quiere leer esa buena noticia es en nuestros ojos, y si nuestros ojos no llevan escrita las palabras de gracia de las páginas del Evangelio, difícilmente podremos, a fuerza de puras palabras o de otros esfuerzos, convencerlo.

Se trata, pues, de un santo alegre y fraterno, pero al mismo tiempo profundo en su búsqueda de Dios. Se trata de un hombre sosegado y optimista, pero también de un gran trabajador. La muerte, como sabemos, lo pescó trabajando duramente en la viña del Señor.Estaba ocupado en las cosas de su Padre Dios.

El ejemplo de Jordán y su intercesión alienten nuestra propia vocación y nos lleven a preguntar qué clase de perfume nos echamos cada mañana para enfrentar el mundo, y nos ayude a preguntarnos qué sentirá la Iglesia cuando nosotros partamos, y qué de Cristo quedará una vez que nos hayamos ido.